Buenas,

He retomado mi actividad en Fanfiction, después de llevar meses descansando por motivos personales.
Muchas gracias por todos los apoyos que he recibido durante este tiempo, y toda la gente que ha preguntado por mi, ¡os lo agradezco de corazón!

Espero que no os haya ofendido, puesto que no era mi intención permanecer tanto tiempo retirada,pero las circunstancias eran desalentadoras.

¡Gracias por seguir aquí!

Os traigo el nuevo capítulo de las andanzas de Milo y Jabu, y repito que este fic va a la par que "El castigo de Poseidón".

¡Espero que os guste!


6. Dos escorpiones y una mujer

Milo bajaba las escaleras camino a su templo cuando a lo lejos divisó a su alumno subiendo hacia Escorpio.

Al encontrarse ambos de frente, ninguno dijo nada. Sólo permanecieron unos segundos mirándose con resquemor.

—Tú— rompió el silencio Milo—, prepárate porque esta tarde vamos a realizar un entrenamiento intensivo.

Jabu se quedó petrificado ante tales palabras.
—Me debes una disculpa— gruñó el japonés frunciendo el ceño más aún.
Milo dejó escapar una leve risa.
—¿Yo? ¿Por qué?— recriminó el caballero de oro—. En todo caso me la debes tú por no estar a la altura de las circunstancias.
—¡Pero bueno!— exclamó asombrado el caballero de bronce—. ¡Si fuiste tú quien insistió en que yo peleara contra Seiya! ¡Y encima te pusiste borde conmigo!
—Hombre claro, no voy a estar feliz después de que me humillaras en público— el reproche de Milo dio de lleno en el corazón de Jabu.
—Eres…— masculló el japonés, reprimiendo las ganas de insultarle, por lo que optó por dejar escapar un gruñido de cabreo. Sin ganas de seguir discutiendo, el joven avanzó sus pasos en dirección a Sagitario—. Que sepas que informaré al Patriarca de esto.

Inmediatamente, Milo se puso en marcha y corrió hasta situarse de nuevo frente a su alumno, impidiéndole el paso.
—No. Al Patriarca déjalo tranquilo que está muy liado con sus cosas— dijo el griego, tragando saliva—. Está bien, te perdono.
—¡Milo! ¡Que soy yo quien tiene que perdonarte por tu falta de consideración hacia mi!— bufó de mala gana.
—Hale, venga, que sí, que quedas perdonado por todo lo que me has hecho, no te preocupes— dijo agarrando a su alumno, provocándole un cambio de dirección—. ¿Has visto lo bueno que puedo llegar a ser? Llega a ser otro y no lo cuenta…

El japonés se quedó perplejo ante esta nueva situación, pero por no provocar un jaleo prefirió callarse y seguir a su maestro.

Mientras se encaminaban hacia la palestra para entrenar, la figura de una mujer avanzaba hacia ellos.
—Shaina a la vista— atinó a divisar el caballero de Escorpio—. Cambio de estrategia…
Milo giró sobre sus talones, arrastrando de nuevo a Jabu, que por uno momento se sintió como una marioneta en manos de su maestro, quien lo zarandeaba continuamente.
—¡Alto ahí!— gritó la amazona con un timbre de voz enfurecido—. ¡Ni se te ocurra huir ahora!

—Sigue andando, ignórala— susurró el griego a su alumno, conminándole a seguir.
—Pero maestro— respondió el japonés—, ¿no sería mejor solucionar esto ahora? Que es muy cabezota, que no se va a dar por vencida…sigue enchochada de Seiya a pesar de todas las veces que él la ha dado calabazas…créeme, cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para.

El caballero de Escorpio ponderó aquellas palabras en su mente y resopló hastiado, frenando sus pasos. Al girarse, la amazona se hallaba justo detrás de ambos guerreros, provocando que dieran un respingo por el susto.
—Oye en serio, esas máscaras que lleváis me dan muy mal rollo. Son pavorosas, por su inexpresividad y ni tan siquiera sé cómo narices podéis respirar—exclamó Milo llevándose la mano al corazón—. ¿Qué quieres ahora?
La joven cruzó los brazos y resopló un bufido.
—Por mucho que lo intentes, no me pienso quitar la máscara delante de ti. No quisiera tenerte detrás de mi suplicando por mi amor— contestó—. Quiero que me devuelvas a mi subordinado. No pienso hacer más guardias nocturnas mientras él esté a mi servicio.

