Los personajes de HTTYD y BRAVE 2012 le pertenecen a sus respectivos autores y casas productoras, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto la trama de este fanfic.


Capitulo VII

"Convertí a mi madre en un oso, Parte 1"

POV Meraud

El viento golpeaba mi rostro con fuerza debido a la velocidad con la que ascendíamos.

Nos habíamos adentrado en una nube y una niebla espesa nos rodeó al instante – Así que es así como se ve una nube por dentro -, era fría y olía a humedad, no pude evitar alzar uno de mis brazos para sentir mejor la textura de la nube, siempre pensé que sería algo más parecido al algodón, mi otro brazo estaba firmemente agarrado a la cintura de Hicca que a pesar de su finura era fuerte, pude sentir sus músculos tan tensos que no me asombraría que el aparentemente frágil cuerpo de la vikinga fuera de hecho tan tonificado y fuerte como el que aparentaba su acompañante rubia. Se debe de tener una gran cantidad de fuerza para poder mantenerse sobre el dragón con la velocidad a la que iban, como si eso no fuera suficiente también tiene que soportar mi peso para que no me caiga, esta chica está llena de sorpresas.

- Sujétese! Estamos a punto de salir de la nube! – me advirtió Hicca en un grito.

Chimuelo acelero aún más su ascenso y cuando me di cuenta estábamos fuera de la nube en la que habíamos entrado y ahora estábamos rodeados de un sinfín de nubes, el dragón entonces se volvió a hundir en las nubes y comenzamos a saltar en ellas como lo harían los delfines en el mar, apreté aún más mi agarre en Hicca.

- Todo bien ahí atrás? – me cuestiono la castaña.

- Es fantástico! – exclame.

Jamás me había sentido tan vivo!

La cercanía a Hicca sin parecer un pervertido, la sensación de viento en mi rostro, estar dentro de un cumulo de nubes, la velocidad a la que bombeaba mi corazón era pasmosa y sentía que se saldría de mi pecho pero me encantaba! Chimuelo entonces comenzó a girar en picada. Con mis piernas me sostuve del cuerpo bajo del dragón y deshice el agarre en la cintura de Hicca para poder alzar mis brazos.

- Woooooohooooooo! – grite mientras caíamos.

Pude sentir un gruñido sordo que salía del dragón, Es que este no se asusta con nada?

- Haha, creo que al fin has encontrado la espina de tu pata, eh Chimuelo? – comento divertida Hicca a su dragón.

Volvimos a subir y lo siguiente que vi me dejo sin habla.

Era el atardecer… pero jamás lo había visto así.

Estábamos sobrevolando el mar, frente a mi estaba Dunbroch y más allá el sol se ocultaba tras las montañas, podía verlo todo… era tan pequeño, solo una minúscula parte de las tierras que le rodeaban y seguían. El cielo con sus colores naranjas, rosados y azules oscuro enmarcaba todo, dándole un aire irreal y demasiado bello para ser verdad.

Tan ensimismado estaba que no me di cuenta de que las constantes aceleraciones de Chimuelo se habían detenido y ahora planeábamos con lentitud, dejándome asimilar lo bello que era en verdad Dunbroch.

- Apuesto que Angus jamás podría hacer esto. - comento mordaz Hicca.

- Admito que hay cosas que los dragones pueden hacer mejor que los caballos, pero también hay cosas que los caballos pueden hacer mejor que los dragones. – le respondí.

Chimuelo rápidamente protesto con un gruñido, Cuida tus palabras mientras estés en mi espalda niño.

Hicca rio divertida por la actitud de su dragón.

- No sabría que responder a eso. – decía Hicca mientras acariciaba la cabeza de Chimuelo para calmarlo – Nunca he montado a caballo. – confeso.

- No hay caballos en Berk? – le cuestione.

- Nop. Siempre ha habido solo dragones, además si hubiese habido caballos lo único que hubiera pasado es que se convertirían en comida para la muerte roja. – comento mientras se encogía de hombros para restarle importancia.

