¡Buenas noches!

He aquí el tercer capítulo de una de las continuaciones de "El intercambio". Recuerdo que la otra historia paralela a ésta, "El castigo de Poseidón" ya ha sido publicada tanto en AO3 como en Fanfiction.

Desde aquí aprovecho para agradecer a sslove por sus comentarios y por leer mis historias, ya que no puedo hacerlo por privado ^^

¡Espero que os guste esta nueva entrega!


3. Unidos en la adversidad

—Yo no quiero saber nada…— murmuró para sí mismo el caballero de Virgo, cuando vio pasar por delante de su templo a Milo y a Jabu acarreando el colchón de marras.

Los dos escorpiones siguieron su camino, pasando Libra y finalmente llegando al octavo templo. Allí, Milo indicó a su alumno que abriera la puerta.
—¿Con magia? Porque no tengo llave— gruñó el japonés, mientras atrapaba al vuelo las llaves que le arrojaba su maestro.
Una vez abierta la puerta, los dos entraron con el colchón, parándose para encender la luz del salón.
Jabu miró alrededor de la sala.
—¿Qué pasa? Si no te gusta la decoración te jodes— dijo Milo cerrando la puerta y echando el cerrojo de seguridad doble, a pesar de que sabía de sobra que aquellas barras de acero no impedirían entrar al caballero de Leo.
—Para ser un tipo tan raro, tengo que reconocer que tienes buen gusto a la hora de decorar— admitió Jabu, acercándose a una estantería y parándose a observar los libros y los extraños objetos que la decoraban.

—No toques eso— advirtió su maestro, cuando le pilló acercando la mano a una piedra de extraña forma y brillo, que tenía grabadas unas inscripciones—; forma parte de un zigurat y es muy delicado.
Jabu retrocedió y siguió curioseando alrededor, maravillado ante la cantidad de objetos raros que había diseminados por doquier. No sólo piedras de antiguas civilizaciones, sino fósiles y gemas, aparte de pergaminos colgados en las paredes.

En una pequeña mesa de wengé había una efigie de una mujer de oro que atrapó al adolescente.
—¿Y ésta quién es?— dijo señalándola—. No me suena de nada.
Milo se acercó y recogió la figura entre sus manos, esbozando una sonrisa llena de nostalgia.
—Serket, una diosa egipcia— dijo acariciándola con delicadeza. La depositó en la mesa de nuevo y dio una palmada.
—Bueno niño, no nos entretengamos que yo me caigo de sueño. Vamos a llevar este colchón a tu habitación. Está en la planta baja— dijo señalando un pasillo.

El joven caballero de bronce asintió y con ayuda de su maestro, aupó el colchón y ambos fueron directos hacia ella.
Depositaron el colchón sobre el suelo.
—Esto ya está— dijo el griego satisfecho—. Buscaré un sábana bajera, el edredón y una almohada.
Y a continuación salió del cuarto y subió las escaleras hacia el suyo.

Jabu se quedó perplejo.

—Pero si este cuarto está vacío…no hay somier, ni mesa, ni una triste silla…— suspiró con desgana.

Al cabo de unos minutos regresó su maestro con lo acordado, arrojándole los objetos a la cara.
—Ahí tienes, que pases buena noche— soltó rápidamente el griego, quien ya se disponía a salir.

—¿No me vas a ayudar?— exclamó el Unicornio.
—¿A qué?— preguntó secamente su maestro, sujetando la puerta.
—Pues a hacer…este colchón, porque no hay más. No puede llamarse cama a esto— dijo el japonés, sintiendo que aquello iría de mal en peor, a juzgar cómo había empezado.
—Tienes manos, ¿no? Pues no necesitas mi ayuda— respondió el griego, saliendo de la habitación y cerrando la puerta de un portazo.
Jabu sintió que la ira se apoderaba de su ser y comenzaba a colocar la sábana bajera, mientras mascullaba maldiciones.
—Y encima el suelo está hecho un asco— dijo mirando las huellas de pisadas en el suelo—. Dónde me han metido…

Al terminar de hacer su lecho, el japonés se puso un pijama, apagó la luz y se acurrucó arropándose con el edredón.

No bien había cerrado los ojos cuando escuchó el teléfono del salón sonando. El muchacho abrió los ojos de golpe, pero no se movió del sitio, esperando a que su maestro lo cogiera.

