"Sabes que es imposible para mi, honney. Odio dejarte solo, pero ahora no se nos permite cruzar para no intervenir en vuestra guerra. Allen y yo hemos tratado de hacerlo, pero se nos advirtió con dañar a Elizabeth..." Arthur miraba aquello ojos celestes con reflejos violetas observarlo, sin rastro de esa carácterística locura. Ahora podría jurar que en Oliver no veía nada más que tristeza y pesar.

"¿Elizabeth? ¿Quién es, Liv?" Una sonrisa casi maternal se tatuó en el rostro de su alterno, y antes de que hqblase de nuevo, Oliver le contestó "Es nuestra hija. Se parece muchísimo a Allen, pero tiene mis cejas. Cuando todo esto acabe, la llevaré y la conocerás. Tal vez te recuerde a cierta reina nuestra, se le parece mucho."

"Nada me alegraría más, Livvie, te lo aseguro. Tal vez cuando vengas, podrás ver a Bran."

"¿A quién, sweetie?"

"A Bran. A mi hijo, a mi bebé".

Olvier sonrió y asintió. Estiró su brazo que atraveso el espacio con apariencia de espejo para acariciar el hinchado vientre de Arthur y una lagrima cayó por el rabillo de su deslumbrante ojo bicolor. Arthur le sonrió con cálidez. "Tienes que irte, Liv. Allen y Lizzy estarán esperandote..."

El contrario asintió.

"No mueras, Artie."

Arthur no respondió, pero asintió. No podría prometerle nada a su otro yo. Con lentitud el espejo se fue agrietando y lo ultimo que contemplo, fue la sonrisa triste y desolada de Oliver Kirkland, cuando el puente entre ambos mundos fue roto por él mismo, para mantener la otra realidad a salvo.

Se sumergió en un sueño profundo, donde la voz de un niño le guió a traves de una neblina densa, eterna.

Capítulo 13

"La Batalla de las Águilas"

Los ojos oliva de María se perdieron en las orbes botella de Darío. Desde niños siempre podían saber lo que su gemelo pensaba o sentía con solo mirarse directamente a los ojos. Su abuelo, el Imperio Azteca solía decir que los mellizos eran una sola alma dividida en dos cuerpos, y por ello, les decía que el uno al otro tenían el poder de darse fuerza con solo estar juntos. Papá España también creía eso, por eso cuando quiso llevarlos a su casa al Viejo Continente, los llevó a ambos, con el propósito de no separar a los gemelos.

Una vez, escuchó de la boca de sus Dioses, ella y Darío nacieron tomados de sus regordetas manos infantiles, y que cuando abrieron los ojos, lo hicieron en el mismo instante. Siempre creyó que era aquello cierto, y ahora, lo sostenía pues en cuanto sus ojos se encontraron, María sintió la inmensa fuerza de Norte animándola a no dejarse caer, a ganar aquella batalla. Se sonrieron, y para aligerar el momento, María dijo. "Siento una gran pena con el hecho de que no veas a tu precioso Rumania..." Norte enrojeció.

"¿Porque demonios insistes en que soy homosexual?"

"Porque tú y Rumi-Rumi se verían muy lindos juntos. No te preocupes hermano, yo ya lo he aceptado, me he hecho a la idea de que muerdas almohada y te apoyo... No importa lo que pase, ¡Yo te apoyo!"

"¡Cabrona! ¡Cierra el pico!" María se carcajeo a gusto y se dejo caer en la piedra en la que ambos se sentaban, para mirar el cielo gris. Jamás pensó que moriría en Europa. Pero si estaba con su mellizo, no importaba. "A mí me gusta Yekaterina, ella si me gusta y mucho..."

"Venga ya, Darío, solo lo dices por sus tetas..."

"Yo nunca lo haría solo por eso. Ella me interesa y yo la respeto. Cuando acabe todo esto, Ucrania será a quién le proponga una alianza."

"Sigo insistiendo que te verías lindo siendo la linda esposa de Rumania..."

"Deja de juntarte con Eli. Me estás asustando..."María río, encantada.

"Sé feliz Darío. Yeka es alguien especial, nos ha apoyado incluso en contra de su hermano, ella vale la pena. Defiende una causa justa. Y tiene de donde agarrarle..."Darío se enrojeció de golpe, y ofendido le dió la espalda. María abrazó a su mellizo, y con ese abrazo, el águila dorada que en su espiritu vivía, se unió, alzando un vuelo invisible de valor para ambos hermanos. Entonces escucharon.

