Aquella mañana de diciembre esperé despertarme con Quinn entre mis brazos, dándome besos por el cuello y acariciándome la espalda como solía hacer todos los días desde que volví. Pero aquella mañana no, y no me importó.
Aquella mañana fría y pasada por agua de diciembre, Quinn saltó de la cama sin decirme nada. Y no me importó.
Aquella mañana en la que las gotas golpeaban fuerte la ventana de mi habitación, Quinn salió en estampida al baño a vomitar, y me importó.
Cuando fui al baño para ver cómo estaba, Quinn acababa de lavarse la cara y se estaba cepillando el pelo frente al espejo.
-Buenos días. -Me dijo con una sonrisa al notar mi presencia.
-Buenos días. -Sonreí mirándola entrando en el baño. -Creí que ibas a vomitar. -Fruncí el ceño con una sonrisa.
-Y creías bien. -Asintió mirándome a través del espejo cepillándose el pelo que se deslizaba por el peine.
-¿Y en un minuto has vomitado? -Abrí los ojos sorprendido. Ella sonrió guardando el peine en el cajón, dándose la vuelta hacia mí.
-Ventajas de quedarse embarazada a los dieciséis. -Se encogió de hombros y la abracé contra mí. La abracé fuerte y cerrando los ojos. No sabía ni qué decir, ni qué hacer aunque aquella noche, aprovechando que Beth no estaba en casa, hicimos el amor.
-Quinn. -Le dije metiéndole un mechón de pelo tras la oreja, acariciando su piel con la punta de los dedos.
-Dime. -Se mordió el labio mirándome a los ojos.
-¿Seguro que quieres tenerlo? -Le pregunté acariciando sus mejillas. Ella asintió. -Pensé que tú no querías tener más hijos... -Murmuré tímido bajando la mirada.
-¿Te dije en algún momento que no quería tener hijos? -Me cogió de las manos mirándome a los ojos. Pensándolo bien, Quinn nunca me lo había dicho. Ni había insinuado nada. Acababa de montarme una película en mi cabeza antes de preguntarle a ella. -Pues sí, quiero tener este hijo contigo. -Apretó mis manos fuerte. -Porque con este hijo podremos decir por fin que somos una familia. -Asintió firme mirándome a los ojos. Sonreí con ternura al escuchar su voz, tan ronca, arrastrada, casi grave a esas horas de la mañana y tan femenina y tierna a la vez. Me incliné y la besé de forma suave, cálida, acariciando sus labios con los míos sin dejar que nada nos separara de ese momento.
-Y... -Murmuré al separarme. -¿De cuántos meses estás? -Dije mirándola a los ojos, rodeando su cintura con mis brazos pegándola contra mí, observando cómo ella ponía las manos en mis brazos acariciándolos con las yemas de los dedos.
-De dos meses.. -Besó mi pecho de forma distraída.
-¿Dos meses? ¿Cuándo pasó? -Fruncí el ceño. -Siempre utilizamos protección.
-¿Recuerdas la luna de miel? -Entreabrí los labios y asentí. -¿Cuando lo hicimos en la playa? -Asentí sin entender.
-Pero me puse condón. -Me encogí de hombros.
-Noah, para. -Me puso la mano en el pecho para que dejara que se explicase. -Fui al ginecólogo y me dijo que la arena de la playa rompió el preservativo. -Se mordió el labio mirándome a los ojos. -¿Recuerdas?
Cómo no recordarlo, Quinn Fabray.
Quinn enganchó las piernas a mi cintura mientras nos bañábamos en aquella playa de aguas cristalinas, mordiéndome los labios y enredando las manos en mi pelo, mientras se movía contra mi entrepierna provocando fricción, haciendo que jadeara.
Apreté sus nalgas con fuerza, haciéndolas mías, mientras Rachel se movía arriba y abajo jadeando al notar mi boca succionar su pecho a través de la fina tela del bañador.
Bajé las manos a la parte de abajo quitándola, echando el bikini a la orilla.
-Noah ten cuidado. -Susurró agitada entre jadeos, mientras acariciaba mi erección por encima del bañador.
Salí con ella en brazos y la puse en la orilla, notando cómo el agua que rompía de las olas nos mojaba.
Le retiré el sujetador del bikini dejándolo junto con la parte de abajo, mientras Quinn no dejaba de acariciar mi miembro por encima de la débil tela del bañador. Me quité el pantalón y me levanté de la arena, cogiendo un preservativo de la bolsa y poniéndomelo con cuidado, arrodillándome ante Quinn que me miraba jadeante.
Mis caderas se movieron contra ella y comencé a embestirla con fuerza, mientras ella desgarraba mi espalda haciendo que soltara gruñidos entre el placer y el dolor.
Mis manos se hundían en la tierra buscando fuerzas para embestirla, levanté la cabeza y gemí.
Subí sus piernas a mis hombros y me incliné sobre ella yendo mucho más rápido y más fuerte, haciendo que mi pelvis chocara contra la suya y resonara en toda la cala que teníamos para nosotros.
