Encuentros, Lagrimas... ¿Perdón?

Londres, Reino Unido.

El palacio de Buckingham en escenario nocturno y discreto recibe con la fastuosidad digna de la corte a las demás naciones. Para sorpresa de muchos y para deleite de otros, los latinoamericanos llegan al destino. Nadie falta. O bueno, al menos eso parecía. China caminaba subiendo por los escalones con un elegante traje negro con una corbata roja, mirando distraídamente a los alrededores. Había gente. Mucha gente. Pero no encontraba a..-¿Yao-kun? ¿Se encuentra bien?..—La voz de su hermano lo distrajo. Japón portaba un galante e impecable traje negro, con los diseños militares de su época imperial. Yao sonrió, algo desorientado.—S-Si... solo que no encuentro a Iv..A Rusia-aru..—El nipón lo contemplo extrañado.—Seguramente el Señor Rusia debe estar ya dentro.—China asintió, en apariencia algo aliviado. Se encaminaron hacia la entrada ambos entre sonrisas y conversaciones amenas.

Los siguientes en subir por los grandes escalones fueron, para sorpresa de muchos, e indignaciones de otros, Seychelles y Francia, tomados de las manos. La belleza isleña mostraba su perfecto cuerpo en una vestimenta al mas puro estilo francés, con el largo cabello recogido en una coleta alta. Francis, despampanante como se esperaba, sonreía y dedicaba guiños y saludos a las cámaras autorizadas para ocupar el lugar. Hungría y Austria contemplaron en silencio a los recién llegados.—O-Oh no..—Susurro ella temiendo lo peor.—Matty..—Esperaban a Prusia que casi llego corriendo.-¡Siento mucho el retraso, pero mi asombrosa presencia no parecía quererse despegar del espejo!

Austria rió de forma inevitable, y Hungría rodó los ojos.-¿Porque esa cara marimacha? Arruinas la belleza del bonito vestido verde.

-No te golpearé porque estoy demasiado concentrada viboreando a la zorra de Seychelles..—Prusia encogió los hombros.-¿Y ahora porque...?—No termino de hablar porque la castaña lo giró por el mentón en dirección a los aludidos. Se silencio.-¿Cuando paso esto?

-No lo sé. Solo sé que esa... esa... ¡Arpía ¡ Jodió un matrimonio.—El puño de la dama se hacía cada vez mas tenso.-¿Porque diablos no traje mi maldito sartén?

Austria reaccionó.—Será mejor que nos adelantemos. No sería prudente hacer un escándalo, en cosas que no nos incumben.—Tomo a ambos delante suyo de los codos y los haló con fuerza hacia la entrada. Prusia no pudo evitar buscar a alguien con la mirada. Por favor, rogó. Por favor que no llegué.

Australia llegó en compañía de Wy. La niña traía una cara que dejaba claro que nada de fotos. El castaño sonrió apenado, mientras de la mano, a guió al interior.-¿Sealand estará aquí?—Pregunto de forma inconsciente.—Creo que si, es hermano de..—Se paro en seco, antes de dedicarle una sonrisa socarrona a la pequeña.-¿Por eso te arreglaste tanto? ¡Oh Dios, si yo lo sabía!

Wy enrojeció, mientras le daba un jalón a su brazo.-¡Silencio idiota! ¡No es lo que tu crees!..—Detrás de ellos, iban los mellizos mexicanos. Darío y María Hernández hacían honor a lo que se decía de ellos. De aspecto bravo e indomable, María caminaba con el brazo de su gemelo enganchado al suyo. El largo cabello azabache caía en una elegante coleta alta, con un vestido blanco y negro. A su lado, su hermano vestía un traje azabache y una corbata verde a juego con los ojos.-¿Es hermoso, no lo crees?

El asintió.—Muy bello. Hace mucho que no visitamos tierras inglesas.—María asintió. Disimuladamente busco con la mirada a cierto ojirojo.-¿Ese no es Rumania?—Norte pareció incomodarse.-¿Y que se supone que significa esa sonrisa?

