Caso 3:

Alfred se odió a si mismo por seguir besando aquellos labios. Tenía que separarse, tenía que detenerse... Tenía que terminar con ello. Taiwán se aparto de su boca.—Ya es la ultima ¿Cierto Al?

El americano solo pudo asentir. No podía seguir engañando a Iggy. A Inglaterra, su esposo, el amor de su vida, su compañero desde el principio. No podía. Separandose de aquellos labios venenosos y adictivos, Alfred se ajusto la chaqueta, y le dedico una mirada de despedida.—Fue bueno mientras duro América. Pero es verdad. Inglaterra te espera a ti. Vietnam a mi. Esto solo fu un desliz.

-Nada mas, nada menos...—Por un momento algo le preocupo, y la taiwanesa pareció notarlo.—No te preocupes. No, ya lo he revisado. Soy cuidadosa en ese sentido. Las cuatro veces hubo protección y prevención. Y es oficial. Lo he corroborado bien.—Jones se sintió aliviado. La muchacha asiatica hablaba con la verdad. Nada como saber que estaba a salvo de ese tipo de molestos errores. Vietnam jamás se lo perdonaría si se llegaba a enterar. Mas valía prevenir que lamentar. Le sonrió una vez mas antes de darle un beso en la mejilla y ambos irse cada quien por su propio camino.

Alfred se sentía enormemente culpable. No podía seguir con la rutina, por eso decidieron terminar. ¿Como llegar a su hogar y ver a su amado sonriendole confiado? ¿Como besar los labios de aquella persona unica luego de haberles mentido? Ninguno de los dos lo sabían. Alfred sentía un enorme vacío en el pecho. Algo malo estaba a punto de pasar. Eso lo sabía bien. Nunca se equivocaba en esas mierdas. Trato de concentrarse en el camino a casa, pero no lo logró. Las voces espectrales de un pasado lleno de sangre aun le atormentaban. Aun le torturaba el tener que escuchar los gritos agónicos de sus compatriotas morir en ese erial alejado de la mano de Dios en Vietnam. Si la mujer se enteraba, si se llegaba a enterar, no habría oportunidad alguna de que no sucediese nada. Y ella no se enfadaría por haberse acostado con su pareja, sino por su deshonrado nombre. Conocía de sobra a la vietnamita como para saber que no olvidaría, que no perdonaría.

Venganza.

Exigiría aquello de la forma mas cruenta, sangrienta y oscura posible. El fantasma de una guerra hacia decadas le advertía silenciosamente de lo que era capaz aquella joven de largo cabello oscuro y sobrero ligero. Y algo mas...

Había algo más...

El cielo nublado de Washington lo recibió con una fría bienvenida.

...

-¿Bonjour?...—Oh la rana, esa jodida rana. Arthur sonrió.—Bastardo...—

-¿Inglaterra? ¿Eres tu?

-Ajá...—Su voz sonaba rasposa.-¿Estabas bebiendo?

-No. No lo estaba.

-¿Sucede algo malo?

-No. Solo...—Por un momento su voz flanqueó.—Nada... Adiós.

Colgó sin esperar respuesta. Comprendió en el suelo aun que estaba solo. Solo, porque la unica persona que creyó tener estaba posiblemente en brazos y labios de su amante.—Oh mi pequeño...—Susurro viendo danzar la oscuridad frente suyo.

Los recuerdos llegaban incontenibles. Desde que se conocieron, hasta el glorioso día de su boda. Recordarlo le parece precioso. Bueno, ciertas cosas. Otras vergonzosas. Pero aun así, se sentía completamente feliz. Incluso cuando sus hermanos llegaron al lugar, se sintió así. Luego, rompiendo contra todo pronostico, Scott Kirkland, su hermano mayor, que siempre le odió, le ofreció el brazo, y mirandolo con cálidez que nunca le dedico, le susurro.—Te ves hermoso...—Le acarició la mejilla y agregó.—Vamos a por ese yankee...—

