Los personajes de HTTYD y BRAVE 2012 le pertecen a sus respectivos autores y casas productoras, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto la trama de este fanfic.
Capítulo VI
"Los dragones son fantásticos!"
POV Meraud
Las creaturas ascendían a una velocidad impensable por el cielo. La alargada creatura que Hicca montaba parecía una flecha oscura partiendo el cielo a la mitad y Hicca… ella se veía magnifica montada sobre el dragón, su larga trenza bailando en el viento, sus mejillas sonrosadas de lo fuerte que le palpitaba el corazón y la sonrisa de pura felicidad que decoraba su rostro.
Entonces desaparecieron detrás de una nube y sus figuras fueron negadas a nuestros ojos, pasaron unos segundos y lo siguiente que supimos era que ambos dragones junto con sus jinetes iban en picada hacia nuestra dirección, iban demasiado rápido, sentí mis ojos casi salirse de sus cuencas, mi corazón comenzó a acelerar su ritmo, el miedo de que el dragón no pudiese frenar en el momento debido… ¡¿Es que esas mujeres están locas?!
Como para agregar tensión al asunto los dragones comenzaron a girar sobre sí mismo, ocasionando que la resistencia del viento fuera aún mejor y por ende fueran aún más rápido, si antes parecían flechas partiendo el cielo ahora parecían lanzas a punto de destrozar la tierra, me di cuenta de que cada vez estaban más cerca, más cerca…
De repente los dragones extendieron sus enormes alas haciendo que varios de nosotros – yo incluido – diéramos una inspiración sorprendida y asustada, algunos otros – los lores – se cayeron de la sorpresa. La enorme sombra de los dragones nos cubrió por unos instantes, pude escuchar la risa estruendosa de mi padre junto con las de mis hermanitos, mi madre reía pasmada, no pude evitar compartir su risa, la sombra de los dragones se alejó y sentí como mi corazón volvía a su ritmo normal mientras veía la espalda de Hicca alejarse erguida sobre su dragón.
Los dragones planearon por un minuto antes de comenzar a descender – de una manera menos osada – en nuestra dirección, cuando estos por fin tocaron tierra a unos doscientos metros de distancia de nosotros fue que mis hermanos salieron disparados en dirección de las valientes – o quizás locas – vikingas que montaban a las enormes lagartijas aladas.
- Hicca! Astrid! –
- Eso fue genial! –
- Ustedes son geniales! –
Llegaron hasta ellas y se colgaron de sus manos comenzando a dar brincos como locos.
Lo único que yo quería era correr hacia Hicca y abrazarla y decirle que nunca me vuelva a asustar de esa manera. Se supone que ella cayo en picada después de que un dragón del tamaño de una montaña le calcino la pierna izquierda, ¿Qué no se supone que eso debería haberla traumado o algo así? ¿Cómo puede montar en un dragón y lanzarse al vacío? Una de dos, o los vikingos tienen un muy extraño sentido del humor o Hicca tiene un muy extraño sentido del humor.
Los dragones se habían acercado a mis hermanitos y sentí como mi cuerpo entero se tensaba, con mi mano busque mi espada y recordé que la había dejado en el castillo, entonces el dragón oscuro que Hicca había montado sonrio - ¿Los dragones sonríen? – y se acercó aún más a mis hermanos y con su nariz acarician la nariz de Hubert, luego note que el dragón azul que Astrid había montado dejaba que Harris y Hamish le acariciaran, deja salir un suspiro aliviado.
- Magnificas creaturas! –alabo mi padre mientras con sus brazos abiertos se acercaba a los dragones.
El dragón oscuro olfateo su mano y lamio su mano para luego dejar que mi padre acariciara su cabeza.
Mi madre se acercó poco después, la curiosidad que ella sentía por las creaturas brillando en sus ojos.
- Es este el dragón que creo que es? – cuestiono mi madre dirigiéndose a Hicca.
- Sip. Es el vástago del rayo y la muerte misma, un furia nocturna. Rey Fergus, reina Elinor, este el Chimuelo, mi compañero y mejor amigo. – presento ella mientras señalaba con su mano al dragón.
¿Quién nombra "Chimuelo" a un dragón?
- Chimuelo? – Mi madre comparte mi duda.
- Mira, querida! No tiene dientes! – anuncio mi padre mientras apuntaba a las encías del dragón que nuevamente sonreía an confort de las caricias.
