Caso 1:

Siempre dijo que amaba a Francis.. No importando su reputación ni mucho menos. Amaba su sonrisa confiada, y su voz dulce. Amaba escucharlo cada día y cada noche. Amaba enredar los dedos en la melena casi platinada del galo y enrularlos con delicadeza. Amaba a Francis.

Cuando el galo le pidió matrimonio, pensó que se trataba de un sueño... Es decir... ¡Francis Bonnefoy pidiéndole matrimonio a alguien! Sonrió entre lagrimas y aceptó, mas dichoso que en toda su vida. Porque Francis a diferencia de muchos le veía, le sonreía, le quería. Porque no importaba para él que nadie mas supiese de su presencia. Mientras su Francis lo viese y le regalase una dulce sonrisa... Con eso estaba mas que satisfecho. Por eso le dijo que sí. Se casaron, formando una alianza sólida, casi tanto como la de los angloparlantes. Todo fue miel sobre hojuelas durante un tiempo. Luego todo cambió.

Un día, despertando encontró a su esposo alistándose para el viaje a África que realizaría. Luego de ahí partiría a su antigua colonia, Seychelles. Sonrió, le dio un tierno beso y le dijo que se cuidase, que el lo estaría esperando.

-Te llamaré mon cheri.—Dijo el francés antes de besarle la frente conmovido, y salir por la puerta de la habitación.

Esa fue la ultima ocasión que su esposo actuó como tal.

Pero Canadá ignorando el dolor en el pecho, que le incomodaba y perturbaba, se dedico a esperarlo. Porque el lo esperaría el tiempo necesario. Dos siglos o mas si se diese el caso.

Porque eso era verdad.

Día y noche aguardo una semana, en vela, limpiando y arreglando cualquier imperfección en su hogar, por mínima que fuese. Día y noche trato de convencerse que todo saldría bien, que su esposo regresaría le abrazaría y ambos se darían un tierno beso. Que todo sería igual a cuando se marcho. Pero algo dentro de él sabía que no sería así. Día y noche aguardo una llamada, un mensaje que jamás fue enviado. Cuando miró la ventana y encontró el cielo encapotado de forma singular, supo que algo malo pasaría...

...

Francis no podía dejar de amar ese cuerpo. Amar ese contraste de pieles, ese fuego eterno que desprendía su colonia. El la comenzó a amar de inmediato ¿Extraño no? A él no le parecía extraño. Extraño era no amar a la belleza que era Seychelles ahí, desnuda, siendo uno con él. Porque por todos los dioses del mundo, era el paraíso estar a su lado. Con ella, dentro de ella, disfrutando los eternos e interminables minutos de su unión. Pero nada era eterno, mucho menos lo que hacían. Por eso, cuando terminaron y Seychelles se abrazo a él, el alcanzo a echarle un vistazo a la argolla en su dedo. Cerró los ojos e intento no pensar en su esposo, su esposo, su dulce esposo que le aguardaba en casa, sonriente, tierno, inocente e ingenuo.

Pero tan pronto sus parpados cayeron, la ola interminable de la culpa mas horrorizarte que hubiese sentido en su inmortal existencia se lo tragó. Era un asco. Lo sabía. Llegaría a casa, se aflojaría la corbata y llamaría al rubio pequeño que era su marido. Le rodearía con los brazos y le besaría de forma brusca. Lo tomaría como estaba en su derecho y Matthew no se quejaría como el buen niño que es. Sino que aguantaría las lagrimas por el dolor causado por la intromisión y le sonreiría, tan bello como puede ser el, susurrándole tiernos e infinitos "Te amo" Luego cuando se desahogase el le abrazaría con calidez y confianza antes de caer dormido a su lado. Y el seguiría despierto, extrañando el fuego de la otra. Seychelles supo que pensaba el galo, y también observo la argolla. La miró con un odio que jamás imaginó tendría en su interior. No dejaría ir a Francis, no lo haría. Lucharía contra ese crío molesto si era necesario, pero ella no perdería el amor de su francés. No importaba si los demás estaban en su contra. Ella no dejaría ir a Francis Bonnefoy de su lado. Por eso con brusquedad tomó la mano izquierda del rubio y le arranco prácticamente el anillo, arrojándolo al suelo.