No tardó en escuchar unos pasos apresurados bajando las escaleras y caminando hacia el salón.
—¿Qué pasa?— gruñó el caballero de Escorpio—. ¿Qué horas son estas de llamar?...pues porque tengo sueño…¡venga ya!...¿cómo te has enterado?...sí, Jabu es ahora mi alumno, sí…¿y qué?... Shaina, escúchame…dioses qué cruz…sí, sí…que sí…no…¿y yo qué quieres que le haga? A mí me lo encasquetó Shion…no claro, ahora tendré yo la culpa…¿y?...vamos a ver, que ahora es mi alumno…pues hablas con él y se lo comentas, a mí dejadme en paz de vuestras movidas…espera un segundo…¡JABU!

El japonés bufó de mala gana y se revolvió sobre el colchón. De mala gana se levantó y salió al salón.

Milo le tendió el teléfono con el auricular tapado con la mano.
—Es Shaina, que quiere hablar contigo— dijo entregándoselo—. Y dile a esa loca que no vuelva a llamar a mi templo a estas horas o se arrepentirá.
El joven caballero de bronce se quedó unos segundos mirando con incredulidad a su maestro, quien regresaba escaleras arriba a su cuarto. Al escuchar el portazo, Jabu se colocó el teléfono.

—¿Lo has oído?— murmuró el joven.
—Sí, lo he oído perfectamente— gruñó la mujer—. Será cretino…menudo maestro te ha tocado, pero bueno. Escúchame un segundo, porque se supone que hoy tenías ronda nocturna con Moisés, ¿no?
El japonés se rascó la cabeza.
—Sí, creo que sí.
—¿Y qué haces que no estás aquí?— el tono autoritario de la italiana provocó que el joven titubeara unos segundos.
—Pero eso depende de Milo…quiero decir, que ahora tengo otras tareas y…
—De eso nada, bonito— dijo la mujer—. Te quiero ver a las puertas del recinto de las mujeres acompañado de Moisés en diez minutos.
—¡Pero Shaina!— se quejó el caballero de bronce.
—¡Ni Shaina, ni Shaino, ni nada! ¡Que vengas y punto, que soy tu superiora!
Sin poder replicarla porque la amazona de Ofiuco había colgado el teléfono, Jabu resopló hastiado.
Más cabreado que nunca, subió las escaleras y golpeó la puerta de su maestro.
—¿Qué?— escuchó al otro lado.
—Maestro, que dice Shaina que tengo que hacer ronda nocturna con Moisés.
Un breve silencio sepulcral antes de que el griego contestara.
—¿Y qué quieres que yo le haga?
—Pues que si hago ronda nocturna, necesitaré parte del día de mañana para dormir. Con lo cual, no podré estar contigo.
De nuevo silencio sepulcral, un ruido de sábanas moverse y los pasos de su maestro.

Milo abrió la puerta y se pasó la mano por la cara.
—Si no me pagaran bien, iba a estar yo aquí— gruñó bajando las escaleras—. Vístete que iré contigo.
El caballero de Escorpio se encerró en el baño de abajo unos instantes y al salir regresó a su cuarto a vestirse, mientras el caballero de bronce hacía lo propio.

Cuando Milo bajó, lo hizo portando su armadura de oro y la capa blanca. Jabu nunca le había visto de aquella manera, ya que por lo general, los caballeros solían vestir ropas de entrenamiento en el día a día. Rara vez les veían portando las armaduras de oro y mucho menos con la capa blanca.
Ahora podía percibir el aura del temible guerrero que tenía ante sus ojos y se sintió, por una vez, seguro junto a su maestro.

No tardaron mucho en cruzar todos los templos, incluido el de Cáncer, donde la tortura a Deathmask proseguía, a juzgar por los gritos que lanzaba el italiano.

Al llegar frente al recinto de las mujeres, observaron que Shaina y Moisés esperaban charlando a que llegara el caballero de bronce. Al verle acompañado de Milo, la amazona de Ofiuco torció el gesto.
—Ya era hora de que vinieras— dijo la joven a Jabu—. ¿Y tú para qué vienes?— le preguntó agriamente a Milo.
—Porque te informo de que Jabu ahora es mi alumno.
—Eso ya lo sabía, ¿y qué?— respondió la amazona.
—Pues que mientras sea mi alumno, está bajo mi tutela única y exclusivamente.
—¿Y qué me quieres decir con eso?— preguntó de nuevo la joven, a punto de perder la paciencia.
—Shaina— dijo Milo tomando aire—, que te busques a otro para que haga la ronda nocturna— la mujer fue a replicarle, pero el griego alzó una mano—. Y esto es una orden dada por tu superior, que en la escala del Santuario soy yo, al tener rango mayor. Así que ya sabes la desobediencia a mis órdenes te supondría un castigo—y a continuación se dirigió a Moisés—. Lo siento por ti, pero Jabu no puede acompañarte. Buenas noches.

