Capítulo 14

Con La Vista al Frente Y El Orgullo En El Corazón

Lovino rugió enfurecido al leer el comunicado desde el sur que había llegado aquella madrugada despertandoló a él y Antonio, mientras ambos descansaban luego de una eterna marcha a traves de las ciudades desiertas de España. Italia del Norte estaba siendo asediada por una nación cuya bandera hizo su sangre hervir. Eran dos países los que levantaron un tratado contra el asesino y la puta oriental.

"Voy a matarlo..." Susurró arrugando el papel entre sus manos, mientras que sus ojos caramelo se deshacían en ira ciega, mientras sus dientes apretaban tanto como torniquetes a una herida. Antonio miraba con sus hermosos ojos esmeraldas la figura de su esposo, que se colocaba el uniforme militar nuevo que había conseguido luego de llegar casi en harapos a Madrid, tras el encuentro contra Bielorrusia. Lovino tomó con fuerzas su mano. "Estoy aquí..." Susurro contra su mejilla cálida. Antonio se sentía la mierda mas grande del mundo, mientras que abrazaba el cuerpo que tanto amaba. Emma. Emma, no podía... No, si. Si que podía ser cierto, y lo era, la prueba se hallaba en las manos encrispadas de Vargas.

"Escuchamé idiota..."Tomo su rostro con fiereza. "No es momento de arrepentimientos. No es momento Antonio, y no voy a permitir que caígas, no..." Negó fréneticamente con la cabeza. "Tu eres mi puto Antonio. No voy a dejar que ningúna ramera de puerto ni ningún jodido tulipán te pisotee. No te voy a dejar caer..." España cerró los ojos, hundiendo su cabeza en el cuello de Lovino que suspiró, disfrutando esa hermosa sensación del cuerpo de su bastardo contra el suyo. Le amaba tanto...

"No olvides que no soy precisamente hábil con los críos, y creo que ella..." Posó las manos de su esposo en el vientre. "Creo que ella va a ser igual de insoportable que tú..." Ambos ríeron con dulzura mientras se fundían en un abrazo más ceñido, cerrando sus brazos fieramente en torno al cuerpo amado.

(...)

Alfred cargaba con el cuerpo inconsciente de Darío Hernandez, mientras que él y sus menguadas fuerzas eran guíadas por María. La amputación de Darío fue terrible. María se echó a llorar en silencio, mientras que habilmente curaba el muñon de la mano de su hermano. Alfred no pudo hacer mas que sostener a un agónico Darío que soltaba alaridos del más fiero dolor, mientras que su melliza encerraba el proceso de petrificación al momento de que el cuchillo atraveso piel, carne, músculo, articulación y huesos de la mano derecha.

Bielorrusia los dejó devastados, con mas de una cuarta parte de sus ejercitos destruidos, con graves perdidas, y con la moral abajo. Pero, sin embargo, cuando Darío abrió los ojos verdes y miró a su llorosa hermana, al yankee y a su gente, no hizo más que sonreír. Asombrosamente, logró ponerse de pie, mientras que con este gesto, hacía a los soldados mexicanos alzarse, heridos, lastimados, pero no vencidos, con su fiero orgullo y su embravecida fuerza intacta. Alfred jamás vió algo tan glorioso herido y aún así cargado de dignidad y de fortaleza, ponerse en pie luego de perder un miembro de su cuerpo. No gritó, no se quejó, tomo la mano de su hermana y estiró el brazo del muñon hacía el cielo ennegrecido de Varsovia.

Entonces Alfred las vió.

Eran preciosas.

