Mujer misteriosa
Año 993, Marzo
Hogsmeade
-Buenos días, Dawen.
-Buenos días, Godric-responde el tabernero-. ¿Lo de siempre?
-Lo mismo-asiente el hombre, sentándose en una silla de madera, cerca del dueño-. Pero dame dos: una para llevar.
-Tu amigo aún no se anima a venir, ¿eh?-ríe Dawen, sirviendo otra jarra de una amarga cerveza casera.
-Yo no diría que no se anima, Dawen. Eso sería tratarlo de cobarde y, te lo aseguro, si hay algo que Salazar no es, es cobarde-toma un trago de la jarra que el tabernero acaba de llevarle-. Pero siendo honestos, le cuesta confiar en ti. Sobre todo después de que intentaste matarle.
Dawen suelta una risa seca.
-Rencoroso, ¿eh?
-No olvida fácilmente, es verdad.
Godric recorre con la mirada la taberna. En una esquina, hay una mujer que no reconoce. Lleva una corona puesta. Hace una señal con su cabeza para indicársela a Dawen.
-¿Quién es?-pregunta-. ¿Una reina?
El tabernero se encoje de hombros.
-Llegó, me pidió un pedazo de pan y se ha pasado sentada allí toda la mañana. La verdad –agrega-, es bastante arisca.
El maestro asiente con una sonrisa. Le encantan los retos. Se levanta de su silla, en silencio, y se sienta junto a la mujer. Esta lo mira con estudiada indiferencia.
-Disculpe si la molesto, señorita-pide Godric con toda la educación de la que es capaz, haciendo una leve reverencia desde su asiento-. ¿O debería llamarla 'mi reina'?-sugiere con tono casual.
La mujer sonríe un poco.
-No-responde en tono cortés-. No formo parte de la realeza, caballero. Así que si ha venido a sentarse junto a mí por eso, ya puede retirarse.
Pero Godric no se mueve del lugar, sino que se recuesta un poco más en la silla, indicando que no piensa irse.
-¿Puede decirme, entonces, por qué lleva esa hermosa corona en la cabeza, señorita?-quiere saber.
La mujer parece pensárselo unos segundos.
-No-responde al fin, con una sonrisa misteriosa-. En primer lugar, porque no es una corona. Es una diadema. Y en segundo lugar-se inclina un poco hacia adelante y adquiere un tono confidencial; él también se acerca-, si le cuento la verdad sobre ella, querrá quitármela.
Godric asiente y no puede reprimir una sonrisa.
-De acuerdo-acepta-. Pero que me diga eso, solo me dan más ganas de quitársela, señorita. Me está dejando con la intriga. ¿Qué hay peor que eso para el hombre?
-La ignorancia-responde la mujer. Se levanta de su asiento y lo mira a los ojos; le brilla la mirada-. La cual, en este caso, también padece.
Y sin más, se retira de la taberna.