Eso lo explica.
- Son retractiles. – explico Hicca como si fuera lo más obvio del mundo.
Un dragón con colmillos retractiles? Eso es a lo que yo llamo practicidad.
- Oh. – mi madre asintió en entendimiento – Dado su nombre esperaba un poco más de… furia. – añadió mientras también se acercaba y comenzaba a acariciar al dragón, Chimuelo, bajo el mentón.
Yo solo me dedique a mirar a mi familia, se veían tan contentos y entretenidos, no recuerdo la última vez que los vi reírse tanto.
- Son… son… Wow. – no encontraba las palabras para describir los asombrosos que eran los dragones.
- Es correcto. – escuche a Hicca decir a mi lado, una sonrisita torcida y adorable decorando su pecoso rostro, es difícil creer que esta hermosa chica es quien monta a un dragón en doble de grande que ella – Mejor que caballos. – dijo orgullosa.
Conozco a alguien que refutaría ante eso.
- Ha, admito que eso que hicieron tú y Astrid cuando salieron de la cueva fue impresionante, pero nada es mejor que Angus. – dije yo defendiendo el orgullo de todos los caballos, en especial el de mi mejor amigo.
- Angus? – me cuestiono ella interesada, yo aún tenía la vista en mi familia.
- Mi corcel… y también mi mejor amigo. – admití mientras sonreía.
Por algún motivo voltee mi rostro para poder ver el de Hicca, pero en cuando mis ojos se toparon con los verdes de ella mi corazón dio un brinco, ella me sonreía sincera y un ligero sonrojo, probablemente producto de las fuertes emociones del vuelo sobre su dragón, decoraba sus mejillas. Desvié la mirada antes de que el hechizo de los ojos de Hicca me hiciera abrazarla hasta dejarla sin aliento.
- Podemos montarles también?! – cuestiono entusiasta Hamish.
Note como los ojos de mi madre se abrían como platos.
Mi madre miro a Hicca, Hicca miro a mi madre, mi madre negó ligeramente para que mis hermanitos no lo notaran, Hicca dio un ligero asentimiento.
- No creo que sea una buena idea. – hablo la bella vikinga mientras se alejaba de mí y caminaba en dirección de mis hermanitos – Incluso en Berk no dejamos que los aprendices más jóvenes monten en dragones hasta que reciban una debida instrucción. –
- Awwww. – lamentaron a coro mis hermanos.
- Pero eso no quiere decir que el rey y la reina no puedan dar un paseo. – añadió Astrid.
Mi padre miro a mi madre con una de sus enormes sonrisas de niño pequeño, había puesto sus manos en puños y las movía de arriba hacia abajo con emoción, mi madre abrió la boca para protestar pero parecía no encontrar una manera correcta para negar la petición de Astrid. Mi madre miro a Astrid, luego a mi padre y finalmente a Hicca, pero a pesar de que su rostro estaba en dirección de Hicca su vista cayó el mí, ya que yo estaba a unos metros detrás de Hicca, fue entonces que mi madre retomo su compostura y una sonrisa autosuficiente se pintó en su rostro.
Oh no.
- Me temo que no soy mucho de emociones fuertes, pero estoy segura de que a Meraud le fascinaría. – propuso la reina mientras me señalaba.
Mi propia madre me ha convertido en su chivo expiatorio!
Clave mi mirada en la de mi madre, No quiero! No puedes obligarme!, por reflejo mire a Hicca y note que ella me miraba, me sonroje y desvié mi mirada de nuevo a mi madre, No puedes dejarme solo con ella!, mi madre me miro con sus ojos de oso, amenazantes, Oh, claro que lo harás! Más te vale hacerlo!, pude escuchar sus pensamientos en mi cabeza… ella lo sabe.
Perfecto, mi madre sabe que me gusta Hicca… ¿Esto es algo bueno o algo malo?
- Claro. Me… gustaría. – acepte no muy seguro de lo que hacía.
- Decidido entonces! – cerro la disputa Astrid, una sonrisa autosuficiente decorando su rostro – El rey volara conmigo y Tormentula y el príncipe puede volar contigo y Chimuelo. –
- Eh?! – exclame abrumado.
Yo… con Hicca… solos…
Entonces mire al dragón oscuro por un instante y note que no había mucho espacio, si subía con ella estaría pegado a ella. Mire a Hicca y ella me miraba, mi reacción debía haberla intrigado, desvié mi rostro de nuevo.