Doradas, gloriosas, casi de luz divina, surcando aquel firmamento de guerra, de muerte y desolación llevando el mensaje de que si bien habían sido derrotados en la Batalla de las Águilas, no habían perdido la guerra, y aunque heridos y agotados, su voluntad, su determinación de hierro, de acero forjado no moriría ni aunque se les fuese la vida en ese erial desolado por la mortal mano de la guerra. El cantó agudo, largo, eterno del aguila dorada resonó en el silencio sepulcral de Varsovia, la capital de Polonia, siendo seguido del rugido de guerra de Dario y María Hernández que se levantaron tomados de la mano a dar la cara a sus hombres.

Estaban aún en pie, pensó el rubio mirando la espalda de su amiga delante suyo, mientras que Darío recuperaba fuerzas en su hombro. Estaban aún en pie, y no... No era el final. Habían sufrido una derrota, sin duda alguna, una dolorosa perdida, miles de vidas en sacrificio, pero por esas vidas, por esas valientes almas que se entregaron en aquella batalla no se iban a rendir. No se iban a detener, iban a pelear...

Iban a pelear...

E iban a ganar...

"Esperame Artie..."Susurro fijando su mirada azulada en el horizonte en tinieblas. "No tardaré..."

(...)

Arthur gritó cuando una horrorosa contracción le hizo doblarse por la mitad de forma violenta, mientras Glen lavaba rigurosamnte sus manos, y Oliver ayudaba a la enfermera militar a preparar una jeringa de anestesia. Elizavetha miró como los ojos verdes del rubio se abrían y desesperado le súplicaba que lo hiciesen ya, que su bebé, que su bebé...

"¡Se está muriendo, por favor, saquenló ya...!" Consiguió gritar en medio de las convulsiones. La castaña aferro sus hombros y le acaricio la frente perlada en sudor. "Tienes que tranquilizarte, tu bebé, tu bebé estará bien..."

"S-Se es-está ahogando Eli... ¡Ahhh...!"Oliver dio indicaciones a los guardias de que resguardasen la entrada. "Matad a cualquier cabrón que quiera pasar..." Allen lo siguió de cerca, mientras que con manos expertas creaba a partir de diversos farmacos una solución antibiótica que le ayudaría a Arthur a no morir. "¿Que es eso, Livvie?"

"Un... Un sedante que ayudará a su corazón a no explotar debido al esfuerzo. ¡Japón, te necesito, ahora...!" El pelinegro, alarmado, se acerco con las manos completamente limpias y observo como Glen movía todo lo necesario a la camilla. "No sé si podrá resistir el parto normal. Podremos..."

"No."Escupió una voz fría y cortante. Oliver ignoró su tono, pero reconoció el timbre helado en la voz. "Intentén traerlo de forma natural. Mi sobrino viviría pero Arthur puede morir si le hacen una insición..."

"No tenemos mucho tiempo, Scott..." Murmuro Elizaveta, sosteniendo la debilitada cabeza de Arthur, que ahora solo soltaba gritos ahogados, moentras sus pantalones se empapaban de sangre. "Dioses ¡No tenemos tiempo Escocia!" Exclamo Glen mientras empujaba con violencia a su hermano mayor y le lanzaba una mirada envenenada. "Oliver ¿Como van esos sedantes?"

"Casi listos..."

"¡Pues apuraós!" Exclamo Gales mientras el y Kiku se aproximaban a Arthur. Con cuidado retiraron la ropa inferior del cuerpo, dejandole en la holgada camisa gris perla que llevaba. Kiku abrió con delicadeza sus piernas, y sus ojos se llenaron de pesar. "Es antes de tiempo. No hay dilatación..."

"Joder..."Mascullo Glen, mientras se enfundaba guantes de latex, y miraba a Arthur. "Tu conquistaste medio mundo. Nos hiciste comer mierda a los cuatro siendo un crío, y sobreviviste a un puto bombardeo. Vas a soportar esto ¿Me escuchaste? Vas a salir de esta, e irás con tu jodido emancipado. No te dejare morir..."

