La Reina
Año 987, Mayo
Oeste de Inglaterra
Una larga fila se forma hasta la entrada el pequeño castillo de piedras. La joven, de pelo negro y largo hasta la cintura, los observa desde su ventana.
-No puedes irte ahora, Rowena-le dice su hermano, que se encuentra a sus espaldas-. Todos en este pueblo muggle tienen puestas sus esperanzas en ti. No puedes irte-le repite.
-La gente de este pueblo vivió bien antes de mi llegada, Rupert-lo contradice ella-. Sobrevivirán.
-Por favor, hermana, piensa un poco en ellos. Te han coronado su reina, han creído en ti ciegamente. No puedes dejarlos.
-Y sin embargo, me inclino a pensar que sí puedo-lo mira a los ojos, sonríe con tristeza-. Soy un águila, Rupert, no un árbol. Necesito volar de un lado a otro, y no puedo echar raíces en un solo sitio.
-Sí puedes. Y debes hacerlo-insiste él.
Ella niega con la cabeza.
-Me quedaré unos meses más. Hasta que todos los muggles de aquí resuelvan sus problemas. Luego me iré. Puedes venir conmigo, o quedarte.
Rupert la mira, desafiante.
-Si pudiera hacer magia, me quedaría y ocuparía tu lugar. No lo haría tan bien como tú, claro, que eres más inteligente que cualquiera, como nuestra amada madre, en paz descanse, se encargaba de recordarme cada día-dice con amargura-. Pero soy un sucio squib. Así que-suelta un largo suspiro- iré contigo.
-Bien.
-¿Y a dónde irás? ¿A otro pueblo muggle a curar sus males con tu magia y que te coronen su reina?-le espeta él de mala gana.
-Aún no lo sé. A donde nos lleve el viento.
Rowena pone la diadema sobre su cabeza y cierra los ojos. Murmura algo, levanta la varita. Su hermano da un paso atrás.
-¿Tienes que hacer eso en mi presencia?-quiere saber.
Ella no contesta hasta pasados unos minutos. Abre los ojos y vuelve a dejar la diadema sobre una mesa lisa y limpia.
-Lo tengo que hacer cada una hora. Y dado que vives conmigo, sí, debo hacerlo delante tuyo-le sonríe.
-¿Por qué cada una hora?
-Porque adquiero conocimientos nuevos todo el tiempo, y los deposito en ella constantemente. Es para no olvidar nada, que retenga todo.
-Entonces… ¿Es gracias a eso que eres tan sabia?-pregunta su hermano, intrigado. Generalmente, le aterra hablar de esos temas con ella, pero esa tarde, enojado por la decisión de su hermana, logra armarse de valor.
-No, querido hermano. Es gracias a mí que ella contiene tanta sabiduría-lo corrige-. Adquiere todos mis conocimientos. Estar en mi cabeza la hace especial.
-Pero-continúa su hermano- en cabeza de otros… le otorgaría el equivalente a tu inteligencia.
-Así es-Rowena ensancha su sonrisa-. Es mi legado al mundo. Mi inteligencia.
N/A:
¡Hola!
Estimado Tar Sulion:
No has dado señales de vida. ¿Has recibido el regalo? ¿Te está gustando?
Te agradecería que dieras alguna señal en algún momento que puedas. Aunque sea chiquita, solo para saber que estás leyendo. Muchas gracias :)
Besos, y espero que lo disfrutes,
Ceci.