El recorrido fue el mas lento y largo de su vida. Todas las miradas posadas en su figura, siguiendo su recorrido. Un frances llorando como solo puede llorar una niñita. Un espñol le dedico una mirada cargada de significado. Alguna vez, siglos atrás, Arthur mismo en su vida de pirata le dijo a su esclavo español, que se casarían en una catedrál española, si eso le hacía feliz. Pero eso no pudo ser, porque el se perdió en cuanto la colonia de ojos azules le dijo "hermano mayor". Aun así, ese día, le dio su mejor y mas luminosa sonrisa. Scott parecía orgulloso, triste, enfadado, amenazador, pero orgulloso. La canción la recordaba bien. Bueno, a decir verdad, Alfred mismo que la vio en una serie de televisión se la propuso.—¿The Tudors?..—El americano había asentido. En la banda sonora del programa había aparecido cuando su antiguo rey Enrique VIII, o bien el actor que le interpretaba se casaba con Jane Seymour. Y él no puso objeción. Su reina estaba ahí, mirandolo con una sonrisa comprensiva, y los duquesque tenían al pequeño príncipe con él también. Finalmente, el pelirrojo le tomo la mano con firmeza pero delicadeza, y mirando con odio al yankee le dijo.—Sobra decirte que te pasará si le haces daño ¿Cierto?

-Cierto..—Le dedico una sonrisa. Una hermosa sonrisa, antes de darle un beso en la frente y poner su mano sobre la de Alfred que solo podía mirarle a él. Solo a él. Y él también. Los votos fueron largos, pero cada palabra que el pronuncio, estaba cargada de amor, devoción y firmeza. Entonces el obispo dio el consentimiento, y sus labios se unieron.

Aquel día todo había sido perfecto.

Aquel día ya había quedado atrás.

Estaba aun en el suelo, luego de largas horas. La servidumbre había tenido autorizacion de marcharse y felicitandoló por su bebé, salieron rumbo a sus hogares. Su vientre se comenzaba a hinchar de forma rápida, y se hacía visible un pequeño bulto en el. Arthur lo acarició. Entonces, juntando toda la dignidad que una nación puede poseer en ese momento, se secó las lagrimas y se puso de pie. Avanzo hacia la enorme alcoba, y cogió de la habitación del armario una maleta. Coloco entre lagrimas silenciosas ahí todas sus cosas. Ordeno el estudio personal de forma que solo quedasen los papeles de su marido, y bajo las escaleras de marmol. Estaba serio. Estaba decidido a no hacerle de sufrido y cortarlo sin más ni más. Entonces cuando se escucho la puerta principal abrirse, se acarició el vientre nervioso.-¡Iggy, ya llegué! ¿Como estas am-...?

El silencio reinó cuando el destrozado, pero fiero, decidido verde se estrello furioso contra un incrédulo azul. Alfred no tardó en comprender.-¿Sucede algo malo?

La mirada de Jones se centró por un rápido segundo en las maletas.—Dímelo tu por favor...—

-¿Porque...? ¿Porque llevas maletas? ¿Te ha llamado la reina? ...—

-Ah no, no te preocupes, mi reina no me ha llamado. Espero que no lo haga. Si lo hace es porque seguramente dio la orden de joder un país oriental en especifico, pero Isabel ya no es una niña temperamental...—Le contesto lleno de rencor, lleno de ironía. El no era un máldito martir que solo lloraría. El era el Gran Imperio Brítanico, el Legendario Reino Unido de Gran Bretaña, e Irlanda del Norte. No una esposa cornuda.

-¿De que me estas hablando?...—Esa ocasión su voz flanqueó.

-De que me voy. De que me regreso a Londres. De que lo nuestro se terminó.—Al escuchar estas palabras la expresión de alteracion y dolor de Alfred casi le hace arrepentirse de su desición.

-P-Pero ¿P-Porque...?

