CAPÍTULO XIV: KAI

- Se llamaba Kai... No se parecía a ninguno de los tres – continuó, con una sonrisa de melancolía -. Era rubio y tenía los ojos verdes. Y era... algo especial, ¿sabes? Era pálido, bajito y delgado, y tenía muchas alergias. Por eso, estaba la mayor parte del tiempo enfermo. La primera vez que lo llevamos al médico fue con tres años, y nos arrepentimos de no haber ido antes. Tenía una extraña enfermedad que sólo afectaba a uno entre un millón... y le tocó a él.

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Hace más de siete años...

- ¡Adiós, tío Franky! - decía una versión pequeña de Kuina con lágrimas en los ojos mientras un gran barco se marchaba con un enorme cyborg a bordo.

Cuando se hubo alejado tanto que casi ni se le veía, Zoro y Robin compartieron una mirada cómplice y se agacharon hasta quedar a la altura de su hija.

- Oi Kuina... - se rascó la cabeza el espadachín – Eh... Nos preguntábamos si... ya sabes... si tú... si te gustaría... - nunca se le había dado bien expresar sus pensamientos.

- ¿Te gustaría tener un hermanito, Kuina? - se lanzó Robin.

- ¿Un hermanito?

- Bueno, también puede ser una hermanita... O puede ser las dos cosas... - se volvió a rascar Zoro la cabeza.

- ¿Te gustaría? - le ignoró la arqueóloga.

La niña se quedó pensando unos momentos antes de sonreír y asentir con la cabeza.

- Ah, qué bien, pues tu madre está embarazada – se rió Zoro. Cuando quería era bastante directo.

- ¡Sí! ¡Un hermanito! ¡O una hermanita! ¡O las dos cosas! - saltaba la chiquilla de alegría.

La familia se marchó a su casa, todos cogidos de la mano.

- Oye papi... ¿y cómo se hacen los bebés?

- Ah, eso... bueno... el papá... y la mamá... bueno... eh... la mamá... el papá... eh...

- Los trae la cigüeña, ¿verdad? - preguntó Kuina.

- Eh... sí... los trae la cigüeña... claro...

- Fufufufufufu...

- ¡Calla, mujer!

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Tres meses después...

- Entonces, si es niña se llamará Olvia... - afirmó Zoro – Y si es niño... le podemos llamar Saúl, como el gigante ése que te ayudó.

- No, Saúl no... Él se queda como está. ¿Qué tal Luffy?

- Tsk, Luffy... El niño ya va a tener bastante con ser quien es como para tener que cargar con el mismo nombre que el Rey Pirata.

- ¿Usopp? ¿Sanji? - contó con los dedos - ¿Chopper? ¿Franky? ¿Brook?

- No, no quiero que se llame como un mentiroso o un pervertido... Y Chopper le pega más a un renito, ¿no crees?

Kuina, recién levantada y frotándose los ojos, se introdujo junto a sus padres en el sofá.

- ¿De qué habláis? - preguntó, bostezando.

- ¿Cómo te gustaría llamar a tu hermano, Kuina? - le acarició su madre la cabeza.

- Etto... - esperó unos momentos antes de responder - en el libro que me estoy leyendo dice que amigo es Kai en élfico... y mi hermano será como mi amigo, ¿verdad?

- Kai es un bonito nombre... - sonrió Robin.

- Kai... amigo... No está mal – sonrió también Zoro.

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Varios meses posteriores, minutos después de que Kai naciese...

- ¡Es un niño! ¡Y precioso! ¡Felicidades a los padres! - congratuló la matrona.

La arqueóloga cogió al bebé en brazos mientras el espadachín se acariciaba su dolorida mano. Ay... ya había olvidado lo que es que veinte manos te aprieten la tuya... Maldita Hana Hana no mi..., se dijo éste.

- ¿Quieres cogerlo, Zoro?

El padre tomó al recién nacido con cuidado y lo miró. El niño paró de llorar y se sorbió los mocos.

- Disculpe... - le llamó el médico, ya que parecía que se había detenido el tiempo entre padre e hijo – Tenemos que hacerle unas pruebas para determinar si está sano.

Se llevaron al bebé, aunque ambos progenitores estuvieron pendientes de él en todo momento para comprobar que no le hacían daño ni se lo llevaban de allí.

Un cuarto de hora después, volvieron a permitir que pudieran verle. Kuina leía un libro en la sala de espera cuando su padre fue en su busca.

- Ven, vamos a ver a Kai.