-No lo sé mi querido hermano..—Sonrió aún más.—Mejor tu dime...—

-María. No empieces... Por favor...—Ella se echó a reír ante el rostro sonrojado de su mellizo.-¿Es Italia del Sur?..—Pregunto con los ojos brillantes. Norte asintió, también sonriente.-¡Lovino, Lovino!—El italiano que bajaba del lujoso auto estilo moderno, años 50' a lo mucho, sonrió al reconocerlos.—Están demasiado grandes...—Dijo revolviendo el cabello de Norte.-¡Especialmente yo! ¿No es cierto ma? ¡Verdad, verdad!.—Dejo escapar una risa cansada.—Si María, especialmente tu.—Darío, por favor, vigílala.—El muchacho asintió.—No quiero que la pequeña guerrillera se vaya a meter en líos.—Los mellizos rieron avergonzados. bueno, después de todo era mamá Italia del Sur. El tenía permitido, y solo el, el reñirlos. Entraron juntos presurosos. México del Sur no paraba de hablar, mientras su mellizo, algo agotado solo escuchaba. Hacía un largo tiempo que no salían de casa, y no veían a los demás. El viaje había sido un cambio muy brusco, pero se alegraba de ver a quién de cuando en cuando llamaba madre.

Solo rogaba que por la santa providencia, "papá" no llegase. La mirada oliva del italiano y la botella del mexicano se encontraron.—María.. ¿Me puedes hacer un favor?

-¡Claro! ¿Cual es?

-Ve a donde la entrada y trata de buscar a mi hermano...—

-¡Genial, al tío Feliciano!

La muchacha se encamino con gracia y porte único, dejando a los otros solos.-¿Porque no ha venido España contigo?

-No ha venido conmigo porque la Alianza ibero-italiana esta a un paso de romperse.—Contesto con voz fría. El muchacho se desencajó.-¿Qué? ¿Porque?

-No es momento Darío. Luego podre hablar contigo y tu hermana...—

-Si su alianza se rompe, la nuestra también...—Lovino negó, algo preocupado.—No pienses eso niño. Tanto tu como tu hermana son fuertes aliados de Italia, de las dos. España no tendrá nada que ver. Solo quiero que limites los comentarios de María. Nadie lo sabe, y sería muy incomodo hacer un escándalo en plena reunión.

-¿Con quién?—Darío lo miró, turbiamente.—Se ha metido con alguien. Te ha engañado con alguien... ¿Con quién?

Lovino lo miro con dureza. Aquel niño tenía mucho de sí. No era de extrañarse. Paso muchos años en casa de España, cuando los mellizos acababan de ser descubiertos. Sur siempre había sido mas despreocupada, no obstante, la mas impulsiva y peligrosa de los dos. Norte era mas observador. Por eso se dio cuenta tan pronto comenzó a hablar.-¿Ha sido con Bélgica? ¿Con la tía Bélgica?

El sintió tambalear sus piernas. Pero no podía mostrar debilidad.—Si. Pero ahora no es momento Norte. Encárgate de tu hermana. Limítate a eso.—El joven asintió serio como solo podía serlo, y se volvió para recibir a Feliciano y al molesto lapa de macho-patatas. María exclamaba alegre al igual que su "tío" y ambos no paraban de hacer fuertes gritos de dicha. Alemania parecía mas sobrio, como era de esperarse, y se limito, como Norte a observar a los menores. Lovino solo pudo prepararse para lo que fuese que viniese luego de que España entrase por esa puerta.

La llegada más espectacular fue la de Sudamérica. Todos hermosos, fieros y firmes. La gente los miraba asombrados mientras ingresaban en grupo al interior del palacio. Las micro naciones también hacían acto de presencia. Heracles y Chipre llegaron, para molestia del griego, seguidos de Turquía. Entonces, solo entonces, llegó el auto que muchos aguardaban con curiosidad. Estados Unidos de Norteamérica bajo del coche negro, vistiendo una camisa azul claro con el traje negro. Los ojos azules brillaban con fuerza.

