La sala de espera se nos hacía pequeña a Puck, Mercedes, Mike, Tina y a mí. Íbamos a estallar de nerviosismo y Puck no paraba de levantarse y sentarse en la silla de la sala de espera. Me miraba, jugaba con sus manos, era lo más adorable que había visto nunca.
Me senté a su lado y cogí sus manos apretándolas, besando su cabeza.
-¿Estás nervioso? -Le pregunte cogiendo su mejilla con mi mano.
-Un poco. -Respondió mirando hacia la puerta.
-Ya veo. -Solté una pequeña risa y lo besé en los labios lentamente, acariciando su cuello con la mano. -Todo saldrá bien, Noah.
-Ya, pero estoy nervioso. No pude disfrutar el parto de Beth, y lo que me queda es esto. -Levantó la mirada para mirarme. Esbocé media sonrisa y lo volví a besar.
Finn salió de las puertas frotándose la cara, mirándonos a todos.
-¿Cómo está? -Pregunté yo primero. Finn sonrió y se encogió de hombros.
-Está. Gritando. -Se rió mirándonos. -Aún no está de parto, sólo tiene dolores. Me dijo que saliera a decíroslo. -Finn se acercó y cogió la mano de Puck apretándola. -Eh, que tu ahijado se acerca.
Puck rió apretando la mano de Finn, y el chico volvió a irse con Rachel.
Me levanté y besé la cabeza de Puck yendo a la máquina de café, sacando uno. De reojo, veo como un chico alto, de ojos azules y pelo rubio se me acerca. No, no puede ser, pero lo es.
-Quinn. -Me llama el chico. Cierro los ojos y me doy la vuelta. Biff McIntosh.
-Oh. -Formé un círculo con los labios haciéndome la sorprendida. -Biff. Él sonrió.
-¿Te acuerdas de mí? Estuve buscándote un tiempo. -Me dijo con una sonrisa. "Ajá pues yo a ti no" me reprimí de decir.
-Claro, te recuerdo. -Dije esperando a que saliera el café de la máquina.
-Estás preciosa. -Me dijo apoyándose contra la máquina. -¿Quieres tomar un café conmigo?
-No. -Respondió Puck desde mi espalda, mirando a Biff a los ojos. El chico se quedó en silencio, y yo me incliné para coger el café.
Puck era más alto y estaba mucho más musculado que Biff por el ejército, y los dos se mantenían la mirada.
-Biff, este es mi prometido, Noah. -Agarré a Puck de la mano con una sonrisa.
-Ya.. Nos conocimos en esa reunión del McKinley. -Respondió Biff. Noah sostuvo la mirada serio, al igual que Biff.
-Bueno... Nosotros nos vamos. Un placer verte, Biff. -Agarré la mano de Puck y lo arrastré antes de que le diera un puñetazo.
Noah cogió mi café y le dio un sorbo mirando a la puerta donde se había parado Biff.
-Cariño, estoy contigo, tranquilo. -Le dije apretando su mano, sentándome en su regazo.
En ese momento y justo cuando lo necesitábamos, Finn salió tras las puertas con el traje verde que se ponían los padres cuando asistían al parto. Tenía lágrimas en los ojos, y buscó rápido a Puck para abrazarlo. Finn lloró sobre el hombro de Puck que acariciaba su espalda.
-¿Cómo están? -Le susurró Puck a Finn.
-Es precioso tío.. -Murmura Finn aún sollozando. Me acerqué a Finn y lo abracé por la cintura cerrando los ojos.
Tras que todos entraran, Noah y yo entramos en la habitación de Rachel. Finn estaba allí, sentado en la butaca de al lado mientras Rachel sostenía al pequeño entre sus brazos. Ella levantó la mirada con una sonrisa cansada, y los dos nos inclinamos para darle un tierno abrazo.
El pequeño tenía el pelo moreno, y estaba relajado en el pecho de su madre. Tenía los ojos abiertos pero casi ni se veían de lo diminuto que era, a penas tenía una hora de vida.
Noah se inclinó a besar la mejilla del pequeño y este estornudó. Los cuatro reímos a la vez al ver al pequeño hacerlo, y me giré hacia Puck.
