Ataques

Inglaterra despertó de golpe, junto a su esposo, quienes salieron disparados a vestirse. Trajes militares enfundaron sus cuerpos antes de salir rumbo a la sala donde sus líderes aun deliberaban. No solo ellos eran los recién despertados. Todas las naciones tenían cara que indicaba que la forma de levantarse fue brusca, unos incluso sonaban bastante enojados. Sin embargo, no obstante, se recompusieron en cuanto la reina de Arthur y el jefe de Francia salieron a darles las noticias.

-¿Qué está pasando mi señora?...—Arthur la miró expectante.

La mujer, pareció envejecer antes de mirarlos. Arthur se angustio de verdad. No veía por ninguna parte a ninguno de sus hermanos. Oh no… Algo terrible fue concebido por sus pensamientos.-¿Y Francis? ¿¡Que está pasando!?

-Sark está siendo atacada…-Con eso basto para que los países angloparlantes se dirigieran hacia la sala. Un plan de ataque… Un maldito plan, él debía… El necesitaba proteger a su familia. Los recibieron con que Francia, Escocia, Gales y Alemania estaban ayudando, pero no podían realizar maniobras ofensivas sino querían desencadenar la guerra. Arthur estaba perdiendo el control. Temía por su bebe, sí, pero no permitiría que esos cabrones dañasen a sus hermanos. A ninguno.

-Haremos lo que se diga ahora mismo...—El silenció reino. España reconoció el tono, un tono que había oído en sus años como esclavo del Imperio. Temió por un momento. —Están atacando la isla. Sus habitantes, imagino, ya están en Escocia…

-Si mi señor. Ya están en Escocia.

-Bueno, la casa de mi hermana está en peligro, necesito que decidamos algo ya…-

Pareció explotar. Unos gritando que no podrían con una guerra, otros que querían pelear, otros que las Alianzas no eran justos, otros que no estaban dispuestos a que alguien más los superara.-¡Basta!...—Exclamo.

-Las alianzas serán como de antaño. Las potencias de Alemania, Japón e Italia marcharan al Norte. Que Dinamarca y los demás nórdicos estén ya listos para el primer ataque. Hungría y la armada austríaca deberán marchar al este. Que se reúnan con el ejército chino. Debemos aislar al muy cabròn y a sus perras. —Muchos seguían meditando. —Y si me salen con la mierda de la guerra. No vamos a empezarla. Ellos ya la empezaron…

-Déjame ir contigo…-Hungría cerró los ojos. No podía. Eran órdenes. Pero el albino no la soltó. —No quiero dejarlos solos. Ni al señorito… Debo de ir con ustedes… Por favor, Eli, por favor. —Ella tomo su mano y juntos se dirigieron a la salida del palacio. Austria ya los aguardaba, junto a sus superiores.-¿Prusia?

-Vengo a salvarles el culo. La Alemania Oriental sigue recordando su verdadera bandera. Iremos a Berlín, debo de hablar con ciertas personas…-

-Pero...—

-Nada, entre más gente, mejor…-Los ojos rojos del muchacho ansiaban regresar, ondear su bandera de nuevo, ir a vengarse del muy desgraciado sonrisa falsa… Deseaba poder plantarle cara de nuevo, no dejaría que dañase a nadie de los que él amaba. Mucho menos a su hermano.

Asintieron al momento que los tres países subían a autos rumbo al aeropuerto.

El viaje fue largo, pesaroso, lleno de ansiedad. Tal y como temió, las tropas de su hermano menor ya estaban en movimiento. La armada alemana estaba marchando rumbo más al norte para reunirse con Francia, mientras él y los hermanos del cejan defendían Sark. No estaban solos. Tropas de Italia del Norte venían en camino, y aviones de la armada de Japón llegaban a los aeropuertos que eran un hervidero de vida. —Hace años que no veo tanto movimiento en Berlín. —Quiso ver a su hermano. Tenían cosas de que hablar. En su departamento, con sus dos eternos amigos esperando en la sala, él llegó a su dormitorio. Lo vio ahí, solitario, oscuro. Glorioso. Luego de bañarse, se comenzó a vestir. Se puso con un orgullo eterno e infinito cada medalla, cada insignia, antes de finalmente colgarse la Cruz de Hierro.

-Te ves muy guapo. —La voz lo distrajo. Se estaba anudando la corbata justo en el momento que Austria entro. —Aun no eres bueno para anudártela correctamente. —Sonrió con ternura, antes de tomarla y acomodarla correctamente. Solo en ese instante, Prusia se dio cuenta que lloraba. —No llores señorito...—

-Hace décadas mientras peleaba porque no entraran a la capital de tu hermano, me entere que habíamos perdido justo cuando quise dar vuelta. Me dijeron que no estabas, que estabas lejos, muy lejos ya. Me dijeron que Rusia te tenía como un premio, como si fueses un trofeo. No quiero que pases eso de nuevo. No quiero, Gilbert…-Sollozó.

