¡Hola de nuevo!

Con este capítulo me pongo a la altura de "El castigo de Poseidón", por lo que podré subir el siguiente, pero ya mañana.

Muchas gracias por todos los mensajes privados y los comentarios que escribís en este fic. Me congratula que haya gente que me siga a pesar de todo el tiempo que he permanecido ausente y sobre todo, que haya perdonado mi falta. Gracias de verdad.

Beauty: sí, aunque no haya publicado durante mucho tiempo, he ido avanzando las historias un poco. ¡Gracias por seguir comentando!
Sslove: de nuevo, gracias por tu comentario y por seguir la historia. Me alegro de que te esté gustando.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!


9. Van dos

Deathmask colocó el pie sobre el cuerpo tendido de Milo, quien levantó la cabeza, aún aturdido por el golpe recibido.
—Come stai, scorpione?— preguntó con unas risotada el italiano, moviendo al griego con el pie—. Credo che andremo tutti d'accordo…una vez solucionemos lo que tengo pendiente contigo.

Lanzando un escupitajo a un lado, el siciliano deslizó el pie al suelo y seguidamente se agachó para agarrar los cabellos azulados de Milo, levantándole. La sangre seguía brotando sin cesar de su nariz.
—Che vuoi, stupido granchio?— contestó el griego en italiano, sonriendo tras deslizar la lengua por los ensangrentados labios.

Por respuesta, el caballero de Cáncer compuso una mueca de perplejidad y golpeó el cráneo del caballero de Escorpio contra el suelo.
—¡Déjale!— gritó Jabu, sin saber muy bien qué hacer—. ¡Voy a denunciarte al Patriarca por esto!

Acto seguido, el joven japonés se dio la vuelta para ir en busca de ayuda, cuando escuchó la voz socarrona del siciliano.
—Aspetta un attimo!— ordenó tajante, pero al ver que el muchacho seguía corriendo, Deathmask resopló y fue tras él—. ¡Que esperes te he dicho! Se t'acchiappo…

Al ver que Jabu seguía sin hacerle caso, el caballero de oro decidió atacarle, aturdiéndole con una neblina violácea. El caballero de Unicornio se llevó las manos al cuello al sentir que se quedaba sin aire, perdiendo el conocimiento y precipitándose al suelo de manera contundente.

—Je…te dije que esperases…te lo tienes merecido por desobedecer la orden que te da un superior— musitó Deathmask, acercándose al cuerpo tendido del japonés.

Antes de que pudiera hacer nada más, el cuerpo del siciliano se paralizó por completo. Deathmask aulló de dolor mientras Milo mantenía la restricción.
—Nadie, ¿me oyes bien Centollo?, nadie osa atacar a mi alumno sin recibir su merecido castigo— susurró el caballero de Escorpio, limpiándose la sangre que comenzaba a coagularse. Sin pensárselo dos veces, el griego devolvió el puñetazo a Deathmask, arrojándolo contra una columna y rompiéndola a su paso.

Rápidamente se acercó hasta donde yacía Jabu y comenzó a espabilarle.
—Vamos enano— dijo recogiéndole entre sus brazos, mientras el japonés comenzaba a entreabrir los ojos—, que esto no ha sido nada, tú puedes…inspira profundamente para airear los pulmones.

A pesar de las indicaciones y de los esfuerzos de Milo por mantenerle despierto, el caballero de Unicornio volvió a cerrar los ojos, no sin antes respirar con fuerza y toser.

No tuvo más remedio que dejar a su alumno en el suelo cuando se percató de que Deathmask volvía a la carga y esta vez más cabreado que nunca.
Aprovechando la posición acuclillada del caballero de Escorpio, el siciliano se lanzó contra él, derribándole de un golpe. Haciendo acopio de sus fuerzas, Milo frenó en seco y comenzó a preparar su ataque.

—Si quieres iniciar una Guerra de los Mil Días, ven a por mí— soltó el griego envalentonado.
—Como gustes— respondió el siciliano, arrojándose contra él.

El jaleo montado alrededor de ambos guerreros comenzó a despejar la mente del caballero de Unicornio, quien sacudió la cabeza y comenzó a toser de nuevo. Una última tos acompañada de un vapor violáceo le recordó lo acontecido minutos antes. Giró el rostro para localizar a su maestro, quien se hallaba en plena melé con Deathmask.

Al ver que la algarabía comenzaba a atraer a testigos del incidente quienes animaban a los caballeros, el japonés trató de meterse para poder frenar la refriega.

—¿Qué es todo este alboroto?— bramó una voz bien conocida para todos.

Las voces se apagaron súbitamente y sólo se escuchaba el sonido de unos golpes.

Abriéndose paso entre la multitud congregada, el Patriarca llegó hasta el origen del revuelo, para ver al caballero de Escorpio agarrando a Deathmask de la camiseta con la mano izquierda y asestándole puñetazos sin parar en la cara con la derecha.