Arthur soltó un alarido, no un grito, un alarido de agonía, cuando una contracción le llegó hasta el alma. Cuando Elizaveta vió como Kiku se acercaba con una bandeja de agua tibia y un escalpelo, supo que sucedería. Todo quedo listo cuando Oliver termino, y se aproximó a su contrario y al hermano de este con la jeringa. "Es hora..."

Allen apartó la mirada al igual que Escocia, cuando al dibujar una fina línea en el hinchado vientre de Arthur el soltó un aullido de agonía. Fue un proceso demasiado lento, demasiado doloroso. En la mente de Arthur solo una cosa le hací seguir luchando, le hacía aferrarse a la vida que se le escapaba con uñas y dientes. Alfred. Alfred estaba ahí afuera, peleando, dando todo de sí. El no podía fallarle su emancipado, no lo haría, no lo haría. Por eso, cuando la inconsciencia le rodeó amenazante, aferro el tubular de la camilla, y abrió los ojos para soltar un grito que desgarro su garganta. "Eso es, eso es... ¡Sígue resistiendo Arthie, sigue, tu puedes...!" La voz de Elizaveta llegó a sus oídos, y el sonrió, completamente deshecho, agotado, pero hizo lo que ella le exclamo. Resistió.

Scott Kirkland permanecía junto a la entrada, mirando como en el exterior Roderich y Gilbert organizaban a las filas y a los campamentos, mientras veía la bandera alemana ondear en las huestes que llegaban en dirección Norte. No quiso pensar que perdería a otro hermano, no a otro hermano. Sark, Sark lo había acabado. No quería imaginarse que sería de él si permitía que el mocoso se rindierá. Pero cuando quiso dar vuelta y encarar el sangriento final que acechaba a Arthur, algo que le dijo Lanna justo antes del bombardeo que se la arrebató le llegó a su perturbada psíque.

"Nosotros no podemos rendirnos hermanito... ¡Porque somos leones!"

Entonces, luego de recordar, luego de rememorar aquello, escucho como los gritos de sus camaradas se silenciaban y los de Arthur mismo desparecían, para que un fuerte, un potente llanto lleno de la más abrumadora fortaleza, llenase el silencio reinante. Cuando se giró, vio asombrado como Arthur, Arthur Kirkland permanecía despierto, vivo, y miraba a su hijo con el más fiero de los orgullos.

Lo había logrado.

(...)

"Francis aacaba de salir de la frontera francesa. Se apróxima hacía el campamento sureño que Heracles y Sadiq han erguido en Grecia." Seychelles miró como los altos mandos de su país le observaban. "Os enviaremos a Europa para que le recibas, es preciso formar una alianza con él. Cuando todo acabe, tu podrás obtener los beneficios de dicha unión, y no te verás en la encesidad de rogar a Reino Unido algún tipo de ayuda, la que llegases a necesitar en un futuro..."

Ella sonrió. No solo se desharía de futuras peleas con Arthur y sus hermanos, sino que lograría unirse a su galo. No obstante, mientras meditaba, uno de sus oficiales llegó con la noticia que le arruinaría la semana completa. No, no solo era una. Otra llegó a rematar su suerte. "Canáda ha llegado a París, se ha enfrentado con los subordinados de Rusia. La ciudad arde, pero el chico no ha desocupado la capital, y ahora mismo El señor Francia pelea codo a codo junto a él..."Estaba a punto de lanzar una maldición cuando la noticia continuo. "Ha nacido señores. El chiquillo ha nacido..." Asombradas caras sonrieron con pasividad. "Al fin, algo bueno dentro de tantas malas noticias."

"Enhorabuena ese niño ha llegado..."

"Por fin, tendremos alguna razón para celebrar..."

