-No te preocupes, hijo-trató de calmarlo Ducky-, yo te atenderé.

-Eres un cabrón-destilaba tanto odio que se olvidó momentáneamente de tratarlo de usted para imponer distancia. Gerard parecía estar sufriendo una tortura inimaginable. Pobre muchacho.

-Parecía una chica inteligente, ¿solo sabe decir eso?-se burló, sin mirarla.

Sintió cómo le hervía la sangre.

-¡ERES UN PUTO CABRÓN!

En cualquier otra situación, se hubiera reído por su elocuencia, pero Gerard se estaba desangrando en el suelo y el terrorista ese alzaba ambas cejas como si estuviera en un circo.

-¡Kate, Kate, mi maletín junto al escritorio, en el suelo! Lo siento Gerard, aguanta, tengo morfina.

Sin pedir permiso e importándole poco las consecuencias, Kate se levantó con agilidad de la camilla con la intención de dirigirse hacia el vistoso maletín médico de cuero. Él la cogió por el codo al vuelo, mirándola seriamente: otro aviso, más amenazas.

-Me disgustaría tener que meterle a Gerard una bala en la rodilla.

Y ella se revolvió, consiguiendo liberar su brazo y fulminándolo con la mirada en cuestión de milésimas de segundo mientras con las manos en alto se dirigía hacia el maletín. Lo cogió del asa con una sola mano y volvió como alma que lleva el diablo, escuchando al joven asistente quejarse.

El teléfono sonó cuando empezaron a tratarlo.

-Coja el teléfono, doctor.

-¡Cójalo usted, yo intento detener esta hemorragia! –Y se dirigió a ella- Ponle la morfina.

-¿Dónde?

No fue Ducky, sino el secuestrador el que le respondió con aburrimiento, arrastrando las sílabas. No le gustaba que lo desobedecieran.

-En el muslo, a través de la tela- y está vez volvió a reformular la sugerencia-. Conteste a esa llamada o tendrá que trabajar en la rodilla.

-Kate, tira eso. Ven aquí, ven aquí-ella obedeció, quedando a centímetros del médico-. Aplica presión aquí; si continua sangrando, aprieta más fuerte.- fue a descolgar el teléfono, pero el secuestrador fue más rápido y pasó el manos libres-. Autopsias.

-Ducky, ¿qué pasa con esa autopsia infecciosa?

-Es algo puramente preventivo-su voz parecía indicar cómo se encogía de hombros. Contrariamente, estaba tenso. Muy tenso, mirando a Gerard y al terrorista, respectivamente.

-¿Por eso querías las pruebas?

-Emm, sí. Perdona, pero tengo... tengo mucho trabajo.

Gibbs tenía algo más que decir. Gracias a Dios, no s ele escapaba una.

-Oye, ¿está ahí Kate?

-Emm, no. Se fue hace unos minutos.

-Está bien. Avísame cuando pueda bajar- y añadió, con esa voz-, estoy intrigado.

Sabía que se estaba cociendo algo allí abajo. Adoraba a ese hombre.

Y, entonces, el secuestrador colgó con la six hour. Ducky suspiró hacia el teléfono y volvió a mirar con preocupación a Gerard para clavar sus ojos en el secuestrador con rabia contenida.

-Estoy impaciente por pesarle el hígado.

Ari sonrió ampliamente. Los dejó trabajar en silencio unos minutos más. La eficiencia del doctor Mallard era impecable a pesar de no resultar su campo de especialización.

-¿Cómo está?-preguntó Kate con verdadera preocupación. Gerard trató que su voz no temblara cuando contestó:

-Estoy bien.

-La hemorragia ha cesado-dijo más para sí misma que para él-, eso es bueno.

-Sí y no-volvió irritantemente a inmiscuirse, paseándose como dueño y señor del lugar. Pronto Kate se encargaría de que lo fuera: El muerto posiblemente más guapo de la morgue-. ¿Correcto, doctor Mallard?

-He tenido que comprimir la arteria axilar para detenerla.

Y menos mal que el hombre de la pistola consideró necesaria una traducción, porque a Kate eso le sonaba a "ha dejado de sangrar, no se muere", nada más.

-Lo que significa que perderá el brazo si la arteria no se repara y el flujo sanguíneo se restablece.

-Ducky-evitó preguntarle de forma descarada, dirigiéndose solamente a su amigo-, ¿no puedes hacerlo?-ignorar completamente al hombre armado tendría que tener algún efecto en él.

-Esto es una sala de autopsias, no de urgencias. No, no puedo; lo siento. Va a necesitar una sala totalmente equipada y personal.

-Lo que tendrá en cuanto yo me largue de aquí-ladeó la cabeza, acercándose a ella-. ¿Dónde están las pruebas que se llevaron de la habitación de Qassam?