-¿El heróe todavía lo pregunta? Bueno, como soy un caballero inglés es mi deber por educación contestarte. Porque te acostaste con Taiwán. Porque me fuiste infiel, porque no te importo que estuviese enmorado de ti, que estuviesemos casados y te amase mas que a nada... Porque te importo mas una jodida puta que te abrió las piernas antes que yo...—Entonces, solo entonces, Alfred de verdad se alteró ¿Como...? ¿Dondé...? ¿Quién...?

Arthur tomo el mango de su maleta y la cargo con facilidad. Estaba tan furioso que le regresaron unas fuerzas de antaño, rogandole expulsar su dolor en los puños que un día fueron el terror de los siete mares. Caminó hacia la entrada lento, decidido, imperturbable. Alfred reaccionó tomandole de la muñeca.—No te vayas... Por favor, por favor, no te marches...—Arthur tragó en seco.—E-Estoy seguro que a Taiwán le encantará saber que ya estas soltero. Anda, ve a buscarla...—Le echó más sal a la herida. Quería que sintiese lo mismo que el sintió cuando se enteró. Lo abrazo con fuerza de la espalda, y se sintió tan pequeño, tan perdido dentro de aquellos brazos que alguna vez amó, que aun amaba, y que por dignidad tenía que dejar. Se odió por el temblor en su voz. Se odió de verdad. Pero no pudo frenar las lagrimas luego de ser abrazado por su Alfred.—No te vayas Iggy. No me dejes... Por favor, por todos los dioses... Perdoname...Perdoname mi amor...—Arthur aferro los ojos que eran inundados por saladas lagrimas antes de negar, de con toda su maldita fuerza de voluntad, negase con la cabeza.—N-No...—Su voz sonó rota.—No Alfred. T-Tu me engañaste. Tu iniciaste t-todo esto... No.—Se libero con dificultad de su abrazo, y termino de cruzar la distancia hasta la puerta. Lo ultimo que vio de ese hombre al que amaba con todas sus fuerzas, a esa nación, a ese ser, fueron sus enormes ojos azules que tanto adoraba, llenos de lagrimas, dolor, angustia y desesperación.

Y entonces, cerró la puerta.

En el auto, emprendió el camino al aeropuerto mientras sus ojos, traicioneros estallaban en lagrimas, estallaban en dolor. Antes de salir de la propiedad, juró escuchar un gritó lleno de agonía proveniente del interior de la casa. Aferró su vientre, respiro, y dio inicio a su partida.

Arthur Kirkland tuvo que seguir tomando fuerzas pra no mirar atrás. El niño en su interior le daba la voluntad de seguir. Solo aquel pequeñito. Sopeso la idea de tener que contarselo a su esposo. Eso era necesario. Alfred se tenía que enterar que estaba esperando un hijo suyo. No quería seguir llorando. No quería, no quería, no quería.

Y como su suerte es terrible, las lagrimas volvieron a caer.

Hermosas Criaturas:

¿Les ha gustado?

Soundtrack:

-Henry Marries Jane Seymour.—The Tudors, Trevor Morris (Boda de Arthur y Alfred)

-Heart Of Stone.—Breaking Dawn Part II, IKO (Arthur en su hogar)

-Asleep.—The Smiths (Partida de Arthur)

Estan lindas. Escuchenlas si es posible.

Belluse Luna: ¡Gracias por tu comentario! Me dio muchos animos para seguirle, ya sabran lo dificil que es empezar con el miedo de fracasar. Pero en fin, muchisimas gracias.

Liz Joker: Me alegra mucho que te guste mi historia. Y agradezco tu comentario ;)

Tsukino Ariasu: Si, es una trama muy sufrida, tienes razó por tu reviews, fue el primero y me emociono mucho. Iggy se verá lindisimo de mamá, ya lo veras.

En fin, a todos y todas las demas que lo lean y comenten gracias, gracias de verdad, los quiero mucho, y sigan comentando, sinceramente, sinceramente, sinceramente. Sin miedo, espero que les guste el segundo cap :)

Elisa