¡Hola!
Muchas gracias a todos los que habéis comentado, tanto en público como por privado :)
A ver, para los anónimos:
-Beauty: Muchas gracias por los ánimos :) espero que este capítulo también sea de tu agrado.
-Sslove: Gracias a vosotros por seguir aquí :) y sí, Milo solo puede ser Milo.
Voy a actualizar este fic antes que el de "El castigo de Poseidón, ya que al ir la trama paralela, quiero que lleguen al punto que unirá ambas historias, y voy demasiado adelantada con Poseidón.
¡Un saludo a todos los que me seguís!
7. El primer toque
Jabu se acariciaba los brazos. Debido al tira y afloja entre su maestro y Shaina, el dolor comenzaba a aflorar.
—No sé si sentirme deseado por ambos y consecuentemente estar feliz— dijo componiendo una mueca de dolor—, pero lo que sí está claro es que no quiero que volváis a tirarme cada uno de un brazo.
El griego torció media sonrisa de satisfacción.
—¿Acaso querías que te dejara con ella?— preguntó maliciosamente.
Su alumno compuso una cara de terror y sacudió la cabeza negativamente, a lo que Milo le alborotó el cabello castaño.
—Será mejor que vayamos a descansar por hoy— musitó su maestro—. Mañana entrenaremos algo, para ver si así puedes defenderte mejor de Seiya.
—Pero si me diste día libre…hace un momento querías ir a entrenar…y ahora que no…¡me mareas!
Milo se rascó la cabeza pensativo y decidió poner punto final al agitado día.
—A descansar, que yo también he tenido un día bastante movido y quiero relajarme con un baño y una buena cena.
Encogiéndose de hombros, Jabu siguió a su maestro hasta su templo y ambos entraron.
Una vez que cenaron, el maestro llamó a su alumno para que se sentase en uno de los sofás de su templo.
Echándose todo lo largo que era, Milo estiró los brazos y bostezó.
—A ver niño— dijo el griego frotándose los ojos—, ¿quieres entonces estar bajo la supervisión de Marin, una vez concluya mi tutela? Te lo digo porque en breves tendré que ir a ver al Patriarca, para relatarle un poco por encima como han ido este par de días.
Jabu asintió rápidamente.
—Bien— musitó su maestro—, pues cuando…
De repente escucharon unos golpes en la puerta del templo. Al grito de "¿quién es?" que profirió el caballero de Escorpio desde el sofá, escuchó la voz de uno de los guardias llamándole.
—Joder— bufó Milo—, ya había cogido la postura del sofá.
Levantándose del mismo, se encaminó a la puerta y abrió.
—¿Qué pasa? ¿Qué jaleo es este?— preguntó malhumorado. El guardia se cuadró ante él con semblante serio.
—Orden del Patriarca, que el caballero de Escorpio acuda inmediatamente a su templo.
Sin decir nada más Milo se despidió de su alumno y subió las escaleras a toda prisa.
Al llegar al templo del Patriarca, encontró a Shaina arrodillada frente a Shion.
—Debí imaginármelo…— susurró para sí mismo, mientras avanzaba por la alfombra roja—. Buenas noches, mi señor— dijo saludando al Patriarca e hincando una rodilla en tierra.
El Sumo Sacerdote percibió la tensión entre ambos guerreros y conminó a ambos a ponerse en pie.
—Caballero de Escorpio— comenzó a decir Shion—, ¿es cierto que usted ha desautorizado a la amazona de Ofiuco sobre un caballero de rango menor y del que ella está a cargo?
Milo tragó saliva pero se mantuvo firme, apretando los puños.
—Sí, mi señor— contestó rápidamente—, pero he de alegar en mi defensa que…
—Silencio— ordenó el Patriarca, alzando la mano derecha—. El abuso de poder está severamente castigado en este lugar sagrado. Y usted ha relegado y humillado a la amazona de Ofiuco, ordenándole realizar una tarea que no es de su rango. ¿Tiene algo que objetar al respecto?
Los ojos turquesas de Milo se desviaron hacia su izquierda, comprobando que la joven se mantenía tranquila en su posición.