-Te dije que te afeitaras esa barba. -Le acaricié la barba y él frunció el ceño.
-¿Cómo se llama? -Preguntó Noah mirando a Finn.
-Chris.
Puck se quedó mirando al pequeño en los brazos de Rachel.
-¿Quieres cogerlo? -Le preguntó Rachel a Noah. Él asintió, se inclinó y tomó al pequeño en brazos, mirándolo con una sonrisa tierna. Me acerqué a ellos y vi al pequeño mirando a Puck, que lo mecía entre sus enormes brazos. Puck estaba embobado, mientras el pequeño buscaba con las manos la corbata de Puck y abría la boca. Le quité la corbata y el pequeño giró la cabecita hacia mí.
-Chris, es la tía Quinn. -Dijo Finn desde su asiento. Me quedé mirando un momento a Puck cuando sostenía al pequeño, mirándolo embobado. El pequeño levanto los bracitos y estiró los dedos hacia Puck, que agachó la cabeza para que le tocara la barba.
-¿Qué te pasa Quinn? -Me preguntó Rachel al verme tan ensimismada.
-Nada, lo echaba de menos.
-0-
Me tumbé en la cama tapándome con la manta, esperando a que Noah viniera a acostarse. Beth acababa de terminar de estudiar y había caído rendida en la cama.
Puck llegó a la habitación y se metió en la cama conmigo, apagando la luz.
-Buenas noches, cielo. -Me dijo antes de taparse él también, dándose la vuelta.
-Noah.
-Dime. -Se dio la vuelta hacia mí.
-¿Quieres a Beth? -Le pregunté mordiéndome el labio.
-¿Qué pregunta es esa? -Frunció el ceño. -Claro que la quiero, es mi hija.
-No, no es eso. -Negué acariciándole el hombro y se quedó mirándome para que continuara. -Digo que, no disfrutaste mucho cuando nació Beth. -Puck me miró y cerró los ojos.
-No, no lo disfruté mucho. -Murmuró mirándome a los ojos.
-Llegaste tras siete años y Beth ya era una mujer. -Le acaricié la mejilla suavemente. Él asintió.
-De hecho, el otro día llegué de trabajar y la encontré besándose con un chico en el sofá. -Me miró a los ojos y entreabrí los labios.
-¿U-Un chico? -Le dije incrédula. Él asintió y apretó mi mano.
-Sí, sólo se besaban, no estaban haciendo nada más. -Murmuró él negando acariciando mi cintura.
-Siento que tuvieras que verlo, Noah. -Lo abracé contra mi pecho. Puck había pasado de ver a su hija con siete años, a verla besándose con un chico en el sofá de su propia casa.
-No importa. Sólo no quiero que le hagan daño. -Me acarició la pierna metiendo la mano bajo la camiseta larga que llevaba, apretando mi muslo. Solté un jadeo y lo miré a los ojos.
Noah me desnudó en menos de un segundo, y yo a él. Fundió sus labios con mi cuello, erizándome la piel, pasando las yemas de sus dedos por cada recoveco de mi cuerpo, hundiendo sus dedos dentro de mí haciendo que soltara un gemido por cada vez que él se movía sobre mí.
Sentía cómo su lengua luchaba con la mía, y le pedí que se pusiera el preservativo que a regañadientes lo hizo.
Sentí a Puck adentrándose en mi y mis manos desgarraban su espalda, mientras sentía sus embestidas golpearme, haciendo que cayera en una espiral de placer de la que no preveía salir.
Noah desgarraba las sábanas con las manos, y sentía que iba a colapsar justo cuando él lo hizo quedándose quieto en mi interior, provocando que mi cuerpo temblara bajo el suyo, gimiendo contra su oído llegando junto con él.
Y así nos quedamos, abrazados toda la noche, en silencio, con Noah encima de mí respirando en mi cuello. Le acaricié la espalda con la yema de los dedos, sin escuchar nada más que nuestras respiraciones.
-Te quiero. -Le susurré al oído, acariciándole el pelo. Noah tenía los ojos cerrados y estaba adormilado con la cabeza en mi cuello.
