Los estantes de comida se sucedían uno tras otro viendo pasar botes, cajas y paquetes de todos los colores, formas y tamaños ante nuestros ojos.
Noah llevaba el carrito de la compra, y yo observaba los productos por las estanterías. Los musculos se marcaban en su camisa de color blanco ajustada y abrochada por una corbata negra.
-Este supermercado es enorme. -Suspiró mirando hacia todos los lados. Hice caso omiso al comentario y cogí una caja de leche poniéndola en el carro.
-¿Te gustan los tacos? -Me giré para mirarlo.
-Amo los tacos. -Sonrió mirándome con los codos apoyados en el carro, llevándolo. Cogí una bolsa de tacos poniéndola en el carro, acariciándome la barbilla con los dedos.
-¿Podemos comprar chuches? -Dijo estirando el brazo cogiendo una bolsa de gominolas variadas. Las echó en el carro y cogió también un par de pizzas de la parte de congelados.
-¿Te apetece comer marisco algún día? -Me giré hacia él con una sonrisa y él asintió. Compré una langosta, dos kilos de cangrejos de río y ostras. Los eché en el carro que comenzaba a llenarse.
Un par de bolsas de patatas para él y Beth cuando veían partidos de fútbol la noche de los jueves mientras yo tenía función. Un par de botellas de refresco, cervezas para él, batidos de chocolate y fresa para Beth y zumos de melocotón para por la mañana.
-Que no se te olvide el café, Quinn. -Me repitió Noah. No le veía la cara, pero estaba cansado. Tenía la cabeza agachada mientras comprábamos y yo ni siquiera me di cuenta.
-Café, café... -Busqué por los estantes y lo encontré asintiendo, echándolo en el carro. Macarrones, carne picada y un poco de chile para los tacos, papel higiénico, huevos, harina y sirope de arce, el favorito de Noah.
-Cariño, ¿tenemos ketchup? -Me giré para mirarlo. Puck alzó la vista en el carro con expresión aburrida y me miró.
-No, no tenemos. -Me respondió. Cogí dos botes de ketchup y nos encaminamos hacia la caja.
Noah sacó la tarjeta mientras yo metía todas las cosas en bolsas, poniéndolas en el carro para llevarlas al coche.
Metió las bolsas en el maletero y nos subimos al coche. Me eché el pelo hacia atrás, mirándome en el espejo del coche. Puck se mantenía en silencio, con los brazos extendidos hacia el volante conduciendo hacia el centro de Nueva York.
-¿Estás bien? -Le pregunté mirándolo preocupada.
-Sí. -Respondió seco, girando el volante hacia la derecha.
-Dime que pasa. -Le pedí suspirando, cerrando los ojos. Él se calló un momento, hasta que paramos en un semáforo.
-Casi no tenemos vida en pareja, Quinn. -Se giró para mirarme a los ojos. Entreabrí los labios sin saber qué decir. -Por la mañana yo trabajo y tú quedas con tus amigas. Por las tardes lo único que hacemos es merendar con Beth y la obligamos a estudiar, por las noches tienes función.. -Suspiró agachando la cabeza. -Dios, quiero pasar un rato con mi mujer.
-Cariño, aún no soy tu mujer. -Él se quedó callado y sacudió la cabeza.
-Lo que sea, Quinn. Te quiero, y voy a hacer lo posible por pasar el mayor tiempo del mundo contigo. -Me miró a los ojos, aparcando después en la puerta del teatro. Suspiré agachando la cabeza, abriendo la puerta.
-En casa hablamos. -Cogí su cara entre mis manos besándolo suavemente y salí del coche.
-0-
Entré en casa desajustándome la corbata, y me quedé con los ojos abiertos al ver lo que estaba pasando.
Beth estaba sentada en el sofá. Hasta ahí todo normal, hasta que vi a un chico moreno que, literalmente, le estaba metiendo la lengua hasta el esófago.
Al escuchar el sonido de la puerta, los dos se separaron instantáneamente. La situación creo que era más incómoda para mí que para ellos, porque no sabía qué hacer.
El chico se levantó y Beth también, con la cara encendida de la vergüenza.
-P-Papá... Pensé que.. Llegarías más tarde. -Me dijo con la cabeza gacha. El chico se metió las manos en los bolsillos, sin mirarme a los ojos.
