Los personajes de HTTYD y BRAVE 2012 le pertecen a sus respectivos autores y casas productoras, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto la trama de este fanfic.
Capitulo II
"¿Qué le paso a tu pierna?"
POV Meraud
Los dos vikingos entraron en el incómodo silencio que llenaba el salón de banquetes, ambos más altos que mi madre pero definitivamente no más altos que yo, siempre pensé que los vikingos eran hombres descomunales, bueno, en los relatos de mi padre lo eran, mi padre decía que eran incluso más grandes que él o que lord McGuffin y ellos son los hombres más grandes que conozco, y yo ya tengo la estatura de mi padre así que dudo que los individuos recién llegados fuesen a crecer más.
El más alto de ellos usaba un casco extraño hecho de cuero, su vestimenta era una especie de armadura de cuero, era delgado y se veía frágil, no parecía un asesino sediento de sangre como decían las leyendas, mientras analizo sus ropas me percato de que le falta una pierna, la izquierda. ¿Cómo la habrá perdido? Sé cómo perdió mi padre la suya, estuve ahí, aunque si lo razono un poco es bastante probable que haya sido un dragón. El otro se veía más macizo, usaba una especie de Kilt de cuero y piel con púas de metal, también usaba una capa corta de piel con una capucha que cubría la mitad de su rostro y la parte superior de su cuerpo, las hombreras de metal forjado mantenían la piel en su sitio… uhm, quizás yo también deba conseguirme unas hombreras así, se verían bien con mi capa.
- Bienvenidos! – exclamo mi padre sacándome de mi estupor – Yo soy el rey Fergus y esta es mi adorable esposa Elinor! – se presentó efusivo mi padre mientras le daba un apretón a mi madre, jamás la había visto tan sorprendida – Mi hijo mayor Meraud! – espera, ¿Qué? Dirijo mi atención a los vikingos y les doy una sonrisa incomoda - Y mis tres hijos menores! Hamish, Harris y Hubert! – mis hermanitos son mucho mejores a la hora de saludar que yo.
- Gracias por invitarnos su majestad. – dijo con voz firme de suave tono que resonaba en la sala como dulce canción el más alto de los vi… un segundo, no se supone que los vikingos tengan voces de suave tono que resonaban como dulce canción… a menos que…
Los dos vikingos se enderezaron de sus reverencias y procedieron a revelar sus identidades y sentí mi corazón detenerse por un instante cuando un par de ojos verdes me miraron enmarcados por largas pestañas que solo los hacían resaltar.
La vikinga que usaba la armadura de cuero era preciosa. Su cabellos castaños despedían ligeros tonos rojizos cuando la luz de las antorchas se reflejaba en ellos y a juzgar por el largo de su trenza su cabello debía llegarle hasta el final de la espalda, su nariz de botón era redonda y adorable dándole un aire aniñado, no pude evitar preguntarme ¿Cómo se verá era delgado cuerpo sin la armadura de cuero?
La otra chica tampoco estaba tan mal, su larga trenza rubia colgaba de su hombro izquierdo era más complicada de lo que creí, empezaba con una delgada trenza en la parte opuesta de su cabeza y avanzaba hasta convertirse en un divertido grupo de nudos que fungían como marco para sus fieros ojos azules.
Todos estaban tan sorprendidos como yo de que nuestros visitantes resultaran ser mujeres, por lo cual agradezco pues se hubiese visto muy mal si solo yo hubiera mirado de arriba hacia abajo a la castaña por mucho que me hubiese gustado que nadie más hubiese hecho lo mismo.
- Rey Fergus, reina Elinor, lores de los clanes de Dunbroch. – comenzó de nuevo a hablar con aquella firme pero cantarina voz la vikinga castaña, por un momento me recordó a mi madre cuando está dando uno de sus discursos – El jefe Estoico el vasto y la gente de la tribu Hooligan envían saludos. Mi nombre es Hicca Horrendo Haddock III. – se señaló a sí misma la delgada castaña. Hicca, Hic-ca, me gusta cómo suena – Y esta es mi acompañante, la señorita Astrid Hofferson. – señalo a su rubia acompañante – Hemos sido enviadas como representantes de nuestra tribu ante ustedes. – concluyo Hicca.
- Han enviado mujeres! – exclamo Lord Dingwall acalorado.
No debío haber dicho eso.
- Y exactamente eso que quiere decir, mi Lord? – cuestiono ofendida mi madre volviendo a encontrar su voz.
Lord Dingwall se achico en su asiento, no pude evitar sonreír divertido.
