¡Buenas!

Ahora sí, penúltimo capítulo de esta historia :)

Contesto a los anónimos:
Beauty: ¿Qué significa "mediar el agua a los camotes"? No entendí esa expresión y me has dejado con la intriga. ¡Gracias por el comentario y por seguir leyéndola!

Ah y una pequeña notita, que muchos me preguntáis: no, en este fic Milo y Shaina no son pareja XD aunque parecen una de divorciados peleando por la custodia del hijo en común (en este caso, el subordinado en común, Jabu). Pero no. De hecho es una de las parejas que, si bien están muy asentadas en el fandom, siempre me he preguntado quién y por qué le dio por emparejarlos, si ni en el manga ni el anime comparten un solo diálogo, y ni siquiera comparten escena. Siempre me he preguntado por las parejas del fandom, cómo surgen tan espontáneamente ¿Alguien que me arroje luz sobre esto? Es curiosidad.

Muchas gracias a todos los que marcáis como favorita o seguís las desventuras de Milo y Jabu, espero que este nuevo capítulo sea de vuestro agrado.


10. Encuentros en la palestra

Shion sujetaba la carta que había recibido de parte de Poseidón. Enarcó las cejas mientras leía algunas anotaciones, en otras fruncía el ceño y finalmente una sonrisa se apoderó de su ajado rostro.
—¿Ves Arles?— dijo sacudiendo la carta—. Parece que esos dos empiezan a comportarse como auténticos caballeros de oro.
—A buenas horas— masculló su mano derecha.
—El caso es que, viendo los excelentes resultados, creo que sería una idea interesante enviar más de ellos a ese reformatorio, ¿no crees?— preguntó con una sonrisa maligna a Arles.
—Mi señor, ¿no quería enviar a uno?— respondió con otra pregunta el aludido—. ¿O acaso piensa hacer desfilar a todos por cabo Sunión?
Shion no respondió. Simplemente comenzó a darse golpecitos con el papel sobre los labios.
—Es que tenemos un problema— musitó pensativo.
Arles miró al Sumo Sacerdote con curiosidad. Shion señaló con la carta lo que sujetaba entre las manos, por lo que levantó el papel de la cuartilla.
—Ah…cierto…

[Templo de Escorpio]
Milo no cesaba de revolverse entre las sábanas. Las horas pasaban lentamente durante la madrugada pero el caballero de Escorpio se veía incapaz de conciliar el sueño. Ya casi había amanecido cuando se incorporó de la cama completamente agotado y acompañándole un terrible dolor de cabeza.

Bajó al piso inferior y se tumbó en el sofá, tapándose con la manta y abullonando un cojín como almohada. No bien había cerrado los párpados cuando escuchó la puerta de la habitación de Jabu chirriar. El griego bufó de mala gana y se llevó una mano a la frente.

El japonés dio un respingo cuando vio los pies de su maestro asomando por el borde del sofá. Se acercó cautelosamente y comprobó que tenía ojos cerrados. Para cerciorarse de que estaba durmiendo, Jabu pasó las manos por delante del rostro de Milo.
—¿Qué haces idiota?— masculló el caballero de Escorpio, abriendo los ojos súbitamente. Su alumno empalideció súbitamente y pidió perdón.
—Pensaba que estabas dormido— acertó a decir, agachando la cabeza a modo de disculpa.

—Pues no— refunfuñó el griego, incorporándose del sofá con cara de sueño—. No he pegado ojo en toda la noche y bajé a ver si era capaz de dormir aunque fueran dos horas. Pero veo que es imposible…

Finalmente se levantó del sofá y arrastrando los pies se sentó en un taburete de la cocina, donde comenzó a prepararse una bebida energética.
—Si le sirve de consuelo, yo tampoco he dormido nada— informó Jabu, bostezando ruidosamente, mientras se alborotaba los cabellos castaños.
—¿Y eso?— preguntó su maestro mientras cogía un vaso y daba un largo trago a la bebida.
—Bueno— dijo el japonés—, estoy inquieto por todo lo que está sucediendo. Especialmente saber que estás en la cuerda floja y que depende de mí que no te metas en problemas. Es una gran responsabilidad.