El incomodo momento de su llegada incremento de densidad cuando Taiwán bajo del auto contiguo, bellamente enfundada en un vestido rosa de diseño típico oriental. Los ojos ambarinos y traviesos vagaron a su lao, mirando de reojo a Alfred.

El americano ni la miro. No la miraría. Estaba ahí por alguien mil veces más valiosos que aquella mujer. Entonces las campanas sonaron, y junto a los superiores los países, del mas pequeño al mas grande entraron dejando tras de si, una atmosfera llena de pesadez. Se cerraron las puertas, para imponer delante suyo, la causa de aquella enorme reunión.

...

Victoria II de Inglaterra, Señora y Diligente Suprema y Absoluta de Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, estaba sentada en la cabeza de la mesa, acompañada de los demás lideres políticos de cada nación.—Bienvenidos sean..—El silencio reino. La monarca regiamente vestida con la corona de gemas en la cabeza, miró a todos a su alrededor.—Es un honor para el reino Unido recibir a tales invitados.—Miro a los europeos.—Desde mis vecinos cercanos.—Y luego a los americanos.—Hasta los grandes representantes del nuevo Mundo. He decidido hacer esta reunión para tratar un tema de vital importancia. hace ya largas décadas que el mundo vio su ultima Gran Guerra. Un siglo casi. Luego solo nos reuníamos con la esperanza de tratar temas nimios. Las batallas cesaron hace aproximadamente cincuenta años, fecha de la ultima reunión del G8. Pero hoy los cité en mi tierra para exponer el peligro al que nos estamos enfrentando.—Los murmullos cubrieron la sala. Las miradas ansiosas y preocupadas fueron acalladas con cortesía por los diligentes.—Mis compañeros y yo hemos decidido unirnos, luego de largos siglos de enemistades entre hermanos para enfrentarnos, en compañía de ustedes a esta amenaza.—Los Kirkland estaban ahí. Desde Scott hasta Lanna, sentada a un lado de Peter. Alfred sintió un apretón doloroso en el pecho cuando no ubico a Arthur.—Pero para hablar fluidamente, no escuchen de mi voz los motivos. Sino de uno de ustedes.—Se levanto con dignidad y grandeza de la silla.—Arthur, por favor, haznos el honor de unírtenos..—Alfred se quedo congelado cuando entro su esposo. Hacía una larga semana que no le veía que para el fue una eternidad llena de tortura. Pero no solo eso. Sus ojos azules viajaron a como lucía su marido. No vestía traje, sino una fina y amplia túnica carmesí con un fondo negro. El cuello era adornado por una protuberancia en el traje, luciéndolo largo, grácil, hermoso. Los ojos verdes brillaban con gloria, y su cabello rubio, estaba desordenado, dándole un aspecto juvenil encima de todo aquel lujo. Pero lo que mas sorprendió a algunos fue la rosa que llevaba bordada al final de la túnica. España abrió desmesuradamente los ojos al igual que Francia y Prusia. El gran pirata, el legendario león de Windsor jamás había lucido tan grande. Tan imperioso. Sus camaradas corsarios de antaño lo observaron casi con temor. Con el mismo miedo con el que observaban el navío de fiero capitán Kirkland aproximándose. Y Alfred Jones casi se desmaya al ver la protuberancia bajo aquella vestimenta digna de una corte de antaño. Un... Un...