- Entonces solo tendré que enseñarte a montar a caballo. – propuse.

- Si… no creo que eso le agrade a Chimuelo. – volvió a acariciar al dragón, pero esta vez en el cuello – Gracias, pero para mí no hay nada mejor que los dragones. –

Y fue en cuanto ella acabo esa frase que Chimuelo volvió a ir en picada apenas dándome tiempo para sostenerme de Hicca.

Descendimos como si el viento lentamente nos colocara en el suelo, conforme nos acercábamos a tierra logre ver a mi padre, Astrid y Tormentula, descendiendo tan dulcemente como nosotros, mi padre tenía los brazos alzados y su enorme sonrisa en la cara. Mi madre y mis hermanos fueron los primeros en divisarnos y saludarnos desde su segura posición en tierra, cuando las patas de los dragones hicieron contacto con tierra firme mi padre se adelantó y de un salto bajo del dragón que le cargaba, casi se cae pero logro mantener su equilibrio, mi madre se le acerco corriendo y la recibió con un gran abrazo.

- Haha! Fue maravilloso! – rio mi padre – Oh, Elinor! Debiste haber venido! Íbamos y veníamos y por un momento no supe si era arriba o abajo y…

Despotricaba mi padre mientras intentaba explicar su experiencia a mi madre.

Yo desmontaba a Chimuelo y le ayude a Hicca.

- Gracias, mi lord. – dijo ella con aire solemne, claramente mofándose.

- De nada, mi lady. – le seguí la corriente, aunque siendo honestos no me molestaría en lo absoluto que ella en verdad fuera MI lady.

Entonces mi padre se giró en nuestra dirección y comenzó a avanzar apresuradamente a nosotros.

- Eres una genio! – exclamo mi padre mientras levantaba a Hicca en un abrazo de oso – Volar sobre dragones es fantástico! Es revolucionario! Es…

- Fergus! – interrumpió mi madre alarmada mientras alejaba a Hicca de los brazos de mi padre - La estas asfixiando! – reprendió ella mientras ayudaba a Hicca a recobrar el aliento.

- Ups, lo siento. – se disculpó mi padre mientras se rascaba la nuca.

- No hay problema majestad, estoy acostumbrada. – calmo la vikinga castaña a mi madre – Cuando te dedicas a entrenar dragones a veces se ponen algo cariñosos… y la verdad si son algo pesados. – susurro al final para que los dragones no le escucharan.

- Entonces majestad, ¿Qué opina? – cuestiono Astrid tanteando el terreno.

Ahí fue cuando los lores y sus hombres jalaron a mi padre y lo rodearon para tomar una decisión final, mi madre se adentró en el grupo con calma, los lores y sus hombres abriéndole paso, debes en cuando uno de los lores sacaba su cabeza y miraba de reojo a Hicca o Astrid, no paso mucho tiempo antes de que mi madre saliera del grupo para dar el veredicto final.

- Los lores han dado su opinión. – empezó mi madre – Y dada la reciente experiencia del rey volando sobre la dragón conocida como Tormentula, sin olvidar que ustedes dos queridas niñas han dejado una magnifica impresión, el reino de los clanes de unidos de Dunbroch en las tierra altas acepta la propuesta de alianza entre este y la Tribu vikinga Hooligan de la isla de Berk en los mares del norte. - hablo solemne mi madre con una sonrisa calmada.

Ver como el rostro de Hicca pasaba de la total sorpresa a la total felicidad fue adorable, cada día es más radiante.

- N-no se arrepentirán, majestad. – intento hablar Hicca mientras tomaba las manos de todos y comenzaba a sacudirlas de arriba abajo.

Astrid estaba dando saltitos en su sitio.

- Y para celebrar tan importante ocasión, esta noche…

- Esta noche hay fiesta! – exclamo mi padre efusivo interrumpiendo a mi madre que le dedico una mirada de reproche.