- Que les parece si lo hacemos al atardecer? Así tendríamos tiempo para que los dragones descansen y se alimenten apropiadamente. – propuso Hicca mientras acariciaba a su dragón.
- Magnífica idea! – concordó mi madre entusiasta – Así podríamos conocernos mejor y mostrarles un poco de nuestra cultura, ¿Qué opinan lores de los clanes hermanos? –
Los lores, aun algo estupefactos, asintieron, apuesto que en ese estado los lores dirían que si a todo lo que les pidan.
- Les mostraremos de lo que las tierras altas están hechas! – rugió mi padre para elevar el ánimo de nuestra gente.
- HEY! – clamaron los lores y sus hombres.
Volvimos a pie al castillo, mis hermanitos se subieron junto con Astrid a su dragón –Tormentula -, Hicca iba sobre el suyo propio, junto con ella iba mi madre. Los soldados miraban fascinados a los dragones, lo mismo que los lores. Cuando llegamos al castillo Maudie salio a recibirnos y casi le da un infarto, pero mis hermanos, mi madre y Hicca le mostraron que los dragones eran de hecho bastante mansos, o al menos así lo parecían, algo me dice que no queremos hacerlos enojar.
Mi padre ordeno que se prepararan un par de tiendas cerca de los establos para que los dragones descansaran y comieran, la cantidad que Hicca y Astrid pidieron de pescado y pollo para alimentar a sus dragones era la suficiente como para alimentar un pequeño batallón de unos 50 hombres.
Los lores con apoyo de mi madre organizaron un torneo, el mejor soldado de cada clan contra el otro, los mozos y mozas del castillo, tan rápidos como rayos, armaron las tiendas médicas y de comida en los jardines del castillo, sobra decir que mi madre estaba más que complacida. Hicca y Astrid, como nuestras invitadas de honor, estaban sentadas con mi familia y conmigo en la tienda principal observando las justas.
La primera justa fue entre el mejor hombre de Lord Macintosh contra el mejor hombre de Lord Dingwall. Las espadas da ambos chocaban pesadas causando un estruendo con cada contacto. Sin embargo el soldado del clan Dingwall fue más astuto y al darle una patada en el estómago a su contrincante mientras este estaba concentrado en el agarre de su espada hizo que este cayera hacia atrás, dejándolo a merced de la espada del hombre de Dingwall, la punta de esta jamás cortando la piel, pero era más que obvio quien había sido el ganador.
- Eso! – vitoreo Astrid alzando las manos.
Mi padre también vitoreo divertido e incluso choco los cinco con Astrid.
Mi madre se puso en pie y con su solemne y elegante voz anuncio…
- El ganador de la primera justa es Sir Henry del clan Dingwall. – señalo mi madre al ganador con una de sus delicadas manos, los miembros de Dingwall vitorearon felices – Por favor, que pasen los campeones de McGuffin y Dunbroch. – pidió.
Me puse de pie sin que nadie me viese y me encamine en dirección del campo de duelos, cuando llegue a mi lugar el yerno de Lord McGuffin ya estaba con su espada en mano, no pude evitar sonreír ansioso, hacía mucho tiempo que no tenía un buen duelo. Por el rabillo del ojo mire el lugar que mi familia y nuestras invitadas ocupaban, Hicca me miraba sorprendida y eso me hizo sentir confiado, no podía permitirme perder frente a ella. Redirigí mi atención a mi oponente.
- Comiencen! – rugió mi padre.
Alce mi espada y la deje caer con fuerza contra la figura del yerno de McGuffin, un pesado CLASH! retumbo por encima del viento, di una vuelta y volví a atacar con mi espada, el yerno de McGuffin me bloqueo, todos mis sentidos estaban concentrados en el duelo pero aun así podía sentir la intensa mirada de Hicca, ¿Me miraba a mí? ¿Al yerno de McGuffin? ¿O solo analizaba la batalla?
Yo me movía rápido buscando un punto débil en la figura de mí oponente, pero el yerno de McGuffin estaba plantado a la tierra, entonces mientras daba una estocada con su espada, que use como finta, coloque una de mis piernas detrás de mí contrincante y usando una llave en su cuello le hice caer, pero el yerno de McGuffin me jalo junto con él, gire en el suelo para alejarme lo más posible de mí contrincante lo cual fue aprovechado por este para ponerse en pie. Empezamos a rodearnos el uno al otro, ninguno menguando la firmeza del agarre de nuestras armas, la tensión creciendo.