El caballero de Escorpio se dio media vuelta, arrastrando a Jabu consigo.

—¡Pues dime tú a quién pongo de pareja de Moisés!— gritó colérica la amazona de Ofiuco, al verse rebajada.
Milo paró en seco y se giró con una sonrisa perversa en los labios.
—Te ordeno que realices la ronda nocturna y todas las sucesivas que tenías asignadas a mi alumno, so pena de ser castigada por desobedecer. Moisés, eres testigo de mis palabras. Espero que mis órdenes sean cumplidas a rajatabla.

Y dejando escapar una risa maligna, maestro y alumno desaparecieron en la oscuridad de la noche.
—Le odio. A muerte. ¡Juro que odio a Milo con toda mi alma!
El caballero de Ballena observó con temor la descarga furiosa de su compañera de ronda.

Milo subía las escaleras con mejor humor en su rostro pero Jabu no se atrevía a preguntar nada. Él respiró aliviado cuando supo que, por orden de su maestro, no tendría que realizar ninguna ronda nocturna. Al principio le extrañó, pero el griego comenzó a hablar repentinamente.
—Es que odiaba hacer rondas nocturnas. Son agotadoras— informó el caballero de Escorpio—. Hace poco tuve que realizar una por culpa del Unicejo, y tuve que aguantar a Shaina toda la noche. Es que me pone nervioso— dijo justificándose—; si no haces las cosas como ella quiere, se pone nerviosa y te grita. O peor, si se te ocurre hacerle alguna sugerencia para que haga las cosas bien, se encabrona y te insulta. No acepta las críticas.
—Conozco de sobra ese carácter tan fuerte que tiene…— murmuró el caballero de bronce, recordando diversos episodios de duros enfrentamientos con ella—. Es increíblemente terca, no admite un no por respuesta. Menos mal que Marin es más tranquila y muchas veces ejerce de cortafuegos que si no…

Su maestro dejó escapar una risa y revolvió el cabello a su alumno.
—Pero no te acostumbres a esto, porque no seré tu maestro durante mucho tiempo— dijo el griego—. Lo único que puedo arreglar es que en vez de estar bajo las órdenes de Shaina, es bajo las de Marin, si así lo prefieres.
—¡Por favor!— suplicó el japonés con ojos llorosos—. ¡Te lo agradecería eternamente!
Milo asintió con un leve cabeceo.
—Haré lo que esté en mi mano. Mañana se lo comentaré a Marin.

Al fin ambos habían encontrado un nexo común al que odiar. Y no tardarían en encontrar otro, puesto que al cruzar el templo de Leo, vieron la luz encendida.

—Mierda— murmuró el caballero de Escorpio—. Jabu, prepárate para correr y esquivar al mismo tiempo. Dame la mano.
—¿Cómo?— preguntó el muchacho, mientras sentía que su maestro enlazaba su mano con la suya.
Sin decir nada más, Milo se arrojó a correr a la velocidad de la luz para cruzar el quinto templo.

Se abrió la puerta de golpe y Aioria salió como un león enfurecido.
—¡Serás hijo de…!— gritó rabioso, al tiempo que preparaba su potente ataque de Plasma Relámpago, liberándolo de inmediato al ver a Milo.
—¡Agárrate fuerte y no te sueltes!— gritó el caballero de Escorpio, con una gran sonrisa en la cara.

En milésimas de segundo maestro y alumno se hallaban de nuevo en el templo de Escorpio, sanos y salvos.
Jabu sentía que su corazón latía a mil por hora y aún se hallaba sumido en un estado de shock.
—¿A que ha estado bien?— dijo el caballero de Escorpio, aún riéndose—. Me encanta fastidiar a Aioria…
Jabu no lo tenía muy claro, pero lo que sí consideró fascinante fue la experiencia de poder correr a esa velocidad vertiginosa y esquivar aquel demoledor ataque.

Cuando entraron en el templo, ambos se fueron directos a descansar. Jabu se puso de nuevo el pijama y se tumbó en el colchón. Se quedó unos segundos observando el techo, pensativo.
—O mi maestro está un poco loco o es demasiado imprudente…


NOTAS:

Como bien dije, a veces hago menciones a otros relatos que tengo. Aunque el de "Serket, la diosa Escorpión" no entraría en esta saga cómica, sí que he querido hacer el guiño a ese fic. Serket, en esa historia es un OC mío, pero existe en la realidad en la mitología egipcia. En mi fic, ella es la diosa que custodia la armadura de Escorpio. Actualmente estoy reeditándolo, ya que los primeros capítulos no tienen el formato que empleo ahora.