El fin de una Era

Año 1022, Febrero

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Godric y Helga están parados junto a la cama, donde descansa Rowena. Se encuentra despierta, pero su respiración es lenta, como si estuviese dormida. Los mira con una sonrisa débil dibujada en sus labios. Parece enferma y cansada.

-Desde que te enfermaste no has hecho más que empeorar-dice Helga en un lamento-. Estás sumida en una eterna depresión. Déjame ayudarte con mis plantas medicinales.

-Mi querida Helga, ya no hay nada que hacer-susurra Rowena, haciendo un enorme esfuerzo al hablar.

Godric la mira con pena.

-Aún eres joven, mi amiga, no digas tonterías-pide-. Vivirás muchos años más. Solo has de sobrevivir esta mala pasada que te ha jugado la vida.

-No trates de consolarme, Godric-dice ella-. ¿No lo recuerdas? Soy más inteligente que cualquiera-sonríe-. Siempre que supe que, el día que muriese, me daría cuenta. Pues bien, ya lo tengo sabido. Moriré en cualquier momento.

-No-suelta Helga con un sollozo.

-No lloréis por mí, mis amigos. Pero ocupaos de mis alumnos tan bien como hacéis con los propios. Yo, a diferencia de Salazar, no podré dejar un hijo a cargo.

-Sí podrás-dice Godric-. Tú solo indícame dónde está Helena. Yo iré en su busca.

Rowena niega débilmente con la cabeza.

-Te lo agradezco de corazón, Godric. Pero es inútil. No sé a dónde ha ido.

En ese momento la puerta de abre. Entra Rupert, el hermano de Rowena, con una bandeja en las manos. Él también tiene un aspecto enfermo y canoso; porque es un muggle, y estos suelen vivir menos.

-Con permiso. Rowena, necesitas descansar. ¿Os importaría dejarme con ella para que coma la cena?

-Para nada-Godric le da un suave apretón a Rowena en la mano-. Ya te pondrás bien, lo verás. Y entonces podrás acompañarme tú misma a buscar a tu hija.

Ella suelta un leve "gracias" que apenas se escucha.

Helga se inclina sobre ella y deposita un beso en su frente, que está caliente.

-Cuídate mucho. Y haznos saber cualquier cosa que necesites.

Rowena asiente, esforzándose por sonreír. Los ve marcharse por la puerta por última vez.

Al día siguiente, cuando su esposo se levanta, la encuentra sumida en un profundo sueño. Ese que ni siquiera el mago más poderoso es capaz de revertir.

El funeral de Rowena dura tres días. Asisten todos los alumnos del colegio y vienen magos de todo el mundo, que han oído hablar de ella. Cada persona que la conocía se acerca a su cuerpo y le besa las manos. Todos, menos su propia hija, que ni siquiera aparece.

Godric busca su diadema para enterrarla con ella, pero jamás la encuentra.


Año 1041, Octubre

Los alumnos lo ven aparecer a lo lejos. Los más audaces lo reconocen, por los cuadros que cuelgan en algún aula. Aquellos que usan uniformes verdes dejan entrever su devoción.

El anciano camina haciendo un gran esfuerzo. Su barba blanca casi llega al piso. Sus ojos harían temblar hasta al hombre más valiente. Menos, quizá, a Godric Gryffindor, que también está viejo y canoso. Aunque parezca increíble, lo recibe de brazos abiertos.

-Te estaba esperando-le dice jovial al recién llegado.

-Eres una caja de secretos, Godric-responde él, sin devolverle la sonrisa.

Entran en el castillo. Salazar se dirige a su casa sin saludar a nadie. En el cuarto que antes fue suyo, se encuentra a su hijo, con su mujer. También se entera entonces que le han dado nietos.

-Perfecto-dice-. Porque ya ninguno durará mucho.

-Rowena ya ha muerto padre-le cuenta su hijo.

-Lo sé. Solo quedan dos. Y podremos deshacernos de la escoria.

Lo dice, pero sentado en un sillón. Sin fuerza. Como si fuera un antiguo deseo que ya no puede cumplir. Lo único que le queda, es pasárselo a otros, y que ellos lo cumplan.