- Aagh! Terminen de una vez! – grito Astrid impaciente.
El grito de la vikinga rubia tomo por sorpresa a todos los presentes y la voltearon a ver sorprendidos, yo aproveche la oportunidad y con el mango de mi espada golpee con fuerza la mandíbula de mi contrincante que cayo y ya no se levantó. Deje caer mis brazos a mis costados, el agarre de mi espada se aflojo debido a la relajación que fluía por mi cuerpo, mire en dirección de la tienda principal, mi padre y mis hermanos celebraban mi victoria, mi madre asintió orgullosa, pero Hicca discutía con Astrid sin presentarme ninguna atención, no pude evitar sentirme algo decepcionado.
- El ganador es el campeón del clan Dunbroch, el príncipe Meraud. – anuncio mi madre.
Hice una reverencia en dirección de mi madre y luego ayude a los curanderos a cargar al yerno de McGuffin.
Dioses, sí que era pesado.
Una vez en la tienda lo colocamos en una camilla y uno de los curanderos comenzó a revisar sus heridas.
- Majestad. – me llamo otro curandero a mi mientras señalaba con la mano otra camilla.
Supongo que yo también debo cuidar de mis heridas antes del último duelo.
Asentí y tome asiento donde el curandero me había indicado. El hombre comenzó a palpar mis brazos para medir el daño, me aplico un ungüento y lo comenzó a cubrir con vendas.
- Que lindas, verdad? Las vikingas. – comento como no queriendo la cosa el curandero que me trataba.
No se necesita ser un genio para saber a qué se refiere. Sentí mis mejillas arder y oculte mi rostro con mis manos.
- Cuantos más lo han notado? – cuestione en un gruñido, molesto conmigo mismo y con mi obviedad.
- Que yo sepa… su madre. – empezó.
- Nada se le escapa. –
- Su padre. – continuo.
- Eso me asombra un poco. – admití.
- Sus hermanitos. –
- Eso me preocupa un poco. – dije algo asustado.
- La señora Maudie. –
- Es en serio? Tan mal estoy que todos se dan cuenta? – masculle indignado.
- Oh no, majestad. Me parece que solo los más cercanos a usted se han percatado. – me tranquilizo el curandero.
- Y tu como te diste cuenta? – interrogue.
- Bueno… antes de que trajera al hombre de McGuffin lo note mirando a la vikinga castaña, Lady Hicca, y bueno… conecte los puntos? – se explicó.
Suspire exasperado.
- Que perceptivo. – me queje.
- Lo siento, majestad. Pero juro no decirle a nadie! – intento tranquilizarme.
- Está bien. Gracias por hablarlo conmigo. – le sonreí y me puse de pie.
- Si de algo le sirve… espero que la alianza entre los vikingos y nuestra gente se profundice. – dijo rápido y se retiró antes de que yo pudiese volver a verle.
¿Dijo lo que creo que quiso decir?
Pude sentir mis mejillas arder al máximo y mejor salí de la tienda medica antes de que alguien más notara mi estado.
Volví al campo de duelo y ahí ya estaba Sir Henry, tome mi lugar al lado de él y gire en dirección de mis padres. Hicca me miraba curiosa, o puede que simplemente esté pensando en otras cosas, pero prefiero pensar que su atención está en mí.
- El duelo final de esta celebración será entre el campeón del clan Dingwall, Sir Henry, y el campeón del clan Dunbroch, el príncipe Meraud. Después de esta justa procederemos a comer y culminaremos el día con el primer vuelo del rey y el príncipe sobre los dragones Chimuelo y Tormentula. – explico mi madre, la mención del vuelo sobre los dragones me hizo sentir ansioso.
Todos los presentes asintieron ante lo dicho por mi madre.
- Sin más preámbulo, guerreros, comiencen! – anuncio mi madre y volvió a su lugar.
Sir Henry y yo nos encaramos y compartimos un saludo cortes y luego mientras nos enderezábamos ambos sacamos nuestras espadas e las hicimos chocar la una con la otra, un fuerte CLASH! retumbando en el aire. Intercambiamos unos cuantos impactos cuando note que la espada de Sir Henry comenzaba a astillarse, era mi oportunidad, y juntando toda la fuerza que puse deja caer mi espada contra la de mi oponente haciendo que esta se rompiera al contacto con mi espada. El duelo acabo en ese mismo instante.