Los murmullos de apagaron en cuanto la voz de Arthur llenó la sala.—Gracias. Gracias por venir. A mis hermanos.—Sonrió a su familia sanguínea.—A todos ustedes. Hace dos semanas me marche de Washington por asuntos personales.—Clavo la mirada esmeralda como un cuchillo de jade en Taiwán.—Pero hoy he de regresar. No solo a aclarar ciertas dudas. Sino a poner en claro los motivos de mi Reina para suplicar vuestra presencia.—Alfred estaba sin palabras. Arthur lo miró. Y supo que a pesar de su traición, a pesar de que rompió aquello hermoso que el le dio, aun le amaba.—Reino Unido y Estados Unidos de América, aún tienen una alianza.—Un respingo recorrió a Taiwán confundida ¿Como?¿Aún... Unidos?—La Alianza nunca ha sido mas fuerte y prospera. Ha tenido sus altibajos, como muchos. Pero sigue solida. Y el motivo es.—Se toco el vientre con ternura.—Estoy esperando al heredero de la unión anglo-americana. Un heredero de sangre de Estados Unidos y Reino Unido.—Alfred Jones se quedo varado. En un espacio negro. Un hijo ¿Un hijo? ¿Un hijo? ¿Un hijo suyo y de Arthur? ¿Un bebé? La imagen de su esposo delante de todos vestido con aquella túnica y su bella silueta redondeada lo despertó, y sin poder evitarlo, sonrió.

Las explicaciones pusieron a todos de cabeza.-¿Vietnam? ¿Rusia? ¿La Unión Soviética?.—Exclamaciones, gritos y uno que otro conflicto se dio dentro de aquella sala. Era un tema muy delicado. los faltantes eran Rusia, Bielorrusia, Letonia, Estonia, Bélgica y Holanda. España se sintió una basura cuando Lovino dio su apoyo ante cualquier amenaza. Feliciano lo secundo y sin poder evitarlo, Alemania igual. Los puntos a tratar eran largos. Pesaderos. Matthew Williams como nunca antes, alzó la voz firme y decidida al llegar su turno.—El Reino Canadiense en Acuerdo y bajo el mando de su Majestad, la Reina Victoria II, pone en manos de los Ministros las armas de mi país. El representante de Canadá se levanto, asintiendo, decidido a respaldar a su nación. Cuando llegó la pregunta de su alianza con el galo, el simple y llanamente proclamo.—Se ha roto. La unión con los galos de Canadá, se ha roto.—Francia se quedo plantado. Seychelles parecía satisfecha. Pero para su enojo, el rubio todavía llevaba su anillo. Paso por paso, país por país, boca por boca se levantaron y juraron ante el tribunal supremo de la Organización de las Naciones Unidas, ante los máximos mandatarios políticos de cada país, y representantes, que se sellaría un acta de alianza de los presentes por cualquier amenaza proveniente de los que no asistieron, o de cualquier otro que perturbe la paz global.

Los preocupados eran Polonia, China y Sealand. Ucrania para sorpresa de muchos estuvo en aquella reunión y alzo la voz por su país. Si algo malo pasaba... La lucha entre hermanos sería monstruosa. Finalmente, la reunión acabo. Pero el encuentro para nuestras parejas acababa de comenzar...

...

-¿Un hijo?—Arthur se giró en vilo. Por un momento quiso abrazarlo, pero se contuvo.—Si Alfred. Un hijo.—El americano se acerco.-¿Aun..?—La voz no le salió, sino hasta después.-¿Aun es posible?

-Dije en la conferencia que nuestra alianza seguía en pie. Y más fuerte que nunca.—Alfred casi sonrió. Pero no se permitió a si mismo darse esperanzas.-¿Ahora si podemos hablar?

Arthur Kirkland por un momento temió de lo que fuese a pasar. Pero con la mano en su vientre recabo todo el valor que le hiciese falta antes de asentir.—Podemos hablar...—

Los largos pasillos del palacio marearon al americano, que luego de por fin llegar al estudio de Inglaterra agradeció el descanso.—Pues bien. Aquí me tienes.—