Seychelles no podía con la ira, con la rabia que la llenaba, ese maldito niño, habia llegado no solo para engrandecer el poder de Arthur Kirkland y su arrogante familia, no solo para lograr que Estados Unidos creciese aún más. Había llegado un Imperio, y ella, ella sabía muy bien lo que terminaban siendo los Imperios. Por muchos años vivío bajo el yugo del soberbio y engrandecido del Reino Unido, soportando injusticias y ordenes estúpidas, aguantando las miradas de lástima y burla que los hermanos Gales solían dedicarle, especialmente Arthur, sentado en su bonito trono de oro, con su arrogante reina, y Escocia, que de esclava no la bajaba y cada que podía le humillaba frente al mundo.

Había nacido un Imperio en plena guerra, y no solo eso, sino que ese máldito americano estaba ahora con su Francis, luciendose ante el, defendiendo una devastada París, Sin perder tiempo, ordeno que le preparasen su uniforme militar, y que alistasen el avión. Tenía que llegar a París, y llegar ya.

(...)

Canáda abrazo con delicadeza el cuerpo herido de Francis. Lagrimas llenaban las violetas pupilas, mientras una sonrisa se extendía por su devastado rostro. "No le has tirado..." Susurro cuando la cálida mano de Matthew envolvío la suya y este le dedico una mirada tierna. "¿Tirar el anillo que mi esposo me dió el día en el que nos casamos? ¿Eso se puede?"

"Mir-Mirad en mi cadena..."Matthew curiosos tiro con delicadeza la finisima cadena de oro dorado en el cuello de Francia bajo las gruesas capas del uniforme militar color negro, y sonrió al verlo, llenandose de ternura. "E-Es el que tu me diste, hermoso..." Matthew le abrazo. "Tus heridas mejoran, te prometo que pronto llegaremos a Austria... Te lo prometo, te lo prometo..."

"¿Por-Porque volviste por mí? ¿P-Porque después de todo lo que yo te hice, regresasté por mi?"

Matthew suspiro antes de aferrarle con más fuerza, mientras que frente a ellos, el incendio que consumía París desaparecía gracias a los aviones que Canáda envío y a los bordes, como los ejercitos neutralixaban a los pocos sobrevivientes de Estonia y su menguadas fuerzas. "Porqué el día que nos casamos, juré que en la salud y el la enfermedad, en la paz y la dificultad, en la riqueza y en la pobreza, yo iba a estar ahí contigo, sosteniendote, hasta que me volviese una estatua como Polonia y Lituania..." Sollozó, dandole un dulce beso en sus labios sabor a sangre "Porque juré morir a tu lado, porque juré... Juré amarté hasta que no pudiese más con la vida..."

Francis se echó a llorar en el regazo de Matthew, que solo atino a abrazarle aún más.

"Quiero que me hagaís un favor, Matthy..."

El canadiense le miro, confundido.

Se sorprendió al escuchar cual era.

(...)

Feliciano corría ansioso buscando con la mirada a Ludwig, que dedicado y responsable, ayudaba a sus hombres a dirigir la formación para encontrarse marchando al sur a más tardar en dos día. El verano alcazó su punto más alto, mientras que Agosto se apróximaba con rápidez. Por esa razón, no era novedad ver como sus guerreros cada que podían entrenaban en el agua de los lagos que a veces se topaban durante la marcha hacía Austria.

Aquel día, Feliciano, luego de enviar apoyo al sur, para que Grecia y Turquía continuasen repeliendo los ataques, se dirigió a su pabellón, donde miró a su médica esperarle con una sonrisa en el rostro. El italiano llevaba los pantalones y las botas del uniforme militar oliva que utilizo en la Primera, pero en el torso, una hermosa camisa blanca le adornaba. Su rostro, se había suavizado más de lo normal, y tenia extraños malestares matinales.