"Se acerca.."

"No." Dijo Norte. "Es el yankee..."

Y así era, las huestes de Alfred Jones avanzaban valerosos, como sus heróes de las películas hacía el encuentro con el ejercito de México. María y Darío se pusieron en pie, y con armas en mano y guerreros detrás de su paso, se dirigieron a su destino, con el propósito de hacer de aquella batalla, una batalla que ni en mil años, el mundo olvidaría.

Cuando los tres representantes se unieron, fijaron sus vistas en las interminables filas de hombres al otro lado de aquel paraje desolado que alguna vez fue Varsovia. En medio, las estatuas testimonio del horror que padecieron sus amigos se alzaban tomados de las manos. América sintió rabia al ver a Lituania y Polonia de aquella manera, y ordeno a su Coronel dar la orden. María y Darío repitieron aquella acción, pero de manera más... Enérgica.

"¡Firmeza, firmeza ante todo cabrones, vamos a darle a esos bastardos el poder que tanto ansían...!" María levanto su arma en mano, y realizo varios disparos al aire. El rugir de mas de 80,000 gargantas segundo aquel estruendoso sonido, y el suelo bajo sus pies temblo. Darío, avanzo, cruzando, recorriendo el frente de su ejercito, reconociendo cada rostro, cada cara de cada hombre que valerosos daban su vida para México y el mundo. Sintió su sangre arder, su coraje emerger, su valor elevarse.

"¡Sin ningún temor, sin ningún temor, con valor, con coraje, ellos quieren a México...!" Silencio aplastante. "¡Les daremos a México!" El grito, el coro, el canto de miles de hombres con los corazones ardiendo en una mano, con su vida como ofrenda para su nación y el mundo, una batalla, una batalla, donde dos aguilas alzaban el vuelo en un cielo oscurecido por la guerra, y enardecido por lq polvora y la sangre.

"Water was running, children were running,You were running out of time, Under the mountain, a golden fountain,Were you praying at the Lares shrine?..."

Cuando los ejercitos chocaron, y vio morir a sus hombres, Alfred se aletargo, y recibió un golpe en el costado que lo hizo caer. Los fantasmas, los demonios, los gritos y las llamas consumiendoló todo, Vietnam, Vietnam y su larga mirada de odio, de un odio que le llego al alma, que le aseguro sin palabras que una venganza tarde que temprano llegaría. Toda esa gente, sus hombres, Toris, Feliks, Sark, la inocente Sark... Todos... Por su culpa.

Entonces, cuando un soldado bielorruso se le acerco, dispuesto a acabarle, sintió una mano de hierro sujetandole por el hombro y alzandole, mientras delante suyo, una lluvia de balas se estrellaron contra aquel soldado, mientras Darío, pistola en manosmarremetía una y otra vez una tormenta de polvora y sangre. Ignorando el dolor de las esquirlas, siguió, abriendose camino, buscando al país albino.

"¡Levantate maricón, que de puñeteras ganas no estamos...!" Exclamo María, al momento que jalaba de Alfred disparando una y otra vez. Todos a su alrededor, luchaban y morían, y la joven no dejaba caer al rubio. "¡Tienes alguien por quién vivir con una jodida chingada, Alfredo, asi que pelea...!"

Le soltó y con un gritó lleno de furia, arremetio contra los soldados enemigos, mientras que los ejercitos, mexicano y estadounidense daban con todo contra los bálticos. Alfred aturdido, siguió su consejo, y una y otra vez golpeo y mato anquienes amenazaban a sus hombres y a ambos hermanos que como fieras, como demonios sedientos de sangre, arrancaban vidas sovieticas a diestra y siniestra, entre exclamidos de ira y destellos de adrenalina corriendo por sus venas.

"But ohh, oh your city lies in dust, Ohh, oh, your city lies in dust, my friend, We found you hiding, we found you lying, Choking on the dirt and sand,Your former glories and all the stories, Dragged and washed with eager hands..."

Darío recibio tres impactos, que tran pronto entraron salieron de su torso, pero no le frenó nada. Estaba decidido, estaba decidido. No moriría en esa guerra, no dejaría a su querida hermana, ni a su preciosa dama, y no dejaría que más amigos suyos muriesen en esa batalla, vengaría a Toris, a Feliks, vengaría a Sark, él, él... Él no perdería.