-S-Sé que..—Lo miró desesperado.—Mira, se que fui in imbécil.—Levanto una mano.—No me interrumpas. Lo sé. Te fui infiel. Me acosté con otra siendo tu esposo. Y cuando te digo que me arrepiento no es cualquier mierda. Créeme. Podré ser un idiota, pero se cuando algo me puede matar. Ni siquiera el miedo a una guerra mundial nueva se compara con el de perderte. No se compara. Arthur, hace siglos te abandone bajo la lluvia.—El inglés sintió que se le aguaban los ojos tras la mención de aquello.—Hace siglos jodí todo lo que vivimos cuando era un niño. Y hace dos semanas, lo que vivimos ahora. Pero aun era un crío. Me deje llevar. Sé que no tiene perdón de Dios, se que jamás será lo mismo... Se que te lastimé..—Los ojos azules se llenaron de lagrimas.—Pero entérate. Nada, nada va a cambiar lo que siento por ti. Y menos ahora, porque estoy esperando un bebé.—Le sonrió con ternura.—Y si lo que sigue es una guerra... La afrontaré. No por que Vietnam me la declaré abiertamente a mi, y diga falsos motivos. No por eso. Sino porque quiero que mi hijo este a salvo. Quiero que mi marido esté a salvo, quiero que lo que construimos desde que te seduje en el apartamento, siga de pie. Porque te amo. Te amo, Kirkland, te amo. Porque aunque me dejes de amar yo lo haré. Porque si me toca morir, moriré pero no dejaré que nadie te dañe, ni dañe a nuestro bebé. Porque mi pequeño héroe tiene que nacer en un mundo que este en paz. Porque..—Agito su respiración.—Porque si no estas a salvo, no vale nada. No voy a permitir que se libre una Tercer. Lo voy a detener con mi vida si hace falta... Pero no voy a dejar que nada amenace a mi hijo. Ni a mi esposo. No me equivocaré de nuevo..—Respiro hondo.—Y si ahora tu quieres irte, no me dolerá. Bueno, lo hará y mucho.. Pero si es lo que decides lo respetaré, pero entérate, estaré siempre contigo, a pesar de que no...—Los labios llenos de lagrimas del británico lo callaron. Arthur estaba llorando. Arthur ahora estaba llorando.—C-Callaté ya.—Susurró, abrazándolo.—No puedo soportar escucharte diciendo esa sarta de idioteces.—Lo miró a los ojos, con aquellas esmeraldas deshechas en dolor, ternura, deshechas en amor.-¡Te amo Alfred, te amo! ¡Me entregué a ti aquella noche porque te amo! ¡Te di una parte de mi al inicio de todo porque fuiste el único, porque siempre, siempre maldito americano, fuiste el único! ¡Porque te espere, porque te esperaría una eternidad mas si fuese necesario! ¡Pero ya cállate!.—Alfred lloroso lo aferro con sus fuerzas, y ambos se fundieron en aquel abrazo como si su vida dependiese de ello. Finalmente cuando se separaron, Alfred no pdo. evitar ponerse de rodillas y pegar su oído al hinchado estómago de su esposo.—Hola bebé.—Saludó con ternura.—Hola campeón. S-Siento no haberme acercado antes a ti corazón... Soy tu papá..—Le dio un beso.—Y soy un idiota. Pero un idiota f-feliz..—Arthur lo ayudo a ponerse de pie, confundiéndolo. Sonrió mientras con dulzura le secaba las lagrimas a Alfred.—No.—Susurró, regalándole un beso.—No eres un idiota... Eres su héroe.—Lo abrazo.—Y los héroes no lloran. Ni abandonan..—Alfred sonrió, dejando que nuevos ríos de lagrimas bajasen por su rostro.—Juntos. Siempre. Siempre.

Y el inglés no pedía más.

Continuará...

Hermosas Criaturas:

¿Les ha gustado? He de decir que me he esforzado mucho por terminar el capitulo. Pero se los juro, quería ver a mis dos rubios adorados de nuevo juntos. No podía más. No se preocupen. Queda mucho angst, y mucho drama. Pero un momento bonito de estos dos... ¿Hacía falta, no?

The war is coming... Eso es seguro. ¿Quienes morirán? ¿Quienes vivirán?

Les daré una pista.

Alguien pequeño e inocente morirá. Eso es seguro. No ha salido mucho, es un personaje nuevo, adivinen. Su muerte será la causa de que la guerra comience de manera oficial

¿Saben a quién me refiero?

Agradezco los comentarios con toooodo mi corazón.

Con eterno cariño,

Elisa.