- No… bueno… mi Lady… es que… - el pobre Lord Dingwall no hallaba las palabras bajo la filosa mirada de mi madre.
- Si me permite intervenir. – hablo fuerte la rubia atrayendo la atención haca ella, su voz tan firme como la de su castaña compañera, pero su tono era más aniñado y hostil al mismo tiempo.
Mi madre asintió una vez dándole permiso a la rubia de hablar.
La rubia asintió en agradecimiento a mi madre y dirigió su atención a Lord Dingwall, los fueron ojos azules de la vikinga eran tan filosos como dagas recién pulidas cuando se posaron en la figura del hombre.
- En la tribu Hooligan no importa si eres hombre o mujer, mi Lord. – esa última parte fue casi escupida como si fuera veneno – Si puedes hacer el trabajo entonces hazlo y cierra la boca, ese es uno de nuestros principios y nos ha funcionado bastante bien por siete generaciones. – concluyo con la misma firmeza y fiereza con la que inicio.
Pude notar como Hicca miraba a su compañera con una sonrisa en su rostro, era torcida y adorable…
Muy bien ¡¿Por qué estoy pensando estas cosas?! Ya dije que es preciosa, no estoy ciego, eso no significa que deba pensar esto, ¿cierto?
- Estas diciendo que las mujeres y los hombres realizan las mismas tareas? Herrería, combate, todo? – cuestiono Lord McGuffin curioso. Por lo visto alguien ya entendió que hacer enojar a estas chicas era mala idea.
- Efectivamente, mi Lord. – respondió Hicca con tranquilidad dirigiendo su atención a Lord McGuffin.
Mis padres habían vuelto a tomar asiento mientras escuchaban con interés las palabras de las dos vikingas.
- En nuestra tribu se comparten las tareas, lo que es más, muchas veces son los padres y no las madres los que se quedan en casa a cuidar de los niños, al menos en Berk hemos notado que los varones disfrutan mucho de pasar tiempo con sus hijos y son los más cariñosos con sus recién nacidos mientras que las esposas descansan después de las horas de parto. – explico la castaña con una sonrisa amorosa – Mi propio padre fue el único que me crio y creo que salí más o menos bien. – confeso.
Los lores no parecían dar lugar a lo dicho por la preciosa chica. Murmullos escandalizados comenzaron a alzarse en la sala.
- Antes de seguir con nuestras negociaciones. – volvió a llamar la atención Hicca – A mi compañera y a mí nos gustaría entregar unos regalos a sus majestades y a los lores. –
Mi padre y mis hermanitos dieron un saltito en su asiento, yo sonreí enternecido por la actitud de ellos.
- Eso es muy considerado de su parte. – comenzó mi madre – No creí que los vikingos fueron así, las viejas historias no los describen así. – comento mi madre.
Es cierto, cuando vez la palabra VIKINGO estas dos definitivamente no son lo primero que se te viene a la mente.
- Si bueno… – un adorable rubor se presentó en las mejillas llenas de pecas de la Hicca - …Hemos mejorado algo nuestras actitudes sociales. – respondió la castaña avergonzada.
Las dos se acercaron primero a mis padres, rubia dejo caer un enorme saco de cuero que colgaba de su hombro, no fue hasta que hizo un seco y sonoro THUD contra el suelo que nos dimos cuenta de que la bolsa era en verdad pesada, mi madre dio un saltito en su asiento, sorprendida de que la rubia pudiera con tanto peso sin derramar una gota de sudor.
- Para usted rey Fergus. – hablo Hicca mientras rebuscaba en enorme saco – Una espada de filo doble, forjada con algo que llamamos metal de Gronckle, es fuerte y prácticamente indestructibles. – explicaba la castaña mientras le entregaba a mi padre una espada enfundada en cuero negro – El mango es de madera de un roble que fue tirado por un rayo, para nosotros los vikingos eso es algo muy importante pues significa que fue bendecido por Thor, el dios de las tormentas y la justicia, además, un pajarito me dijo que le gustan los osos. – comento divertida Hicca mientras mostraba el mango de la espada, mi padre dio una estruendosa carcajada cuando vio al oso maravillosamente tallado en el mango.
- Para usted reina Elinor. – volteo la castaña para encarar a mi madre – Una daga, hecha del mismo metal que la espada de su esposo, el mango es de la misma madera que la espada de su esposo pero en el hemos tallado uno de los símbolos de Frigg, patrona de la maternidad y el amor. – explicaba la castaña a mi madre mientras le entregaba una bellamente forjada daga, era delgada y brillaba con luz propia, mi madre observo el detalle del mango con una sonrisa en el rostro.