Milo no pudo hacer más que escupir lo que había llenado su boca. Con la bebida chorreando por su barbilla, rápidamente recogió un paño de cocina y se dispuso a secarse.
—¿Lo qué?— exclamó extrañado—.¿Qué narices estás diciendo de que dependo de ti para no meterme en problemas? ¿Qué problemas?
Jabu se mordió el labio inferior mientras se sentaba en otro sofá, acurrucándose y con los dos ojos castaños mirando a su maestro.
—Es lo que me pidió Camus, que vigilara que no te metías en problemas— soltó el pequeño—; sólo estoy cumpliendo órdenes de un superior.

Arrojando el trapo con furia contra la mesa, el griego giró la cabeza para ver a su alumno mientras articulaba un insulto hacia el francés.
—No necesito niñera, como yo tampoco soy la niñera de nadie— informó, señalándole—. Me importa un bledo lo que te haya dicho ese francés metomentodo. Yo no causo problemas, a ver si os queda claro de una maldita vez, me los causan a mí.
Acobardado por el tono malhumorado de su maestro, el caballero de Unicornio se acurrucó más en el sofá.
—Es que manda huevos— bufó de nuevo Milo, poniendo los brazos en jarras—. Tengo a Deathmask pisándome los talones y provocándome para que sea yo quien pierda y me manden a cabo Sunión. Además tengo que sufrir a Shaina dándome por culo también, que está en plan chivata soplándole al Patriarca todo lo que hago. ¡Estoy harto!— exclamó arrojando esta vez el vaso al suelo, haciéndose añicos—. ¡HARTO! ¡Luego el que se la carga soy yo! ¡Pues no señor, esto no va a quedar así! Si el Patriarca me manda finalmente a cabo Sunión, me llevo a esos dos conmigo como me llamo Milo.

Jabu tragó saliva. La última frase sonó realmente como una amenaza, provocando que el pequeño se revolviera inquieto.
—¿Y qué piensas hacer?— se atrevió a preguntar el japonés—. Porque tal y como está el patio, el primero que pise en falso será enviado a ese lugar.
Milo se mesó la barbilla y lanzó una mirada al reloj de la pared.
—Creo que ya sé cómo hacerlo…va arder Troya…

El caballero de Escorpio ordenó a su alumno prepararse para acudir a la palestra mientras él realizaba una llamada de teléfono.

En cuanto vio a Jabu con las ropas de entrenamiento, Milo colgó y ambos salieron por la puerta, bajando a toda prisa las escaleras de los templos.

Una vez en la zona de entrenamientos, Milo observó que Deathmask estaba apoyado en uno de los pilares, charlando animadamente con Afrodita.

—Quédate aquí Jabu y no intercedas bajo ningún concepto— ordenó a su alumno, mientras se daba la vuelta y caminaba hacia donde se hallaban sus compañeros—. Buongiorno, stupido granchio— saludó el caballero de Escorpio.
El caballero de Cáncer miró con desdén a su compañero de armas y sonrió de medio lado.
—Vafanculo— respondió, volviendo de nuevo la mirada hacia el sueco, quien miraba a ambos compañeros sin saber muy bien qué hacer. Un guiño bastó para que el caballero de Piscis desapareciera rápidamente.
Milo hizo crujir sus nudillos, mientras oteaba con cautela alrededor, buscando a alguien.
—Tenemos asuntos pendientes que resolver tú y yo, ¿cierto?

Pero el caballero de Cáncer solamente cruzó los brazos detrás de la cabeza y se apoyó en una de las columnas.
—Digamos que está todo olvidado—soltó socarronamente.

Los dos caballeros se miraron a los ojos, aguantándose la mirada desafiante.
—¿Olvidado?— soltó el caballero de Escorpio—. No, tú no olvidas fácilmente; de hecho, creo que estás tramando algo por detrás, ¿me equivoco?