Todos vitoreamos y comenzamos a dar vuelta para dirigirnos al castillo de nuevo entre canciones y danzas tontas, mi padre y mis hermanos habían vuelto a montar a Tormentula y bailaban sobre el lomo de esta mientras Astrid la guiaba, mi madre iba junto con Hicca sobre el lomo de Chimuelo, mi madre cantaba y aplaudía, yo iba al lado de ellas cantando a tono con mi madre, los dragones parecían entender que algo bueno pasaba pues movían sus cabezas al ritmo de nuestra canción y debes en cuando daban saltitos junto con los soldados que bailaban a su alrededor.


Nunca deja de asombrarme la facilidad y rapidez con la que mi madre organiza un festín, apenas llegamos al castillo mi madre dio instrucciones específicas a todos los mozos y mozas, Maudie siempre asegurándose de que todos las siguieran al pie de la letra, comimos y bromeamos, mi madre charlaba amenamente con Hicca y Astrid, ¿De qué? No lo sé, estoy demasiado ocupado viendo a Hicca sonreír.

Los dragones también estaban presentes, Chimuelo y Tormentula jugaban a corretearse con los perros de caza de mi padre, parecían estar pasando un buen rato las cinco bestias, mis tres hermanos estaban sobre Chimuelo, intentando no caerse del dragón mientras este saltaba tras los canes de mi padre.

CLAP-CLAP.

Se alzó entre las risas el sonido de dos aplausos que mi madre uso para llamar la atención de los presentes, yo desvié mi mirada de Hicca y la clave en mi madre, debí de haber estado bastante ensimismado con la castaña como para no notar cuando esta dejo de hablar con mi progenitora. Incluso los dragones habían dejado de perseguir a los canes de mi padre y tomaron posición detrás de los asientos de sus jinetes, Harris, Hamish y Hubert aun sobre las cabezas de estos.

- Clanes hermanos. – hablo solemne mi madre – El día de hoy hemos dado un gran paso en nuestra historia. Le hemos dado vuelta a la hoja y hemos empezado un nuevo capítulo que sin duda jamás será olvidado por las generaciones venideras. –

- AYE! -

Exclamaron efusivos los lores y sus hombres alzando sus tarros en señal de victoria.

- Por el futuro! – rugió mi padre poniéndose de pie y alzando su tarro para un brindis – Y por los nuevos amigos! – dirigió mi padre su atención a Hicca, Astrid y los dragones.

Hicca, Astrid, mi madre, mis hermanos y yo alzamos también nuestros tarros.

- AYE! -

Volvieron a clamar los lores y sus hombres.

- Salud! – ladro mi padre y se tomó de un trago el contenido de su tarro.

Acto que todos los demás hombres en la sala imitamos, incluso mis hermanitos.

El resto de la noche nos dedicamos a bailar, cantar y jugar, mis hermanitos, siendo cargados por Maudie, Willard y Harold, fueron los primeros en irse a la cama, creí que los dragones también se irían a descansar en algún punto de la noche, pero ambos estaban pegados a sus jinetes. Astrid estaba junto con algunos hombres de los clanes teniendo concursos de fuerza, la vikinga rubia era realmente fuerte, diez victorias consecutivas la respaldaban, su dragón hacia un extraño sonido de victoria cada que la rubia derrotaba a un nuevo oponente.

- Ha-ha! – rio estridente la rubia - ¡¿Quién sigue?! – reto con una sonrisa de oreja a oreja.

- Ya basta, Astrid. – reprendió ligeramente Hicca a su amiga – Los estás haciendo quedar mal. – bromeo la castaña.

Algunos de los hombres protestaron, otros simplemente se encogieron de hombros dándole la razón.

- Que yo los hago quedar mal? – comento incrédula Astrid – Eres tú la que no importa cuando beba no se embriaga! – reclamo.

