Aquella noche, Puck durmió conmigo. Ni siquiera hicimos nada, pero echaba de menos el modo en que me acariciaba el pelo para que me quedara dormida. Tan delicado, tan tierno, tan íntimo, haciendo que me derritiera a cada caricia que me dedicaba, enlazando sus manos con las mías, cálidas, suaves, con besos dulces que hacían que suspirara sobre sus labios aún sin creerme que estaba allí. En algún momento, comencé a sollozar porque era la primera vez que lo veía en años, pero Noah Puckerman estaba en mi cama, a mi lado, rodeándome entre sus brazos con pequeñas cicatrices que acaricié con mis dedos, intentando que cerraran, intentando que olvidara todo lo que allí había vivido y creara recuerdos nuevos.

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A la mañana siguiente me desperté antes de que lo hiciera Noah, que estaba con la cabeza ladeada en la cama, sin camiseta y con un simple pantalón de pijama con rayas azules y blancas. Me quedé mirándolo embobada con media sonrisa, dándole un beso en la mejilla acariciando su pecho y levantándome.

Preparé el desayuno como siempre. Tortitas con sirope, café, bacon, revuelto de huevos y zumo de naranja.

-¿Te acostaste muy tarde? -Preguntó Noah a Beth mientras bajaban por las escaleras. Puck se ponía bien la corbata, y Beth bajaba los escalones de dos en dos hacia la cocina.

-No, papá. A la hora que me dijiste. -Puse los platos en la mesa y Noah se acercó a mí, dándome un corto y tierno beso en los labios.

-Buenos días. -Me dijo sonriendo, sentándose. Beth se acercó y me dio un beso en la mejilla, sonriente.

Me senté con ellos y cogí el tenedor, cortando un poco de tortitas y llevándomelas a la boca. Noah cerraba los ojos con una sonrisa.

-Mmhh.. -Se puso la mano en el pecho mientras comía. -Dios, no sabías que cocinabas así de bien. -Dijo comiendo. Beth asintió.

-Mamá hace las mejores comidas del mundo. -Sonrió comiendo, mirando el reloj y dando un largo trago de zumo. -Dios es tardísimo. Llegaré tarde a clase. -Dijo cogiendo dos trozos de bacon para el camino, dándome un beso en la mejilla a mí y a Puck. -Adiós mamá, adiós papá. -Cogió su mochila y salió corriendo con su amiga Ali.

Me giré hacia Noah, que bebía un sorbo de café de la taza. Él sonrió, dejando la taza en la mesa.

-¿Desde cuándo eres tan buena cocinera? -Me dijo riendo, llevándose un trozo de bacon a la boca.

-Desde que Shelby murió y tuve que hacerme cargo de mi vida. -Bebí un poco de café con media sonrisa triste, cogiendo un poco de revuelto de huevo con el tenedor. Noah se levantó y se puso a mi lado, acariciando mi pelo y besando mi mejilla.

-Estoy aquí. Ahora sí. Vamos a estar juntos en esto. -Apretó mi mano sobre la mesa y sonreí. Estaba allí.

-¿Has visto a Beth? -Lo miré a los ojos y asintió. -Beth nunca desayuna. Ni me dice qué bueno está algo. Ni me da un beso en la mejilla. -Tragué saliva un momento. -Te necesitaba. Te necesitábamos, en realidad. Ya no sabía qué hacer. Ella... Ella me odia de alguna forma por dejarte ir, o por cuidarla.. No sé.. -Agaché la cabeza cerrando los ojos.

-Eh, eh. -Me pegó contra su pecho, acariciando mi espalda. -No, no te odia. Nadie odia a su madre, Quinn. Nadie. -Besó mi coronilla y me relajé. Dejé que me sostuviera entre sus brazos por unos minutos, suspirando.

-Gracias. -Levanté la mirada hacia él y miré la hora. -Siento decírtelo, pero he quedado con las chicas. -Reí mirándolo.

-Tengo que irme, papeleo. -Sonrió levantándose, dando el último sorbo a su café y dándome cortos y repetidos besos en los labios haciendo que riera. -Te quiero, Quinnie. Te veo luego. -Sonreí asintiendo, dejando que cogiera un chaqueta del ejército, saliendo por la puerta.

