Aquella mañana de diciembre el desayuno fue tenso. Los primeros copos de nieve anunciaban la llegada de la navidad, y el frío convertía nuestra casa en Narnia.

Quinn se echaba un poco de mermelada en la tostada mientras yo leía el periódico y bebía un sorbo de café a la vez que, de vez en cuando, comía trozos de bacon recién hechos.

Quinn tiritaba de frío.

-¿Está bien? -Le pregunté levantando la cabeza del periódico.

-Sí, dios hace muchísimo frío. -Se frotó los brazos y bebí del café. No me dio tiempo a decirle nada cuando Beth irrumpió en la cocina en silencio.

-Buenos días. -Dije mirándola de reojo mientras bebía café.

-Serán buenos para ti. -Murmuró dándole un bocado a un bollo y dejándolo en la encimera. -Me voy. Llevo dinero para el almuerzo.

-Beth Puckerman Fabray. -La llamó Quinn. Abrí los ojos de par en par viendo cómo se levantaba de la silla, poniéndose una mano en la cintura, frunciendo el ceño y los labios.

-Oh oh. -Murmuré con la taza de café en la mano. Si hay algo que Beth verdaderamente debía temer era a su madre enfadada, y ahora lo estaba y mucho. Beth me miró buscando ayuda, pero me encogí de hombros y negué. Se merecía la reprimenda.

-¿Es que tú no piensas? ¿Crees que tu padre y yo no tenemos sentimientos? -Se fue acercando a ella con tono serio. -¡Tu padre y yo estamos preocupados por ti! -Alzó la voz con la mano en el pecho. -Y tú sólo haces hablarle mal a tu padre, hablarme mal a mí, sacar malas notas y encima intentar que carguemos con las culpas. ¡NO! -La señaló mientras yo me escondí tras el periódico. -¡PUCKERMAN DI ALGO! -Me señaló. Balbuceé y asentí.

-Tu madre lleva razón cariño. -Me limité a balbucear. Beth me miró indignada y se volvió hacia su madre.

-Te queremos, Beth, dios. -Quinn rodó los ojos. -Pero no sé qué te han metido en la cabeza que estás así.

-¿Te recuerdo que te quedaste preñada de mí con mi edad? -Le echó en cara a su madre.

-Yo nunca, jamás les dediqué una mala contestación a mis padres. Nunca. Y siempre sacaba buenas notas, por eso entré en Yale. -Quinn estaba enfurecida con los puños apretados. -Vete al instituto antes de que haga algo de lo que me arrepienta.

-0-

Quizás no era la manera más afortunada, pero el bebé de Tina y Mike nació. Con sólo seis meses, nació. Cabía en la palma de mi mano, y Tina no paraba de llorar pensando en que su pequeño iba a morir.

-Tina, el bebé está bien. Sólo necesita unas semanas de incubadora. -La tranquilicé apretando su mano en la camilla. Se abrazó a mí y yo la abracé a ella, mirando a Mike de reojo. Él estaba tranquilo, sabía que nada malo podía pasarle a su pequeño, pero aún así se mantenía serio.

Me separé y agarré la mano de Quinn, que temblaba de nerviosismo.

Salí con Mike mientras Quinn se quedaba dentro con Tina. Nos quedamos parados ante el cristal viendo al pequeño James en la incubadora. Era diminuto, tanto, que un solo trozo de esparadrapo podría taparle la cara de arriba abajo.

Me giré hacia Mike, que miraba serio a su hijo.

-Felicidades tío. -Él me miró y medio un abrazo fuerte, de esos abrazos sinceros que se suelen dar una vez en años. Un abrazo en el que cierras los ojos y aprieta fuerte a la otra persona para hacerla sentir reconfortada, para darle ánimos.

-Es guapo, ¿eh? -Me dijo sonriendo por primera vez, frotándose la cara con las manos.

-Es chino. -Reímos los dos. -Y es guapo. -Le dije asintiendo.

El pequeño James tenía varios tubos introducidos por la nariz, esparadrapo pegado a sus bracitos para que no se le escaparan las agujas que le proporcionaban alimento en todo momento.

-No te preocupes, Mike. -Le puse la mano en el hombro y apreté. -En un mes, lo tendrás llorando en tu casa, y en un año, intentando bailar contigo. -Mike rió y asintió.

-Estoy seguro de ello. -Giró la cabeza para mirarme. -¿Y tú y Quinn? ¿Tenéis ya pensado el nombre para vuestro pequeño? -Él se rió y yo me reí con él amargamente.

-Quinn no quiere bebés. Ya te lo dije. -Me encogí de hombros mirando al pequeño. Mike se quedó callado, sin saber qué decir.

-Supongo que tengo suerte. -Murmuró mirando al frente.

-Tienes suerte.

-0-

Aquella noche volvimos a casa, y estaba a oscuras. Simplemente vimos a Beth viendo la tele. Tenía la manta echada por encima.

-¿Beth? -Murmuró Quinn quitándose la chaqueta y acercándose a ella.

-Déjame. -Respondió Beth recostada en el sofá.

-Eh, escúchame. ¿A ti qué coño te pasa? ¿Por qué cojones le hablas así a tu madre? -Dije poniéndome delante de Quinn.

-¿¡Por qué no podéis entender que estoy frustrada!? -Se quitó la manta de encima y se levantó del sofá.

-¿Frustrada por qué? -Masculló Quinn detrás de mí.

-Porque soy bisexual, mamá, joder. -Echa la cabeza hacia atrás.

-¿Y qué? -Dijimos los dos a la vez, sin sorprendernos por nada. No porque nuestra hija diera el perfil de chica bisexual, sino porque habíamos pasado tanto en el Glee Club, que nos parecía una cosa demasiado usual.