Gilbert no dijo nada, sino que lo tomo delicadamente por las mejillas. Pensó que eran muy llenas y recordó el burlarse algún día. Pero no era el momento, Austria alcanzo siete niveles de rojo cuando Gilbert lo beso. Pero no se apartó. Aferro su cuello antes de murmurarle. —Tengo miedo…-

-No lo tengas. Te voy a proteger. No voy a dejar que nada te dañe. —Extendió su mano. Y con asombro y admiración, Austria vio cómo se colocó el sombrero militar. —Es hora de movilizar a las masas…

Eli ya los aguardaba. Estaba muy guapa con su uniforme verde, y tenía en mano su inseparable sartén. Sonrió al ver como Austria y Prusia salían tomados de la mano. —Bueno…-Suspiró. —Ya era hora de que ciertos imbéciles se dieran cuenta. —Todos rieron. —Tu jefe está listo para dar el discurso. ¿Estás listo Prusia?

El albino miró la ventana, un camino al gran balcón. Las banderas alemana y prusiana ondeaban al viento, la gente aclamaba asombrada y sentía como las fuerzas le regresaban. Su pueblo, su gente, la de su hermano, confiaban en sí. No los iba a defraudar. Luego de largas décadas, luego de casi un siglo, Gilbert se sintió vivo de nuevo. Y así, tomado de la mano de sus amigos, salió al balcón, a dar vida de nuevo a la extinta nación.

No, no estaba extinta. Porque en cuanto salió al balcón, la gente estalló en gritos de emoción. Porque la bandera ondeaba con las águilas, y porque tenían fe de nuevo en él.

Y Prusia, la gran, la asombrosa Prusia renació de nuevo.

-Si. —Dijo. —Estoy listo…

Lovino y Feliciano recorrían las filas de sus ejércitos. El mayor lucía cansado. —Hermano, deberías regresar… ¿Quieres pasta? ¡Te la preparare para que duermas la siesta!

Lovino negó con la cabeza. —Estoy bien idiota. Solo un poco cansado. —El menor de los Vargas lo sostuvo cuando se tambaleo. —Por favor. Por favor…Fratello io posso…-El mayor siguió negando. —Tenemos que marchar ya. Tu macho patatas estará desesperado por no tenerte con él. —Feliciano enrojeció al escuchar eso, pero sonrió con ternura, luminoso como un sol. —Me estará esperando…

Lovino asintió.-¿Y los pequeños México?

-Regresaron a casa hermano. Tienen que prepararse. La Tercera Guerra está a punto de empezar…-Feliciano lo abrazo. —No quiero que te pase nada hermano, nada. —Italia del Sur negó con la cabeza, riendo. —Estaré bien idiota. No te preocupes por mí.

-Nos separaremos. Tú te quedaras en casa, y te prometo que no me tardare…-Lovino sintió miedo, pero se repuso para no demostrarlo. —Te prometo que regresaré, justo antes de que el…

-Me queda claro hermanito. —Le revolvió el pelo. —Venga, márchate ya. Tu imbécil alemán te querrá ver ya. Tienes que irte.

Un último abrazo, con lágrimas de su hermano, le dio a entender que no estaba solo. Que no estaría nunca solo. —Te amo hermano.

-Y yo a ti…-Dijo justo antes de verlo marcharse, valeroso, joven y lleno de energía hacia el campo de batalla. Feliciano, su hermano pelearía. Demostraría que no es de subestimarse el poder de Italia. El verdadero espíritu italiano. Roma corría por sus venas, ellos eran luchadores.

Y por todos los cojones del mundo, que ellos iban a pelear.

-Estaremos bien…-Susurro con una voz tierna y queda. —Estarás bien…-Regreso a la base, donde le dieron una acérrima bienvenida entre felicitaciones. —Pero primero tenemos que decirle al idiota.

Escocia rugió con ira cuando la primera carga de bombarderos impacto la isla. Lanna gritó, cayendo, doblada al suelo. Glen corrió a su encuentro.-¡Llévatela! Corre… ¡Corre maldita sea!...—Lanna se soltó de la mano de Glen, antes de correr dolorida hacia el. —N-No h-huiré…-Jadeo. —No dejaré mi casa…

Los aviones sobrevolaban el cielo, y este se oscurecía por el fuego. Lanna gritó dolorida, llena de agonía cuando el avión soltó diez bombas más. Scott la tomo en brazos, ignorando sus negativas, y se la llevo a su hermano Glen. —Tiene que llegar al castillo. Llévala con Arthur…

Justo en ese momento, aviones ingleses llegaron, e hicieron la maravillosa maniobra de tirar a los siete bombarderos bielorrusos. —Que no marchen sobre Sark., la muy puta solo está enviando bombarderos. Tenemos que tirarlos a todos, díselo a Francis. Que él y Alemania cubran los bordes que la rodean, no dejen pasar a ningún hijo de puta. Que Inglaterra de la orden al ejército, que China marche...—Glen asintió, sosteniendo a Lanna. —Saldré de aquí en un momento.