—¡MILO!— rugió Shion, indignado por lo que sus ojos estaban presenciando.

En ese momento, los dos caballeros, magullados, giraron los rostros repletos de golpes y salpicados de sangre hacia donde se hallaba el Sumo Sacerdote. El griego soltó a Deathmask del agarre y se quedó lívido al comprobar que el Patriarca estaba realmente enfurecido.

—¡Los dos! ¡Ahora mismo! ¡A mi templo!— ordenó con rabia Shion—. ¡Apartáos de mi camino!— gritó enfurecido mientras hacía aspavientos con las manos al resto de guerreros que se habían reunido ante el clamor de la batalla.

Deathmask escupió sangre y se incorporó renqueante, reuniéndose junto a Afrodita que se había acercado al escuchar el revuelo. Apoyándose en su camarada, los dos ascendieron las escaleras en dirección al templo del Sumo Sacerdote.

Milo permanecía sentado en el suelo, moviendo las muñecas y observando que sus nudillos estaban hinchados de tanto golpear el rostro del siciliano.
Jabu acudió a su lado, tendiéndole la mano para ayudarle a incorporarse.
—Creo que tengo un problema serio— masculló con dolor, al sentir los golpes que comenzarían a aflorar en su piel—. Maldito Centollo…
—Apóyate en mi— aconsejó el japonés, para que pudieran caminar—. Lo siento mucho maestro, si hubiera hecho caso a Deathmask…
El griego sacudió la cabeza.
—Esto no tiene nada que ver contigo— respondió su maestro—. Esto vino por lo de la tortura del otro día, sabía que vendría a por mí y me pilló con la guardia baja, eso es todo. ¿Estás bien tú?

Jabu asintió pero no podía dejar de pensar en que aquel embrollo tendría sus consecuencias.
—Gracias por ayudarme a recuperarme— musitó—. Aún me siento un poco aturdido.
—Se te pasará— aseguró el caballero de Escorpio mientras ambos ascendían por el mismo camino hacia el templo del Patriarca.

Al cruzar por Acuario, Camus ya esperaba con los brazos cruzados y el rictus severo.
Milo alzó las palmas de las manos.
—Ahórrate la frase, ¿quieres?— pidió.
El francés se limitó a señalar a Jabu que dejara a su maestro seguir adelante solo, y el griego desapareció camino arriba. El joven alumno hizo el ademán de seguirle.
—No— dijo el caballero de Acuario—. Que vaya solo. A ver si así no te involucra más en sus movidas.

Y cogiendo al chaval de los hombros, lo recondujo hacia el interior de su templo, donde Hyoga aguardaba preocupado.

—Siéntate— pidió el acuariano—, tengo que contarte algo.

Con gesto preocupado, el joven se sentó junto a su hermanastro.

Camus resopló mientras se pasaba la mano derecha por la frente, con gesto cansado.
—A ver si diciéndote esto eres capaz de frenarle antes de que suceda algo más grave— comenzó el francés, tomando asiento finalmente—. Jabu, todos los caballeros de oro estamos en la cuerda floja del Patriarca. Como bien sabes, nuestros compañeros Saga y Kanon se hallan en cabo Sunión encerrados junto a Radamanthys por liarla tanto últimamente. ¿Sabías esto?

El caballero de Unicornio asintió con un leve gesto, añadiendo que aquellas noticias fueron la comidilla ya que no tenían muy claro qué había sucedido.
—Bien— respondió el francés—, pues ahora mismo, cualquiera de los once que quedamos, podemos ir a acompañarlos en su encierro. Shion está con el ojo avizor para ver a quién envía a ese lugar y tu maestro tiene todas las papeletas de acabar allí gracias a su comportamiento.
De hecho, Belial, uno de los guardas personales del Patriarca ya me ha confirmado que tiene una amonestación, de un total de tres. Y me imagino que ahora mismo estará rellenando la segunda, con lo cual, una nueva falta y tu maestro se irá directo a cabo Sunión.

Jabu se quedó sorprendido ante tal información y se rascó la cabeza.
—¿Yo qué puedo hacer?
—Cuidar de que no se meta en problemas antes que otro caballero de oro— respondió tajante el caballero de Acuario—. Lo que queremos hacer los demás es enviar a Deathmask a cabo Sunión, pero es difícil pillarle en un renuncio ya que está últimamente muy esquivo con todos. Pero a la vez, anda picando a todos los que le torturamos el otro día, para que saltemos y paguemos nosotros.

Hyoga miró a su maestro con cara de incredulidad.
—¿Y eso cómo lo sabes?— preguntó el ruso—. ¿Cómo estáis tan seguros de que Deathmask no se está cobrando solo la venganza de la tortura del otro día, simplemente?