—Efectivamente, mi señor— respondió el griego—. No era mi intención humillarla ni relegarla, ni mucho menos abusar de mi poder sobre ella. Quisiera recordarle a la señorita que previamente ella quiso desautorizarme a mí respecto al caballero de bronce de Unicornio que, como bien sabe usted porque así lo dispuso, está bajo mi tutela. Por lo tanto, si he de pedirle disculpas por mis modales a la hora de reprenderla, lo haré. Sin embargo, me mantengo firme en mi decisión de que, mientras Jabu esté conmigo, soy el encargado de decidir si debe o no debe realizar una tarea que le ha encomendado un caballero de plata.
El Patriarca giró el rostro hacia Shaina, quien comenzaba a mostrar signos de nerviosismo.
—Mi señor— profirió la muchacha—, el caballero de bronce de Unicornio está a mi cargo desde que usted lo asignara a mi batallón. Por lo tanto, creo estar en mi derecho de reclamar los servicios de mi subalterno para realizar las tareas que tiene encomendadas.
Ante esta situación, el Sumo Sacerdote se acodó en el reposabrazos de su trono y meditó unos segundos.
—Está claro que aquí ha habido un malentendido entonces, gracias a mí— murmuró Shion—. Shaina, ¿sabía usted que el caballero de Unicornio había pasado a estar bajo la tutela de Milo?
La joven guerrera se mantuvo unos instantes en silencio, mientras el griego la observaba con media sonrisa, cruzándose de brazos.
—Bueno…no…sí…no sé…—titubeó ella.
—Dilo claramente— animó Milo—, dile al Patriarca quién fue la que me llamó por la noche para que Jabu hiciera la ronda nocturna a pesar de que sabía que estaba bajo mi tutela.
Shaina gruñó una maldición por lo bajini, y giró el rostro enmascarado hacia el caballero de Escorpio.
—Sí, sabía que Jabu era alumno de éste, pero oficialmente no está escrito y supuse que todavía podía encargarle sus tareas, tal y como tengo planificado todo. Compréndame— prosiguió la muchacha, al ver que el Patriarca se llevaba las manos a las sienes masajeándolas—, yo tengo que cubrir las tareas encomendadas, y que me falte un guerrero para cubrir una baja imprevista supone una alteración en mi trabajo.
—Está bien, está bien…—suspiró el Sumo Sacerdote—. Debí haber publicado oficialmente que el caballero de Unicornio es responsabilidad de Milo por ahora. Pero también le digo— dijo dirigiéndose al caballero de Escorpio, quien había musitado un "jódete" bastante audible—, y absténgase de realizar comentarios groseros, que esa noche Jabu podía haber realizado aquella tarea que le había pedido su superiora. Y que esto no quita que usted no ha hecho las cosas como se supone que debería hacerlas un caballero de su rango.
Milo abrió los ojos como platos al escuchar la reprimenda del Patriarca, al tiempo que escuchaba un "ahora te jodes tú" proveniente de Shaina.
—Señorita Shaina, queda usted relegada de la tutela de Jabu de Unicornio, hasta nueva orden. Si necesita más guerreros, le expenderé un papel para que otra persona le ayude con sus tareas. En cuanto a ti, Milo, espero que se comporte como el caballero de oro que es, y que decline esa actitud arrogante con sus subordinados, aparte de que espero que esté cuidando correctamente a su alumno. Enseguida haré oficial en todo el Santuario aquello que me ha pedido, señorita Shaina. Podéis marcharos.
La amazona se giró con una sonrisa tras la máscara, pero al escuchar a Milo llamar la atención del Sumo Sacerdote frenó en seco.
—¿Qué más quieres?— preguntó el Sumo Sacerdote, tuteando a Milo.
—Es que es respecto a Jabu— dijo el griego—. Me ha expresado su deseo de cambiar de batallón y estar bajo la tutela de Marin de Águila en lugar de Shaina de Ofiuco. Si pudiera usted realizar la orden para ello…
Shion alzó la vista incrédulo, pero asintió afirmativamente.
—Dile que acuda a mi presencia cuando quiera, si ambas mujeres están de acuerdo, se realizará un intercambio de subordinados entre ellas. ¿Algo más?
Con un "No, nada más, mi señor", el caballero e Escorpio se despidió del Patriarca. Al darse la vuelta se encontró de frente con Shaina.
