Los personajes no son míos si no de la fabulosa Rumiko Takahashi, aunque la historia si es de mi autoría y espero sinceramente que les agrade. Perdonen la demora pero ahora si aqui estoy. Bueno aqui les dejo la historia disfrutenla.

Narración

Historia

-Diálogo-

Cambio de escenario

/La traición/

-¡Maldito!- le gritó el chico mientras corría hacia él. El muchacho de cabellos oscuros miró de nuevo a la chica -ataca- le ordenó y así como se retorcía en el suelo se levantó como si nada hubiese pasado, con gran velocidad se interpuso entre el hanyou y el otro, con la mirada le penetraba los ojos al peliplateado- No te acerques a mi amo¡- le dijo en un tono gutural que helaba la sangre.

El hanyou se detuvo de golpe y miró a la azabache -¿Tu amo?, ¡Estas loca mujer!- le dijo y tomó con su mano el hombro de la chica para hacerla a un lado, no la heriría, deseaba apartarla de ahí cuanto antes.

La joven tomó la mano del híbrido, agarrándolo por la muñeca lo impulsó por encima de su cabeza y lo hizo estamparse de golpe con la fría tierra que se abrió paso por la presión del cuerpo del muchacho.

InuYasha sabía lo que la bestia que tenía por mujer le haría pero no se inmutó, es decir por alguna razón no evitó que ella le causara daño y aun así permaneció acostado ahí esperando el segundo golpe que por supuesto no llegó, salió del agujero y una vez afuera se percató que no había nadie, ambos desaparecieron, el chico furioso reviso cada rincón con la mirada pero nada, entonces el desespero del muchacho se hizo evidente-¿Que quieres de mi?- preguntó el hanyou para nadie en especifico, solo formuló la pregunta al aire. Una risa se oyó en lo más oscuro del bosque, el híbrido volteó para cerciorarse que no fuera la azabache.

De entre los arboles se veía claramente la silueta de unos ojos amarillos que le miraban, después justo debajo de ellos se dibujó una sonrisa malévola -Quiero el colmillo de acero- anunció aquel ser que desprendía un olor a muerte -Si quieres a tus hijos y a tu esposa de vuelta entrégame el colmillo de acero- agregó con un tono tranquilo aun apesar de la petición que le hacia.

InuYasha cegado por el coraje corrió hasta aquella sombra pero no se percató que había una cuerda a gran altura del suelo que le impedía el paso, al no darse cuenta de ello cayó al piso y se fué de bruces.

La risa se hizo más potente pero un cumulo de niebla densa apareció -Te esperaré en la cueva Hiroko- se oyó de repente pero el sonido se dispersó en el aire junto con la creatura que huyó entre ellas.

El joven se levantó del suelo, se enjuagó sus lágrimas, sacudió su ropa llena de fango y guardo su espada de nuevo en su estuche, después se limitó a correr por el bosque hasta la aldea.

En la aldea

La sacerdotisa asignaba a los aldeanos las tareas de restauración y se aseguraba que todos tuvieran algo que hacer, mientras ella inspeccionaba Rin cuidaba dentro de la cabaña a Kaede

-No puedo creer que el Señor InuYasha le haya provocado esto- decía aquella mujer de aspecto amable, cabello negro como la noche, ojos hermosamente grandes amielados que daban una expresión pacifica, vestía un hermoso traje verde esmeralda con decorados de flores blancas que su esposo el Señor Sesshomaru le había traído hacia un par de noches.

La anciana apenas si podía hablar, el impacto le había dejado un gran trastorno, pero aun así negó con la cabeza, ella sabía que InuYasha no lo había hecho intencional y sin duda no lo culpaba, sus razones tuvo para ponerse así y agradecía enormemente que no la hubiese matado.

La muchacha se sintió apenada-Perdone Sacerdotisa- se disculpó con sinceridad y le acarició ambas manos para tranquilizarla.

Kikyo había terminado ya su cometido y satisfecha se dirigió a la choza donde su hermana se recuperaba, al ver dentro a la chica la miró de reojo- Puedes retirarte -le dijo con repudio y prefirió no mirarla, pasó por un lado y se sentó junto a la anciana.

-Lo lamento Kikyo- pausó sin moverse de su sitio- Pero no confío en ti para cuidar de mi madre- sentenció y desvió la mirada para seguir observando a la sacerdotisa a la que quería.

La mujer esbozó una sonrisa burlona y una mueca de molestia, prácticamente después se arrojó sobre la chica tomándola de los cabellos y pasando por encima de la anciana pisándola en el estómago por error pero sin inmutarse, guiaba a la otra que forcejeaba con ella.

Rin peleó por su libertad y sin intención de maldad le golpeó accidentalmente en el estómago- Perdona Kikyo no era mi intención- dijo asustada y haciéndose hacia atrás, pronto quedó acorralada y siendo observada por la otra con sus ojos que le taladraban el cerebro.

La mujer se retorció por el dolor del golpe pero no dejaba de perseguirla, una vez que la tuvo donde quería la miró con maldad -¿Sabes como se le llaman a las personas como tu?- le preguntó con una notable molestia en la voz -Basura- bramó con furia -Tu eres como esa mujer- pausó y se acercó más -Kagome, tu y esa bestia solo vinieron a quitarme lo que me pertenecía- admitió y una lagrima le brotó del ojo derecho para después rodarle por la mejilla -InuYasha es mío al igual que ésta aldea- sentenció ahora apuntándole con el dedo -Me desharé de ti como lo hice con Kagome- agregó y de pronto se detuvo, agachó la cabeza y sonrió -Morirás- concluyó para después lanzarle un hechizo que la mataría.

De pronto el techo sobre ellas se partió limpiamente y el peliplateado se hizo presente blandiendo su espada interponiéndola entre el hechizo y Rin, la pequeña se desmayó cayendo de golpe al suelo. InuYasha pareció no darle importancia, solo miraba a la mujer que tenía delante, su espada volvió de nuevo a la normalidad y él la guardó de nuevo sin apartar la vista de Kikyo.

La mujer se avanzaba hacia atrás y miraba al hanyou con terror pero no corría-No me lastimes- le suplicaba la mujer antes de partirse en llanto -Esto lo hice por que te amo- se excusó mientras se tiraba al suelo y se tapaba la cara con las manos.

InuYasha rió -Si tu estas metida en todo esto me llevarás a esa cueva, será tu cuota si quieres vivir- le indicó mientras le perforaba con la mirada gélida que demostraba que no sentía mas que repudio por esa mujer.

La joven se sorprendió por la frialdad con la que se dirigía a ella ya que alguna vez ellos querían estar juntos -InuYasha... ¿No entiendes que te amo?- le decía sollozante -No concibo que la hayas elegido a esa mujer tan torpe para hacerla tu esposa, yo soy para ti, prometiste que estaríamos juntos- concluyó antes de que ya no pudiera hablar por la congestión que causaba el llanto.

El chico se agachó a donde ella estaba -Kikyo...- le dijo cariñosamente -¿Eso quieres?- le preguntó tiernamente y le dirigió una mirada amorosa para después acercarse a ella y abrazarla.

Fin del capitulo... Gracias por leerme

Bianca nwn/