Las casas del hogar de su hermano se incendiaban, sus verdes parajes, su cielo azul, todo se tornaba negro, muerto, ardiente, sin vida. Un infierno lo estaba rodeando, era su hermana misma la que arde y él no podía evitarlo. Maldijo a todos los dioses habidos y por haber cuando abandono la isla, y vio como otra tanda de bombas se estrellaba.-¡Tenemos que irnos ya!—El asintió.

En el avión, Sark se retorcía, gritando en brazos de su hermano. —Quema… ¡Quema, quema, quema! ¡Apágalo Scott! ¡Haz que deje de doler!..—Aferro a su hermana, quitándosela a Glen. —Cálmate. Quiero que te calmes… Pronto pasara el dolor…

Sark cerró los ojos, justo cuando una violenta convulsión la recorrió inmisericorde, violenta, terrible y brutal-¡Me quema, quema, quema…!

No podían hacer nada más. No podían. La casa de su hermana ardía en su totalidad, no salvándose ni un milímetro. Luego de largas esperas, la niña cayó dormida, dejándose caer en la inconsciencia por el infernal dolor que sentía en sus tiernas carnes. Todo Reino Unido se movilizaba, unos solo formando ejércitos, otros, haciendo que se lanzasen al mar a tierra bombarderos. Los buques aguardaban en los puertos militares esperando órdenes, y cuando llegaron al palacio, Arthur salió corriendo a recibirlos. Parecía muy cansado, pero eso no evito que le quite de las manos a su hermanita, y la abrazara. —Sark, princesita, mi florecita… Abre los ojos…-

La niña sonrió. —Arthur… A-Arthur…-Estaba pálida, sudada, llena de hollín.

-Si mi princesita. Aquí estoy, ya estas a salvo.—Ella negó.—Q-Quema A-Artie… M-Me q-quema..—Asintió.—Yo sé que te duele mi luna, yo sé que te duele..—Ya adentro, en los aposentos de la mismísima reina, Sark agonizaba en un ligero vestido de gasa.—Duerme, duerme mi florecita… Duerme, el dolor pasara.

Sark se retorció, tomando con su manita la de su hermano.—N-No v-veré a mí… S-Sobrino..—La niña le sonrió con tanta ternura, con tanto amor, que Arthur se echó a llorar.—N-No llores..—Le acaricio la mejilla.—N-No llores. Te v-ves más bonito cuando sonríes hermano…

Arthur la cargo y la coloco con dulzura sobre su regazo, aferrando con suma delicadeza su cabeza.—Quédate conmigo. Quédate a mi lado mi princesita, quédate a mi lado…

Sark soltó un grito.—Q-Quema..—Susurro con voz queda.—Q-Quema…

Arthur asintió. Sark e Inglaterra se abrazaron, mientras Arthur cantaba una vieja nana. La niña comenzó a quedarse sin fuerzas, el dolor.—Y-Ya c-casi no duele..—Mintió.

Arthur y ella se sonrieron. Pasaron largas horas abrazados, Arthur seguía cantándole con dolor su canción sobre las flores, hasta que cayó la noche. El primer día de ofensivas había terminado. Alfred estaba fuera, esperando. Solo esperando. En determinado punto de la madrugada, Sark lo llamo, con sus manitas.—A-Artie…

El abrió los ojos. Sobrevivió la primera noche. Casi pudo sonreír antes de mirarla.—Y-Ya no duele… El dolor se fue.. T-Tenías razón hermanito…-Le sonrió con tanto dolor, con tanto amor y ternura e inocencia, digna de una niña, justo antes de cerrar los ojos, y dejar caer su manita con delicadeza. Lanna tenía los ojos cerrados. Arthur acaricio su cara, primero con lentitud. Luego frenético, mientras sollozos se creaban en su interior, saliendo violentos, llenos de dolor—Mi florecita.—Murmuro cuando la abrazo. Entonces gritó.

Alfred lo encontró mudo de agonía sosteniendo el cuerpo inocente de su hermana, aferrándolo, no queriéndolo soltar. Scott, Glen y los gemelos entraron horrorizados, mientras Arthur seguía sin emitir sonido alguno. Scott cayó de rodillas, casi arrastrándose hacia donde sus hermanos. Glen lo aferro por los hombros, mientras Alfred a Arthur cuando este se arrodillo junto a sus consanguíneos. Mudos de dolor, mudos de agonía, mudos de asolación, lagrimas ardiente saliendo de sus ojos, sollozos quebrados, esperanzas rotas. Y con el deseo de venganza saliendo de sus corazones llorosos.

Nunca los hermanos Kirkland se mostraron débiles frente a otro de su sangre, pero en ese momento, los cuatro presentes se abrazaron. Y entonces, solo entonces, Arthur volvió a gritar.

Continuará…

Hermosas criaturas:

Sark ha muerto. Felicidades a los que lograron adivinar. La guerra oficialmente ha comenzado, y si, Cereal Pascual, Lovino Vargas esta embarazado. ¿Qué pasará?

¿Les gusto el renacimiento de Prusia?

Les tengo una sorpresa más en el próximo capítulo.

Gracias por leerme.

Con Eterno Cariño.

Elisa.