Disclaimer: ningun personaje me pertenece a mi, sino a su autora original J.K . Rowling

Aviso: este fic participa en el minireto de septiembre para la copa de la casa 2014-2015 del foro la noble y ancestral casa de los Black

Nota de autor: empleare a Quirinius Quirrel para este reto, ya que la wiki de Harry potter lo tiene listado como un Ravenclaw


Estaba en su séptimo año, Quirinus caminaba completamente solo por los pasillos, la soledad era algo a lo que los Ravenclaw estaban acostumbrados en mayor o menor medida, pero la suya era diferente, su incesante tartamudeo continuo, aun cuando salía ya únicamente cuando estaba nervioso y poco seguro de sí mismo era motivo de burla incluso entre los compañeros de su propia casa "idiotas" pensaba el joven Quirrel, mientras se refugiaba en la biblioteca para leer sobre uno de los temas que había comenzado por curiosidad pero al ir avanzando en sus lecturas se había convertido en una obsesión, una obsesión por ser el más versado en el conocimiento de las artes oscuras. Tanto era así que cuando se sintió lo suficientemente confiado comenzó a practicarlas en secreto, pues eran un tabú, lo habían sido durante muchos siglos.

Tras su graduación continuo estudiando las artes oscuras durante años diciéndose a sí mismo que solo era un estudio a nivel académico, lo que no sabía era que las artes oscuras se habían convertido tanto en su muleta pues se sentía más seguro conforme las iba conociendo como en su perdición, pues a pesar de sus conocimientos todavía se sentía un aprendiz, y quería ser algo más que un simple aprendiz, un verdadero maestro, y para ello debía hacer algo antes.

Ese reto autoimpuesto llego en el mejor momento o eso creía, para entonces era su obsesión por el conocimiento más profundo de las artes oscuras lo que tiraba de él, sin saber que seguía siendo el mismo hombre ingenuo que fue durante su infancia y adolescencia, se adentró en los más negros bosques de Albania; toda su inteligencia y conocimientos no bastaron para evitar caer ante el mayor mago tenebroso de todos los tiempos, aceptándolo como maestro al ofrecerle su servidumbre a cambio de completar sus conocimientos; pobre ingenuo, únicamente se percató en su final que su propio refugio de la infancia había supuesto su sentencia