- En nuestra tierra. – hablo con aire ligero la chica rubia, creo que su nombre era Astrid, mientras se acercaba a mis hermanitos – Tenemos la costumbre de que cuando un niño o una niña cumplen cinco años se les da su primera daga. – la rubia le dio a cada uno de mis hermanitos una versión más pequeña y robusta de la daga de mi madre – Así si se mete en algún problema y sus padres no están cerca será capaz de defenderse. – concluyo su explicación con una sonrisa la rubia.
- Mira papá! Tiene un dragón! – grito emocionado Harris mientras daba saltitos y le enseñaba a mi padre la figura de un dragón tallado en el mango.
- ¿Qué dragón es este, señorita? – pregunto curioso Hubert.
- Se llama terrible terror, son un montón de pequeñas y escurridizas creaturas, pero que cuando encuentran algo que quieren proteger se vuelven tan valientes como el dragón más grande. – relato a mis hermanitos.
- Y para usted príncipe Meraud. – voltee mi rostro tan rápido que sentí como mi cuello dio un ligero chasquido, frente a mi estaba Hicca, la vikinga castaña con preciosos ojos verdes, sentí mi rostro arder por algún motivo – Un arco hecho del mismo roble de Thor, las puntas de las flechas son de metal de Gronckle, el diseño es uno que usamos en Berk desde hace poco, espero que sea de su agrado. – me decía con suave voz la castaña, sus hipnotizante ojos verdes cavando un agujero en mi alma.
- S-sí, g-gracias. – logre responder.
Por el rabillo del ojos pude ver a mi madre y a mi padre intercambiar una mirada, yo sentía mis mejillas arder aún más que antes.
- Y para cada uno de los lores también hemos traído regalos! – anuncio con falsa emoción la rubia mientras volvía a poner el saco en su hombro y avanzaba hacia los lores, Hicca iba cerca de ella, yo no podía separar mi vista de su figura mientras se alejaba, y estaba bastante seguro de que mis padres no apartaban su vista de la mía, podía sentir sus miradas clavadas en mi ser.
- Para los lores hemos traído espadas forjadas con la misma aleación pero notaran en el mango una sorpresa. – decía Hicca mientras le daba a cada Lord una espada similar a la de mi padre.
- El mango de Lord McGuffin tiene un Gronckle, dragón conocido por escupir rocas o metales líquidos que se utilizan para la forja y creación de armas. El de Lord Macintosh es un Pesadilla monstruosa, un dragón conocido por prenderse fuego a sí mismo y ser prácticamente imparable y el de lord Dingwall es un Scaldaron, excelentes nadadores, prefieren estar más cerca del agua que da la tierra, son el terror de los mares. – explicaba la rubia solo lo necesario para hacer sonreír complacidos a los lores, cosa que mi madre aprovecho.
- Me parece que nuestras invitadas han demostrado ser dignas de nuestra atención y tiempo. – tomo la palabra mi madre mientras se ponía en pie – Sin embargo es tarde y ninguno de nosotros ha logrado hincar el diente en la deliciosa cena que los cocineros del castillo se esmeraron en preparar. – mi estómago dio un ligero rugido ante la mención de la comida – Además, nuestras invitadas deben estar cansadas por el largo viaje. Dejaremos las negociaciones para el día de mañana, por ahora cenemos. –
- HEY! – rugieron al unísono todos los hombres en la sala de banquetes.
Mi madre se acercó a Hicca y a la rubia, les dijo algo y luego le hizo un ademan a Harold, que ya había recuperado la conciencia y Willard, estos recibieron órdenes de mi madre y luego salieron de la sala apurados. Mi madre volvía a sentarse con nosotros para la cena, imagínense mi sorpresa cuando la castaña y la rubia venia justo detrás de ella, amabas sacándole un buen trozo de estatura.
Las mesas se había arreglado de tal forma que formaban una especie de herradura que abarcaba toda la sala de banquetes, en el extremo principal, justo a la cabeza, se hallaba mi padre, a su derecha mi madre, a su izquierda yo y a mi izquierda mis hermanos, pero las dos invitadas se habían sentado a la derecha de mi madre, lo cual dejaba a la preciosa castaña de ojos verdes justo frente a mí, ¿Cómo se supone que coma algo cuando tengo esos preciosos ojos verdes frente a mí?
- Lamentamos no haber anunciado nuestra llegada con antelación. – se disculpó Hicca con mi padre.
- Oh, no te preocupes querida. Debimos ser nosotros quienes debieron haber previsto su llegada, después de todo fuimos nosotros los que les dijimos que viniera. – tranquilizo mi padre con su estridente voz.