Pero bueno, pensó sonrojdo. Compartir tantas noches con un Alemania cada vez menos timido tal vez influía en el cansancio que le invadía todas las mañanas al despertarse cansado, algo dolorido y completamente feliz. Aunque su alegria siempre era opacada por las noticias en el exterior. Aquella mañana, en especial se encontro con el anuncio de que Vietnam y Ruisa habían logrado atacar el campamento central en Austria, arrasando con miles de vidas y llevando desolacion a la capital de Roderich. No obstante, se sorprendió de sobremanera al leer los nombres de dos individuos que habían logrado, sin ejercito y nada más que una cuchilla y un bate, herir a Vietnam, que tuvo que ser sacada por Iván de la zona del desastre para regresar a Moscú tan pronto como les fue posible. Dos contrarios estaban involucrados en la guerra de su mundo.

Y no eran cualquiera, sino que era el mismísimo Oliver Kirkland y su esposo, el temible Allen Jones, con sus miradas siempre llenas de locura, y sus manos especializadas en arrancar vidas a diestra y siniestra. Se enteró del nacimiento del pequeño Imperio que ahora les aguardaba en Austria junto con los demás, y con una devastadora noticia. Darío, María y Alfred se hallaban incomunicados de la zona muerta que alguna vez fue Polonia luego de la batalla del 29 de Junio.

No quiso ni imaginarse el suplicio de Arthur al soportar todo aquello, con su pequeño bebé recién nacido.

Malas noticias, guerra, muerte por doquier, con dos estatuas erguidas en una tierra muerta como mudo testimonio del horror, con el Norte de Europa totalmente desolado y el sur sufriendo constantes bombardeos, mientras Medio Oriente trataba de defender las zonas aún seguras, y China comenzaba a tener violentos encuentros contra Rusia.

Sin embargo, las noticias de la doctora, le iluminaron el día, y cuando cayó la noche y su marido entro por la tienda tan hermosamente perfecto como solo Ludwig podía, le recibió con una sorpresa. Cuando su timida mano, guío aquella enorme y palida mano que cada noche lo acariciaba llevandole al paraíso, se poso sobre su plano estómago, los ojos celestes de su esposo le onservaron, completamente desorbitados.

Feliciano no pudo hacer más que sonreirle.

(...)

Arthur veía completamente maravillado como Bran, Bran, su pequeño Bran era levantado con sumo cuidado por Oliver y su esposo, Llen que parecía asombrado. "Se parece mucho al obeso.."Comento. Oliver rió con delicadeza, mientras acariciaba su cabecita cubierta de pelusilla rubia, provocando en su pequeño un gimoteo encantador que Arthur interpreto como una risilla. Allen y Oliver habían permanecido con él hasta que la noche cayó, y le llevaron un comunicado que le dejo un alivio infinito en el alma. Alfred, Alfred estaba vivo, e iba en camino. No decían nada más que palabras de su esposo pero supuso que México vendría a salvo con él de regreso al campamento.

Allen se despidió con la mano, alegando ir a buscar algo de beber, por lo que Oliver tuvo la lobertad de sentarse a los pies de la cama d Arthur, a quién le sonrió lleno de dicha. "Es un bebé hermoso, hermoso sweetie. ¿Ves? Te dije que lo lograrías. Todos te lo dijimos, y así fue..."

"Dolía mucho, mucho Livvie. Y cuando... Cuando Vietnam..." Su voz se trabó en su garganta. Oliver le contempló, comprensivo.

"Tranquilo cariño, no hace falta que hables de esa puta. Ojala y le haya gustado el regalo de mi parte, será algo que no se podrá quitar hasta el día que clave el cuchillo en su jodido corazón..." Por un momento, un destello violeta resplandeció en la mirada de su contrario, pero Arthur le dejo pasar. Entonces, su bebé fue regresado a sus brazos, dando suaves resuellos adorables, mirándolo con esos enormes ojazos azules, del color del cielo de verano, tan parecido, tan parecido a su Alfred.

Tan perfecto.

Le dio un suave beso en la coronilla, al momento que dejaba escapar un largo bostezo. Oliver sonrió, y tras darle a Arthur un beso en la mejilla se despidió. "Estaremos en la tienda contigua, buenas noches, sweetheart..."

