Buenas,
Último capítulo de las andanzas de Milo y Jabu, ¡espero que os guste!
Quisiera agradecer a Amaranth9, Aquarius-chan, Artemiss90, BParaisoAS, Fanobel, Kimi-Sousuke, Mary Yuet, Miss Neko, Dragneel, PaolaAcuario12, TsukihimePrincess, Victoria Nike, angel de acuarioe, strella Blank, kaiserin08, kitterys, lilly jane, yolandachiku, Aquila no Asuka, Dakota Spencer, El ninja Samurai, Kaito Hatake Uchiha, Megaterio, Paola Acuario12 y Paularamone por seguir y/o marcar como favorita esta historia ¡muchas gracias!
Y a todos los que habéis dejado comentario en ella, siempre os he respondido por privado, agradeciendo vuestras palabras y consejos. ¡Muchas gracias también a vosotros.
Respondiendo a los que no tenéis cuenta en FanFiction:
Beauty: muchas gracias por la aclaración, siempre es un gusto conocer expresiones nuevas:) y respecto a lo de Milo y Shaina tienes razón, el caballero de Escorpio dice "ah, esa mujer caballero?" en esa escena. Suena muy raro ajajaja parece que Shaina fuera una marimacho (bueno, y un poco lo es, eh). Y el fandom enseguida saca punta a todo. Aún así, no cruzan ninguna palabra ni se ven en ningún momento en toda la serie. No coinciden nunca XD ¡Gracias por seguir la historia hasta el final!
Sslove: xD no sé, publiqué el capítulo 9 un día o dos antes del 10, no recuerdo ya. ¡Gracias a ti también por leerla entera y por tus palabras!
Cierro también el capítulo de el castigo de Poseidón, por lo que esta parte ya se cierra por completo. Voy a dedicarme un tiempo a cerrar las historias que tengo en AO3 e iniciaré una historia en plan drama y aventuras, con Camus y su maestro. Para los que no lo sepan, uno de mis primeros fics trata sobre Milo y como consigue la armadura de Escorpio, junto a su maestro y la ayuda de los dioses egipcios. Ese fic se titula "Serket, la diosa escorpión" y quería abrir otro en ese estilo, pero con Camus, y siguiendo los acontecimiento de ese otro fic con Milo. Tengo descartes de capítulos y los he retocado, añadiendo y quitando cosillas. Lo subiré dentro de poco.
De momento, quiero descansar de la saga de humor.
¡Espero que haya sido de vuestro agrado! ¡Nos vemos!
11. El castigo de Shion
Silencio en el templo del Patriarca. Sólo se escuchaba el ruido que realizaba Urania mientras pasaba la fregona por el suelo. Con su habitual lentitud en el ritmo, el sonido del movimiento emulaba los segundos que pudiera haber hecho un reloj.
Sentado en el trono, Shion se mantenía callado, pensando, con unos papeles en su regazo. A su diestra, Arles se mantenía de pie, expectante ante lo que pudiera acontecer. Previamente se había colocado unos tapones en los oídos para evitar la posible erupción volcánica de su superior.
Frente a ellos, con una rodilla en tierra, los caballeros de Escorpio, Cáncer, Ofiuco y Unicornio. Cada uno con los labios sellados, pero con la vista puesta en un rincón diferente de la sala, mientras escuchaban el fregotear de Urania.
De repente, el silencio se cortó cuando la sirvienta fue a escurrir la fregona y el asa de metal golpeó el caldero. El Patriarca se revolvió incómodo en su asiento.
—Urania por favor, deja eso para más tarde— pidió con un gesto, indicando a la señora que se marchase del lugar. Encogiéndose de hombros y a paso lento, la sirvienta recogió los aperos de limpieza y abandonó la estancia, arrastrando los pies.
Con ella fuera de juego, Shion tosió un par de veces y recogió los papeles, entregándoselos de nuevo a Arles.
—Deathmask— nombró el Patriarca—, de pie y un paso al frente por favor.
El siciliano se incorporó e hizo lo que le ordenaron, atendiendo con una leve inclinación de cabeza.
—¿Conoces las razones por las cuales estás aquí?— preguntó Shion, acomodándose en su trono, aguardando la respuesta.
Rascándose la nuca y torciendo media sonrisa, el caballero de Cáncer susurró un "me lo imagino" dejando escapar una risa nerviosa.
—Yo no tengo ganas de reírme Deathmask— cortó el Patriarca—; es más, si yo estuviera en tu lugar, no me reiría un ápice. Estás aquí porque has cometido varios actos que me han molestado en lo más profundo de mi ser, no sólo has traicionado a tus compañeros sino que encima les has provocado. Además, has robado un documento privado, utilizando la información contenida para tu propio beneficio. Considerando todo esto, me veo en la obligación de castigarte de acuerdo al trato que he realizado con Poseidón, por lo que irás a pasar una temporada en Cabo Sunión.
La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre el siciliano, quien abrió la boca sin poder creerse lo que acababa de escuchar. Los otros tres presentes soltaron una exhalación de alivio.