-Yo a ti también. -Dije viéndolo marchar cruzando el jardín.

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Rachel, Mercedes, Tina entrando por la puerta de casa, tomando asiento en el salón. Les serví el té y unas pastas, sentándome con ellas.

-Bueno, ya está todo listo. -Dije echándome en el sillón cogiendo la taza de té.

-Quinn, ¿te has enterado? -Me dijo Rachel con los ojos muy abiertos.

-No, ¿qué pasa? -Abrí los ojos inclinándome hacia adelante y Rachel miró a Tina.

-¡Mike y yo vamos a tener un bebé! -Soltó Tina emocionada, y las risas y los gritos ahogados de nosotras tres resonó en todo el salón.

-¡Eso es genial Tina! -Dije sonriente, verdaderamente feliz.

-¿De cuántos meses estás? -Preguntó Mercedes, comiéndose una pasta.

-De dos meses y medio. Habrá que esperar para saber qué es. -Se encogió de hombros con una gran sonrisa.

-¿Y cómo está Mike? -Preguntó Rachel, bebiendo un poco de café.

-Nervioso. Cuando se lo dije casi le da un ataque de emoción y de miedo. No sabe nada de bebés. -Se rió, y nosotras con ella.

-¿Y qué hay con Finn? -Dijo Tina mirando a Rachel. Se le formó una sonrisa tonta en los labios, bebiendo de la taza.

-Genial. Aunque a veces los alumnos lo molestan pidiéndole autógrafos de su mujer. -Se rió encogiéndose de hombros. -Y viene enfadado a casa gritando que por qué no me lo piden a mí directamente. -Rachel rió dejando la taza sobre la mesa. -Pero es genial. El otro día... -Hizo una pausa con una sonrisa pícara. -El otro día lo hicimos en su despacho del instituto. -Nos quedamos con la boca abierta, y ella agachó la cabeza con una sonrisa avergonzada.

-¿Berry? ¿Eres tú? -Me reí mirándola y ella se tapó la cara con las manos.

-Dios, chicas, en serio... Deberíais ver a Finn ahora. -Nos miró a todas. -Tiene unos abdominales que dan ganas de pasarse el día lamiéndolos, y sus brazos.. -Rachel cerró los ojos suspirando. -Me llevó desde el hall del instituto hasta el último piso por las escaleras en brazos. Nada más que decir. -Concluyó con una mano.

-Berry está teniendo un orgasmo con su propio marido ahora mismo. -Las cuatro reímos y Rachel asintió.

-Como para no. -Rachel giró la cabeza hacia Mercedes. -¿Y tú Mercedes?

-Mi novio no tiene nada que envidiarle a Finn, Rachel. -Se rió acomodándose en el sofá. -Sam y yo estamos perfectamente. -Asintió sin añadir nada más, y las tres se volvieron hacia mí.

-¿Y tú, Quinn? -Sonrió Rachel.

Agaché la cabeza y suspiré con una sonrisa idiota.

-Puck ha vuelto. -Levanté la mirada hacia ellas. A las tres se les cayó la mandíbula al suelo, quedándose mirándome.

-¿¡QUE NOAH HA VUELTO?! -Gritaron al unísono. Me eché a reír, eran demasiado cotillas.

-Sí, Noah volvió ayer. -Sonreí mirándolas y a ellas les comenzó a brillar los ojos.

-Cuenta. -Dijo Rachel girando el cuerpo hacia mí.

-Beth lo abrazó, estuvimos un rato hablando y el caso es que... Seguimos enamorados. -Las tres soltaron un suspiro al escucharlo. -Nos besamos, y ahora vive con Beth y conmigo. Como una familia. -Sonreí.

-¿Todo eso en una noche? Sí que os cunde. -Dijo Mercedes riéndose.

-Esta mañana nos hemos levantado y parecíamos una familia normal. Él se levantó, bajó con Beth a desayunar y... Fue como siempre había soñado.

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Quinn salió porque tenía función en el teatro, así que me quedé solo en casa con Beth.

Subí las escaleras y pegué en la puerta de su habitación, desajustándose la corbata.

-¿Se puede? -Dije abriendo la puerta un poco. Beth se dio la vuelta y asintió.

