Paseo

Helga camina en silencio, con el joven extranjero a su lado. De vez en cuando, tiene ganas de decir algo, pero no se le ocurre qué. El extraño tampoco habla mucho, así que ella prefiere respetar su silencio. Cuánto menos charla, menos posibilidades de casarse, piensa.

Caminan entre las casas de piedra, barro y madera. Es un pueblo muy pobre, a decir verdad. Todos están hasta los huesos. Helga resalta entre ellos, siendo una joven tan voluminosa, con ropas lujosas y en perfecto estado. A veces, se detesta por eso. Quizá sea por estos motivos por lo que no pierde oportunidad en ayudar a los pueblerinos. La mayoría le sonríen en cuanto la ven. Otros pocos, le dirigen miradas de odio.

-No sé cómo lo soportas-suelta Salazar de repente.

-¿El qué?-inquiere Helga, sin comprender.

-El vivir junto a un pueblo de muggles.

Ella se sorprende. Su padre no había mencionado que su invitado fuese un mago.

-No es tan malo, en realidad-dice ella con tranquilidad-. Los muggles son muy simpáticos.

-Cuando no intentan quemarte en una hoguera-la corrige él.

Helga sonríe un poco.

-No todos son así-dice-. Pero lo cierto es que nos tienen miedo. Y no los culpo. Hay algunos que utilizan su poder para ponerse sobre ellos.

-No veo qué tiene de malo-comenta Salazar. Helga alza las cejas, aunque trata de no ofenderlo-. No es que yo lo haga-se apresura a aclarar-. No perdería mi tiempo en atacar muggles. Prefiero utilizarlo con fines más… útiles.

-No se merecen que los ataquen-lo contradice Helga, sin poder contenerse-. Nadie se lo merece.

-Ellos no pensaron lo mismo cuando quemaban a mi madre-suelta Salazar. A Helga se le hace un nudo en la garganta. Sabe que debería decir algo, pero no sabe qué. Así que cambia el tema.

-¿Así que eres un viajero?

Salazar se aclara la garganta, quizá para que no se note en su voz que el tema anterior lo había afectado.

-Sí-responde-. No tengo hogar, ni destino.

Helga suelta un suspiro lleno de nostalgia.

-Daría cualquier cosa por salir de aquí-confiesa-. No me molestan los muggles, pero vivir encerrada es… horrible.

-Vete-sugiere Salazar, como si fuese algo sencillo.

-No puedo. No tengo a dónde ir, ni cómo llegar a ningún lado. Sin mi padre, no tengo ni un galeón, y no puedo hacer nada.

-Estás hablando como si fueses una inútil-dice Salazar-. Y estoy seguro de que no lo eres.

-Oh, no-Helga sonríe-. No lo soy. Soy una excelente cocinera. Conozco los mejores hechizos del mundo para la comida, y tengo unas recetas increíbles-su sonrisa se borra de su cara y baja un poco la cabeza-. Pero jamás podré hacer nada con eso. Mi padre no me permite hacer ninguna tarea de la casa, y nunca podré irme de aquí.

Salazar la observa por unos segundos, luego mira sus alrededores.

-Tengo un gran amigo, que también nació en un valle-dice-. Siguió a su familia a todos lados, hasta que decidió que él haría lo que quisiera. Ahora se encuentra en el único pueblo totalmente mágico de Gran Bretaña, tratando de hacer lo que más le gusta. ¿Por qué tú no podrías?

Helga esboza una sonrisa triste.

-Porque soy mujer-dice.

Él la mira sin comprender.

-Bueno, quizá no lo sepas-comenta-. Pero al menos en el mundo mágico, las mujeres ya se están ganando cierta independencia y respeto. Naturalmente, el estar rodeada de muggles te impide saberlo.

Hay un brillo de esperanza en los ojos de Helga.

-¿Crees, entonces, que hay algún lugar donde yo podría encajar?-pregunta-. ¿Ser libre de mi padre y cocinar todo lo que quiera? ¿Crees que podría -la sola idea le hace sonreír- irme de aquí?

Salazar no puede evitar devolverle la sonrisa.

-Te lo haré saber, si es que encuentro tu lugar en el mundo.


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¡Eso es todo por hoy! Nos vemos mañana con nuevos capítulos.
Saludos, espero que te esté gustando :)