-Bajo llave.

-¿Y dónde?- volvió a preguntar, con la misma paciencia.

-En el garaje, una planta más arriba.

-Justo por donde entré-sonrió, divertido.

-Yo no sé cómo entró-trató de no sonar interesada, pero fracasó estrepitosamente; la curiosidad resonando burlona en los ojos de ambos.

-En una bolsa para cadáveres-lo dijo con toda la tranquilidad del mundo, como si hablara del tiempo y no de una experiencia que para la mayor parte de personas hubiera resultado traumática.

-Igual que como va a salir-se burló, ampliamente, sintiéndose un poco mejor.

Él también compuso una sonrisa torcida de vuelta.

-¿Es el mismo garaje?

-No. El depósito de pruebas está junto al laboratorio forense, aquí arriba-añadió Ducky.

No dijo nada más, pero parecía pensativo. Kate lo observaba de reojo, fascinada. Había algo que le llamaba la atención pero que la repelía al mismo tiempo. Sus maneras, cuidadas y educadas, parecían destacar sin importar la situación, que controlaba tiránicamente.

Volvió a concentrarse en Gerard. Si la morfina no hacía efecto pronto (y aunque la hiciera), tenía toda la pinta de desmayarse de un momento a otro.

OoOoO

-Doctor, Caitlin, metan a Qassam en la bolsa para cadáveres. ¡Ahora, por favor! Pronto llamarán para negociar su liberación.

-No negociamos con terroristas-sonó borde, cortante.

Ari la miró con algo brillando en los ojos, repentinamente interesado en lo afilado de su lengua bajo coacción.

-Caitlin, cuando me conozca mejor no me llamará así-le aseguró.

-No tengo intención de conocerle mejor-ahí estaba de nuevo esa fiereza.

-¿Está segura?

La burla iba implícita en el alarde narcisista, pero también la sugerencia, y Kate se vio conteniendo el aliento ante la expectación. Se obligó a darle, por toda respuesta, una mirada que valía más que mil palabras mientras cerraba la cremallera.

OoOoO

-Lamentablemente, he tenido que mostrar las consecuencias de no obedecer mis órdenes-dijo sin un ápice de arrepentimiento por teléfono-. El hombre al que he disparado, corre el peligro de perder un brazo. Cuando todas las pruebas encontradas en la habitación de Qassam estén en mis manos, podrán tener a su hombre herido-sonrió y volvió a representar el papel de señor omnipotente, como si lo supiera y controlara todo-. Lo tiene de pie a su lado. Asienta con la cabeza a la negociadora, director Morrow. Tienen diez minutos.

Se dirigió a las puertas que conectaban con los ascensores, mirando por entre los cristales, con actitud desenfadada, pero sin perderlos de vista mientras terminaban de embolsar a Qassam.

La agente especial se desplazó con disimulo y en silencio hacia los pies del cadáver, consiguiendo alcanzar sin dejar de mirarle un escalpe.

-¡Kate, no!- medio escuchó susurrar al doctor- Quiere que lo intentes.

De todas formas, ella se guardó el afilado bisturí, volviéndolo a mirar; sospesándolo. Él volteó a verla también con una media sonrisa, encaminándose hacia ella con las manos detrás de la espalda. Caitlin mostró descaradamente el contenido de su mano.

-El doctor Mallard cree que me ha desafiado a que coja este cuchillo.

-El término correcto es "instrumento de disección"- la corrigió, educadamente, con sorna, sin negarlo.

-No me ha respondido-le interrumpió, perdiendo la paciencia-. Quería otra excusa para dispararle a Gerard, ¿verdad?

Un intenso tercer escalofrío la recorrió cuando él rió sonoramente, como si hubiera sido tremendamente gracioso lo que quiera que hubiera dicho. Se dio la vuelta, con tranquilidad y, antes de atacarle, Kate lo sabía. Sabía que la estaba esperando, pero tenía que intentarlo.

Se abalanzó tan rápidamente como pudo sobre él con fuerza, la mano todavía en alto con el peliagudo "instrumento de disección", dispuesta a diseccionarle esa sonrisa tan brillante. Y cuando se quiso dar cuenta -perdida en sus ojos con trasfondo amable-, él había detenido el impulso con su brazo izquierdo tenso a la altura de la cara, apartando el suyo de golpe con facilidad y retorciéndoselo hacia atrás en una rápida llave, que hizo que se le cayera el escalpelo al suelo.

No supo cuándo ni cómo, el mismo brazo rodeó su cintura y la acercó a él de forma gentil –sin forzar la llave-, pero solo supo gemir. De dolor y de sorpresa al contacto. El pecho era firme, podía notarlo a través del chaleco antibalas.