Sentía como si cuerpo herido sangraba, pero no le detendría hasta hallarse a esa asesina, o a esa puta oriental. María, por su lado, golpeaba, y con maestría enterraba su famoso cuchillo de caceria en los cuerpos enemigos, sin ningún tipo de contemplación ni compasión. Ellos no la tuvieron con Sark, ni con Polonia, ni con Lituania. Ellos no se tocaron el corazón matando a una niña, ella no se tocaría el corazón por ellos. Les metería el cuchillo tan fondo que cortaría sus almas en trozos, les haría pagar...

Alfred, solo pudo pelear. Por más dolor y culpa que atacasen a su alma, no podría parar. María tenía razón. ¡El tenía por quién vivir! ¡Joder, que el era el puto heróe!

Disparo eficazmente a su derecha antes de golpear con el mango de la pistola, el rostro de su enemigo, y tras soltarle, lanzar su cuchilla contra quién iba a atacar a María por la espalda. "¡Venga puto gringo, jodamos algunos culos bálticos..!"

Alfred rio, y decidido, tomo el recuerdo de su esposo, y tras besarle y aferrarle contra su corazón se dispuso a ayudar en su tarea a la bella pero mortal mexicana; Partir culos sóvieticos.

"But ohh, oh your city lies in dust, my friend, Ohh, oh your city lies in dust, my friend, Your city lies in dust..."

Las viejas y roídas estructuras de lo que alguna vez fue Varsovia, la hermosa capital de Polonia, la ciudad fortaleza, se caían con estruendo en medio de la batalla donde dos águilas eran los unicos testigos de la enardecida lucha entre inmortales. En determinado momento, avanzaron tanto, que sin quererlo se internaron en las ruinas de la ciudad. Cenizas, una ciudad entera en cenizas, que se lamentaba lúgubre y desolada en un silencio infinito. Darío, herido y agotado, corrió tras María y Alfred, que buscaban a la líder de aquel ejercito. Estaban desesperados, cada uno a su manera, deseando, súplicando fervientemente algo a Dios. Que le pusiesen a esa jodida asesina en el camino.

Sin embargo...

"Water was running, children were running, We found you hiding, we found you lying, Water was running, children were running,We found you hiding, we found you lying.. "

"¡Abajo todos...!" Exclamo Alfred al reconocer los motores. Bombarderos, y tan pronto como lo hizo un violento estruendo estremecio la tierra muerta de Polonia. Cayeron entre silbidos mortales, aullando como almas en pena. Todo aquello cuanto el impacto o la onda expansiva alcanzase, fue destruido. De pronto, como si de un mal sueño se tratase, escuchó su risa. Era ella. Era ella, ella...

"¡Oh Alfred~...!" Canturreó al momento quesus pisadas se acercaban cada vez más. Entonces, María, haciendo acopio de toda fuerza de voluntad en su cuerpo, se incorporó, buscandole, y fue solamente hasta que escuchó su voz, se dio cuenta de que las cosas iban mal. "N-No... No, no, no..." Se debatió ante el dolor, y se puso de pie, buscandole desesperadamente. "D-Darío..."Al decir su nombre, María sintió como el alma se le arrancaba del cuerpo. Ignorando sus gravísimas heridas sangrantes, corrió hacia la salida del destruido edificio, y lo encontro, y cuando lo hizo...

Cuando lo hizo...

"Your city lies in dust, my friend, Ohh, oh, your city lies in dust, my friend, Hot and burning in your nostrils, Pouring down your gaping mouth, Your molten bodies, blanket of cinders..."

Arthur abrió los ojos, y sintió como algo dentro de él se rompía. Era un dolor desconocido. Totalmente desconocido para él. Pero en su mente solo el nombre de su esposo era lo unico claro, luego de haber visto a Oliver despedirse de él y romper el puente entre los dos mundos. Por lo menos, pensó, ellos estaban a salvo. Sin embargo, su pensamiento se interrumpió, cuando el dolor comenzó a hacerse cada vez más y más fuerte... Cada vez más agudo.

Estaba en su cama improvisada dentro de su pabellón en el campamento, y se levanto de golpe. Algo malo pasaba, algo malo pasaría, demonios, demonios lo sabía. Escuchaba gritos desesperados fuera, escuchaba aviones surcar los cielos, escuchaba como soldados realizaban disparos. ¿Habían sido emboscados? ¿Traicionados? No, no podía ser cierto... De nuevo el dolor le hizo detenerse, y provoco en él una arcada desde su estómago. Cayó de rodillas protegiendose el vientre y entonces comprendió.

¿Ahora?