-Adelante. -Sonrió ampliamente al verme, moviendo el lápiz de color amarillo golpeándolo contra el libro.

-¿Qué estudias, princesa? -Pasé a su cuarto, acercándome a ella y acariciándole el pelo.

-Matemáticas. -Dijo volviendo a mirar el libro.

-Mamá me ha dicho que lo llevas fatal. -Beth se encogió de hombros sin responder. Me senté en la cama, mirándola atento.

-Ya... Ahora mamá te lo cuenta todo. -Rodó los ojos bufando, volviéndose al libro.

-Mamá está preocupada por ti, porque no sabe qué te pasa con ella. -Hice que se diera la vuelta para que me mirara. -Dice que a veces le contestas mal, la evitas y no le haces caso. Mamá cree que la odias. -Dije sincero, apretando mis manos en un puño. Ella agachó la cabeza.

-Me tiene harta, papá. Habla sin saber. -Gruñó Beth mirándome alterada.

-Creo que eres tú la que debes saber algo. -Le dije suspirando. -Cuando mamá tenía un año más que tú, vino a mi casa. Tu madre era una chica estupenda. Salía con tu tío Finn, el Quarterback, era la jefa de las animadoras y la más popular del instituto. Un día, la invité a mi casa. Nos emborrachamos con vino y aquella noche nos acostamos. Aquella noche dejé embarazada a tu madre de ti. ¿Sabes lo mal que lo pasó? Cayó en picado desde la cúspide de la pirámide hasta el más fango. Cuando tu abuelo, al que mamá dice que tanto deseas conocer, se enteró de que estaba embarazada de ti, la echó de casa. -Beth abrió un poco la boca por lo que acababa de contarle. -Y yo seguía siendo un estúpido idiota, que no la ayudaba. Después de todas las vejaciones que sufrió en el instituto durante el embarazo, naciste tú, Beth. Mamá y yo no teníamos cómo darte una educación, cómo cuidarte, así que hicimos lo que creímos más conveniente, darte en adopción a alguien. Shelby, era la madre de la tía Rachel y no podía tener más hijos así que... Te dejamos con ella. Unos años después, Shelby volvió a Lima, de donde éramos, y te trajo con ella. Queríamos verte, queríamos estar contigo, y mamá quería recuperarte. Así que intentó que los servicios sociales te devolvieran con nosotros, pero no lo consiguió. Mamá estudió en Yale, y unos años después, cuando tenías seis, se hizo cargo de ti cuando Shelby murió. Tu madre sacrificó su vida por ti, Beth, no hagas que se sienta peor que cuando la insultaban en el instituto que cuando estaba embarazada de ti.

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Me desperté al sentir cómo alguien se abrazaba a mí, abriendo los ojos poco a poco, esperé ver a Noah abrazado a mí, pero no, no era él. Beth estaba abrazada a mi como un pequeño koala, con la cara enterrada en mi pecho. Acaricié su pelo y levanté la mirada hacia Puck que estaba en pijama en la puerta de la habitación.

-Haré el desayuno. -Dijo sonriendo, bajando las escaleras.

-¿Qué te pasa, Bethy? -Ella no respondió, estaba abrazada a mí mientras yo acariciaba su pelo.

-Te quiero. -Me dijo. Sentí cómo un escalofrío me recorría el cuerpo, cerré los ojos. Era la primera vez que me decía te quiero en mucho tiempo. Era la primera vez que sentía que mi hija me quería de verdad, no sólo cuando le compraba un móvil nuevo.

Noah subió a a habitación con una bandeja con bacon, revuelto de huevo y zumo de naranja con bollitos recién comprados. Se sentó a un lado de la cama y puso la bandeja en el regazo de Beth.

Beth se dio la vuelta cogiendo un trozo de bacon y metiéndolo en uno de los bollitos, comiendo sin complejos, no como lo hacía yo en los viejos tiempos.

Puck giró la cabeza y me miró guiñándome el ojo. Estaba claro que había hablado con ella.

"Te quiero", me dijo dibujándolo con los labios.

"Y yo", le respondí de la misma forma, mientras cogíamos un trozo de bacon y un poco de revuelto de huevo con el tenedor, bebiendo zumo.

Éramos una familia.