-Y yo a ti.
-0-
La chimenea del salón de la casa de Finn crepitaba, haciendo que las chispas subieran hacia arriba. Estábamos Mike, Sam, Finn y yo. Sostenía una cerveza en la mano, mientras mirábamos al frente y Finn mecía al pequeño Chris entre sus brazos.
-¿Dónde han ido las chicas? -Preguntó Mike bebiendo de su cerveza. Finn giró la cabeza mientras le ponía el chupete al pequeño.
-De compras al centro comercial. -Dijo Sam cruzándose de piernas cogiendo un trozo de pizza.
-¿Cómo es eso de ser padre con un bebé? -Pregunté mirando cómo Finn mecía al pequeño. Se encogió de hombros con una sonrisa.
-Bueno, es genial. -Levantó la mirada hacia mí. -Tienes que levantarte casi todas las veces por la noche para no quedar como un marido vago y capullo, y cambiar pañales, pero por lo demás es genial.
Nos quedamos mirándolo. Finn estaba embobado con su hijo, acariciándole la cabeza con suavidad.
-Tina el otro día me pidió calamares con miel. -Los tres hicimos una mueca de asco mirando a Mike. -¡A las cuatro de la mañana! -Soltó una risa y nos reímos con él. -Pero es adorable cuando nos acostamos. La abrazo y pongo las manos sobre su tripita de embarazada, y ella pone sus manos sobre las mías y...
-Mike tío no seas moñas. -Le di un golpe en el hombro y todos reímos. Nos quedamos en silencio.
-Mercedes me ha dicho que quiere tener un bebé, estamos intentándolo. -Finn le dio un golpe en el hombro.
-Enhorabuena tío. -Le dijo Mike.
-Creo que ya está embarazada, el otro día le dije que si mi ropa iba en el primer cajón del armario y me dijo que como siguiera así me echaba de casa. -Frunció el ceño y soltamos una risa.
Era precioso cómo todos estaban teniendo su familia, sus hijos, criándolos, y yo no había tenido tiempo ni de ver crecer a Beth. Sin duda, tenía esa necesidad de ser padre, de sentirme necesitado por un pequeño.
-¿Y tú Puck? ¿Quinn aún no está embarazada? -Preguntó Finn mientras dormía al pequeño Chris.
-Creo que no quiere quedarse embarazada otra vez. -Miré a Finn y bebí un trago largo de cerveza.
-¿Qué? ¿Por qué? -Mike frunció el ceño mirándome, al igual que Sam y Finn.
-Ayer intenté hacerlo sin condón, pero nada. -Negué mirándolos bebiendo. -Siempre está de un lado para otro, llevando a Beth a mirar vestidos para la boda, en el musical, con reuniones de padres, con su madre... -Suspiré cerrando los ojos.
-Igual cambia de idea, tío. -Se encogió de hombros Sam, tomando un trago de cerveza.
-Bah, no lo creo. No creo que se de cuenta de que ella pudo criar a nuestra hija y yo no. -Me encogí de hombros. Todos se quedaron callados y yo bebí de la botella hasta que se acabó la cerveza. -Pero bueno, qué se le va a hacer.
-¿Cuándo es vuestra boda? -Preguntó Finn levantándose con el pequeño en brazos, dejándolo en el carrito.
-En unas semanas. -Miré a Finn con media sonrisa. -Quinn está todo el rato nerviosa, no para un segundo quieta sin revolver las revistas de novia.
-¿Quién será el padrino de Quinn? -Frunció el ceño Mike.
-Yo. -Levantó la mano Sam. Asentí mirando a Sam con una sonrisa.
-¿Y quién será tu madrina? -Dijo Finn. Miré a Finn encogiéndome de hombros.
-Había pensado que fuera Rachel. -Finn asintió, cruzando las piernas.
-Seguro que Quinn ya se lo ha contado.
-Seguro.
-0-
Y el día de la boda llegó.
No era de día, eran justo las ocho de la tarde. Habíamos viajado todos a Los Ángeles, y una pequeña cala cerca de Santa Mónica nos esperaba.