Revise mi espada y note que si el duelo hubiese seguido entonces yo hubiese perdido, mi espada también había comenzado a astillarse.
Luego se procedió a la comida, pero yo no estaba de humor para comer rodeado de gente por ahora. Mi madre probablemente comentaría algo sobre Hicca, mi padre querría hablar con los lores, Hicca estaría al asecho y yo volvería a hacer el ridículo o peor, mis hermanitos me harían hacer el ridículo frente a ella, así que mejor tome un tarro de agua un buen plato con carne y verduras y pan, y me fui en dirección de los establos, necesitaba desahogarme y Angus es el único que no me juzgaría… mucho.
Antes de llegar a los establos pase por la cocina y tome la avena con manzanas que tanto le gusta a Angus, cuando llegue ahí le di su comida y yo comí junto con él.
El silencio era agradable y calmante, un hombre y su caballo compartiendo un sano momento de hermandad, después de comer tome el trinche y comencé a limpiar el lugar, cambien el heno y la paja sucios por limpios, puse aserrín fresco, y hable y hable de Hicca.
- Deberías verla, Angus. Es preciosa. Al principio me asuste y pensé que estaba hechizado pero resulta que solo estoy… enamorado. – suspire como idiota y ni siquiera me importo – Y es que es cierto, ella es adorable, su cabello es muy bonito, sus ojos son tan grandes que siento que ven mi alma, su voz… no me molestaría levantarme todas las mañanas si es el sonido de su voz el que lo me despierta, y debiste haberla visto con ese vestido! Dioses se veía… - el recuerdo de como aquel vestido verde se le pegaba como segunda piel mostrando todas sus magníficas curvas inundo mi mente – Se veía espectacular! Y cuando montaba su dragón! Se veía tan majestuosa! Tan…
- Este es Angus? – la voz de Hicca me tomo por sorpresa y di un salto.
Sentí como los colores se me iban y como al mismo tiempo me sonrojaba a más no poder.
Dioses no! Que no me haya escuchado por favor!
- Perdón, no era mi intensión asustarte. – se disculpó.
Por favor que no me haya escuchado! Por favor que no me haya escuchado!
Me gire para encararla.
- E-esta b-bien. No… escuchaste nada… verdad? – de algún modo logre cuestionar.
Por favor di que no! Por favor de que no!
- No, dioses, no. No escuche nada de lo que le decías, puedes estar tranquilo. – me aseguro.
Suspire cansado, Esta mujer va a ser mi fin, y rasque mi nuca para calmar mis nervios.
- Me asustaste. – admití avergonzado.
- Lo siento. –se disculpó de nuevo.
Angus me golpeo el hombro con su hocico, Preséntamela.
- Angus, esta es Hicca, Hicca, este es Angus. – los presente.
Angus poso su mirada en la figura de Hicca y pareció analizarla, luego dio un asentimiento con la cabeza, No está mal. Aunque creo que Hicca lo tomo más como un reconocimiento a su presencia.
- También es un gusto conocerte, Angus. – asintió ella en dirección del caballo.
- Supongo que vienes a preparar a los dragones. – hable, necesitaba llenar el silencio o diría algo estúpido.
- Sip. Hay que estar seguros de que nadie se caerá… no es como si los fuéramos a dejar caer… digo… no…
Note que ella era la nerviosa. Supongo que si mi padre o yo nos caemos de los dragones sería un verdadero desastre, pero por algún motivo eso no me preocupaba, sabía que lla no me dejaría caer, al menos no apropósito. Así que alce la palma de mi mano para detener su balbuceo.
- Confiamos en ustedes. –dije con toda la solemnidad que pude.
Aunque lo que en verdad quería decir era, Confió en ti.
Le ayude a preparar a los dragones, debes en cuando no podía evitar girar y admirarla… creo que eso no le gusto en lo más mínimo a su dragón pues este me empujo con su nariz y me miro amenazante, Exactamente qué crees que estas mirando? Podía escucharlo acusarme.
- Chimuelo, no! No molestes al príncipe Meraud. – le regaño Hicca.
El dragón gruño por lo bajo, Es él el que me molesta a mí.
- Dragón loco. – acuso Hicca mientras su dragón volvía a recostarse en una esquina, su mirada jamas alejándose de mí.
Te estoy vigilando. Podía escucharlo en mi cabeza.