- ¿Es ésta su hija? - preguntó un tipo pelirrojo de penetrantes ojos verdes sentado al lado de la chica – Es un encanto. Y tiene pinta de ser muy lista, se está leyendo ese gran libro de corrido.

Zoro agradeció el cumplido y cogió de la mano a su niña.

Cuando llegaron, Robin estaba esperando con el bebé en brazos. Besó a Kuina en la frente y le dijo que la cogiera.

- Pero ten cuidado con ella – le advirtió.

La pequeña lo cogió y sonrió. Le acarició la cabeza. Era un bebé muy mono.

- Kai... amigo... Tú vas a ser mi amigo, ¿verdad? ¡Eres genial!

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Volviendo al presente...

Kuina paró en ésa parte de a historia. Suspiró.

- Y luego, ¿qué pasó? - preguntó Ray con interés.

- Luego... bueno... nos despertaba por las noches... su caca olía muy mal – rió al decir esto. Ray sonrió al verla -. Era realmente listo. Aprendió a hablar al año y medio; y a leer a los dos años, porque quería ser como yo. Llegó al punto en que se leyó toda mi biblioteca y comenzó a comprarse libros por su cuenta. Por aquel entonces, yo no tenía ninguna meta en la vida... Pero él lo tenía claro. Como siempre estaba enfermo en casa, se dedicaba a escribir lo que veía. El día en que murió, había escrito más de diez novelas; y llenado un montón de libretas con historias y dibujos totalmente suyos. Y ése día, el día en que murió, me dijo... Kuina, ¿sabes qué? Voy a salir al mar. Voy a convertirme en escritor y voy a plasmar todo lo que vea. Pero yo sabía que era imposible, porque casi nunca podía salir de casa.

La chica recordó ése fatídico día.

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Hace tres años, en el cuarto cumpleaños de Kai...

- ¿De verdad vamos a ir al pueblo? - preguntó el pequeño.

- Pues claro, es tu cumple – comentó distraídamente su madre.

- ¿Y qué vamos a hacer?

- He oído que hay una exposición de arte. Podemos ir, y luego tomarnos un granizado – propuso ésta -. Avisa a papá y a Kuina, vamos a salir dentro de un rato.

El niño fue a buscar a su padre y a su hermana, quienes estaban entrenando por el bosque (pero cerca de la casa, para no perderse).

- ¡Papi, Kui!

- ¡Papá, dile que no me gusta que me diga Kui! - se enfadó la ofendida.

- ¿Qué haces aquí, Kai? ¡Corre a casa, hace frío! - ordenó Zoro.

- Pero mamá dice que vamos a ir al pueblo... - hizo el niño un puchero.

El espadachín sonrió y cogió a su hijo en brazos. Los tres llegaron a la humilde casa siguiendo las indicaciones del menor y cogieron algunos abrigos. Tras esto, fueron camino a la población. Era un lugar pequeño y agradable, donde había muchos lugares que visitar y exposiciones cada cierto periodo de tiempo. Los cuatro entraron en un museo, a pesar de las quejas de Zoro y Kuina.

- Papá, mira – contuvo la niña la risa -. El tipo del cuadro se parece al guardia, tiene la misma nariz de cerdo.

Su padre no lo pudo evitar y comenzó a reírse, contagiando a la chica. Ni que decir tiene que los echaron del lugar.

Mientras el de pelo verde dormía, la chica esperaba con expresión aburrida en la puerta del sitio. Al fin, Robin y Kai salieron del museo. El segundo le hacía preguntas a la primera sobre la historia de todo lo que había visto; preguntas a las que ella respondía gustosamente.

- Mamiii – la llamó Kuina -. ¿Podemos ir a comprar granizados ya? Porfiii...

- Está bien, id vosotros – sonrió dándoles el dinero correspondiente.

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En el presente...

- Ése es el primer hecho que me culpa de la muerte de mi hermano – suspiró -. Si no hubiéramos ido a tomar granizados... Si no hubiéramos pasado por ahí...

- ¿Qué pasó?

- Pues... fuimos al puesto a comprar. Íbamos andando y hablando de tonterías, y riéndonos de todo lo que decíamos. Entonces, me adelanté y comencé a andar para atrás, por diversión. Él fue a hacer lo mismo justo cuando pasábamos junto a un callejón. Por éste, salió un tipo corriendo y balbuceando no se qué. Kai giró la vista y vio... - se enjugó las lágrimas antes de continuar - a un hombre con una pistola. ¡Kuina!, exclamó, y se interpuso entre la bala y yo. Cayó al suelo, inerte. No sé cómo, mi padre apareció inmediatamente junto al tipo con la katana en su cuello, amenazándole. ¿Qué mierda acabas de hacer?, le dijo. El hombre negó haber hecho nada y tiró la pistola.