-¿No te presentas? -Le hice un gesto serio con la cabeza al chico levantando la barbilla.
-S-Sí, señor. -Carraspeó mirándome. -Me llamo... ¿Don Perri? -Dijo con aire dubitativo.
-¿Me lo preguntas o me lo afirmas? -Le dije serio.
-Papá.. -Suspiró Beth.
-No, deja que se explique. ¿Como te llamas? -Me metí las manos en los bolsillos.
-Don Perri. -Dijo esta vez. Asentí con gesto serio, y me quedé mirando a Beth. Ella agachó la cabeza avergonzada y el muchacho avanzó hasta mí junto con ella. -Un.. Un gusto conocerle, señor Puckerman. -Me extendió la mano y yo se la estreché con fuerza, como solía hacerlo en el ejército. El chico entreabrió los labios al sentir la presión.
-Espero decir lo mismo en un mes. -Le dije mirándolo a los ojos.
Los dos salieron al jardín, y decidí subir a mi habitación. Creo que estaba más en shock yo que la propia Beth.
Me desvestí y me puse el pantalón del pijama con una camiseta blanca, sentado en la cama mirando algunos correos del trabajo, con un trozo de pizza al lado ya que Quinn no estaba.
Tomé un bocado y me chupé un dedo, mirando atento la pantalla del ordenador en silencio.
La puerta del cuarto sonó en medio de aquél silencio.
-Adelante. -Dije sin levantar la vista del ordenador. Beth abrió la puerta y entró con la cabeza gacha y las manos sujetas delante. Levanté la mirada del ordenador y me quité las gafas.
-Hola, papá. -Me dijo en tono bajo y dulce. Solía hacerlo de niña para que le comprara algún juguete.
-Hola, cielo. -Le dije terminando de redactar un informe mientras ella estaba en medio de la habitación. -Siéntate, tengo pizza. -Le dije. Ella se sentó a mi lado y pegó la cabeza a mi pecho. Al notarla, cerré el portátil y lo dejé en la mesita de noche, y le acaricié el pelo.
-¿Estás enfadado? -Me preguntó alzando la cabeza con un puchero.
-Claro que no, Beth. -Dije mirándola, besando su frente. -¿Por qué iba a estarlo? -Fruncí el ceño.
-No sé. Los padres de Stacy la pillaron dándole un simple pico a su novio y la castigaron tres semanas. -Murmuró entredientes, dejando que acariciara su cabeza.
-Cariño, tu madre y yo no somos unos padres normales, créeme. -Reí mirándola y ella esbozó una leve sonrisa. -La abuela Judy pasó un buen calvario con ella, así que, no creo que tú seas igual. Yo era mucho peor que tu madre, créeme. Mientas estaba embarazada de ti yo flirteaba con otras chicas, era un auténtico capullo. -Alcé la ceja asintiendo. Ella se quedó mirándome con la boca entreabierta. -Eso sí que me preocupa, Beth. No quiero que ese chico sea el capullo que fui yo.
-No lo es. -Me dijo negando.
-Detrás del príncipe siempre hay un sapo.
-0-
Beth se quedó dormida en la cama, así que tuve que llevarla en brazos a su habitación. Al volver, noté cómo la puerta de casa se abría. Eran las doce y media de la noche y Quinn llegaba a casa. La miré desde las escaleras y ella se quedó mirándome desde abajo. Subió con paso firme los escalones y me cogió por la camiseta sin decir nada entrando a la habitación.
Me echó en la cama en silencio y me puse de rodillas para poder desnudarla.
-No. -Contestó echándome en la cama. -Hoy no te muevas. -Me dijo inclinándose para besarme, con una pierna a cada lado de mi cintura, moviéndose sobre mi entrepierna haciendo fricción, provocando que los jadeos salieran seguidos de mi boca.
Quinn llevó las manos a los botones de su blusa y se los comenzó a desabrochar lentamente, sin dejar de mover sus caderas haciendo que su entrepierna rozara con la mía y soltara un jadeo.
-No grites mucho, Noah, nuestra hija duerme. -Murmuró sobre mis labios acariciando mis labios con su lengua. Conseguí acariciar su lengua con la mía pero al instante se separó, tirando la camisa a un lado de la cama. Sus pechos se movían a su ritmo encerrados en un sujetador de encaje negro.