"Buenas noches, Livvie..."

Antes de que Oliver saliese, este le dedico una sonrisa orgullosa. "Nadie esperaba menos de ti, Inglaterra..."

Arthur sonrió, mientras encantado dirigía su vista al bebé resollante e inquieto de sus brazos. Bran le miraba como si comprendiese quién era, y no hacía mas que observar a su madre. Entonces, Arthur se dió cuenta de algo. Brandon debía de tener hambre.

"A cenar, amor mió..." Con delicadeza bajo el hombro de la delgada camisola celeste que Lizzy le consiguió, y avergonzado miro como su pecho, que para su desgracia había aumentado considerablemente de tamaño, era colocado con hambre en la boca de Bran. No supo describir la cálida sensación de tener a su bebito, ahí, mirandole mientras el le alimentaba, no supo discernir cuanto amor, cuanto... Cuanto amor, cuanta adoración sentía hacía su pequeño,pequeño Brandon, cuanto le amaba, a él y a su Alfred, a su Alfred, a su esposo...

Con Brandon en sus brazos, y su esposo en camino, Arthur supo decidir algo.

Ellos saldrían, saldrían de esto.

Eso es lo que harían

(...)

No había nada más placentero para Oliver Kirkland que sentir como Alen le estrellaba con violencia contra el suelo de su carpa, y con manos llenas de deseo arrancaba su ropa antes de posar los labios en su boca, y recorrer con esa endemoniadamente caliente lenga su cuello. Hacía tanta falta sentir aquel cuerpo contra el suyo, Liv dejó que sus manos aferrasen con brutalidad la espalda de su Allen, mientras su pelvis se frotaba, ansiosa contra el duro bulto en los pantalones de Allen.

No le importó el polvo del piso, lo unico que le importó, fue escuchar como Allen desabrochaba su cinturón, y lo alejaba lejos, lejos, como si temiese que regresase a su lugar y le privase de disfrutar del cuerpo de Oliver como tanto, tanto necesitaba. Tomando de las caderas a su lúnatico, se acostó en el suelo, y coloco las calientres piernas de su esposo en su pelvis erguida. Oliver dejo salir un gemido tan erótico, tan hermosamente sensual que su hombría se endurecio, aún mas de lo que ya estaba, mientras Liv, le torturaba con un vaivén por encima de la ropa, con una ardiente sonrisa en los labios, y la lujuria brillando en esas orbes azules con purpuras destellos que Allen tanto, tanto amaba.

De pronto, sintió como las traviesas manos de Livvie llegaban a sus boxers, y practicamente los desgarraban, para dedicarle una pervertida sonrisa, antes de poner su boca sobre el miembro de Allen y darle la atención mas placentera de su vida inmortal. Allen estaba seguro de que Oliver en su infinita crueldad no le dejaría acabar, por lo cual agarro las caderas de su esposo, y las puso sobre su cuello, girando el cuerpo de un sorprendido Liv, que al querer impedir esto, no se gano más que una buena mordida de parte de su marido.

"N-No, n-no, A-Allen... ¡Ngh a-ahh...!" Sintio la lengua de su marido introducirse en su apretado anillo, y traviesa y lujuriosa recorrió con hambre todo su contorno. Completamente caliente se giró de nuevo, y se sentó de golpe en la erección de su marido, lastimandose en el proceso, pero arrebatadoramente encendido, comenzó a cabalgarle con lentitud, con crueldad, mientras Allen le miraba con sus ojos rojizos llenos de pasión, antes de tomar sus caderas con manos llenas de sudor y de ansiedad, y empotrarselo bien en hondo, provocando un erótico grito por parte de Allen, que cerró los ojos, para abrirlos de nuevo, tomar las manos de su Allen y entrelazar los dedos haciendo cada vez mas profundas sus movimientos de cadera, enterrandose bien aquel sexo dentro suyo, entre gritos del más puro placer. "Ah, s-si, s-si, a-así... ¡A-Allen, m-más... Ngh..."

