¡Buenas!
Como ya comenté en el fic de "El intercambio", la continuación será en el reino de Poseidón.
Y también en el Santuario, pero lo he dividido en dos historias. Con lo cual, la continuación de "El intercambio" es éste fic y "Dos escorpiones".
Os dejo con el prólogo, que sirve para ambas historias. A partir de aquí, se separan.
"El castigo de Poseidón" se sitúa en el reino marino, con los generales como coprotagonistas del trío calavera.
Y "Dos escorpiones" se sitúa en el Santuario y en él no sólo Milo y Jabu son protagonistas, sino que daré importancia a los caballeros de bronce, ya que los he utilizado muy poco.
¡Espero que os guste!
DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Masami Kurumada. La ilustración de Julian Solo/Poseidón pertenece a Space Weaver. Fic sin ánimo de lucro.
El castigo de Poseidón
Prólogo
Las consecuencias de los actos realizados por Saga y Kanon en el Inframundo las pagaron con creces. Pero el hecho de tener que compartir celda con Radamanthys no hacía sino empeorar la situación.
—¡Si tú no hubieras insistido en querer estar en el Inframundo, nada de esto hubiera pasado!— dijo Saga, culpabilizándole de la situación actual.
—¿Abrimos el cajón de mierda? Porque si es así, tengo para darte por todos lados, que te recuerdo que fuiste tú y nadie más que tú quien decidió jugársela a Nergal con su anillo— replicó Kanon, a la defensiva.
Antes de que otra ronda de reproches que derivaría en otra de insultos y finalmente una nueva bronca entre los gemelos, Radamanthys suspiró pesadamente y poniéndose de pie, agarró a ambos gemelos con intención de separarlos.
—¡Basta ya! ¡Los dos! ¡El único perjudicado por vuestras tonterías soy yo! ¡Comportaos de una vez como los adultos que sois!
Rápidamente los dos hermanos miraron al juez, quien mantenía el rostro serio.
—Claro, que tú eres un ángel que no nos ha metido en este follón— soltó el menor—. A ti también te han castigado, no mires la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.
—Eso, que si tú no te hubieras entrometido en nuestros planes iniciales, no hubiéramos acabado tal y como estamos ahora.
Por respuesta, el juez hizo chocar las cabezas de ambos gemelos, con un golpe seco. Los dos hermanos se frotaron los cráneos doloridos.
—¿Vosotros pensabais que os iba a dejar deambular por el reino de mi señor a vuestro aire? Ni de broma. ¡Y dejad de quejaros, coño! Más jodido estoy yo…
Saga y Kanon cruzaron las miradas con una sonrisa cómplice.
—Pues te ha castigado igualmente. Así que, tanta estima no te tiene…—comenzó el mayor.
—Sí, además…si nos hubieras seguido el juego, los tres hubiéramos sacado tajada de todo esto— susurró en su oído Kanon.
El inglés alzó la ceja con un gesto desdeñoso.
—¿Tratáis de coaccionarme?— gruñó el Wyvern—. ¡Será posible!— bramó—. ¡Me tenéis todos vosotros hasta el hígado! ¡He tenido que aguantar los insultos de vuestros compañeros, que incordiaráis a mis subordinados y compañeros y encima vas y le cuentas a mi señor lo de Pandora! ¡No tenéis vergüenza!
Los dos gemelos se miraron unos segundos y sonrieron aviesamente.
— Pero ha sido divertido, no nos dirás que no.
—¡Pues no!— bramó de nuevo el Wyvern— ¡Estoy harto de vosotros! ¡Quiero que todo vuelva a ser como antes! Estos pactos de no agresión me producen urticaria…— Saga trató de apaciguarlo tocándole un brazo—. ¡Que no me toques! ¿Por qué me tocas? ¿Qué estás planeando ya? Que tienes la mente más retorcida que un laberinto…
—Eh, tranquilo Unicejo— reculó el caballero de Géminis—. No estés tan a la defensiva…te recuerdo que los tres estamos ahora en una situación peliaguda. Y no sé hasta qué punto vamos a seguir aquí…no sé qué planes tiene Poseidón con nosotros…
—Pues ahogarnos, vaya pregunta— respondió su hermano, agarrado a los barrotes y asomándose.
—Se te ve muy cómodo en esa posición— dijo el inglés con burla—. Veo que te trae gratos recuerdos.
Kanon giró la cabeza y gruñó un insulto al Wyvern, quien se cruzó de brazos y sonrió perversamente.
—¿Y tú qué?— preguntó a Saga, quien se hallaba rascando la pared de la cueva—. ¿Se te ocurre algo para salir de aquí, aparte de horadar la pared? Si quieres te doy una cuchara y quizás el año que viene salgamos.
—¿Y tú por qué no piensas algo, pedazo de inútil? Mucho quejarte pero no haces nada— respondió el gemelo mayor—. Esto era la bodega de Poseidón, pero aquí ya no hay ni siquiera una sola botella…Kanon, ¿de veras que no sabes salir de aquí?
Su hermano seguía tratando de mover los barrotes y negó con la cabeza.