—¿Has estado lavándole el cerebro a Jabu?— preguntó la joven apretando los puños.
—Te equivocas de pleno— soltó Milo mientras pasaba de largo y salía del templo—. Ha sido él quien me lo ha pedido por voluntad propia. No imagino por qué…
Esta última frase provocó que Shaina diera un empujón al griego quien trastabilló pero sin llegar a caer al suelo.
Al levantar la vista observó a la mujer marchándose enfurecida.
—¡Te voy a denunciar por intento de homicidio!— exclamó él, riéndose de ella.
—¡Pues aprovecha mientras sigas vivo, que la próxima no lo cuentas!— gritó ella de vuelta.
Milo siguió riéndose entre dientes, mientras comenzaba a descender las escaleras, permitiendo la huida de la amazona de Ofiuco.
Al llegar a su templo, el griego se encontró a Jabu durmiendo en el sofá. Simplemente recogió la manta del sofá y se la echó por encima al adolescente, yéndose él a dormir a su cuarto tras apagar la luz de la estancia.
A la mañana siguiente, Jabu se despertó temprano, con el cuerpo dolorido por haber dormido en el sofá. Se revolvió un poco pero decidió levantarse, mientras sus huesos crujían.
—¿Maestro?— preguntó, al escuchar unas voces provenientes de fuera del templo.
Sorprendentemente, el griego se hallaba despierto y conversaba animadamente con Marin.
—Buenos días Jabu— saludó la muchacha—. ¿Es cierto eso de que quieres estar bajo mis órdenes, una vez que termine el tutelaje de Milo?
La noticia le tomó por sorpresa y sacudió la cabeza.
—Bien, pues no hay más que hablar, ¿no?— respondió el caballero de Escorpio, apoyándose en la pared—. Pues prepárate porque vas a ir con ella a ver a Shion, para que formalice el traspaso.
El japonés miró primero a su maestro y después a su futura jefa.
—¿Pero Shaina no ha puesto ninguna objeción al respecto? Tenía entendido que ambas partes deben estar de acuerdo para que se lleve a cabo.
La amazona de Águila asintió y sonrió tras la máscara que cubría su rostro.
—Hablé con ella esta mañana y parece ser que está de acuerdo. Extraño en ella, esperaba que opusiera más resistencia…
—Es que anoche la convencí para ello— aclaró Milo con sorna.
Jabu y Marin miraron sorprendidos al caballero de oro.
—¡Eh!— dijo el griego—¡No seáis malpensados! Tuvimos una agria discusión y al final terminó cediendo. Además— prosiguió—, sabiendo que Jabu no quiere seguir a su lado es una tontería que siga bajo su mandato.
La joven alzó una ceja de incredulidad y agarró de los hombros al caballero de bronce.
—Vámonos entonces, Shaina estará esperándonos en el templo, seguramente— y dirigió su rostro hacia el griego, levantándose la máscara de plata—. Qué le habrás hecho a Shaina para apaciguarla…
—¿Yo? Nada especial— contestó él—. Pregúntale a ella el numerito que montó para intentar fastidiarme. Le salió el tiro por la culata, eso es todo.
—Ya, ya— respondió Marin, no muy convencida, mientras se alejaba del templo de Escorpio.
Una vez que desaparecieron para cruzar el templo de Sagitario, Milo se giró para entrar en su templo, cuando sintió que algo bloqueaba la puerta. Al ver unas uñas moradas sujetando la puerta, dio un respingo.
—¿Pero tú no estabas en el templo del Patriarca?— exclamó el griego—. Y deja de acecharme, que me pones nervioso. Venga, lárgate a hacer el papeleo, que necesito a mi alumno de vuelta cuanto antes para entrenar.
La joven soltó la puerta y se retiró la máscara de plata.
—Estaré pendiente de ti las veinticuatro horas del día, esperando a que des un paso en falso. Y en cuanto lo hagas, te vas a enterar— dijo ella pasando el dedo índice por el cuello del hombre.
Milo sonrió de medio lado, sin dejarse impresionar, cerrando la puerta tras de sí y dejando a la joven fuera de su templo.
Shaina se colocó de nuevo la máscara y ascendió por las escaleras a saltos.
