2. Un maestro no tan ejemplar

A pesar de que había tomado fuerzas, éstas se desinflaban a medida que ascendía en el trayecto.

El templo de Géminis se hallaba sumido en la oscuridad, debido a la ausencia de los dos habitantes del mismo. Sin ellos pululando por el Santuario, éste pareciera estar más tranquilo.

Pero al seguir ascendiendo en dirección al templo de Cáncer, Jabu escuchó unos alaridos de dolor provenientes del cuarto templo, seguidos de una risa agónica.
Jabu aceleró el paso y llamó a Deathmask con insistencia.

Al empujar la puerta entreabierta, Jabu observó una escena bastante dantesca. En mitad del salón había una silla, donde estaba sentado el caballero de Cáncer atado de pies y manos con una cuerda.
Alrededor del caballero de Cáncer se hallaban varios compañeros de oro, entre los que figuraban Leo, Piscis, Capricornio, Sagitario, Acuario y su recién nombrado maestro.

De hecho, era él quien se dedicaba a torturar con saña al italiano, obligándole a confesar.
—¡Por tu culpa han condenado a dos compañeros!— exclamó Milo, lanzando un aguijón al caballero de Cáncer.

Deathmask aulló de dolor y Afrodita trataba en vano de que la tortura terminase.
—Créeme, se lo merece— gruñó Shura—. Jugó sucio, nunca nos dijo nada de sus planes y todos sufrimos la ira del Wyvern, cuando él tenía en su mano poder pararlo.
—¡Pero si ya ha pedido perdón!— gimoteó el sueco, preocupado por su amigo—. O bueno, no lo ha hecho pero si le dejárais hablar seguro que lo pediría.
—¡Que no!— exclamó a su vez Aioria—. ¡Se merece esto y mucho más!

Por lo que Milo lanzó otro aguijón que provocó que el italiano se retorciera.
—Será quejica…ni siquiera le estoy dando con fuerza…—masculló Milo, dejando escapar un suspiro de insatisfacción—. Camus, haz algo anda y congélale un rato.
— Lo haría encantado— respondió el francés—, pero no creo que sea ejemplarizante para tu alumno.

Dicho esto, el griego miró en dirección a la puerta y observó a Jabu mirado la escena con pavor.
—Ah, estás ahí— dijo arrojando un nuevo aguijonazo a Deathmask—. No te preocupes por él, se repondrá, pero está siendo castigado.
—¡Parad ya, en serio!— volvió a la carga Afrodita.
—¡Cuando nos pida perdón!— respondieron todos los presentes a una.

Jabu se acercó cautelosamente, manteniendo las distancias y observando aún con cara de espanto la tortura que estaba siendo materializada en esos instantes.

—¡Pide perdón!— exigió el sueco al italiano—. ¿Pero qué te cuesta?

Pero Deathmask seguía compaginando la risa con los aullidos de dolor, negándose a pedir perdón.
—Como si ellos no hubieran hecho lo mismo estando en mi situación.

—¡Pues no, so listo!— respondió Aioros, harto por las impertinencias a las que había incurrido todo el tiempo el caballero de Cáncer—. Lo primero es el respeto por nuestros compañeros y tú no lo tuviste. Aunque me cueste admitirlo, porque le tengo manía a Saga, pero no se merecían ese castigo. Y lo peor fue enterarnos de que tú andabas trasteando todo. Si no le hubieras ido con el cuento a Radamanthys, jamás se habría enterado, consecuentemente no les hubieran pillado y de rebote el Wyvern no se hubiera encabronado con nosotros. ¡Así que te jodes y recibe!

El caballero de Unicornio sopesó la situación al escuchar las diferentes versiones. Bien era cierto que era la comidilla del Santuario, pero algunos detalles se le habían escapado.
—Oye maestro— dijo dirigiéndose a Milo, quien había parado unos instantes para tomar un refresco—. ¿Esto es lo habitual entre vosotros? Lo de traicionaros…
—Depende— respondió el caballero de Escorpio—. A veces sí, a veces no.
—Lo importante de esto— dijo Camus, uniéndose a la conversación—, es que aprendas a que aquí estamos todos para uno y uno para todos. Las traiciones se pagan caras.
—Ya veo…

Milo depositó el refresco en la encimera y se frotó las manos.
—Está bien, yo debo irme con mi nuevo alumno— y se dirigió a Shura—. Y tú, dale al Centollo lo que se merece. Córtale una oreja o algo así…no quiero que quede impune tras fastidiar a mi compañero de fatigas.
El español asintió y se arremangó la camisa, listo para iniciar una nueva serie de torturas.