Quinn se bajó de la cama, posando una pierna sobre el filo del colchón comenzando a retirarse lentamente la media de la pierna derecha, y luego, de la misma manera, deslizando la tela de la media por la pierna haciendo que me excitara viendo la longitud de estas se quitó las medias de la izquierda. Llevó la mano hacia el botón de la falda que llevaba y cayó al suelo, quedándose sólo con la ropa interior de encaje negro y unos tacones del mismo color.
Quinn se sentó en la cama mientras yo la miraba recostado en el cabecero de la pared, mirando de reojo cómo se me notaba el bulto de la entrepierna. Sus finas y delicadas manos se posaron sobre mi miembro endurecido, haciendo que soltara un jadeo y comenzó a masajerarme por encima de la tela.
-Noah.. -Me murmuró sobre los labios, intensificando las caricias a mi miembro.
-Ajá.. -Susurré poniendo su mano sobre la de ella para que apretara más fuerte. Ella me apartó la mano.
-Hoy no. -Me dijo.
Metió sus manos bajo mis bóxers, llevándose los bóxers y el pantalón haciendo que la erección saltara libre. Sus manos se metieron bajo mi camiseta y la sacó por mis hombros, quedándome totalmente desnudo para ella.
Quinn subió hasta mí de nuevo, besándome con ganas y haciendo que su sexo rozara con mi miembro por encima de la tela, provocando que soltara un jadeo sobre su boca.
Sus besos bajaron por mi cuello, mordiendo mi pecho y parándose en mis diminutos pezones rodeándolos con la lengua sintiendo cómo podía estallar en cualquier momento ante sus provocaciones.
-Aquí solía haber un piercing... -Me dijo con voz grave, rasgada, provocativa.
Bajó los besos por mi abdomen y se quedó dando besos y pequeños mordiscos por mi pubis, acariciando mis muslos mientras yo jadeaba sólo con verla cerca de mi miembro. Lo cierto es, que ella jamás me había hecho esto.
Su boca bajó hasta la base de mi miembro, comenzando a besarla suavemente y su mano se posó sobre la longitud comenzando a estimularla lentamente. Su pequeña mano subía y bajaba por mi miembro y yo gemía cuando aún ni siquiera se lo había metido en la boca.
Quinn deslizó su lengua por la longitud de todo mi miembro hasta llegar a la punta, dando un pequeño lametón haciendo que contuviera un gemido fuerte cerrando los ojos.
-¿Ya estás gimiendo, Puckerman? -Susurró con los labios en la punta de mi miembro, sintiendo cómo su aliento chocaba contra él y su mano me estimulaba lentamente. Solté un gemido fuerte al escucharla como respuesta.
Su boca bajó hasta la mitad de mi miembro haciendo que entreabriera los labios y mi mano fuera directa a su pelo, acariciándola con delicadeza sintiendo su boca deslizarse por toda mi longitud. Quinn fue aumentando la velocidad en que succionaba mi miembro, y alcé la cadera un poco sin querer embistiéndola. Abrí los ojos y el ver a Quinn moviendo la cabeza a tal velocidad hizo que soltara un gemido ensordecedor apretando su pelo en un puño.
-Joder, Quinn. Para, para. -Le dije. Si no paraba iba a terminar antes de tiempo. Quinn sacó mi miembro de su boca, viendo cómo un hilo de saliva conectaba mi miembro con sus labios. La cogí de las mejillas y comencé a besarla con ganas, llevando una mano a su espalda pero ella las retiró negando.
-Noah, he dicho que hoy no.
Se llevó las manos al sujetador, desabrochándolo, viendo cómo sus pechos quedaban al aire con los pezones totalmente erizados, apuntando hacia mi. Se levantó y se bajó lentamente el resto, quedándose totalmente desnuda para mí, quitándose también los tacones.
Se puso sobre mi cintura, encima de mi entrepierna y se inclinó sobre mí para besarme con ganas. Su lengua se enlazaba con la mía, y coloqué mi miembro en su entrada, haciendo que ella jadeara y soltara un pequeño gemido.
-¿Ya estás gimiendo, Fabray? -Le repetí mordiéndole el hombro. Quinn se separó de mi y se introdujo toda mi longitud haciendo que la penetrara soltando un gemido más agudo. Comenzó a mover las caderas despacio mientras me besaba, y mis manos acariciaban su espalda mientras sus caderas se movían sobre mí y yo gemía en su boca.
Quinn mordió mi cuello, y yo gemí porque empezó a moverse más fuerte sobre mí. Tanto, que llegó a separarse y comenzó a botar encima de mí, viendo cómo sus pechos se movían y botaba y yo no podía tocarlos.
Quinn me arañaba el abdomen mientras gemía, y yo a su vez, y pronunciaba mi nombre entre gemidos.
-Noah.. -Decía con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás.
Hice que saliera de mi y la puse sobre la cama, comenzando a penetrarla fuertemente pues no iba a aguantar mucho más.
Mis caderas se movían contra ella de una forma desenfrenada, dura, fuerte, haciendo que ella soltara pequeños gritos que tenía que ahogar en mi boca. Arqueó la espalda y desgarró la mía con sus uñas mientras mis caderas la embestían de una forma brutal, haciendo que el sonido de nuestras pelvis chocándose el penetrarla se escuchara en toda la habitación.
-N-Noah... -Me murmuró al oído mientras mis caderas la perforaban fuertemente, sentía que iba a llegar. Y ella lo hizo, soltando un gemido fuerte en mi boca cerrando los ojos, desgarrando mi espalda y arqueándose con un gemido ronco. Sin querer, terminé en su interior con un gemido fuerte apretando los puños sobre el colchón.
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Nos quedamos un buen rato en silencio, disfrutándonos, sintiendo cómo él acariciaba mi pelo mientras yo reposaba en su pecho con los ojos cerrados. De vez en cuando, Noah me daba un tierno beso en la frente, y yo suspiraba de felicidad. Sus manos se enlazaron con las mías, enredando nuestros dedos y acariciándolos entre sí.
-Te quiero.. -Murmuró Puck sobre mi oreja, sintiendo su aliento cálido corroerme todo el cuerpo.
-Y yo a ti.. -Susurré sin levantar la mirada, acariciando sus manos.
-Quinn... -Me dijo. Alcé la cabeza para mirarlo, recostándome en su hombro.
-Dime... -Le dije pasando un brazo por su cintura, apoyando la cabeza en la almohada. Él se dio la vuelta, dándome la espalda y fruncí el ceño, hasta que se volvió hacia mí de nuevo.
-Lucy Quinn Fabray, ¿quieres ser mi esposa? -Dijo sacando una cajita de terciopelo azul, abriéndola y mostrándome un anillo de oro blanco con una pequeña esmeralda en medio. Me quedé mirando el anillo, mirándolo a él, mirando el anillo, mirándolo a él, y casi no podía creérmelo.
-¡SÍ! -Grité echándome encima de él, besándolo con ganas y cerrando los ojos, acariciando su cuello con las manos. -¡Sí, sí, sí! -Le respondí de nuevo casi sollozando de alegría.
Él abrió los ojos con una sonrisa, abrazándome contra él y apretando los párpados.
Me separé de él, tumbándome a su lado, y con las manos temblorosas me puso el anillo. Me quedé mirando el anillo embobada.
-¿Por qué una esmeralda? -Dije mirando el anillo con una sonrisa entusiasmada, levantando la vista hacia él.
-Porque hace juego con tus ojos. -Me respondió. Lo abracé, lo abracé tan fuerte que creo casi que le hice daño. Noah Puckerman iba a ser mi marido, y yo, su mujer.
-Te quiero, te quiero tanto, Noah. -No me permití llorar, porque no era justo para él. No. Lo amaba, y estaba allí conmigo. Los años anteriores habían pasado.
-Sé que no es el sitio ni el lugar perfecto.. -Me dijo Puck, agachando la cabeza.
-No, Puck, es perfecto. -Le dije cogiendo su cara entre mis manos. -¿Qué momento es más bonito que después de hacer el amor y estar abrazado a la persona que amas? Ninguno. Ha sido íntimo, sólo para nosotros. Ni pancartas desde aviones, ni letreros luminosos en edificios, ni una canción. Así es como lo deseaba. Justo así. -Me quedé mirándome y paré un segundo. -Tú y yo nunca hemos hecho las cosas de una manera normal. -Sonreí. -Y nunca seremos una pareja normal, porque eso es aburrido.
-Todo es más fácil contigo. -Me dijo con una sonrisa, besándome suavemente.
-Todo significa "todo" contigo.