Hicca sonrio agradecida.
Su sonrisa torcida era tan boni-¡BASTA! ¡Concéntrate Meraud!
- Hay algo que pica mi curiosidad desde que entraron, uhm, Hicca. – comento mi padre, titubeando ligeramente para recordar el nombre de la castaña.
Maudie había entrado junto con las demás mozas y estaban sirviendo la comida.
- Exactamente, ¿Qué le paso a tu pierna izquierda? – interrogo mi padre con sigilo.
Sin embargo todos los presentes parecieron escuchar y ahora tenían las orejas bien paradas en nuestra dirección.
- Fergus! – regaño mi madre.
- Qué?! – respondió mi padre.
- No es molestia reina Elinor, no es la primera vez que me hacen esa pregunta. – calmo Hicca a mi madre – Y lo que le paso a mi pierna no es la gran cosa en ver…
- Qué no es la gran cosa?! – interrumpió la rubia.
Pude ver a Hicca poner sus ojos en blancos.
- Quieren saber qué fue lo que le paso a su pierna?! Yo les diré lo que le paso a su pierna! – exclamo la rubia vikinga mientras se ponía en pie.
- Astrid no es necesario…
- Claro que es necesario, Hicca! – volvió a interrumpir la rubia – Esta es la historia de la que más se enorgullece la gente de Berk y tú siempre la haces nada, me gusta que seas humilde amiga mía pero ese rasgo tuyo a veces puede ser contraproducente para ti. – dijo la chica mientras se colocaba justo en el centro de la sala, su voz resonando en las paredes – Gente de Dunbroch, Me parece que a lo que ustedes les interesa es saber cómo nuestro pueblo logro la paz con los dragones. – la firmeza en la voz de la rubia, todos asintieron a lo dicho por ella – Pues bien, déjenme decirles que dicha hazaña jamás hubiese sido lograda de no ser por la mujer ahí sentada. – apunto acusadoramente a Hicca y todos volteamos a ver a la castaña con asombro, ninguno esperándose ese giro en la historia – Hicca Horrendo Haddock III fue quien por primer vez en nuestra historia se atrevió a entrenar a un dragón y a montarlo por los cielos, fue quien se hizo amigo de un furia nocturna, el vástago del rayo y la muerte mismas, el dragón más letal del cual sabíamos en aquel entonces…
- Escuchen chicos. – se dirigió Hicca a mis hermanos – cuando tengan un mejor amigo asegúrense de que no sea un boca floja, mi padre y yo cometimos ese error y realmente nos arrepentimos. – comento la castaña con aire exasperado.
- …Y yo les contare como paso eso. – el aire alrededor de la rubia se puso serio, todos guardaron silencio para escuchar la historia que estaba por comenzar.
- Me darías otro tarro de esto, por favor. – logre escuchar a Hicca pedirle a una de las mozas sin prestarle atención a su acompañante.
- El principio de nuestra se sitúa no muy lejos en el pasado, cerca de cinco años han sido los que los dragones y nuestra gente han vivido en paz, pero es el principio de esa lo que nos importa y créanme cuando les digo que en aquellos días ninguno de nosotros pensaba que el final estaba cerca. Nuestros padres habían salido en aquel entonces en busca del nido de los dragones, adentrándose en aguas misteriosas y mortales de las que muy poco había salido, en la isla de Berk solo se había quedado las mujeres embarazadas y sus esposos, los ancianos, los niños y los jóvenes que recibirían entrenamiento para matar dragones y el instructor, entre esos mismos jóvenes nos encontrábamos Hicca, su servidora y otros cuatro. Ahora, en aquellos días Hicca no era exactamente… lo que uno consideraría común. –
- Gracias por aclararlo. – escuche mascullar a la castaña.
- Tendía a meterse en donde no le llamaban lo cual acababa en ella casi siendo matada en más de una ocasión, la destrucción seguía a donde quiera que ella iba y fue por eso que nadie le prestaba atención cuando desaparecía en las tardes después del entrenamiento para matar dragones, hasta que un día, sin necesidad de usar un sola arma Hicca logro que un dragón retrocediera aterrado ante su presencia, a partir de ahí las cosas comenzaron a cambiar, Hicca empezaba a llamar la atención de todos y yo, bueno… no me enorgullezco de admitirlo pero estaba algo molesta de la repentina mejoría de Hicca, quería ser yo quien matara su primer dragón y ella me estaba robando esa oportunidad. Una tarde la seguí hasta un claro oculto en el bosque. –
- Oh, sí. Lo hiciste. – dijo la castaña a nadie en particular, pero todos pudieron escucharla.