Milo salió del templo de Cáncer seguido de Jabu, quien se colocó a su vera.

Subieron las escaleras que daban al templo de Leo en silencio. El joven japonés miraba de reojo al caballero de Escorpio de vez en cuando, buscando adivinar los pensamientos del griego. Pero su faz permanecía inexpresiva, sumido en sus propias cavilaciones internas.

—Maestro— murmuró Jabu.
—¿Mmmh…?— masculló Milo, mirando al muchacho—. No me llames maestro, que no creo que me llegue a acostumbrar.
El Unicornio se rascó la cabeza.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Siempre y cuando no sea algo impertinente…
Jabu frunció el ceño y disparó.
—¿Qué vamos a hacer a partir de mañana? Porque verás, es que yo ya fui entrenado para obtener la armadura de bronce de Unicornio…y mis poderes distan mucho de los tuyos.

Milo paró en seco y miró al muchacho que le devolvía una mirada interrogativa.
—¿Le has preguntado a Aioria sobre lo de tu cama?
—¿Pero eso a qué viene ahora?— exclamó el muchacho incrédulo—. No, no se lo he preguntado.
—¿Y a qué esperas? ¡Vamos, antes de que se enfade más con Deathmask y lo pague contigo! Te espero aquí.

Jabu apretó los labios en señal de rabia y bajó de nuevo las escaleras, mientras veía como su maestro acomodaba su trasero sobre un pilar derruido.

—Desde luego…como me haga el mismo caso que me acaba de hacer, lo llevo claro— farfulló, entrando de nuevo en el templo de Cáncer.

Se dirigió directo donde estaba Aioria, quien charlaba animadamente con su hermano sobre lo que en esos momentos Shura estaba a punto de hacerle al italiano.
—Señor Aioria, ¿me disculpa un minuto?— preguntó el japonés al griego, quien agachó la cabeza y al ver a Jabu, le revolvió los cabellos con una mano.
—¿Qué pasa potrillo? ¿Qué tal con Milo?— dijo soltando una risa.
El japonés se recolocó el cabello desordenado.
—Pues es que me pidió que te dijera que cuándo vas a pagarle la cama que rompiste.
La sonrisa en la faz del caballero de Leo se disipó en esos momentos.
—¿Que cuándo qué?— gruñó enfadado—. ¡Tendrá morro, me hace dormir en esa cama de tortura y encima me obliga a comprarle una nueva! Dile de mi parte que se largue al Inframundo él solito o le mando yo de un puñetazo.
A Jabu le quedó muy claro que esa noche dormiría en el sofá. Sólo esperaba que al menos fuera cómodo.

Despidiéndose de ambos caballeros, salió fuera y volvió a subir las escaleras en dirección al templo de Leo. Al llegar allí, no vio ni rastro de su maestro.

—¿Maestro?— preguntó al aire. De repente vio como la puerta principal se abría de golpe y un rectángulo de color claro empezaba a asomar.
—¿No vas a echarme una mano o qué?— dijo el caballero de Escorpio, asomándose desde dentro y empujando aquel rectángulo hacia fuera—. Coge del otro extremo. ¡Vamos, no te quedes ahí pasmado!
—Pero maestro…¿esto es un colchón?— preguntó el japonés, alzando el extremo que le había indicado Milo.
—Empiezas bien muchacho— respondió el griego, haciendo salir todo el armatoste—. Punto para el Unicornio por tu agudeza visual. Es un colchón. Concretamente el colchón de visco látex de la cama de Aioria. Vamos, ¡arriba!— dijo levantando el colchón y obligando a su alumno a izarlo.
—¡Cuando se entere nos mata!— exclamó Jabu, tratando de comprender el por qué de ese hurto.
—Me estoy cobrando lo que me corresponde. Si no, que me hubiera comprado la cama cuando se lo pedí— añadió el caballero de Escorpio—. ¿O acaso quieres dormir en el sofá? Porque si es así, dejo el colchón y punto…
—¡No, no, no!— respondió rápidamente el japonés—. Ya total…

Y ambos siguieron su camino escaleras arriba, cargando con el enorme colchón de Aioria.


Notas:
Hasta aquí los dos primeros capítulos de este fic. El de Poseidón lo subiré también en FF, qué remedio. Pero también estará en AO3.

En serio...no es tan complicado de entender esa web. Al principio es un poco liosa, pero enseguida te acostumbras.

¡Nos vemos!