Concuerdo por lo dicho con la rubia. Desde que inicio el festín mi madre y Hicca han estado charlando y bebiendo y ninguna daba señas de estar siquiera ligeramente mareada. Mi madre, a pesar de su menuda apariencia, siempre ha sabido tolerar las bebidas fuertes mejor que mi padre, rasgo que por lo visto Hicca comparte.

Hicca miro el tarro que tenía en la mano izquierda por un segundo y luego miro de nuevo a Astrid.

- Sabes? Nadie lo había notado hasta que lo mencionaste. – acuso la castaña.

- Está bien. – dijo Astrid – Me detendré, pero tú tienes que hacer el truco de los cuchillos. – condiciono la rubio.

Hicca estuvo a punto de replicar pero me le adelante.

- Que truco de los cuchillos? – pregunte interesado.

Me interesa todo lo que esta chica pueda hacer.

- No es nada especial. – intento sacudirse el asunto Hicca.

- Que no es nada especial? – se unió mi madre a la conspiración.

- Hicca puede lanzar cuchillos con los ojos vendados. – explico la rubia orgullosa.

- Suena a toda una hazaña. – dije mientras miraba a Hicca.

- En realidad no lo es. – me respondió ella mientras un ligero sonrojo decoraba sus pecosas mejillas – Lo descubrí por accidente, de hecho. – admitió la adorable vikinga.

- Oh, por favor. Muéstranos. – alentó mi madre.

- Mostrarnos qué? – llego mi padre junto con los lores.

- Hicca puede lanzar cuchillos con los ojos vendados. – respondí.

La susodicha me miro acusadora, el sonrojo aun en sus mejillas, yo simplemente le sonreí. Avergonzarla es divertido.

Entonces Chimuelo se acercó a ella y con la punta de su nariz le dio un ligero empujón, un ronroneo como de gato saliendo de su garganta, el dragón también le animaba, Hazlo, puedes hacerlo.

Hicca suspiro derrotada.

- Bien, pero tú eres el blanco. – acepto mientras apuntaba a Astrid.

- Claro. – acepto con demasiada confianza la rubia – Vamos, chicos. Ayúdenme a levantar esta mesa para apoyarme en ella. – pidió.

Alzamos la mesa y la colocamos de manera vertical contra la pared, Astrid se había colocado justo al frente de esta, su espalda recargada contra la madera, una sonrisa confianzuda en su rostro, como a unos quince metros estaba Hicca, cinco dagas medianas descansaban en sus aparentemente frágiles manos, la vikinga castaña no se veía tan segura como su amiga de seguir con la demostración. Los demás estábamos rodeándolas.

- Está seguro de que podemos usar la mesa de esta forma, majestad? – cuestiono Hicca a mi padre con preocupación en los ojos.

- Claro, querida. Es solo una mesa. – respondió mi padre tranquilo.

Hicca le dedico una mirada a mi madre y mi madre simplemente asintió, la castaña suspiro derrotada y se vendo lo ojos.

Todos dimos dos pasos hacia atrás… solo por si acaso.

Chimuelo y Tormentula estaban al fondo jugando entre ellos, por lo visto no es la primera vez que ven a sus jinetes "jugar" de esta manera.

Es increíble como todo puede cambiar tan rápido. Hace unos cuantos días si me hubiesen dicho que me enamoraría de una vikinga o que montaría un dragón en ese mismo instante hubiese mandado a aquella pobre alma a pasar en resto de sus días en un templo en el exilio, y ahora mírenme, no solo me enamore de una vikinga, que está a punto de lanzar a ciegas cinco dagas a su amiga, sino que también monte un dragón, un furia nocturna, el vástago del rayo y la muerte mismos cuyo nombre es Chimuelo y se comporta como un gato que escupe fuego.

Hicca dio un respiro profundo y lo soltó con lentitud, después su mano izquierda se movió tan rápido que apenas pude verla.

STAB, STAB, STAB, STAB, STAB.

