||asfthgyjhjh ¡He vuelto!... No quisiera spoiliarles peeeeeero... Mejor leanlo... Aqui va :3 Disfrutenlo. ||
/Una segunda oportunidad/
-InuYasha- le llamó una voz cálida a través de los matorrales.
El hanyou se volvió para ver de dónde y de quien provenía ese ruido que se confundía fácilmente con el roce de los árboles, se mantuvo en silencio por unos segundos sólo para corroborar lo que había, segun él, oído. Nada. Decidió entonces continuar con lo que hacía, llenando la cesta de miembre poco a poco con duraznos, uvas, moras y flores del huerto de la anciana Kaede.
-InuYasha- repitió la misma voz.
Esta vez se vió sorprendido y por el susto soltó la canastilla haciendo que todo lo que llevaba recolectado saliera de ella. Bufó molesto -¿Quién anda ahí?- Preguntó mirando a lo lejos, esta vez creyó ver algo así que enfocó su vista para mirar más lejos intentando identificar algo. Nada -Me estoy volviendo loco- se dijo en si mismo y se dispuso a recoger los frutos que habían rodado fuera de la cesta, lo colocó todo de nuevo dentro de ésta, todo, excepto un durazno que se había alejado más, avanzó hacia él pero cuando se agachó para tomarlo éste comenzó a rodar de nuevo, el joven se sorprendió, talló sus ojos para aclararse la vista mientras tanto la frutilla seguía avanzando, esperó a que se detuviera y cuando así fué se acercó de nueva cuenta hasta ella para intentar tomarla. Obtuvo el mismo resultado, rodó más para volverse a alaejar, el peliplateado se desesperó y decidió darse por vencido, cesó los esfuerzos, se dspuso a dar media vuelta y volver por donde había llegado.
Una luz blanca apareció de repente a las espaldas del muchacho que al notarlo no pudo con la curiosidad y miró el origen de aquello. Un manto blancuzco estaba frente a él y una figura alta y delgada con espeso cabello azabache estaba detrás. No estaba sóla, tres siluetas más se dibujaron detrás del velo, pero éstas estaban un tanto cuanto más pequeñas. Dos de ellas poseían una melena negra como la noche y la tercera tenía una blanca como la nieve, todas se aferraban a la más alta. Para el hanyou aún permanecían borrosas, achinó los ojos para ver mejor. Progresivamente el velo comenzó a hacerse más delgado, los colores de sus ropas se apreciaban cada vez mejor, el hombre al instante reconoció las siluetas, un ataque de alegría lo empujó a correr hacia ellas. Una mujer de cabellos rojos se interpuso en su camino cuando estaba a nada de llegar, le adornaban la espalda un par de doradas y emplumadas alas poseía una espada enorme que colgaba de un brillante cinturón, su uniforme tenía ligeros toques metálicos color marrón y en su cabeza tenía lo que parecía una tiara, su cabello suelto y onduleante parecía tener vida propia. La mujer simplemente le observaba con sus verdáceos y pálidos orbes, permaneció en silencio sin dejarle acercarse.
La bestia dió un paso atrás y quiso desenvainar su espada pero enseguida el ser desapareció de su vista, él creyó que se había ido, pero no, sólo camufló su cuerpo para estar acorde con el entorno y le observaba. Quiso avanzar hacia adelante pero de nuevo algo le impedía entrar.
-Ésta es tu segunda oportunidad- Le dijo la misma voz -Debes cuidarles y nos desear jamás algo de lo que te puedas arrepentir- Agregó la mujer ahora invisible.
El joven estaba confundido sobre el origen de aquella cosa pero al final sólo asintió. El ángel desapareció dejando detrás de ella una explosión luminosa. InuYasha vio como el velo desaparecía también, corrió hasta donde los cuerpos de los cuatro caían, afortunadamente logró atraparlos antes que se impactaran contra el suelo. Se sentía una paz en el ambiente, la bestia estaba tan feliz que no pudo evitar llorar, sus lágrimas derramadas cayeron en las mejillas de cada uno. Primero fue la pequeña de plateados cabellos, luego el pequeño de ojos cafés enseguida el mayor y al final la mujer. Sin pensarlo apegó a todos contra su pecho y comenzó a llorar más intensamente, por supuesto eran lágrimas de felicidad.
La azabache aún no caía en cuanta de donde estaba pero sin duda reconoció a su amado esposo por lo que levantando el brazo acarició el cabellos de éste.
Los niños imitaron a su madre pero éstos le besaron la cara haciendo ruiditos con los dientes.
-InuYasha...- Le llamó la mujer de forma tierna.
El hanyou se separó un poco para verla , limpió sus lágrimas -Dime...- Le respondió regalándole una sonrisa como ninguna otra.
-¿Qué hay de comer?- Le preguntó aún amodorrada por su profundo sueño.
El joven no pudo evitar reír ante aquello pero le daba alegría que todo siguiera su curso, lo que prefería era no recordar lo ocurrido.
-Kaede prepara sopa de pescado- Respondió mientras apreciaba la belleza de su ahora despierta mujer notando unas protuberancias cual orejas en a parte superior de la cabeza -¡Oh! ¿Pero que es ésto?- Le preguntó al tiempo que acariciaba las recién descubiertas orejas como lo haría Kagome.
La chica sintió cosquillas por lo que se movió un poco -Son orejas- Le respondió con seriedad -¿¡Orejas!?- Exclamó al caer en cuenta que no eran normal en ella, una chica humana, las tanteó fascinada -Son suaves- Agregó y sonrió tiernamente.
InuYasha perdió el aliento por las risas que la otra le provocaba, sin duda serían la sensación pero ya le enseñaría a usarlas a su favor -Tus hijos también las tienen- Le dijo tratando de tranquilizarla.
-¿Hijos?- Preguntó mirando a las criaturas -Pero yo...- Miró su vientre ahora plano con incredulidad -¿Enserio ellos son...?- Fue lo único que dijo antes de ser interrumpida por la fija mirada color miel de la pequeña albina.
-Mami- le dijo tiernamente para después comenzar a lamerla con cariño.
Los otros dos no tardaron en hacer lo mismo. La azabache no se opuso, sonrió ante las caricias provocadas y se dejó caer en la hierba con los niños besándole las manos y la cara.
-Déjenme algo- Bromeó el peliplateado mientras miraba a su familia unida como debió de haberlo estado hace tanto...
Todo era perfecto ahora y él había aprendido la lección...
*No desees nada de lo que te puedas arrepentir* La palabras de la pelirroja sonaban en el aire. Este sólo asintió -Deseo conservar a mi familia junta por siempre- concluyó seguido de esbozar una sonrisa dirigida al firmamento, más precisamente a una estrella que brillaba intensamente.
¿El fin?
Bianca nwn/
