Sobre lemas y dragones

Año 993, Agosto

El Bosque Prohibido

Helga y Godric caminan entre los árboles, casi en penumbra, iluminados únicamente por las varitas. La primera, busca plantas que necesita para condimentar sus recetas. El segundo solo ha venido a acompañarla, ya que son conocidos los peligros del bosque.

-Godric, te digo en serio-dice ella-. Necesitamos un buen lema.

Él asiente mientras examina en la oscuridad que los rodea, buscando cualquier señal de peligro.

-Claro, Helga.

-Es que no me estás escuchando-le discute.

-Sí lo hago-afirma él-. Dices que necesitamos un lema. ¿Ves? Te he oído.

-Sí, pero dime ideas-insiste ella-. Mira, lo que digo es que necesitamos un consejo práctico para la vida, ¿entiendes? Nada de esas tonterías de frases lindas sin sentido. ¿Sabes? Más al sur hay un colegio también, y su lema es "Las estrellas se ciernan sobre nosotros". ¿No te parece la mayor estupidez y cursilería del mundo?-pregunta, mientras arranca algunas hojas de un pequeño arbusto.

Siguen su camino y Godric le sonríe.

-De acuerdo, mujer, de acuerdo. ¿Qué te parece esta? "Báñate una vez a la semana, o te saldrán hongos".

Helga le da un leve empujón en el brazo.

-¡Que te estoy hablando en serio, Godric!

-Bien, bien-ríe él-. Entonces… "Con una rica comida, no te dolerá la barriga"-Helga lo fulmina con la mirada-. Oye, no entiendo por qué no te gusta ese. ¡Es sobre tu especialidad!

-Pensaba más bien en algún consejo práctico sobre la magia-aclara.

-Oh, bueno, hubieses empezado por ahí…

Se paran en seco. Un sonoro rugido llega a sus oídos. Y no parece haber venido de lejos. Helga se pega más a Godric.

-¿Qué ha sido eso?-pregunta la mujer.

-No lo sé, pero no te alejes.

-Ni que necesitaras decirlo-suelta ella.

Avanzan lentamente, con las varitas delante. Unos metros después, se encuentran con una roca. O al menos eso parece al principio. Luego se percatan que tiene un orificio a cada lado y una larga ranura debajo.

-Es… es…-tartamudea Helga.

-El hocico de un dragón-confirma Godric.

Ella pega un salto hacia atrás.

-Vayámonos de aquí, Godric, rápido-susurra, atemorizada.

Pero Godric Gryffindor jamás ha huido de nada en su vida, y mucho menos frente a alguien. No puede contenerse a hacer gala de su valentía. Le muestra su mejor sonrisa a su compañera y da un paso más en dirección al dragón.

-Por favor, Helga-le dice en tono tranquilo-. No quieres que piense que eres una bruja cobarde, ¿verdad?

-Cobarde no, sensata-lo corrige ella-. Y me da igual lo que pienses. Si seguimos aquí, acabaremos muertos. Y ya no tendrás nada en qué pensar-le advierte.

-Tonterías-ríe él. Ilumina la cara del dragón. Tiene los párpados cerrados, completamente dormido-. ¿No quieres despertarlo?-pregunta divertido, solo para ver su reacción.

-¡Ni se te ocurra, Godric Gryffindor!-exclama.

-Lo siento, llegas tarde-esboza su mejor sonrisa, mientras camina junto a la criatura, que es más larga de lo que podría imaginar-. Ya se me ha metido la idea en la cabeza. Y, nos conocemos, Helga, sabes que no puedo evitarlo.

Su mirada brilla divertida. Maldito, piensa ella.

-Pues me voy-se da media vuelta.

-¡No!-grita Godric-. Espera, voy contigo.

Jamás lo admitiría, claro, pero incluso al gran Godric le da miedo estar solo en la proximidad de un dragón.

Cuando está pasando por su lado para volver junto a Helga, roza sin querer el enorme estómago. El dragón reacciona rápido. Cambia de postura a causa de la molestia y suelta una llamarada de fuego cuando abre la boca para bostezar.

La llama roza la cabeza de Helga, y la cola le pega en la espalda a Godric, tirándolo al piso. Ambos gritan y luego ven, con terror, que el ruido ha despertado al dragón. Este los observa unos segundos y, a continuación, abre sus enormes fauces.

Godric reacciona primero. Sale corriendo, toma a Helga del brazo y lleva a rastras por el bosque. Se alejan, aún escuchando los rugidos del dragón y sintiendo el calor del fuego a sus espaldas.

Paran a tomar aire cuando ya están en la linde del bosque. Sus respiraciones están agitadas. Godric apoya sus manos en sus rodillas, mientras Helga se deja caer en el pasto, con las piernas doloridas.

-¿Querías un consejo práctico para la vida?-pregunta Godric, haciendo un gran esfuerzo por pronunciar las palabras, ya que apenas puede respirar-. Pues ahí tienes uno: nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido.