El secreto revelado

En cuanto la mujer sale de la taberna, Godric se levanta de su silla. La sigue, sin dudarlo siquiera. Sale también él del local y mira a ambos lados. La mujer ha tomado el camino principal, que lleva a las afueras del pueblo.

-¡Oiga, señorita!

La mujer se voltea y sonríe al ver de quién se trata.

-Usted jamás se rinde, ¿verdad, caballero?

-Jamás-asiente Godric-. ¿Ya se marchaba de Hogsmeade?

-No-responde ella-. Estoy buscando un lugar para pasar la noche.

-Puede quedarse en mi casa-se apresura a ofrecer Godric-. Prometo no robar su diadema. O, al menos, intentarlo.

-Estaría encantada, caballero-asegura la mujer-. El inconveniente es que no soy solo yo. A las afueras del pueblo, en nuestro campamento, me esperan mi hermano y mi elfo doméstico. Y no quiero ser una carga para usted.

-No lo es, para nada-Godric retoma el paso-. Permítame ofrecerle mi humilde hogar. Hay espacio para todos, se lo prometo.

La mujer finalmente se rinde, asiente y le sigue el paso.

-¿Y cuál es su nombre, señorita?-quiere saber Godric.

-Soy Rowena Ravenclaw. Y en el campamento estarán mi hermano Rupert y Rody, el elfo doméstico. ¿Quién es usted, caballero?

-Mi nombre es Godric Gryffindor-se presenta él-. Y soy maestro, aquí en Hogsmeade.

-Maestro-repite ella, sorprendida-. No hay más noble tarea para los hombres que esa, ¿no cree?

-Estoy de acuerdo. ¿Es usted maestra?

Ella se apresura a negar con la cabeza.

-Oh, no, ¡qué escandalo sería!-exclama-. Una mujer, ¡trabajando! No, claro que no.

Ahora es Godric quien se sorprende.

-Pero, señorita, si aquí todas las mujeres trabajan-le cuenta-. ¿En qué clase de pueblos ha vivido usted?

-En pueblos muggles, por supuesto-dice ella, algo ofendida-. ¿No es este el único pueblo puramente mágico de los alrededores?

-Pues sí-admite Godric-. Pero quizá venía de lejos. No es costumbre entre los magos y brujas hacer tales diferencias de género. Hace años se han terminado.

Rowena parece impresionada, casi alegre.

-Entonces sería maravilloso conseguir un trabajo por aquí-reconoce-. Dígame, ¿de qué trabajan los pueblerinos?

-Eso depende de sus talentos. ¿Tiene usted alguno, señorita Ravenclaw?

Ella mira a lo lejos, duda, se debate y, finalmente, lo admite.

-Sí, en realidad-señala su diadema-. Tiene que ver con esto, que tanto lo intriga.

Godric escucha atentamente, sin querer perderse palabra.

-Cuénteme-le pide-. Sería un honor para mí conservar su secreto. Y aconsejarla luego para que pueda trabajar.

-Bien… Esta diadema, contiene toda mi inteligencia. Que no es poca, debo agregar-confiesa Rowena-. Años y años dedicados a los estudios. Tanto de la magia, como de temas muggles. Sé tantos hechizos como pueda imaginar, quizá más, muchos hay de mi propia invención. Conozco de geografía y matemática, al menos, todo lo descubierto hasta ahora. No conocerá a nadie, le aseguro, que me venza en sabiduría. ¿Se le ocurre algún trabajo para mí?

Godric no emite palabra alguna. En realidad, se le ocurre el trabajo perfecto.