-No tengo intención de volverle a disparar a Gerard, Caitlin- se agachó a hablarle, quedando la diferencia de altura más que evidente y la distancia entre sus labios a escasos centímetros-. Sin embargo, quería ver si me equivocaba con usted.

Se obligó a no pensar en lo que acababa de decirle, ni en que su nariz había rozado la propia en un beso esquimal. ¿Qué quería comprobar? ¿Si era capaz o no de matar? ¡Lo era, lo había hecho antes! ¿Por qué no había podido hacerlo con él?

-La próxima vez seré más rápida-aseguró.

-¿No se pregunta porque no lo ha sido ahora?-la sonrisa en su voz, la situación y el argumento implícito acariciaron sus oídos, produciéndole otro escalofrío. O tal vez sus ojos, esos dos pozos negros sin fondo. Por primera vez en mucho tiempo se quedó helada en el sitio, sin saber qué decir ni qué pensar.

-Emm, ¿quiere darme una oportunidad?-preguntó vacilante, Ducky, al rescate.

Kate le agradeció interiormente la interrupción, ya que el secuestrador la liberó con poca delicadeza de la llave y apartó la mirada de la conexión involuntaria a la que la había sometido, permitiéndose ganar otra vez espacio personal y un poco más de seguridad en sí misma.

-Creo que no doctor-sonrió, apuntándolo con la nueve milímetros y volvió a mirar a la mujer, con una sonrisa burlona-. Usted sí que me mataría sin vacilar.

¡Como si ella no! Como ella no había hecho... Se maldijo para sus adentros.

Asqueroso y guaperas terrorista con titulación en vete a saber qué rama de la medicina y capacidad de leer mentes. Tenía una hostia muy grande en la cara.

-Sin embargo, creo que lo lamentaría-añadió, más para sí mismo, en reflexión, que para ellos-. ¡Bien, tenemos que trabajar! Si queremos sobrevivir a este día- la miró de nuevo con la advertencia bailando en sus penetrantes ojos oscuros.

OoOoO

Esta siguiente conversación la desarrolló con el manos libres. Quería que lo escucharan. Quería que presenciaran cómo interactuaba con su jefe.

Kate se lo agradeció interiormente. Saber que Gibbs estaba al tanto del asunto y trabajando en ello, la consolaba sobremanera. Su voz, siempre tranquila y controlada, era un bálsamo en ese momento.

-¿Está ahí el agente especial Gibbs?

-Aquí estoy-respondió el susodicho, con una calma letal.

-Sabía que estaría. Me ha visto en vídeo; yo también quiero verle.

-Lo estoy deseando.

-Venga solo, desarmado. Y no olvide las cosas de Qassam.

Cuando colgó, de nuevo con el arma, a Caitlin se le hizo un nudo en la garganta. Iba a ser complicado conseguir huellas, con los guantes puestos y el cuidado que tenía con todo. Volteó a verla con su ya eterna media sonrisa y alzó una ceja.

-Caitlin… haga el favor de ayudarme con el doctor Mallard.

Tragó saliva en grueso, sintiéndose la peor mierda del universo. ¿Ayudarle a qué? Sea como fuere, se negaba.

-No pienso ayudarle más.

-¿Ha memorizado cómo comprimir una arteria? –La acarició con la voz-Puede que la rodilla del doctor se lo pida a gritos en unos segundos…

Ella lo fulminó con la mirada. Escucharon un suspiro y al girarse a ver a Gerard, lo encontraron en la mesa en la que lo habían acomodado, inconsciente.

-Aunque también es posible que se niegue a colaborar porque no lo entiende…-habló más para sí mismo que para ella- Pronto va a haber un tiroteo. Desarmados y con el tumulto serán un blanco fácil.

Esta vez fue Ducky quien habló:

-¿Qué sugiere?

-Asegurarles un lugar en el que permanezcan a salvo cuando esto suceda.

Y su mirada se desvió hacia los cajones para cadáveres. Kate jadeó, notando la bilis en la garganta de la impresión.

-Está loco.

Él le devolvió una sonrisa mucho más amplia y sincera.

-Por favor… ustedes primero.

OoOoO

¡Tatatachán! Siempre me pregunté qué pasó en ese lapsus de tiempo en el que los mete en los contenedores para cuerpos. Es un detalle, hay que reconocérselo.

Podía haberlos dejado desprotegidos, de cualquier manera, sin importarle su suerte y largarse con el cuerpo y los efectos personales de Qassam, pero les evita disparos.

Creo que Kate podía presentir todo esto antes de que fuera a hacerlo, por eso no pudo "diseccionarlo". Y Ari está interesado, obviamente, porque jamás se ha encontrado con nadie como ella.

Bueno, en el siguiente capítulo, mi versión de los hechos, adaptada a lo que nos terminaron mostrando en el capítulo.