Capítulo 15
"La Calma antes de la Tormenta"
Alfred se sintió completo cuando le vio con su bebé en brazos a traves de la distancia. Con pasos vacilantes avanzó, cruzando los metros que les separaban. Su corazón latió como nunca antes al verle por primera vez. Era... Era tan hermoso. Era tan perfecto. Era tan... No encontraba palabras para poder explicar aquello. Era su hijo, su pequeño heróe, su bebé. Era aquello que vivía gracias al enorme amor que Iggy y él se profesaban, era lo que nació del abrasador y permanente amor que el sentía por el inglés. Era la expresión viviente de el sentimiento que profundamente les invadía desde hacía tantos, tantos años. Toco la pelusilla dorada que crecía en esa cabecita blanca y sonrió. Los ojos de aquel hermoso ángel se abrieron y descubrió la bella mezcla de los ojos de su marido y los suyos. Pero el tono que predominaba era el azul que poseía él. Esos mágicos ojos le observaron, fijos, inteligentes. Su manita regordeta y llena de hoyuelos se poso sobre su dedo y lo aferro. Y entonces, en ese increíble, en ese perfecto, en ese imposible rostro, se dibujo una sonrisa.
Alfred jadeó.
Su bebé le sonreía con vida, su pequeño hijo, su niño... No supo porque, pero de sus ojos resbalaron lágrimas ardientes que se mezclaron con las de su esposo, aferrando sus brazos, encontrando ambas frentes, mezclando alientos, mezclando lágrimas, sosteniendo el fruto de su amor casi con adoración entre ellos. "El es Bran..."Susurró Inglaterra, sollozante. "El se llama Bran. Branden F. Jones-Kirkland. E-El es nuestro bebé..." Alfred gimió, abrazando más a su familia. Aquella palabra le quemó, le sorprendió. Le invadió. Ahora tenía una familia. Ahora el era parte de una familia. Era parte de una familia.
"Nuestro bebé..."Jadeo, estrechando más aquellos cuerpos contra él. Dios grande, pensó el americano. Dadme fuerzas para protegerle..."Te amo."
"Y yo te amo... Más que a nada en este mundo..."Contestó Arthur Kirkland sollozante, aferrandose con su alma al cuerpo de aquel por uién daría su vida, Alfred, su Alfred, su amor.
Su todo.
(...)
Francis y Matthew caminaban tomados de la mano. Pronto llegaría el momento de despedirse de sus amigos y partir de nuevo a París, donde se encontrarán con su enemigo de ojos violetas y largo pelo plateado. Bielorrusia les aguardaba. A su alrededor las fuerzas de los ejercitos de las naciones presentes comenzaban a agruparse, a formarse, a prepararse. Vieron a Italia del Norte abrazando lloroso a Lovino. El vientre del mayor estaba cada día mas hinchado, mientras que el de su hermano era apenas una sutil y encantadora curva que sobresalía entre su ropa. Matthew se sintió algo vacío. "¿Que sucede mi amor?"
El rubio menor negó. "¿Te hubiese gustado un hijo? A mí si..."Francis le besó. Abrazo ese endeble cuerpo que tanto había lastimado ya, y negó con la cabeza. "Para mí tu eres suficiente. No quiero nada si no estas tu, no me interesa el cielo si no estás tu, no me interesa la vida si no estás tu..,"
"Eres el amor de mi vida..."Susurró el canadiense aferrando el rostro del galo entre sus manos. "Eres el amor de mi vida, Francis Bonnefoy. Lo serás siempre, te seguiré a dondé sea que vayas, te..."Unos labios silenciaron sus palabras, embargadas de lágrimas. Se sentía con miedo, sentía que perdería a Francia, sentía que lo perdería, sentía que... Que se lo arrebatarían. Y era una sensación tan horrible. Tan nefasta, tan devastadora que.. Que no tenía ni palabras para describirlas.
"Shhh...Mi dulce Matthew. No estés triste... Además. ¿Adondé iría yo si no estás tú?"
Esas palabras los hicieron estallar en llanto, mientras dos naciones se abrazaban y unían en el contacto mas dulce, mas tierno, mas triste y más desolador del que nadie hubiese podido tener en un registro, sintiendo sus almas encontrarse una vez más justo antes de marchar rumbo al infierno que les aguardaba unidos, unidos como en un principio estuvieron, unidos, unidos como al final estarán.
(...)
Lovino miraba con dulzura como Antonio le hacía mimos a la bebé dentro suyo. "Es muy inquieta, España. Me patéa sin tregua..."Antonio le dio un suave beso a su vientre y le miró, con lágrimas en los ojos. "Si muero que me prometas que..."Lo silencio la palma de Lovino que se posó sobre sus labios. Sin planearlo, ni poder evitarlo, Lovino Vargas comenzó a sollozar. No, no, ni una mierda. No se imaginaba la vida sin su España, sin su Antonio, sin su Sol. No había vida para él si Antonio Hernández Carriedo se iba. No habría cabida para él ni en la tierra, ni en el cielo ni en el infierno si Antonio desaparecía. No soportaría, no soportaría perderlo. No, su alma nació solo para encontrarse con esa luminosa estrella. Si la perdía...
Si la perdía...