Ante la impasibilidad del siciliano, el griego prosiguió el tercer grado.
—¿Qué trajín te tienes con tu compatriota? Ya sabes a quién me refiero.

Deathmask comenzó a reírse y le guiñó un ojo descaradamente.
—¿Tienes celos de que hable con ella o qué?— declaró sibilinamente—. Dudo que seas su tipo de hombre…

Milo negó con la cabeza y sonrió de medio lado.
—Ni se me ocurriría compartir las sábanas de su cama que ha compartido contigo, tranquilo— comentario que provocó un cambio en la actitud del italiano—. Me interesa más saber qué habéis estado hablando, no qué fluidos habéis intercambiado.

Finalmente, el caballero de Cáncer bajó los brazos y se separó de la columna, acercándose al caballero de Escorpio.
—Como vuelvas a dirigirte con esas palabras a mi o a Shaina, ti spacco la faccia. Capisci?
—Sei fuori, granchio…pero dime qué os traéis entre manos. ¿O acaso crees que soy idiota y no he visto que has mandado a Afrodita a avisarla?

Deathmask cerró los ojos y comenzó a reírse incontroladamente.
—Scorpione, ¿y tú creías que yo querría ir a cabo Sunión? Estamos empatados, y debo desempatar…para que seas tú quien ocupe esa famosa cama libre.

Ampliando la sonrisa, el griego desvió la mirada de nuevo buscando a una persona. Finalmente, divisó la figura del caballero de Acuario adentrándose en la palestra y situándose cerca de Jabu. Tras él, una figura se situó al lado del francés, provocando la sorpresa del caballero de Unicornio.
Deathmask se hallaba de espaldas al lugar donde se hallaban Camus, Jabu y la otra persona.

—Así que— dijo Milo alzando la voz—, sabes que estamos empatados en las hojas donde apunta el Sumo Sacerdote todo lo malo que hacemos, ¿cierto?

Deathmask se hallaba de espaldas al lugar donde se hallaban Camus, Jabu y la otra persona.
—Claro que lo sé— respondió el italiano alzando una ceja—, ¿pero tú cómo sabes que lo sé?
—¿Y tú cómo sabes eso?— preguntó el griego, desviando el tema, y mirando de reojo a la figura que estaba junto a su amigo.
—Pues porque le quité la cuartilla a Arles sin que se enterara y leí todo lo que tenía apuntado— respondió el siciliano como si fuera lo más normal del mundo—. No fue tan difícil…

—¡Deathmask!— bramó una voz a su espalda—. ¿Has robado la cuartilla para espiar todo lo que llevaba apuntado allí y tomar ventaja de tus compañeros?

El rostro del siciliano se tornó blanco y no pudo articular palabra. Lentamente se giró para darse de bruces con el Sumo Sacerdote, quien esperaba una respuesta.
—Esto…yo…no…se le cayó y miré sin querer…sí, eso fue lo que pasó— respondió Deathmask, esperando que colara. Pero el rostro serio del Patriarca no cambio ni un ápice y agarró al caballero de Cáncer del brazo, listo para llevárselo de allí.

Sin embargo los dos pararon cuando escucharon un estruendo acompañado del rugido de un león. Aioria aterrizó en la palestra hecho una furia y señaló al caballero de Escorpio, que en esos momentos se hallaba disfrutando de su victoria frente a Deathmask.

—¡Milo, hijo de la grandísima puta de Babilonia!— rugió el griego de cabellos rubios, dirigiéndose a su compatriota directo a estrellarle un puñetazo en el vientre—.¡Que sea la última vez que me robas el colchón de mi cama!

Sin que pudiera evitarlo, el caballero de Escorpio recibió el golpe de Aioria en el vientre, siendo arrojado hacia donde aguardaban Camus y Jabu.
El japonés corrió a socorrer a su maestro, quien se incorporó con la mano sobre la tripa, aquejado de dolor, pero ello no impidió que saltara hacia el caballero de Leo y le asestara una patada en la quijada, derribando a su compatriota.
En un cuestión de segundos, los dos caballeros de oro se hallaban enzarzados en un revuelo de puñetazos, patadas y agarres.

