Hola chicos y chicas que leen mis historias, lamento mucho mi tan constante ausencia, pero a partir de hoy seré más responsable para con ustedes, tratando de escribir una o dos historias diarias, agradezco infinitamente la paciencia que me han tenido y les prometo que seré más activa.

Bien después de ésto sigue la historia en la cual me atrevo a usar los personajes de la serie InuYasha, realizada por la espectacular Rumiko Takahashi de la que soy fan, espero que sea de su agrado.

Narración

Historia

-Diálogos-

-Cambio de escenario-

/La Unión hace la fuerza/

El hanyou se sorprendió por el notable interés que tenía en rescatar a la azabache, sólo hizo un ruidito para comunicar su indiferencia -¿Desde cuando te interesas por mí?- le preguntó con un notable desprecio -No necesito que te metas en mis asuntos- agregó mientras le clavaba la mirada con recelo.

Sesshomaru sonrió de forma honesta pero casi al instante la hizo desaparecer -Se que no tu no crees en mis palabras y con justa razón, pero sé bien que eres feliz con ésa mujer y quiero que la tengas de vuelta- le contestó y le sostenía la mirada sin buscar pelear ni tampoco intimidarlo -Entonces iré contigo- le dijo con firmeza sin necesidad de esperar que le diera la razón y comenzó a caminar.

InuYasha se percató de ello pero no hizo nada para detenerlo, en realidad no le daba mayor importancia, no le interesaba lo que le pasara a ése sujeto, se calmó un poco y comenzó a avanzar por delante, tampoco caminaría a su lado, eso le causaba problemas en el orgullo.

-En la aldea-

La sacerdotisa Kikyo se encontraba sentada debajo de un enorme árbol juntando almas parta sobrevivir, un aura brillante le iluminaba pero al contacto producía temores, sensaciones indescriptibles pero adictivas. La chica parecía estar dormida, tenía los ojos cerrados y sólo respiraba de vez en cuando.

Los aldeanos la veían, unos con curiosidad y otros con miedo pero al fin y al cabo todos ellos le rodeaban. Las mujeres se ocultaron en sus casas junto con sus hijos, no quería presenciar ningún desastre.

Los espíritus que surtían de almas a la pelinegra, dejaron de hacerlo, el aura que la rodeaba poco a poco desapareció. Una energía revitalizadora recorría todo el cuerpo de la joven, de pronto ella abrió los ojos y se dedicó a observar a cada uno de los aldeanos de forma indiferente y así, como si nada pasara se levantó del suelo y después de ver por última vez a los aldeanos que estaban frente suyo se alejó de ahí dirigiéndose hacia el espeso bosque.

-En las montañas-

La pequeña Rin recuperaba sus fuerzas después del inmenso susto que esa malvada mujer le había hecho pasar y para su fortuna el acomedido Jacken cuidaba de ella y de la anciana Kaede que aún estaba descansando y respirando de forma regular, eso tranquilizó a la chica, aún así le preocupaba su amado esposo y cientos de pensamientos anegaron su mente -Espero que el señor InuYasha sea bueno y no le haga mal- suplicó en voz alta como si pudiese oírle.

El sirviente del demonio escuchó sus palabras y de forma casi automática se giró para verla -Mi amo sabrá cuidarse- le contestó con firmeza, no dudaba de ello y por eso se sintió con la libertad de expresarlo.

La chica sólo asintió y siguió descansando, cerró los ojos y lentamente se fué durmiendo con el ruido de los arboles arrullándola...

Fin del capitulo. Gracias por leerme

Bianca nwn/