El Domador de Serpientes
Año 983, Octubre
Hogsmeade
Un hombre alto y delgado camina descalzo por el largo camino de tierra. Es un camino desierto en esos momentos, que separa un pequeño pueblo de unas cuevas profundas, casi subterráneas, donde los pueblerinos suelen ir a escavar para conseguir piedras preciosas. Su cabello, negro como la noche que se cierne sobre él, cae por su espalda. Sus ojos oscuros buscan en los alrededores, apenas iluminados por las estrellas. Está atento a cualquier sonido y, cuando le parece escuchar el susurro de un movimiento a lo lejos, deja de caminar, por más que sus pasos eran en extremo silenciosos.
-Sal, criatura, para que pueda perforar tu carne, beber tu sangre y destrozar tus huesos.
La voz que llega a sus oídos es un susurro aterrador. Es posible que cualquiera que la oyera se pusiera a temblar de miedo. No así Salazar.
A pesar de ser un mago joven y estar en la oscuridad, sabe qué es exactamente lo que debe hacer. Ni siquiera parpadea al escuchar aquellas palabras que le prometen la muerte.
-No lo harás-asegura con calma. Sus palabras parecen un extraño encantamiento. Escucha a la bestia deslizarse a lo lejos, pero cada vez más cerca. De repente, se detiene.
-¿Qué eres?
-Un hombre-responde Salazar-. Un mago. Y quiero… exijo, que tú me obedezcas.
Allí, donde apenas llegan el resplandor de la luna y la vista del mago, se asoma una silueta. Una enorme cabeza de serpiente, con la boca entreabierta y dejando ver los colmillos. Pero más claramente, se distinguen sus ojos. Rasgados, amarillos, brillantes.
Un basilisco.
Inclina ligeramente la cabeza. Está en su naturaleza: obedecer a cualquier hombre que pueda hablar con ellas. Es algo increíble y maravilloso, la naturaleza de las serpientes. Si uno de aquellos animales quisiera dominarlo a él, se dejaría con gusto.
-Quiero que te vayas de aquí, lejos de este pueblo. Consíguete otro para matar a sus habitantes por las noches, pero no este. Cada persona que matas, es sangre mágica derramada. Busca uno muggle-ordena.
Vuelve a inclinar la cabeza, obediente. Da la vuelta y se aleja. Salazar le mira maravillado hasta que se pierde en la oscuridad. Espera unos minutos más, escuchando el deslizar del cuerpo del animal, como si fuese la música más preciosa del mundo. Cuando también este se vuelve lejano e inaudible, el joven da media vuelta y regresa sobre sus pasos, en dirección Hogsmeade.
Sigue el camino hasta que se convierte en la calle principal que divide los conjuntos de precarias casas. Los magos y brujas que viven allí se asoman por las puertas y ventanas. Todos lo observan en silencio.
-Se ha ido-declara Salazar en voz alta, para que todos lo oigan.
Los gritos y aplausos estallan ruidosamente. La gente sonríe y se abraza entre ella. Muchos se acercan al joven viajero para agradecerle en persona. Él les devuelve los saludos con indiferencia.
Un grupo hombres lo mira desde las sombras. Hablan entre ellos en leves murmullos. Un par asienten y un tercero se acerca a Salazar.
-Domador de Serpientes-lo llama, para captar su atención ante el resto de los reunidos-. Te ofrezco mi taberna, si aún no tienes dónde pasar a noche.
El joven mago asiente y lo sigue, ignorando a todos aquellos que aún le dan palmadas en la espalda y palabras de agradecimiento.