Salazar muere días después. Godric no está seguro de celebrar el funeral en el castillo, pero Helga insiste en que era su último deseo. Ella dice que ya lo ha perdonado, y que él debería hacer lo mismo. Y así es.

Antiguos alumnos viajan de diversas partes para velarlo. Era un mago reconocido y temido por muchos, pero todos van a brindarle sus respetos.

Su hijo le hace una última promesa al cuerpo de su padre, al tiempo que besa sus manos. "Yo no podré hacerlo, padre. No soy tan buen mago como tú. Pero pasaré el legado. Y el día en que algún heredero nuestro esté a tu altura, él será quien despierte a tu bestia".


Año 1044, Agosto

Godric visita a Helga en la enfermería. Hace tiempo que sufre de un fuerte dolor en el pecho. Está segura de que su momento se acerca, pero le muestra a su colega una enorme sonrisa de todas formas.

-Lo hicimos-dice-. Logramos crear el colegio de magia más importante del mundo. Nuestros alumnos ahora son los maestros de los nuevos alumnos. Será un legado, un hermoso legado, que seguirá por siglos. Este castillo será el hogar de miles.

-Así es, mi querida Helga-le sonríe Godric con tristeza, sabiendo que su final se acerca-. Lo hemos logrado todos. Pero tú has logrado algo que no tiene precedencia: les has dado un lugar a los elfos domésticos. Los has tratado como tus iguales, no como tus esclavos. Y eso, querida mía, es algo por lo que muchos te recordaremos.

Helga asiente.

-Estoy muy cansada, Godric…

-Cierra los ojos. Te estaré esperando aquí cuando los abras. Descansa.

Ella vuelve a asentir y obedece. Pasa unos días durmiendo, sin siquiera mover los ojos. La enfermera no sabe qué hacer. Gimel, la elfina doméstica, no se aparta de su lado. Le toma la mano y la cuida. Muere cuatro días después de esa última conversación con Godric.

También magos de todas partes vienen a verla. Pero por algún motivo, es menor su funeral. Helga no era conocida por domar serpientes, ni por su gran sabiduría. Pero quienes la conocían, la querían demasiado. Sus hijos lloran junto a su cuerpo y reciben el pésame de muchos cocineros que admiraban a la mujer.

Y hay otros invitados que no han asistido a ningún velorio previo.

Los elfos, siempre ocultos en las cocinas, salen por fin del lugar que ha sido su guarida. Muchos magos y brujas se escandalizan, pero Godric les concede el permiso para quedarse. Todos y cada uno, llevan una flor en sus manos, y la depositan bajo sus pies descalzos. Es una señal de devoción, admiración y respeto, que jamás habían hecho con nadie.

Godric sonríe. Sabe que a Helga le habría encantado el gesto.


Año 1045, Enero

Godric camina por los jardines del castillo. Sus alumnos le dirigen saludos, que él devuelve con un leve asentimiento. Sus huellas dejan marcas en la nieve, y es una metáfora que le fascina. Que ha dejado también él una huella en el mundo; que dejará una en cada alumno que estudie en el castillo.

Se acerca a un viejo árbol que está junto al lago, se recuesta en él y cierra los ojos.

Miles de recuerdos vienen a él. Elige su favorito: el día en que inauguraron Hogwarts. Los cuatro felices por los pocos alumnos que acudían a ellos para adquirir conocimientos. Se siente orgulloso de todo lo que han logrado desde ese día. Sonríe para sí.

Una hora después, cuando un alumno se acerca para llamarlo a cenar, Godric no se mueve. Ya no queda vida en él.

Su funeral se realiza también en el castillo. Es la ceremonia más grande de todas, quizá porque era el fundador más conocido, o quizá porque era el último. Sus hijos organizan el velorio y todos le dan sus respetos.

El castillo se ha quedado sin sus creadores. En un despacho de él, se encuentra un sombrero raído y con consciencia, que sabe que a partir de ahora, todo está en sus manos –metafóricamente-.

Y así muere el último fundador de Hogwarts.

Fin


N/A:

¡Hola!

Bueno, aquí termina tu regalito. Espero que hayas disfrutando leyendo tanto -o más- como yo disfruté escribiendo.

Y que en algún momento que tengas más tiempo puedas dejar algún comentario sobre si te gustó y todo eso.

Saludos,

Ceci.