-¿Y-Y qué? -Tragó saliva. -Acabo de decirte que también me gustan las chicas. -Dijo con voz temblorosa.

-Ya. -Salió de detrás de mí. -Es algo normal, mi vida. -Se encogió de hombros mirándome. -Es algo tan normal como que te guste la pizza con piña, o que en vez de orégano a los espagueti le eches pimienta. Sigue estando igual de bueno, y no explota el plato si lo cambias. -Se encogió de hombros.

-De hecho tu madre...-Iba a apuntar que se acostó con Santana pero me cortó.

-Cállate Puckerman. -Me señaló sin darse la vuelta.

-El caso es que, cuando papá y yo teníamos tu edad, la tía Santana, la tía Britt, el tío Kurt, el tío Blaine y los demás, estábamos en el Glee Club.

-¿Estabais en lo peor del instituto?

-Beth Puckerman Fabray como hables así te voy a dar dos hostias y algo se moverá en esa cabeza para que apruebes matemáticas. -Dijo Quinn de carrerilla. Beth asintió y agachó la cabeza. -Papá y yo, bueno, éramos la élite del instituto, como aquél que dice. Por unas circunstancias nos unimos y.. Éramos una familia. Kurt primero dijo que era gay, algo no muy sorprendente. Apareció Jesse St. James, que decía ser hetero pero se le notaba a la legua que era gay, ¿verdad Noah? -Asentí cerrando los ojos.

-Verdad.

-Al año siguiente, después de tenerte a ti, el tío Kurt conoció al tío Blaine en un coro al que se metió a espiar porque los brutos de tu padre y tus tíos lo echaron de su grupo por ser 'demasiado' afeminado. -Se giró hacia mí echándome una mirada fulminante. -Ese mismo año, las tía Santana y Britt se acostaron. Ese año también uno de los "machotes" del equipo besó al tío Kurt. Al año siguiente, Santana salió del armario con Britt, su abuela la odió pero nosotros la apoyamos. También el tío Blaine vino al Glee Club y dejó el coro en el que estaba, los Warblers, y entonces su capitán intentó enrollarse con Blaine y los llevó a un bar gay. El chico del equipo que besó al tío Kurt se cambió de instituto y en San Valentín se disfrazó de gorila, mandándole flores, bombones y esas cosas cursis. Los de su otro instituto lo descubrieron y empezaron a insultarlo hasta que intentó suicidarse. Ese.. -carraspeó- ese mismo año...

-Quinn, no. -Fruncí el ceño.

-Ese mismo año tuve un accidente de coche yendo a la boda del tío Finn y la tía Rachel, me quedé en silla de ruedas. -Beth la miró a los ojos y tragó saliva. -Tras recuperarme, nos preparábamos para el nacional, y un chico llamado Wade Adams actuaba en la competencia. El caso es que ese chico en realidad se sentía una chica, y salió a actuar vestido de chica por consejo del tío Kurt. -Los dos asentimos cerrando los ojos.

-Y tu madre se tiró a tu tía Santana. -Asentí cerrando los ojos.

-¿¡MAMÁ!? -Beth abrió los ojos con la boca de par en par.

-¿¡PUCK!? -Quinn se giró hacia mí con la misma expresión que Beth. -Dios que vas a traumatizarla.

Beth nos miraba con la boca entreabierta.

-Fue en San Valentín de 2013. Estábamos en la fiesta de la boda del tío Will, las dos muy solas, borrachas..

-La segunda vez no.. -Puntualicé.

-Noah Puckerman. -Se giró hacia mí. -Hoy te prometo que mueres. -Se dio la vuelta hacia Beth. -Y esta es la Gaystoria del Glee Club.

Beth avanzó hasta Quinn y se fundió en un abrazo con ella.

-Pero... ¿Sigues con ese tal Don? -Pregunté esperando que la respuesta fuera que no.

-Sí, papá. -Me miró a los ojos mientras ella abrazaba a Quinn. -Tenía miedo de decíroslo, no sé. Mamá, tú cristiana practicante y papá militar. -Se encogió de hombros. -Tenéis pinta de votar contra el aborto, no a favor del matrimonio gay. -Se rió al igual que nosotros.

-Otra de las cosas que aprendimos es a no juzgar a los demás.

-0-

Me saqué el pelo de debajo de la camiseta del pijama al ponérmelo, viendo cómo Noah tecleaba rápido en el ordenador.

Me senté a su lado y él no levantaba la vista de la pantalla, así que decidí cogerlo de las mejillas y besarlo lentamente.

-Mmmmh.. Hola. -Murmuró con una sonrisa.

-Hola. -Besé la punta de su nariz, acariciando su mejilla. -¿Qué te parece lo de Beth?

-Pues normal. Qué me va a parecer. Creí que me iba a decir que era de una banda terrorista. -Me miró a los ojos y rió, besándome suavemente. -O que estaba embarazada. Se me ha encogido el corazón sólo de pensarlo. -Asintió mirándome a los ojos.

-Noah... ¿Viste al bebé de Tina? -Me mordí el labio suavemente, ladeando la cabeza.

-Sí. Era muy pequeño. -Sonrió mirándome. Me quedé en silencio un momento. -Me da envidia, ¿sabes? -Susurró clavándose en mis ojos. -Yo no he sentido lo que es criar a un hijo, ni ir a sus partidos o clases de ballet, ni tampoco cogerlos en brazos y acostarlos conmigo. -Murmuró agachando la cabeza. -No me siento padre. -Murmuró agachando la cabeza con un puchero.

Cogí su cara entre mis manos y lo besé en los labios, separándome y mirándolo a los ojos.

-Estoy embarazada.