Rachel me ajustaba la corbata justo antes de pasar entre las piedras con un leve tono verdoso para entrar en la cala.
-¿Listo? -Me dijo Rachel pasando la mano por las solapas de mi traje.
-Listo. -Solté un suspiro asintiendo.
Llevaba un traje de color blanco con tonos gris claro. A Quinn no le gustaba el negro en estas ocasiones, y llevaba los pies descalzos y los pantalones remangados un poco por encima del tobillo. Cruzamos las rocas y la pequeña cala se abrió ante nosotros. Todos estaban sentados en sillas de color blanco decoradas con pequeñas florecitas.
Kurt y Blaine agarrados de la mano con un pequeño que Blaine sostenía entre las piernas y que jugaba con la arena, el Señor Schuester, la señorita Pillsbury con su hijo Timmy, que ya tenía diez años, al lado. Mike y Tina, que tenía su abultada barriguita bajo el vestido, Finn que sostenía a Chris en brazos y guiñaba el ojo a Rachel que iba a mi lado, Mercedes, que por fin se había quedado embarazada. También Brittany y Santana cogidas por los dedos meñiques sonrientes. Judy Fabray con su nuevo marido, Josh Clarington.
Llegué a la orilla y me paré frente a Rachel que me apretó la mano mirándome.
-Nada de nervios. -Me miró a los ojos y asentí sin poder decir nada, porque me había puesto más nervioso.
El agua de la playa me mojaba los pies, cristalina, mientras el cielo se teñía de naranja cuando el sol iba bajando, dando lugar a esa preciosa luz crepuscular que alumbraba la cala y hacía que el agua pareciera de un color anaranjado.
Giré la cabeza y Quinn entró a través de la roca agarrada del brazo de Sam. Su vestido se arrastraba por la arena, y sólo tuve que subir la mirada para quedarme con la boca entreabierta. Llevaba un escote del que no se el nombre, pero creo que se llama palabra de honor, o algo así dijo Kurt mientras los elegían. Tenía el pelo recogido y dos mechones rubios le caían sobre las mejillas.
"Estás preciosa mamá" le murmuró Beth desde la primera fila a Quinn, mientras yo sólo podía mirarla.
Cuando llegó hasta mí me quedé observándola embobado con una sonrisa, pero no podía decirle nada.
Me giré hacia el cura, (sí, acepté a casarme por la iglesia porque si no la madre de Quinn me hubiera cortado el cuello) y ni siquiera lo escuché.
Hablaba y hablaba, pero yo sólo tenía ojos para Quinn, que estaba a mi lado con una sonrisa radiante.
Suspiré y me giré hacia ella cuando el sacerdote nos dio la palabra, tomando su mano.
-Yo Noah Puckerman, te acepto a ti, Quinn Fabray, como mi esposa y prometo serte fiel en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y amarte y respetarte todos los días de mi vida. -Me giré hacia Rachel que me tendió el anillo, y se lo puse con pulso firme a Quinn en sus dedos finos, delicados y temblorosos.
-Yo Quinn Fabray, te acepto a ti, Noah Puckerman, como mi esposo y prometo serte fiel en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y amarte y respetarte todos los días de mi vida. -Quinn se dio la vuelta y cogió el anillo de la mano de Sam, poniéndomelo en el dedo.
-Yo os declaro marido y mujer. Noah, puedes besar a la novia. -Al escucharlo sonreí y cogí a Quinn de la cintura besándola con ganas, mientras ella rodeaba mi cuello con sus manos y todo el mundo aplaudía.
Tina lloraba agarrada a Mike, que estando embarazada era una bomba explosiva.
Finn se acercó a mi y me abrazó, dándome golpes en la nuca.
-Felicidades tío. Te lo mereces. -Cerré los ojos asintiendo, golpeando su espalda.
-Gracias, colega.
Me giré hacia Quinn y la tomé de la mano, apretándola y abrazándola contra mí.
-¿Cómo te sientes al ser la señora Puckerman? -Dije riendo besando su cabeza. Ella levantó la cabeza mirándome a los ojos.
-Completa.