Francis supo que debía hacer algo. Debía protestar, decir que no podía ser lo suyo, y marcharse a los brazos de su inocente marido. Pero no pudo siquiera imaginar el separarse de Seychelles luego de aquello. La abrazo tan cálida y posesivamente como le era posible y beso su frente morena perlada en sudor luego del acto sexual. Ella era Seychelles. Su manzana de la discordia. Su tentación eterna. Y desde ese momento, ni siquiera el fantasma de Jeanne D' Arc lo haría cambiar de opinión. Y en un lugar de su mente, donde se recluía su razonamiento y consciencia, la voz de Matthew le llamaba asustado.

Tres Semanas después...

Matthew corrió casi voló al exterior de su casa, y cruzó incansable las calles hacia donde decía el mensaje de un anónimo en su computador. Las lagrimas inundaron las orbes violetas de forma rápida, y su corazón una y otra vez rogaba, palpitaba pidiendo, suplicando por la piedad del Dios que fuese, que aquello fuera solo una broma cruel, una mentira vil.

Cayó varias veces antes de seguir con su camino.

No podía ser, no podía ser, se repetía hasta el maldito cansancio. No podía ser. No podía, era mentira, era mentira, era mentira. Dios, Dios por favor que sea solo una broma, porque eso no puede ser. Era lo que se repetía entre sollozos desesperados y ahogados por el cansancio de la interminable carrear mas tortuosa que en su vida pudo llegar siquiera a concebir en su imaginación. Cruzo mas calles y una enorme avenida sin siquiera girarse por precaución a mira. Entonces entro como bala por las puertas del concurrido aeropuerto y busco con la mirada a su marido. Busco y busco, rogó y rogó, hasta que finalmente lo encontró...

-N-No...—Jadeó.—N-No...—Las lagrimas inundaron las mejillas suaves del jovencito inmortal, que tembló como una hoja, sintiendo como su corazón de agrietaba como el cristal. En la mano de Francis Bonnefoy no lucía su argolla, que de pronto a él le comenzó a pesar de manera terrible. Francis reía abrazado a la joven morena en su brazos que también parecía feliz. Entonces cuando el se agachó y le planto un apasionado beso, el corazón herido y enamorado de Matthew Williams...

No había palabras.

El mundo se le fue a los hombros, se le resquebrajo el corazón, se le hizo trizas el alma. La garganta no podía ni siquiera emitir un débil suspiro. No podía respirar... No podía. Se tomo el pecho, como si hubiese recibido una bala, y entonces, solo entonces, cuando las rodillas le fallaron y cayó al suelo, su boca soltó un jadeo de agonía..—N-No...—Las pupilas celestes del galo se contrajeron violentamente y con brusquedad se separo de la muchacha que le contemplo con odio desmedido. Ella tenía en la mano la argolla de matrimonio de su maldito esposo y la tiró al suelo como si de una basura se tratase...

Unas manos se posaron sobre sus hombros, y entonces, solo entonces, Matthew Williams, la encarnación de Canadá soltó un grito completamente desgarrador. Las personas lo miraron alarmadas, y la voz en su oído le rogaba que caminase, que caminase, que salies de ahí. Su mirada perdió de vista la de su marido y solo entonces pudo mirar de nuevo el cielo gris, gris, gris...

Oh, tan gris, pensó. Los brazos salvadores en aquel momento, lo sostuvieron cuando el rubio de orbes violetas y dulces, cayó en el oscuro abismo de la inconsciencia.

Continuará...

Le Bellé Creatures:

¿No odian acaso a Seychelles en esta historia?

Lamento mucho hacer sufrir a nuestro Matty. Pero era firmemente necesario. Con el Caso 1 se cierran las causas del terrible futuro que les depara a todas las naciones, no solo a los infieles y a sus parejas. Adivinen quien entrará a escena el próximo capítulo. Adivinen, adivinadores...

Y solo queda decir que es mala. Muy, muy mala...

Con una sed de venganza abrumadora.

Agradezco de todo corazón sus comentarios, gracias por ellos. Y si les gusto el capitulo, dejen su valioso reviews mas abajo.

Con eterno e infinito cariño,

Elisa.