El Sumo Sacerdote echaba espuma por la boca y soltó a Deathmask.
—No te creas que te has librado— espetó al siciliano—. ¡Parad ahora mismo los dos!— gritó, sin ser escuchado.

Entonces Jabu decidió intervenir, acercándose a su maestro y tratando de llamarle la atención.
—¡Maestro por favor!— gritó el japonés, tirando del brazo de su maestro.

Sintiendo ese agarre, Milo, quien no había escuchado ni al Patriarca ni a su alumno, simplemente se giró y arreó un puñetazo a aquel quien impedía su pelea, lanzándose de nuevo contra Aioria e ignorando lo que acababa de hacer.

Camus se llevó la mano a la boca asustado por el sonido del golpe y corrió hacia el joven caballero de bronce, aturdido por el puñetazo y sangrando a borbotones por la boca y la nariz.

La ira del Patriarca iba en aumento, cuando una tercera parte apareció por la palestra, habiendo sido testigo del puñetazo que propinó Milo a su propio alumn.

Shaina, al ver todo el percal levantado, se dirigió hacia Jabu, quien aún estaba siendo atendido por el caballero de Acuario.
—¿Ves lo que sucede cuando tienes a un maestro como Milo?— dijo desdeñosa la amazona de Ofiuco, tomando del brazo al joven—. Vamos, que te curo las heridas.

Camus frunció el ceño y asió más al caballero de bronce.
—De eso nada, se queda conmigo, que tú le estás utilizando en tu guerra personal contra Milo. Y él ya ha decidido qué hacer, creía que te había quedado claro y que ahora forma parte del pelotón de Marin.

Pero la joven no estaba dispuesta a aceptar la huida de su antiguo subordinado; al fin y al cabo era el único que cumplía sus órdenes sin rechistarla.
—De eso nada, eso es porque tu querido amigo le ha lavado el cerebro— dijo agarrando al caballero de Unicornio y llegando hasta donde estaba el caballero de Escorpio peleando con Aioria.

La joven, sin pensárselo dos veces, descargó su ataque sobre ambos caballeros de oro, dejándoles inutilizados para seguir combatiendo.

—¿Qué haces loca?— exclamó Milo, sacudiéndose los chispazos que la Garra de Trueno le había dejado en el cuerpo—. ¿No ves que estoy peleando contra Aioria o qué?

—¡Mira lo que le has hecho a tu propio alumno!— soltó la amazona, mostrándole al caballero de Unicornio, quien goteaba sangre y su rostro comenzaba a hincharse.
—¡Eso se lo has hecho tú, no me acuses de algo que no soy culpable!— exclamó de vuelta el griego preparándose para atacar de nuevo al caballero de Leo.

Pero la amazona de Ofiuco agarró a Milo por la camiseta, impidiéndole seguir peleando.
—¡Ha dicho el Patriarca que paréis ya!— gritó exasperada.

Finalmente, tanto el caballero de Leo como el de Escorpio cesaron en sus intentos de atacarse mutuamente. Especialmente cuando observaron al Sumo Sacerdote observando la escena con los brazos cruzados.

—¡Jabu!— dijo la italiana al caballero de bronce—. ¿A que no quieres seguir con Milo como maestro?
—¡Shaina deja de tocarnos los huevos de una puta vez! ¡Vete a follar con Deathmask, ya que sois tan amigos ahora!— bramó el griego, harto de la amazona.
La respuesta no se hizo esperar y recibió una bofetada por parte de ella que hizo eco por toda la palestra.

— Deathmask, Milo, Aioria y Jabu. Venid los cuatro a mi templo. Ahora mismo— la voz del Patriarca seca y distante provocó escalofríos en los cuatro aludidos.
Shaina sonrió triunfalmente y se cruzó de brazos.
—Tú también, amazona de Ofiuco.

Esta frase, añadida por el Sumo Sacerdote, borró de un plumazo la sonrisa tras la máscara de plata de la joven italiana.