El caballero de Acuario esbozó media sonrisa.
—Ha estado presionando a Shura, todo lo que ha podido. A base de insultos e incluso retándole para pelear. Afortunadamente, el caballero de Capricornio no ha entrado al trapo, porque se ha enterado por alguien que esa era la intención de Deathmask.

Tratando de encajar todas las piezas del puzzle, Jabu se mesó las sienes.
—Con esto deduzco que Deathmask conoce los planes del Patriarca…
—Exacto— añadió el francés—. Así que mucho ojito con lo que os diga o haga el caballero de Cáncer, así como sus amistades…ahora tenemos la certeza de que sabe los planes de Shion, pero tenemos la ventaja de que él no sabe que nosotros también lo sabemos. Con lo cual, es tu deber proteger a tu maestro de los envites del siciliano, ¿entendido?

Aún con gesto preocupado, Jabu respondió que haría lo posible por evitar que su maestro volviera a meterse en problemas.
—Una pregunta— dijo el japonés—, ¿cómo sabéis vosotros que Shion planea mandaros a cabo Sunión?
—Nuestro topo particular: Isaak— respondió Hyoga sonriente—. Él nos pasa información de cómo van las cosas por allí.
—Por Atenea, que esto parece una película de espías— clamó Jabu.

Los dos hermanastros se echaron a reír cuando escucharon varios golpes en la puerta.
El francés la abrió para dejar pasar a Milo, quien se veía apesadumbrado. Arrastrando los pies y con los primeros hinchazones en su rostro, se sentó junto a sus compañeros.

—¿Y bien?— inquirió Camus—. ¿Qué te ha dicho? O ma´s bien, qué os ha dicho el Patriarca.

El griego miró a su amigo y exhaló un suspiro, mientras tamborileaba los dedos sobre la mesa.
—Que una más y me quita a Jabu como alumno.
—Te está bien empleado—apostilló el francés.
Milo bufó de mala gana.
—Oye, ya he tenido suficiente con la bronca que me ha soltado Shion, no vengas tú a echar sal a la herida. Lo único bueno es que ha amonestado también a Deathmask. Y al parecer, esta es la segunda vez que lo hace.

Los tres hombres miraron al caballero de Escorpio con incredulidad.
—¿La segunda dices? Entonces, eso quiere decir que ya fue amonestado previamente y que ahora estáis empatados— soltó Hyoga echando cuentas.
Con un leve cabeceo, el griego confirmó sus palabras.
—Pues que te cuente Jabu lo que hemos averiguado Hyoga y yo, y luego me cuentas. Será mejor que vayáis a descansar a vuestro templo, son demasiadas emociones por hoy— aconsejó Camus incorporándose de la silla, siendo imitado por los tres hombres.

Al alcanzar la puerta, el francés sujetó a su amigo por el pecho.
—Manda narices que sea un chaval más joven quien tenga que encargarse de un adulto— masculló Camus, advirtiendo a su amigo.

Aún renqueante por los golpes recibidos, maestro y alumno alcanzaron su templo.

—Vaya Milo, qué guapo te veo esta noche— soltó una demasiado conocida voz a su espalda—. Te sienta muy bien tener la cara hinchada de golpes. Pero la próxima vez, déjame realizarte ese tratamiento de belleza.
El caballero de Escorpio puso los ojos en blanco y mandó a su alumno entrar. Seguidamente, se encaró a la amazona de Ofiuco.
—¿Qué quieres ahora?— preguntó secamente el griego—. ¿No puedes dejarme en paz ni un minuto o qué? ¿Tanto me amas que tienes que estar pendiente de todo lo que hago?

Shaina gruñó un insulto y se cruzó de brazos.
—Ya te advertí que sería tu sombra para esperar a que la cagaras— y levantó los dedos índice y corazón de su mano izquierda—. Dos. Una más y te quitan la custodia de Jabu y de paso unas vacaciones en cabo Sunión.

El griego agarró a la amazona por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo.
—¿Cómo te has enterado tan rápido de esto?— preguntó sin disimular su rabia—. Espero que no tengas nada que ver con tu compatriota, porque te juro que…
La joven simplemente depositó los dos dedos sobre la boca del caballero de Escorpio.
—Stai zitto, scorpione.
A continuación se deshizo del agarre del griego y se alejó de allí a saltos. Antes de bajar por las escaleras que conducían a Libra, se giró sobre sí misma.
—Ti tengo d'occhio.

Milo apretó los puños y entró en su templo, dando un portazo que retumbó por todo el Santuario.


NOTAS:

Come stai, scorpione? ¿Cómo estás?
Credo che andremo tutti d'accordo. Creo que vamos a llevarnos bien
Che vuoi, stupido granchio? ¿Qué quieres, cangrejo estúpido?
Aspetta un attimo! Espera un momento.
Se t'acchiappo… Como te coja
Stai zitto, scorpione. Cállate.
Ti tengo d'occhio- Te estoy observando.