—Así es— señaló el Patriarca—, ocuparás la cama libre de la cárcel. Shaina— dijo nombrando a la muchacha—, levántate y da un paso al frente.
Con un "sí señor" bajito, la amazona se acercó dando un paso.
—¿Y tú?— comenzó Shion— ¿Sabes por qué estás aquí? Retírate la máscara, por favor.
Con el nivel de voz bajito, la joven susurró un "no…no lo sé" al tiempo que se quitaba el protector metálico del rostro, mordiéndose el labio inferior, agachando la mirada.
Shion contempló la reacción facial de Shaina, quien evitaba en todo momento tener contacto visual directo con el Patriarca.
—Mírame cuando te dirijo la palabra— ordenó él, por lo que la muchacha alzó los ojos verdes hacia los del lemuriano—. Así me gusta, que aprendas a obedecer mis órdenes. Porque no has obedecido nada de lo que te he pedido, ni siquiera aquello que firmaste conmigo de testigo, sobre la tutela de Jabu. Además, te has aprovechado de la información que te dio Deathmask, formando una alianza para fastidiar a un compañero, ¿cierto?
"Lo sabía" musitó Milo desde su posición, al tiempo que Shion le pedía silencio.
La amazona se quedó muda y dejó escapar un suspiro de resignación.
—Todo eso que dice usted es cierto, mi señor—declaró ella, desviando la mirada hacia el griego—, pero la razón de mi comportamiento vino motivado por la actitud soberbia del caballero de Escorpio hacia mi persona. Si se hubiera dirigido a mi de buenas maneras, yo jamás hubiera tenido que tomar represalias contra él.
—¡Serás embustera!— alzó la voz Milo, incorporándose—. ¡Si me llamaste de madrugada exigiéndome de malos modos que Jabu fuera a hacer la guardia!
—¡Milo cállate!— ordenó el Sumo Sacerdote—. En cualquier caso, tú comportamiento no ha sido ejemplar para tu rango y has acumulado también varios puntos…
—Aceptaré mi castigo, mi señor— acató la amazona agachando la cabeza—. Si quiere que realice más guardias o que entrene a alguien o que…
—No— cortó el Patriarca—. Nada de eso querida. De hecho, tu castigo será ir a Cabo Sunión.
—¿Perdón?— soltó la joven, tornándose pálida—. Pero…¡pero si ya ha enviado a Deathmask!
Shion se miró las uñas mientras esbozaba una sonrisa.
—Lo sé— murmuró con sorna—, pero es que he llegado a un acuerdo con Poseidón…y resulta que los gemelos se han comportado en la cárcel…por lo que ellos vendrán aquí de nuevo…
Milo miró a Jabu de soslayo con cara de terror.
—No por favor…eso no…— musitó.
—Sí, Milo, sí— dijo el Patriarca esbozando una pérfida sonrisa—, tú también irás a Cabo Sunión con ellos dos— dijo señalando a Deathmask y Shaina quienes bufaron contrariados—. Es más, en cuanto los Repetidos estén aquí, y estarán al caer, iréis derechitos a la cárcel. ¡Los tres! ¡Y no quiero quejas!
Jabu tragó saliva pero respiró aliviado al enterarse de que él no sería enviado.
—En cuanto a ti— comentó al caballero de Unicornio—, veo que has sufrido lo indecible junto a Milo. Por lo que quedas libre de su tutela y a partir de ahora irás con Marin. Milo— dijo mirando al caballero de Escorpio—, lo tuyo no tiene palabras…has robado a un compañero, has maltratado psicológica y físicamente a tu alumno, te has metido en varias peleas…como maestro eres…
—El mejor— exclamó de improviso el japonés, para sorpresa de los allí reunidos.
El adolescente se había incorporado y miraba al Patriarca a los ojos.
—Sí, reconozco que al comienzo de estos días mi maestro no me ha tratado como esperaba—dijo señalándole—, pero a medida que he ido conociéndole me he ido encontrando más y más a gusto con él. Sé que es duro y tiene un carácter un poco complicado, pero en el fondo es noble y no hace las cosas para hacerme daño sino para empujarme a superarme. Créame, señor, que jamás hubiera esperado tener mejor maestro que Milo de Escorpio.
—Qué momento tan tierno— espetó Deathmask, componiendo una mueca de desagrado.
El griego se había quedado mudo por primera vez y miró a su alumno, tras lo cual miró al Patriarca. Éste se mesó la barbilla y tamborileó los dedos sobre el reposabrazos.
—Acepto tus palabras Jabu— dijo después de pensárselo unos segundos—, pero mi decisión está tomada y Milo irá a cabo Sunión igualmente. Así que venga, iros todos a prepararos mentalmente, que no creo que Saga y Kanon tarden en regresar.
Los cuatro guerreros salieron del templo del Patriarca cabizbajos.
—Lo siento mucho maestro— musitó el caballero de Unicornio, abatido—, creí que mis palabras ablandarían al Sumo Sacerdote pero ha sido inútil.
Milo sonrió de medio lado y le dio una palmada en el hombro.