- ¿Se negó? Pero si todo el mundo había visto lo que acababa de ocurrir.

- Por lo visto, ese tipo era un hombre importante en el pueblo. Un concejal o algo así. Días después hubo un juicio y fue declarado inocente. Por eso odio las mentiras.

- ...Lo siento – se entristeció Ray -. ¿Y qué pasó con el cuerpo de tu hermano?

- Oh, pues resulta que al que iban a matar era médico. Intentó socorrerlo mientras lo llevaban al hospital... pero no se pudo hacer nada por él. Cuando lo vimos ahí, en la camilla, cubierto de tubos y pálido como la nieve, no pudimos evitar romper a llorar. Recuerdo que preguntaron a mis padres si querían que yo entrara porque la imagen era impactante, y ellos asintieron.

- Debió ser duro.

- Lo fue. Volvimos a casa sin decir una palabra, inexpresivos. Los tres habíamos parado de llorar. Al día siguiente, lo enterrarían en un acantilado al que iba de vez en cuando cuando hacía buen tiempo a escribir. Mis padres no creen en Dios, pero creyeron que sería lo mejor. A él asistimos nosotros tres y el médico al que intentaron asesinar. Desde entonces, no hemos vuelto a ir al pueblo.

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Un día después de la muerte de Kai...

- Escúchame, Robin – la cogió el espadachín por los hombros -. Tenemos que ir allí y animarla. Ella está tan triste como nosotros. No podemos perderla, y lo haremos si la dejamos ahí, llorando desconsoladamente.

La arqueóloga evitó el contacto visual.

- Vamos, Robin, muéstrame la mejor de tus sonrisas – sonrió él entre lágrimas -. Vamos a entrar en su cuarto y vamos a contarle una historia, ¿está bien?

- ...Sí, vamos.

Llamaron a la puerta.

- No entréis – se escuchó desde dentro.

Ignoraron la orden y cruzaron, sentándose en la cama de la niña.

- ¿Te hemos contado alguna vez la historia de Kai, el niño que salvó el mundo? - dijo Robin sonriendo y conteniendo las lágrimas.

- No os molestéis.

- Kai era un chico muy fuerte – comenzó Zoro -. Aunque era bastante enfermizo, le gustaba leer y escribir. Tenía un lápiz que desgastó demasiado – comentó, sacándose un lápiz minúsculo del bolsillo -. El día en que murió, se lo regaló a su hermana Kuina – le tendió el lápiz, ahora convertido en colgante.

- Pero... esto era de Kai...

- No importa. Quédatelo – dijeron los padres al unísono.


LoL, el capítulo más largo hasta ahora :D He decidido dividir el flashback en partes para que no os liéis, porque si no era una cosa rara que no se entendía XD Espero que os haya caído bien Kai... TTwTT Kaiiiiii! Vuelve :'c le he cogido cariño

Estoy muy contenta porque no tenía tantos reviews desde el capítulo II, ¡espero que sigamos así! Agradecimientos a Hanasho y a Neko Alessa, que siempre me escriben reviews; y también a MiraiiKi y a AquaTenea. ¡Espero vuestros reviews de nuevo!


neko alessa: tranquila, ya le he encargado el lemmon a Neko-chan. Cuando lo escriba, lo publico de cualquier manera, prometido :) Y sí, es menor, porque si fuera mayor Franky sabría lo que ha pasado (importa más en la historia de lo que creéis) Se esperaba el beso? TT bueno supongo que fui muy típica... Da igual, ¡nos leemos!

hanasho: sí, pobre Franky XD y Kuina también TT ¡Me alegro de que te guste el beso y la pelea! Disfruté escribiéndolo XDD Y espero que te guste el flashback, me ha dado mucha penita :'c Kaiiiiiii :''''''c En fin, ¡espero tu review!

MiraiiKi: XD me encantan las palabras en plan kajskajsj Yo también espero verte pronto, un abrazo psicológico! (?

AquaTenea: bueno, aquí está la historia, ¡espero que sea de tu agrado! Gracias! Espero tu review de nuevo!


Fdo: otakufrikygirl/inu-chan