Milo se mesó la larga melena y agarró a Jabu por los hombros.
—Shaina, querida, te he visto sin máscara varias veces y no has provocado en mi la más mínima alteración. Me recuerdas demasiado a Shun y a día de hoy siguen sin gustarme los hombres— respondió socarronamente el caballero de Escorpio—. Y creía que la máscara sólo cubría el rostro, no las orejas, por lo que reitero mis palabras de anoche, por si no los escuchaste bien. Jabu es mi alumno, no tu subordinado. Así que vas a seguir realizando esas guardias te gusten o no. Recuerda que es una orden dada por un superior.

—¿Orden de un superior?— bufó de nuevo la amazona—. ¡Ah! ¿Te refieres a ti mismo? Bien, bien— musitó la joven—, pues entonces vamos a aclarar esto con el Patriarca, porque según tengo entendido, Jabu aparece en la lista oficial bajo mi supervisión, no la tuya. ¡Y es una orden oficial firmada por Shion!
Acto seguido, la joven agarró al japonés del brazo izquierdo y lo atrajo hacia ella.
—De eso nada— reclamó Milo, agarrando del brazo derecho a su alumno—, Shion me lo encasquetó como discípulo y por lo tanto está bajo mis órdenes. Que no haya actualizado la lista oficial no te da derecho a llevártelo.
Ambos guerreros prosiguieron discutiendo acaloradamente mientras cada uno tiraba de un extremo del caballero de Unicornio.
—¡Me váis a partir en dos!— se quejó el japonés, mientras seguía siendo zarandeado por sus superiores.

Al escuchar el escándalo montado, Camus se apresuró a subir las escaleras corriendo, seguido de Hyoga.
—¿Pero qué hacéis?— gritó horrorizado al ver la rocambolesca escena—. ¡Soltad a Jabu ahora mismo!
Nada más oír a su amigo, Milo soltó a Jabu, quien por la inercia de los tirones acabó derribando a la amazona de Ofiuco, cayendo los dos al suelo.
Hyoga se acercó a ayudar a ambos, mientras Camus se acercaba con el rostro malhumorado a Milo.
—¿Qué haces idiota?— susurró a su amigo—. ¿No te dije que a la mínima Shion puede enviarte a cabo Sunión, con Saga, Kanon y Radamanthys? ¿Acaso quieres pasarte unos meses limpiando de basura el fondo del mar o qué?
—Pues mira— replicó el caballero de Escorpio—, casi que no me vendrían nada mal unas vacaciones…
Por respuesta, el francés comenzó a enfriar el aire a su alrededor, provocando que el brazo del griego quedara cubierto por una gruesa capa de hielo.
—¡Deja de decir bobadas!— susurró cabreado, pero al ver a la amazona sacudiéndose la ropa su expresión volvió a su estado natural de seriedad—. Shaina, ¿qué pasa? ¿Por qué discutías con Milo? ¿Y qué maneras son esas de maltratar a un caballero de bronce?
—¡Pregúntale a tu amigo, que tiene el don de hacerme cabrear! ¡Y estoy harta!— gritó la joven, ofuscada—. ¡Jabu es oficialmente mi subordinado y le necesito para que realice las guardias nocturnas!

Antes de que su compañero fuera a replicar, Camus colocó su mano sobre su boca, impidiéndole hablar.
—Shion ha ordenado a Milo encargarse de Jabu, fui testigo de ello. Por lo que, si tienes alguna duda, puedes ir a preguntarle al mismo Patriarca. Pero te advierto que de nada te servirá darte el paseo hasta su templo porque te dirá lo mismo que nosotros.

A pesar de llevar una máscara, los cuatro hombres allí reunidos frente a la muchacha pudieron percibir su inminente estallido rabioso.
—Está bien— susurró apretando los puños—. Todo tuyo— dijo la joven, dirigiéndose a Milo—, pero ya nos veremos las caras más adelante…estas humillaciones las vas a pagar caras. Te lo juro.

Y dicho esto, la amazona se alejó de la vista de aquellos guerreros.

El griego respiró aliviado y agitó el brazo congelado, retirando la capa de hielo de un golpe.
—Será…— gruñó masajeándose el brazo helado—. En fin Jabu, vámonos a entrenar ya, que se nos hace tarde. Gracias Camus.
El francés mantuvo su semblante serio y asintió, pidiéndole cautela en todo lo que hiciera.
—Otra más y Shion te manda a cabo Sunión de cabeza— le advirtió.

Con un gesto de asentimiento, los dos escorpiones descendieron a toda prisa por las escaleras, mientras los dos acuarianos les observaban.
Y no lejos de allí, una amazona, escondida tras una columna, planeaba su siguiente movimiento.
—Así que cabo Sunión, ¿eh?