Cuando quiso llamar a su hermano Glen, la carpa que servía de puerta en el pabellón se abrió, y escucho una soberbia y cruel risita. Su sangre se heló, su corazón se paralizó. No, no... Aferro con todas sus fuerzas su vientre y le sostuvo la mirada, verde contra castaño, vida contra muerte, por fin, por fin la veía. Por fin se encontraba con ella. "Taiwán tenía razón cuando me dijo una vez que eras. Eres hermoso, Arthur."

Su voz de terciopelo asqueó a Arthur y trato de retroceder pero el dolor fue tal que solo logró sacarse un gimoteó de agonía. El líquido que comenzó a descender por sus pantalones y humedeció la tela oscureciendola, evidenciandoló. Ella le dedico una sonrisa. "Oh, que suerte la mía. He llegado justo a tiempo." Un estruendo hizo retumbar el suelo austríaco, y gritos acompañandolo reinaron llenando el silenci apremiante. No podía describir la desesperacion que sentía en esos instantes, con ella delante suyo y su pequeño, su bebito a punto de salir de su cuerpo. El horroroso dolor le apabullaba, pero solo algo le hizo mantener la cordura.

Alfred.

Su nombre, su voz en sus recuerdos, sus brazos rodeandolé le dieron fortaleza, fortaleza para no dejarse. ¿Que se creía sa perra? El era el Gran Imperio Británico, no un olvidado país lleno d odio y sediento de venganza. Por esa razón, sintió como el dolor, aparte de invadirle, le daba mas animo, mas empuje para ponerse en pie. No, no, ni hablar. Ella no lo tocaría. Sabía porqué estaba ella ahí, lo sabía bien.

Pero ella no le tocaría.

Tomo el arma en su costado y le apunto, sin titubear. El liquido que anunciaba su parto estaba empapandolo, pero no bajo la pistola en ningún momento. "Si te vas morirás. Todos morirán. Eso morirá..." Le miró con odio. Esa puta. Esa ramera barata no tocará a su hijo, a la mierda consigo, su hijo era suyo, ni ella ni el puto albino báltico de mierda, ni nadie en el jodido mundo tocarían a su hijo. Al fruto del amor de Alfred y suyo, la cosa más valiosa en su universo. Ni hablar. Sin embargo, aunque su alma clamaba por pelear, su debilitado cuerpo le pedía a gritos que le dejase de forzar. El niño, el niño... Alguien, por favor, alguien, alguien...

Cuando cayo de nuevo, cuando una contracción le hizo rendirse ante el peso, la vio sonreír. La voz no le salía, sus lagrimas le quemaban la cara, su bebé, su bebé, su bebé, por Dios no,

No él, él era inocente, no él, no él...

"No te preocupes Artie. No dolerá tanto..." Arthur aferro su vientre y cerró los ojos cuando ella dio el primer paso en su dirección. Espero el golpe, lo espero rogandolé a Dios que el fuese el que muriese, no su bebé, no su Bran, no su hijo. Pero el golpe jamás llegó. Lo que si le llegó fue una voz demasiado conocida para él.

"Debo decirte que te sobrán cojones para venir y amenazar a mi Arthur. Pero... ¿Sabes algo? No es propio de una dama hacerlo, por lo que yo, amablemente te demostraré como se comporta una. Claro esta, luego de un máldito castigo... ¿No es cierto, sweetie?" Antes de que Vietnam tuviese tiempo de girar el rostro, sintio como la hoja, helada, helada le cruzaba la cornea. Gritó. Y lo que pudo vislumbrar antes de que una mano helada la jalase hacia el exterior, fueron dos orbes azules con destellos purpureos llenos de la más acerrima y sanguinaria locura...

Y la sonrisa más escalofriante que jamás hubiese contemplado en su larga vida inmortal.

"Caught in the throes, And ohh, oh, your city lies in dust, my friend..."

"¡Allen carga a Arthur, y vamos a buscar a mi lindo hermanito en esta hermosa fiestecilla!" Exclamo con una voz cantarina, haciendo girar el puñal en sus dedos y lamerlo de forma erótica. Afuera, balas, estruendos, gritos, alaridos y ordenes hacían temblar su suelo, hacían estremecer cada milimetro de tierra, le provocaban un frenesí enloquecedor. Allen le sonrió a su esposo al momento que levantaba a un dolorido Arthur del suelo, y le lanzaba un beso.

"Pídamos que el puto comunista esté cerca. Quiero verme las caras con él, dulzura..." Oliver Kirkland miró a su marido, de llameantes ojos rojizos y le dedico un guiño seductor.