Se escuchó con fuerza y repetidamente mientras las cinco dagas se clavaban en la madera de la mesa, Astrid ni siquiera parpadeo, la sonrisa jamás dejo su rostro. En cuanto la última daga se clavó en la mesa la vikinga se quitó de su lugar y mostro donde se habían clavado las dagas. Una justo sobre su cabeza, apenas a milímetros de esta a decir verdad, otras dos en cada una de las puntas de los hombros y las últimas dos a cada lado de sus caderas.

- Wow. – fue lo que atino a decir uno de los hombres de Macintosh – Si puede hacer eso sin ver, no quiero saber lo que puede hacer viendo. –

Varios asintieron en concordancia.

Mi padre estaba atónito, su amplia sonrisa en su rostro mientras pasaba sus ojos de Hicca a mi madre, su dedo índice derecho apuntando en dirección de las vikingas. Hicca se quitó la venda de los ojos y sus preciosos ojos verdes volvieron a quedar al descubierto, se giró en nuestra dirección y dio una ligera reverencia. Así fue como se acabó esa noche, después de eso las Hicca y Astrid llevaron a los dragones al lugar que se les había asignado cerca de los establos y todos nos dispusimos a dormir.

Soñé que nuevamente montaba a Chimuelo y sobrevolábamos Dunbroch, solo que esta vez yo dirigía al dragón y Hicca estaba a mis espaldas, abrazándome de la cintura

A la mañana siguiente me levante temprano y me dirigí a los establos para dar un paseo junto con Angus, fue justo ahí donde me encontré a Astrid.

- Buen día, príncipe Meraud. - me saludo la rubia mientras subía a su dragón.

Tormentula dio una ligera reverencia ante mí, me pregunto si Astrid le habrá dicho que lo hiciera.

- Buen día, lady Astrid. – salude.

La rubia rio de buena gana.

- Con Astrid basta, majestad. – pidio la rubia.

- Solo si tú me llamas por nombre de igual manera. – le respondí.

Es fácil hablar con la rubia.

- Trato, Meraud. – me respondió ella – Así que… he notado que le presta bastante atención a mi castaña acompañante. – comento ella como no queriendo la cosa.

Di un suspiro exasperado.

En serio, ¡¿Tan obvio soy?!

- Tan obvio soy? – le cuestione avergonzado.

Me sentía como cuando mi madre me descubría intentado escabullirme de sus clases de historia cuando era niño.

- Supongo que no, pero conozco a Hicca y ella no se da cuenta de muchas cosas a primera vista, siempre está pensando en algo menos en ella misma, y como ella es así nosotros tenemos que ver por ella lo demás, como cuando alguien le prestan demasiada atención, por ejemplo. –

- Nosotros? – le cuestione mientras le ponía su silla de montar a Angus.

- Su padre, su mentor de herrería, yo y el resto de los jinetes de nuestra generación y por supuesto, su dragón. – me respondió ella mientras se recargaba en el cuello de Tormentula – Chimuelo puede llegar a ser bastante protector con ella, todos los dragones lo son con sus jinetes y todos los jinetes lo son con sus dragones. – me explicaba mientras acariciaba con amor a su dragón – Pero Chimuelo tiende a llevarlo a los extremos. –

Genial, un dragón con complejo de padre sobreprotector.

- Entonces, ¿Qué hago? – le pregunte mientras montaba al lomo de Angus.

- Quieres impresionarla, impresiona a su dragón. – me respondió enigmática.

- Y como rayos se supone que haga eso? – le cuestione mordaz.

- No tengo idea. – me respondió ella encogiéndose de hombros.

- Por qué me dices esto? – le pregunte con sospecha.

- Porque de todos los locos que lo han intentado antes, eres el único más o menos decente que ha aparecido. – me respondió antes de salir volando en Tormentula.

Luego de esa informativa charla con Astrid, Angus y yo retomamos nuestra rutina de las mañanas y nos dirigimos a la casa de abula.

