La Cámara de los Secretos

1016, Mayo

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Salazar observa su obra, después de meses de trabajo. Se siente satisfecho.

Podría haberlo construido en un lapso de tiempo sumamente menor. Pero el hecho de trabajar en clandestinidad, hizo que todo fuese más lento. Solo bajó por las noches y debió hacerlo todo sin emitir el menor sonido. Aparte, creía que Godric sospechaba algo, por lo cual fue en extremo cuidadoso las últimas semanas.

Pero ya no importa, porque está pronto. El pasadizo, las columnas. Incluso la inmensa estatua de él mismo –eso es lo que más le gusta-. Solo falta una cosa.

Sale de allí por la puerta que él mismo construyó. La sella con el mismo hechizo que utiliza cada vez que baja: en lengua pársel, para que solo puedan abrirla quienes hablen tal idioma. Sigue el pasadizo y, al final de este, asciende con un hechizo. Sale a un baño de niñas, que queda lo suficientemente lejos de cualquier casa como para que alguien quiera utilizarlo a esas horas de la noche.

Luego se va de ahí. No solo del baño, sino también del castillo. La cámara oculta no ha sido lo único en lo que ha trabajado los meses anteriores. Ha averiguado, además, donde se oculta el basilisco del que años atrás se deshizo.

Esa noche va en su busca.

Oculto dentro de una enorme cueva, el basilisco responde a su llamado. Lo sigue de vuelta al castillo como si de su amo se tratase. Salazar lo hace ingresar por la parte de atrás, donde están las cañerías. La criatura se desliza por ellas. Una vez dentro del castillo, Salazar lo guía hasta la cámara secreta. Es sencillo, porque susurra en pársel, y nadie más puede oírlo.

Se reencuentran allí, ya que Salazar ha ido caminando por los pasillos.

-¿Qué desea que haga?-pregunta el basilisco-. Huelo sangre. Quiero sangre. Beber, matar, desgarrar.

-Aún no-dice Salazar-. Pero pronto. Te ordeno que descanses, hasta que llegue tu momento. Será cuando los otros fundadores mueran. Entonces vendré yo, o un heredero mío, y te despertará. Y cumplirás entonces la misión para la que te he traído: matar a todos y cada uno de los sangre sucia que habitan mi castillo. Reconocerás a quien venga, porque hablará tu idioma.

La serpiente inclina un poco la cabeza, vuelve a meterse en una tubería y cierra los ojos. Queda durmiendo. Hasta que en algún momento, quizá siglos después, el heredero de su amo la despierte y le ordene cumplir con su deber.


-Pero padre, si tú te marchas, ¿qué pasará con nosotros?

-Tú debes quedarte aquí-dice Salazar-. Ya te lo he explicado. Yo no puedo quedarme.

-Tampoco yo quiero hacerlo-insiste su hijo-. ¿Qué haré sin ti aquí?

-Debes esperar a que mueran los otros fundadores. Será entonces que puedas entrar en la cámara y hacer lo que te indiqué.

-¿Y si no puedo? Godric está muy bien de salud. Parece que vivirá por siempre…

-En ese caso, le pasarás la tarea a tus hijos, y si el maldito de Godric sigue vivo entonces, que se la pasen a los suyos. Un heredero mío ha de ser, para hablar pársel.