El castaño de rojizos reflejos, volteó su posición, aferrando los muslos de su marido, y apretandolos mientras se introducía de golpe en su interior, arrancandose un alarido de placer en el proceso, antes de que sus caderas iniciasen un bestial ritmo lleno de lujuria, lleno de pasión. Pero Oliver, decidido a demostrar que era siempre más que aquello, beso sus labios con ternura, disfrutando de susurrarle frases de amor a Allen en el oído, provocando arremetidas cada vez más violentas, más perfectas, más placenteras...

Finalmente, aún medio vestidos, sintieron como el clímax llegaba como un destello cegador, haciendo que se liberasen, Liv en sus pechos, y Allen dentro de él, arrancandose un grito de completo extasís. "Te amo, joder Liv..."

Oliver rió, y se abrazo a su marido, aún dentro suyo, antes de que el sueño les alcanzase, y el le susurrase. "Y yo a tí, dulzura..."

Antes de quedarse dormido, la voz de Allen bajo suyo le distrajo, y abrió sus ojos con curiosidad, mientras Allen dejaba salir una risotada cargada de pícardia y malicia. "Ojala y a Elizaveta le halla gustado el espéctaculo..."

Oliver no pudo hacer más que reír.

(...)

"¡Joder marimacha, te estás desangrando...!" Exclamo asustado Gilbert mientras Austria corría a parar su intensa hemorragia nasal con un pañuelo, limpiando preocupado la sangre del rostro de la encantada mujer.

"¿Que te ha pasado, Eli?"

"Austria, Gilbert, acabo de presenciar la más... ¡La mas jodida y perfecta cogida que he podido observar...!"Exclamo completamente extasiada, mientras que Roderich y Prusia le miraban, confundidos. "Esos 2p si que saben como divertirse..."

"¿Como dijiste? ¡Los has espíado fetichista!"

"No es mi culpa que Oliver gritase cada vez más fuerte, ni que Allen gruñese como un animal en celo, enserio, no es mi culpa..." Gilbert inevitalemente se carcajeo a expensas de la expresión perdida de su amiga, y el rostro completamente avergonzado de Roderich. Entonces, cuando estaba a punto de decir algo, la luz de las antorchas, le llevaron la imagen de los miembros del Bad Friends Trío, al ver como Antonio llegaba con su tipica sonrisa en labios de la mano de su malhumorado marido, y como Matthew se aproximaba tomando a Francis del brazo.

Jamàs se imaginó verle así, sin su típica melena rapado, y con una sonrisa de fuerza orgulloso de llevar de la mano a su Matthew, jamás imagino... "C-Chicos..."

"¡Ha llegado la puta alma de la fiesta Gilbo!"Exclamo Antonio, corriendo a abrazarlo, segundos antes de que Francis se uniese entre risas y exclamaciones de dicha, siendo contemplado por los demás con una sonrisa, sintiendose fuertes, unidos de nuevo.

Con el unico y exclusivo objetivo, ahora llameante de determinación en todos los presentes.

Joder algunos culos sóvieticos.

Fiu~

Y queda. ¡Hermosas Criaturas!

Gracias por todo su apoyo, se los agradezco desde el fondo de mi corazón lleno de amor fujoshi. ¿Les ha gustado? ¿Se imaginan a un Francia rapado? ¡Era hora de hacerlo ver como un hombre! ¿Les gusta el lemmon 2p? Fue algo no previsto, simplemente dije ¿Porue no darles un espectaculo vouyerista de este par? ¿Emma y Holanda traidores?

¿Que hará Seychelles?

Un adelanto;

El Rey del Norte va y va con todo.

¿Les agrada la idea?

¡Comenten preciosuras!

Con eterno cariño y afecto,

Elisa Lancaster~