—Está bien Jabu— respondió—. Llevo mentalizado de que iría a cabo Sunión desde hace tiempo. Pero gracias por intentar echarme un cable. En fin— dijo mirando al horizonte, donde el sol comenzaba a ponerse lentamente por el oeste—, eres libre de mis cuidados. Ha sido divertido tenerte como alumno.
—¿Cuidados?— soltó la amazona con sarcástica, mientras se abría paso entre maestro y alumno a codazos, seguida de Deathmask que atizó un capirotazo a Milo en la cabeza.
El griego fue a lanzarse contra los italianos, pero Jabu le sujetó a tiempo, hasta que ambos comenzaron a descender por las escaleras hacia Piscis.
—Y voy a tener que aguantar a esos dos en 4 metros cuadrados de cárcel…— bufó airado, blandiendo un puño en alto.
El caballero de Unicornio comenzó a reírse, momento en el cual recordó el puñetazo que tenía en el rostro y se llevó la mano a la cara, al percibir los puntazos de dolor al haber sonreído.
Milo volvió el rostro hacia su ya ex alumno y comenzó a reírse de su cara hinchada.
—¡No te rías de mi, que encima tú eres el responsable de esto!— dijo malhumorado el japonés, provocando aún más la carcajada de su ex maestro.
—Se te pasará, no te preocupes— respondió el griego—. Bueno chaval, disfruta de Marin y de todo lo que puedas aprender aquí en el Santuario. Cuando quieras ya sabes dónde me tienes— dijo revolviéndole los pelos a Jabu, quien bufó airado y se los recolocó.
—Gracias maestro— soltó el joven—. Espero poder verte pronto por el Santuario de nuevo.
Milo asintió y le guiñó un ojo.
—Volveré antes de lo que todo el mundo espera. Cuídate enano— dijo alzando la mano y comenzando a bajar las escaleras.
Jabu se quedó unos instantes quieto, conmovido por aquella despedida.
—¡Maestro!— gritó de improviso. El griego se giró y vio como el adolescente descendía el tramo de escaleras rápidamente. Al llegar a su altura, abrió los brazos. Milo se quedó mirándole perplejo, aún con las manos en los bolsillos.
—¿Un abrazo?— pidió el japonés con un brillo en los ojos.
El caballero de Escorpio se retiró hacia atrás con gesto de desagrado.
—¡No me seas Hyoga!— respondió, pero al ver la cara de desilusión del pequeño, chasqueó la lengua—. Está bien, pero sin mariconeos.
Finalmente Milo se agachó, rodeó con sus brazos a Jabu y enseguida se retiró, volviendo a meter las manos en los bolsillos.
—Menuda mierda de abrazo— se quejó el japonés con una risa.
No lejos de allí, Camus e Hyoga habían visionado aquella despedida.
—Es la primera vez que veo a Milo dando un gesto de cariño— susurró Hyoga con una sonrisa, para a continuación dirigir la vista hacia su maestro. Al sentirse observado, el francés negó con la cabeza.
—Ya sabes la respuesta— dijo tajante, sin cambiar su semblante serio.
—¿Pero por qué no?— gimoteó Hyoga—. Si Milo lo ha hecho tú…
—No.
—Siempre has sido como un padre para mi…
—No.
—¿Ni tan siquiera uno medioabrazo, como el que le ha dado Milo a Jabu?
—No.
Hyoga siguió insistiendo, mendigando un poco de cariño por parte de su maestro, sin éxito.
Cuando los gemelos regresaron al Santuario, nadie les esperaba. Aldebarán fue el único que salió a saludarles cuando ascendían por las escaleras camino a Géminis.
—¿Es que nadie nos ha echado de menos?— gimoteó Saga, contrariado al ver el poco afecto recibido desde que regresaron.
—Es que solo habéis estado fuera menos de una semana— dijo el caballero de Tauro—. Aparte de que habéis dado tanto la lata y nos habéis metido en tantos problemas que no creo que a los demás les haga mucha ilusión vuestra vuelta.
Kanon se mesó la barbilla y preguntó al brasileño si sabía dónde estaba Milo.
—Pero ¿cómo? ¿No os habéis cruzado?— exclamó sorprendido, pero al ver que los gemelos negaron con la cabeza, Aldebarán comenzó a reírse—. Pues él, Deathmask y Shaina van a cabo Sunión, a reemplazaros.
—¡No!— gritaron los dos sorprendidos por este hecho, quedándose boquiabiertos.
—Pues así es, mañana os contaremos qué es lo que ha pasado durante vuestra ausencia…
Tras esto, los gemelos prosiguieron su ascenso hacia Géminis.
—Milo no lo va a soportar— aventuró Kanon negando con la cabeza—. Desde luego que no…le conozco de sobra— dijo esbozando una maléfica sonrisa.
—Y Deathmask otro que tal baila— afirmó Saga, empujando la puerta del templo y entrando en él—. Encima va Shaina y Tethys le tiene una tirria…van a haber peleas a diestro y siniestro.
—Va a ser divertido— vaticinó Kanon—. Muy divertido…oye una cosa, ¿no dijo Poseidón que quería cuatro guerreros?