—Se ve que ha reforzado esta prisión— respondió apesadumbrado—. Estos barrotes son nuevos y ha tapado el hueco por donde yo solía escaparme.
Radamanthys frunció el ceño y se levantó con un suspiro.
—Si es que tengo que hacerlo todo yo. Apartaos de mi lo más que podáis Repetidos— masculló el Wyvern.
[Mientras tanto, en el Santuario]
La sala del trono dorado se hallaba vacía, a excepción de Shion que se hallaba sentado en él. El día había sido especialmente duro para él. Y eso que esta vez no había tenido que castigar a nadie, pero tenía un regusto amargo en la boca al pensar en los gemelos.
Al cabo de unos instantes de plena soledad, apareció Arles, quien regresaba de sus merecidas vacaciones.
La mano derecha del Patriarca, aún vestido con ropas informales, observaba todo alrededor con inquietud. Hacía mucho tiempo que no reinaba tanta calma en aquel lugar.
—Mi señor— su voz quebró el silencio—. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué está todo el mundo tan tranquilo? ¿Alguna novedad en mi ausencia?
Shion infló su pecho de aire y exhaló.
—Bienhallado, Arles— murmuró con cansancio el Patriarca—. ¿Novedades? Si yo te contara…la más reciente es que he encargado al caballero de Escorpio encargarse de un alumno, concretamente de Jabu de Unicornio…pero eso es algo que mejor te cuente en otro momento. Lo único importante es que Poseidón se ha hecho cargo del castigo de los caballeros de Géminis.
Arles abrió los ojos sorprendido y dejó caer la maleta al suelo.
—¿Cómo?— preguntó inquieto—. ¿Y eso por qué?
—Bueno— comenzó el Sumo Sacerdote—. Es una larga historia…pero básicamente él tiene cuentas pendientes que saldar con ellos. No me ha contado mucho al respecto, simplemente me ha comentado que no he sido lo suficientemente duro con ellos. Y que esta vez se encargaría él de todo. Así que, menos trabajo para mí.
El ayudante de Shion asintió levemente y preguntó por el destino de ambos guerreros.
—Están en Cabo Sunión. Junto a Radamanthys.
—¿¡Qué!?— exclamó Arles incrédulo—. ¿Los tres? ¿Juntos? Pero…¿está loco?
El Patriarca se encogió de hombros.
—No los va a dejar morir, eso me aseguró, ya que impedirá que la marea suba para ahogarlos. Pero dice que, tras hablar con su hermano Hades, lo mejor era una especie de convivencia forzosa para los tres en un lugar reducido durante un tiempo.
—¿Y no les va a dejar salir para nada? Se van a matar entre ellos…— aventuró Arles, imaginándose la escena.
—Sí— afirmó el Patriarca—, pero sólo para que hagan unas tareas que les ha encomendado. Ayudarán a los generales. No sé en qué, sinceramente. Pero Poseidón me ha comentado que tendrán que ayudarse entre ellos, de lo contrario, serán castigados duramente.
Arles parpadeó un par de veces, perplejo.
—No termino de entenderlo, mi señor.
—Yo al principio tampoco, pero es más sencillo de lo que parece— dijo Shion—. Entre ellos tres tienen que colaborar para conseguir un objetivo que cada general les ordene. Si trabajan adecuadamente, serán recompensados. Si no lo hacen, si discuten, si pelean, si se niegan a ayudarse…pues es cuando serán penalizados. Ten en cuenta de que ellos pasarán bastante tiempo encerrados en Cabo Sunión. Sólo saldrán para realizar las tareas.
—Suena un poco a Gran Hermano— resumió el ayudante—. ¿Crees que dará resultado?
Shion torció el gesto.
—Por su bien, espero que sí— murmuró alzando la vista al techo del templo—. Espero que sí…
[Alrededores del templo de Cáncer]
Deathmask paseaba tranquilamente junto a Afrodita, quien le recriminaba constantemente su actitud pasada.
—Es que ni siquiera me dijiste nada— gruñó el sueco—. ¿Ya no confías en mí?
El italiano, despreocupado, pateó una piedrecita que salió rebotando lejos.
—Pues no, sinceramente— espetó sin más, provocando que su amigo se enfadara—. Pero Afro, es que te hubiera envuelto en todo esto y sinceramente no me apetecía— dijo excusándose.
—Ya claro, ahórrate tu palabrería italiana para alguien que se la crea— bufó el caballero de Piscis, enfurruñándose.
De repente, la piedrecita que previamente Deathmask había pateado, regresó por donde había venido y paró a los pies del caballero de Cáncer.
—¿Eh?— murmuró sorprendido por este hecho.
Y sin que pudiera hacer nada más, varios cuerpos se abalanzaron sobre él, reduciéndole con fuerza. Afrodita se preparó para lanzar sus rosas sobre aquellos atacantes, pero paró en seco cuando la rosa que tenía preparada se quedó congelada entre sus dedos.
—Ni lo intentes— susurró la voz del caballero de Acuario a su espalda.