Sus manos se aferraban a mi nuca, y notaba cómo cada vez entraba y salía más rápido de Quinn sin ningún esfuerzo, gimiendo contra su boca hasta que al final ella soltó un gran gemido temblando de placer debajo de mí, y yo, sin poder resistirlo, lo hice con ella.
-Noah. -Me dio un golpe en la cara Quinn. -Mi vida, estoy aquí. -Levanté la mirada y la vi frente a mí en el baño con una sonrisa. -Vamos, hazme tortitas, tengo hambre. -Me ordenó dejándome solo en el baño y bajando las escaleras.
Bajé tras ella riendo ante lo que acababa de hacer, llegando a la cocina y viéndola sentada en la mesa.
-Voy a ser papá. -Murmuré con una sonrisa, casi más para mí mismo que para ella, sacando la masa de las tortitas de la nevera.
-Sí, y vas a ser el mejor padre del mundo. -Se acercó a mí abrazándome por la espalda. -Porque te vas a levantar por la noche a intentar que deje de llorar, ¿verdad? -Hizo un puchero mirándome.
-Verdad. Si me miras así me tiro de un puente si hace falta. -Reí mientras echaba la masa en la sartén. -Dios, tengo... Tengo miedo de esto. -Suspiré girándome hacia ella.
-¿De qué? -Agarró mis manos fuerte para darme confianza.
-De coger al bebé y que se me caiga, de no saber darle el biberón si me quedo sólo, cómo saber si tiene hambre.. -Me froté la cara con las manos.
-Eh, escúchame. -Me quitó las manos de la cara mirándome a los ojos seria. -Vas a ser un padre genial, vas a arropar a tu hijo entre tus brazos para dormirle, a cantarle nanas, a probar la leche del biberón para ver si está demasiado caliente, lo bañarás y te mancharás la camisa de agua porque pataleará mientras juega contigo, serás un gran padre, Noah. -Asintió convencida, abrazándose a mí. Sonreí y la acogí entre mis brazos cerrando los ojos, besando su coronilla, agachándome y acariciando su tripa que se veía más abultada de lo normal al estar de dos meses.
-Es papi. -Dijo Quinn acariciándome el pelo, haciendo que yo soltara una pequeña risa.
-Soy papi. -Cerré los ojos besando su vientre. -Y que sepas que, mamá es capaz de convencer hasta al más burro de que lo hará bien. Siempre lo ha hecho, y siempre lo hará.
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Habían pasado dos semanas de aquél mes de diciembre, cuando Beth volvió a casa. Aquella noche, Puck y yo nos sentamos en el sofá en silencio esperando a que ella bajara de su cuarto para cenar. La miramos atentos y ella se quedó parada.
-¿He.. Hecho algo..?
-No, no. Siéntate. -Dijo Noah haciendo que Beth se sentara en el sofá lentamente. -Tenemos que contarte algo.
-¿Ha muerto alguien? -Murmuró mirándola. Noah y yo nos miramos entre nosotros. -Es que la última vez que me dijeron eso era para decirme que mi madre adoptiva había muerto.
-No. -Negué, mirándola. -Está todo el mundo bien. -Suspiré mirando a Noah, que asintió con la cabeza en señal de que lo contara. -Beth.. -Suspiré con media sonrisa. -Vas a tener un hermanito. Estoy embarazada. -Esbocé una gran sonrisa mirándola.
-¡Eso es..! -Dijo Beth con una gran sonrisa que se fue tornando en una expresión de asco. -¡Eso es horroroso! -Frunció el ceño. -¡Lo habéis hecho! ¡Dios mío! ¡DIOS MÍO! -Se tapó la cara con las manos. Noah aguantaba la risa. -¡HABÉIS MANTENIDO RELACIONES EN ESTA CASA, CONMIGO DENTRO! -Exclamó con las manos en la cara. -¡SOCORRO! ¡MI INFANCIA! -Se levantó del sofá con las manos en la cabeza. Noah explotó en una carcajada que me contagió a mí, que, instintivamente, puse las manos en mi vientre totalmente abultado.
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Beth, cuando pasó el trauma, se acercó a mí mientras Noah preparaba la cena.
Se sentó a mi lado en el sillón, recostando su cabeza contra mi pecho.
-¿Estás bien, mamá? -Murmuró con la cabeza fija en mi vientre.
-Sí, estoy bien cielo. -Le acaricié el pelo suavemente mirándola.
-Siento lo de antes, pero es que es un shock. -Suspiró soltando una risa. -Me alegro mucho por vosotros. Sé que papá lo deseaba con todas sus ganas. -Esbozó media sonrisa levantando la cabeza hacia mí.
-¿Es que tú no quieres? -Fruncí el ceño mirándola.
-Bueno, en tres años me iré de casa, con algo tendréis que entreteneros entonces, ¿no? -Se rió abrazándome fuerte.
-Pero siempre serás mi Bethy.