Nos íbamos acercando a la choza de la talladora de madera con el curioso hobby con las artes mágicas cuando me di cuenta de algo que helo la sangre. Afuera de la choza estaba nada más y nada menos que Chimuelo jugando con una mariposa que revoloteaba sin ninguna preocupación sobre la cabeza del oscuro dragón, la puerta de la choza estaba abierta y humo salía de la chimenea.

El peor escenario llego a mi cabeza, y si Hicca le pide a abula que le ayude a cambiar su destino? Y si la transforma en un dragón demonio?! O en algo peor!

Con mis talones golpee los costados de Angus haciendo que acelerara, cuando estuvimos lo bastante cerca Chimuelo se giró en nuestra dirección y nos miró confundido, yo salte del lomo de Angus, este relincho sorprendido por mi acción, yo corrí a la choza, cruce la puerta y…

- No lo hagas! – grite.

Tres pares de ojos me miraron sobresaltados, unos oscuros pertenecientes al cuervo de abula, otros grandes, sabios y cansados de abula misma y otros de un brillante color bosque.

- Pero… a mí me gusta el té de moras. – hablo Hicca mientras miraba el tarro que tenía entre sus manos.

- Té? – pregunte incrédulo.

- Si, té. – respondió abula – O que creías? – me cuestiono divertida ella mientras me daba a mi otro tarro con té.

- Yo creí que… nada, olvídalo. – dije derrotado – Como llegaste aquí, Hicca? – cuestiono a la castaña mientras tomaba asiento e intentaba relajarme.

Hicca le dio un trago a su té y luego me miro con aquellos hechizantes ojos verdes.

- Salí a volar esta mañana con Chimuelo cuando el olfateo algo que le llamo la atención y descendió hasta este lugar, cuando entre a la choza me encontré con la señora y de inmediato me ofreció una taza de té, me pregunto si era una de las vikingas de las que todo mundo hablaba y fue cuando entraste gritando. – explico la castaña con calma.

- Y ella no te ha dicho nada extraño, o te ha ofrecido algo…

Pazz!

Me golpeo abula con su bastón, interrumpiendo así mi charla con Hicca.

- Qué clase de persona crees que soy! – reclamo abula – Jamás me aprovecharía de tan adorable creatura! – señalo a Hicca con su bastón.

- Pero no te dolió aprovecharte de un pequeño cuando te compro un producto defectuoso. – ataque.

- Obtuviste lo que pediste, muchacho! Que tú no hayas sido específico no es mi problema. – replico ella.

Estuve a punto de hablar de nuevo cuando la voz de Hicca llego a mis oídos.

- Ehm, asumo que se conocen de antes. – comento la vikinga.

- Digamos que tenemos una historia extraña. – respondí yo.

- Bah! Aquí el único extraño eres tú, niño. – me dijo abula mientras volvía a tallar lo que sea que estaba tallando.

- Que tan extraña puede ser. – comento Hicca con interés mientras recargaba sus codos en su piernas.

- De verdad quieres escucharla? – le pregunte.

- Escucho a Astrid cuando conto mi historia son ningún miramiento, creo que se lo debo. – me dijo Hicca – Solo si quiere contarla, claro. –

- No es que no te la quiera contar, es que es algo, extraña. – dije.

- Más extraña que una vikinga haciéndose amiga de un dragón? Lo dudo. – dijo Hicca mientras se cruzaba de brazos.

- Ha! – rio el cuervo de abula.

- El cuervo se rio? – me pregunto Hicca – Creí que estaba disecado… y cómo puede un cuervo reírse? –

Sonreí divertido ante lo dicho por la castaña, la primera vez que vi ese cuervo también pensé que lo estaba.

- De verdad quieres escuchar la historia? – le volví a preguntar.

Hicca asintió.

- Bien… cuando tenía dieciséis años… - como decía esto sin sonar como un loco? O cierto, no puedo – Convertí a mi madre en oso y casi reinicio una guerra civil. – solté sin más.