No habría para él castigo más despiadado que una vida sin su Antonio a su lado. "No hablés. No quiero que hablés de eso. Hablémos del futuro. De nuestra bebé. De como se llamará. De dondé comenzaremos a vivir. De a que escuela irá. De que si un día nos dice que tiene novio, quién de los dos matará al malnacido. De como nos enorgulleceremos de nuestra princesa cuando sea mayor. De como los dos lloraremos cuando la tengas tú que entregar en un altar, hermosa como un ángel, vestida de blanco. De como nos dirá que seremos abuelos. De como... de como..."Un sollozo violento le interrumpió. Antonio le abrazo con todas sus fuerzas. Le dio su alma en aquel abrazo, le dio su corazón, le dió su vida, le juró en un beso corto triste y alegre, que ambos estarían unidos, fuese cual fuese su destino.
"Quiero que se llamé Isabella.."Susurro Antonio con ternura, acariciando a su hija en ese cálido lugar en dondé dormitaba como un ángel. "Yviviremos en Sicilia, a la orilla del mar. Y la llevaremos a la escuela tomada de la manita, y le malcriaremos y cumpliremos todos sus caprichos. Y dejaré que tu mates al malnacido que sea su novio. Y le sonreíremos cuando ella se haga mayor, y le haré un escandaló cuando llegué la hora de entregarla en el altar. Y María y Darío nos acompañaran a ammnazar al bastardo de su esposo. Y cuando nos diga que seremos abuelos, juntos, tu y yo mi Lovino, chiflaremos y mimaremos a esos niños como la chiflamos y mimamos a ella... A nuestra Isabella..." Dos almas, dos hombres, dos personas se aferraron cuando todos esos planes salieron de sus labios.
Los hilos del destino se movían en todas direcciones, guiando a unos cuantos al irremediable final.
Lovino y Antonio Hernández se besaron una ultima ocasión, llevando sueños y esperanzas en los bolsillos, preparados para defenderlos, a ellos y a su princesa que crecía con fuerza, cargando todo lo que ellos fueron en su corazón.
(...)
La marcha de los nórdicos llegó como una avalancha interminable. Dinamarca, irguiendose cual monarca guerrero hizo su aparición en Austria unas horas más tarde, siendo respaldado por Suecia, y seguidos por el resto de los norteños, fieros y mortiferos, con sus ojos azules y violetas mirando con determinaciónel campo de batalla.
"Ha llegado la hora... ¿No es así, cejón?" Mathias y Arthur intercambiaronun abrazo fraternal. "Joder, que sí, Den..." El rubio hizo rodar su legendaria hacha con maestría, provocando en los más antiguos una risita burlona. "Jodido fanfarrón..."Dictaminó Prusia, mirandolé junto al Bad Friends Trio con entrañable felicidad.
"¿Gales ya esta listo?"Liv pregunto, provocando en Arthur y Alfred un violento escalofrío.
"Lo estoy, Oliver. ¿Arthur?" Todos miraron cuando el inglés abrazo con fiereza a su hijo, unido a Alfred. Entonces ambos le dieron un tierno beso en la coronilla, y se lo entregaron a Glen. Acunó con maestría el cuerpecito del regordete infante y lo abrigo bien. "Te confío a mi hijo, hermano. Cuídalé bien..."
"Con mi vida, enano..."Susurró Gales justo antes de dar media vuelta y alejarse hacíe el helicoptero que les aguardaba. Arthur no lloró. Alfred no lloró. Su hijito estaría a salvo, en un lugar escondido en su casa, sin darse a conocer dicha medida, ni siquiera a Victoria que le aguardaba en Londres. No su hijo sería escondido, protegido, crecería a salvo de todo ese horror mientras sus padres se enfrentaban al monstruo sanguinario llamado guerra.
"Dentro de poco recibiremos a Seychelles, asi que pido compostura..."Las miradas se clavaron en cierta fujoshi que jugueteaba con su cuchillo de cacería. "¡Oh, por favor! ¡No pensaba hacerle nada, venga ya!"
María Hernandez estaba parada junto a Lovino, quién le tomaba tiernamente de la mano. Antonio les respaldaba, colocandose al otro lado de la chica. Apoyado en un bastón, se encontraba Darío, con su mano izquierda suspendida por un soporte improvisado. Estaban los nórdicos, los angloparlantes, Japón representando a sus hermanos en Oriente, la alianza galo-canadiense, los germanos y los italianos. Todos unidos, solo en la espera de un incentivo para entrar al infierno más profundo, al ultimo circulo del inframundo de aquella brutal guerra.
La espera terminaría unos días más tarde, tras la incómoda llegada de Seychelles, y la toma de las ultimas decisiones.
La tormenta estallaría, solo hacía falta el terminó de la calma antes de esta.
Hermosas Criaturas.
¿Les cuento algo?
Me dió mucha tristeza escribir este capítulo porque muchos de los que caerán están aquí, y fue como una despedida. No les diré quienes serán, pero si les querían bastante. Y pues fue nostálgico para mí este capitulo.
En fin, muchas gracias por todo su apoyo, saben que sin sus opiniones esto tendría muchos errores, y se los agradezco con el corazón.
-Liz Jocker.
-Cereal Pascual.
-Garu0212
Y las demas. Gracias por todo. Son mis hermosas criaturas, nunca, nunca lo olviden.
Con eterno cariño y afecto,
Elisa Lancaster.