- Perdón por eso, Meraud. Chimuelo suele ser algo desconfiado. – excuso Hicca al dragón.
Mire al dragón por última vez y le mire desafiante sin que Hicca se diera cuenta, el dragón me miro incrédulo y luego me miro con odio.
- Muy bien creo que tenemos todo. Es hora del show. – comento Hicca sin darse cuenta que su dragón quería despedazarme en ese mismo instante.
- Estamos listos? – cuestiono Hicca mientras mi padre y yo nos postrábamos frente a ella y Astrid.
Mi padre saltaba en su sitio y se frotaba las palmas de las manos.
Yo era un manojo de nervios, me acabo de acordar que se supone que volare junto con Hicca en mismo dragón que hace unos momentos había desafiado con la mirada.
Mi madre y mis hermanos estaban detrás de nosotros dándonos apoyo moral, detrás de ellos estaban los lores junto con sus hombres.
Astrid y Hicca montaron en sus dragones con facilidad y soltura, la gracia que usaron fue más que la de un caballero.
- Muy bien, chicos. Los invitados son gente importante y debemos darles una experiencia que jamás olvidaran, pero por lo que más quieran en este mundo, nada de lucirse. – instruyo Hicca a los dragones.
El dragón oscuro me miro y algo parecido a una sonrisa maligna decoro su cara.
- Muy bien, su alteza. Recuerde que mientras ascendemos debe tener los brazos agarrados a la correa que le estoy dando, las piernas deben estar firmes a los lados, no mire hacia abajo hasta que le diga que puede hacerlo, entendido? – instruyo Astrid al a mi padre mientras le ayudaba a acomodarse sobre Tormentula.
- Lo mismo va para usted, Meraud. – me dijo a mi Hicca mientras me subía al lomo del dragón, era sorprendentemente cálido.
- Claro. – atine a decir mientras me acomodaba, intentaba no acabar muy cerca de ella por miedo a que escuchara los estruendosos latidos de mi corazón.
- Péguese un poco más o saldrá disparado hacia atrás. – me instruyo Hicca y me jalo para que me acercara hasta que mi pecho toco su espalda, sentí mis mejillas arder y di gracias a que ella me diera la espalda. Coloque mis manos a los lados de su cintura y trague pesado.
- Estamos listos. – dijo Hicca con convicción.
La primera en despegar fue Tormentula. Primero acelero en tierra y luego alzo vuelo con suavidad, la risa de mi padre resonó en el aire y haciendo eco en el bosque mientras se alejaban del suelo.
No se ve tan mal.
- Muy bien, amigo. Nos toca. –
Entonces recordé que yo estoy sobre el dragón con problemas de actitud.
- Chimuelo? –escuche como Hicca llamaba angustiada a su dragón, luego note que las alas del dragón se extendían con lentitud hacia arriba, la cabeza baja, el cuerpo semi-agazapado – Uh-oh. – escuche mascullar a Hicca.
- Como que "uh-oh"? – interrogue asustado.
- Sujétate. – me dijo Hicca mientras reafirmaba su agarre en las riendas.
Pero no me dio tiempo de nada pues el dragón salio disparado hacia arriba antes de que lograra una posición cómoda, así que quede arqueado con la cara hacia arriba mientras ascendíamos a una velocidad vertiginosa.
- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! –grite sorprendido.
De algún modo logre acomodarme y me agarrare con fuerza a la cintura de Hicca, era tan esbelta y a la vez firme, no había rastro de duda en su posición, agache mi cabeza para evitar que el aire me diera de lleno mientras ascendíamos a una velocidad que jamas creí experimentar.
Sentí mi cuerpo tensarse como la cuerda de un arco, mi corazón bombeaba y bombeaba cada más rápido, cada vez más fuerte, sentía la cabeza ligera y unas enormes ganar de reír me invadieron, comencé con carcajadas leves que hacían que mi cuerpo temblase y finalmente explote en carcajadas emocionadas y llenas de gozo mientras me aferraba aún más a la firme figura de Hicca.
- Hahahahahahahahahaha! – reía.
Me sentía lleno de vida y feliz.
- Más rápido! – pedí mientras sacaba el rostro y dejaba que el viento me diera de lleno.
- Ya escuchaste amigo! Más rápido! –pidió Hicca al dragón.
El dragón complació.
No cabe duda. Los dragones son fantásticos!