"Rogemos que así sea, sweetheart. Pero ahora, tenemos que apresurarnos honney... ¡Voy a tener un lindo sobrinito!"

Oh, oh, your city lies in dust, my friend

Oh, oh, your city lies in dust, my friend

Ohh, oh, your city lies in dust, my friend

María estiró su mano herida en dirección a Darío y Belarús. El le sonrió con un cariño digno de un hermano, y también estiró su brazo. Cual rue su horror, su pavor al ver como la mano de la que ella vino unida a este mundo comenzaba a disolverse, comenzó a agrietarse como si de marfil se tratase. Alfred sintió como su voz se atoraba en su garganta, justo antes de que María gritase, completamente desgarrada. Natasha sonrió, satisfecha, dejando caer el cuerpo de Darío a un lado, que tuvo un fuerte golpe contra el suelo. Se marchó, disipandose en la niebla de la nube de cenizas que reinaba en la ciudad muerta.

"¡No, no, no, no... Hermanito!" Exclamo, abrazando el cuerpo herido, y observo algo. Su mano, su mano se transformo en piedra, pero fue un proceso lento. Le sujeto de las mejillas antes de mirarlo, y susurrarle. "Aguantate. Aguantaté, te dolerá, gritarás pero te prometo que no te dejaré marchar hasta que te cases y te cojas a esa albina llorona..." Soltaron una risita al unísono. "Alfredo, sujetale con fuerzas..." Alfred parecía ausente, pero la muchacha le dio una bofetada. "¡Escuchamé cabrón! ¡Mi hermano se muere y yo no lo voy a dejar, así que ponte un kilo de huevos y sujetaló!"

El rubio aferro a Darío contra el suelo, mientrrs María limpiaba contra su ropa su cuchillo, y le sacaba filo de forma frenetica. Darío jadeaba, asustado, sin embargo solo se removía, Sabía que debía aguantar, sabía, el lo sabía. Entonces, Alfred le distrajo. "¿Así que no te gusta Rumania?"

"J-Joder con eso..." Jadeo. "S-Si tío, quiero que me dé, y me dé fuerte..." María sonrío. Entonces, cuando el nombre del mexicano salio de los labios de Alfred, María supo que era la hora. Tan pronto su hermano se giro para ver al yankee, ella dejo caer la hoja sobre la extremidad de su mellizo.

Y Darío gritó.

"Your city lies in dust, my friend, Ohh, oh, your city lies in dust, my friend, Ohh, oh, your city..."

Glen corría de aqui para allá, ayudando a Prusia y a Elizaveta a transportar heridos, mientras un agotado Japón se dedicaba a dar instrucciones de resguardo ante la amenaza que representaban los traidores entre los funcionarios militares de los Aliados. Roderich, haciendo acopio de sus fuerzas ayudó a Gilbert con los carros y camillas, y Bryan y Ryan daban ordenes a los coroneles de seguir defendiendo Reino Unido. Entonces, cuando Japón reconoció el peculiar tono de voz de Olover ascendio su rostro. "Oliver-san..."

Todos los presentes volvieron sus caras, y atónitos contemplaron al contrario y a su pareja que corría con Arthur en brazos. "Glen, necesitamos tu ayuda..." El castaño de gruesas cejas no lo dejo ni terminar. Una mirada basto para que Japón y Elizaveta dejasen sus actividades, y se dirigiesen todos con Olover y Allen encabezando la marcha a realizar un milagro. Arthur gritaba, completamente dolorido, y se contorsionaba en los brazos de Allen que preocupado llamo a Oliver. "Livvie, se esta muriendo..," El rubio asintio, y subiendo sus mangas, tras acomodar a Arthur en la camilla metálica y esperar a Glen, se decidieron a hacer algo.

"Muy bien Sweetie, es hora de traer al mundo vida..."

Hermosas Criaturas;

¡Las amo tanto, hermosas, hermosas, hermoooosas!

En fin, si saben quién aparecio, dejen su reviews. Es muy importante para mi que les guste, y que disfruten de mi pobre historia. Mi sueño es llegar a los 100 reviews para hacer comer mierda de caballo a mi hermanita amada. Las quiero, especialmente a Cereal, que me ha dado un comentario que me emocionó. ¿De verdad te parece que le hago bien a la guerra? ¡Eres genial, no sabes cuanto me has animado!

Cuídense, muchisimo, saben que son mis hermosas, hermosas criaturas y yo, las amo.

Con Eterno Cariño & Afecto,

Elisa Lancaster~