- La amenace con un hacha. – continuo la rubia.
- Y no tienes idea del miedo que te tuve en ese instante. – comento la castaña.
- La tire al piso y la golpee fuerte. – relato Astrid.
- Es correcto, me dejo una cicatriz, ¿Alguien quiere verla? – añadió Hicca.
- Y fue ese fue el peor error de mi vida, pues en cuento alce la vista ahí estaba el, abalanzándose sobre mí, una figura alada, larga y negra como la noche con dientes tan filosos como las espadas que les hemos entregado, con ojos de un verde toxico que parecían escupir veneno a mi propia alma rugió rabioso y salto…
Todos dimos una inspiración fuerte.
- …pero Hicca me tomo del brazo y me aparto de las letales fauces de la creatura interponiéndose en su camino, "Lo asustaste" me dijo Hicca acusadora mientras calmaba al dragón, "YO lo asuste?" le pregunte exaltada al borde de un colapso, fue ahí donde lo entendí, fue así como ella se había vuelto tan hábil, ella estaba entrenando a un dragón… y eso en aquellos días era la más grande de las ofensas para nuestro pueblo "TU estas en grandes líos." le dije y me aleje corriendo lo más pronto que pude, debía llegar a la aldea… ahora, para esto quiero aclarar que Hicca y yo no compartíamos el lazo de amistad que compartimos hoy, yo era joven y creía que la única forma era la que mis padres habían vivido, no entendía los motivos de Hicca, pero eso estaba pronto a cambiar, pues en cuanto me di cuenta una sombra me cubrió, unas garras me tomaron por el brazo y me elevaron hasta el pino más alto donde me dejaron colgada. – la rubia le dedico una mirada de reproche a la ojiverde, a la cual Hicca respondió con un ademan de salud con su tarro.
La historia continúo y no fue hasta la parte en que estaban en la arena de dragones, cuando Hicca debía matar a su primer dragón y que su padre se interpuso y que llego el furia nocturna, el que el caos se soltó que…
- Alto! – exclamo Lord Macintosh de repente, todos nos giramos a verle – Debo ir al baño! – exclamo el Lord.
- AGUANTATE! – le gritamos todos y volvió a caer sentado en su asiento.
- En que me quede? – pregunto la rubia narradora.
- El pesadilla monstruosa! – exclamo Hamish.
- Su padre! – exclamo Harris.
- El furia nocturna! – exclamo Hubert.
- EL CAOS! – gritaron los tres al mismo tiempo.
- Oh, cierto. En fin, después de eso su padre estaba tan enojado con ella que la despojo de título y la hizo mirar cómo se llevaba a su dragón a una muerte segura para luchar contra la muerte roja…
Y la historia continuo, estoy bastante seguro de que muchos más querían ir al baño para ese entonces para todos se aguantaban pues querían escuchar hasta al final.
- …Y todo lo que vimos al final fue a la muerte roja consumirse desde adentro para finalmente explotar a causa de su propio gas, Hicca y Chimuelo caían, Hicca estaba inconsciente y Chimuelo intentaba alcanzarla a tiempo, cuando al fin la alcanzo la cubrió con su cuerpo y ambos impactaron contra el suelo. –
Mi madre se cubrió la boca angustiada y le dedico una mirada de verdadera preocupación a la castaña, a lo cual Hicca respondió con una sonrisa incomoda.
- Todos pensamos que había muerto, le dio a su padre el susto de su vida y no fue hasta que nos dimos que solo estaba inconsciente que todos, incluso los dragones a los cuales habíamos liberado de la muerte rojo, vitoreamos por saber que Hicca estaba sana y salva… en su mayoría. Y fue así como Hicca perdió su pierna izquierda. – concluyo su relato la rubia y volvió a su asiento.
Todos nos quedamos callados, nadie sabiendo que pensar ni que decir.
Yo observe a la delgada castaña, tan frágil y tan fuerte, sentí que mi corazón y mi pecho y mi cabeza se llenaban de algo… no sé de qué.
- Eso es mucho mejor que la historia de cómo perdiste tú tu pierna papá. – comento Hamish.
Mis otros dos hermanos menores asintiendo.
- Qué le paso a su pierna, rey Fergus? – cuestiono la rubia interesada.
- Meh, se la comió un oso. – fue todo lo que atino a decir mi padre.
NOTAS FINALES
Pobre rey Fergus, le quitaron prtagonismo a su historia.
Por cierto, Meraud y Hicca son unos de los varios nombres que las fanaticos les hemos dado a las versiones masculina de Merida y femenina de Hipo (Hiccup en ingles).
