CAPÍTULO XXII: VUELVE
Lied terminó su relato.
- En fin – suspiró, rompiendo el silencio que se había formado -, me voy.
- ¿Te unes a mi tripulación?
Claro que sí, Luffy. Buena táctica: primero casi matas a alguien y luego le pides que se enrole contigo.
- No – respondió, recolocándose la bandana -. Voy a ir a buscar a mis padres y luego les quitaré la vida.
- Me gusta tu plan – bromeó Kuina, ganándose una colleja por parte de una mano fleur de su madre.
Se marchó, dando pasos que resonaron en la sala. Ni siquiera miró a Kai, que estaba sentado en las rodillas de su padre, con los ojos todavía húmedos. El pelirrojo le acarició su cabecilla rubia, le miró a los ojos y sonrió. Se dispuso a salir por la puerta, pero notó la sólida mano de Zoro agarrando su muñeca.
- Eh – dijo el espadachín -, gracias... Ya sabes, por lo de Kai y eso...
El otro giró la cabeza y siguió andando.
- Yo sólo le enseñé el mal a ese chiquillo – afirmó Lied, mirando al frente y desapareciendo por la puerta.
- No digas eso – replicó Kai -. Ni se te ocurra repetirlo, ¿está bien?
El pelirrojo se despidió haciendo un gesto con el brazo que se pudo ver por breves instantes, y el silencio reinó la sala. Ray apretó los puños y recolocó su sombrero, suspirando. Tomó aire y gritó, al más puro estilo de su padre:
- ¡LIED! ¡PROMETE QUE VOLVERÁS ALGÚN DÍA! ¡ENTRENA, Y ENFRENTÉMONOS TÚ Y YO, JUNTO CON TUS CLONES!
El nombrado, camino a su bote, se detuvo. Giró, mordiéndose el labio inferior, y exclamó con todas sus fuerzas:
- ¡RAY, KUINA, NIK, JACKIE! ¡SOIS LA NUEVA GENERACIÓN! ¡ENCONTRÉMONOS ALGÚN DÍA!
No había mencionado a Kai. Todos se habían dado cuenta, y todos entendieron por qué: el rubio no había nacido para pelear. Había nacido para cambiar el mundo. Y los demás estaban allí para luchar por él, para poner el mundo a sus pies.
EPÍLOGO: Diez años después
Habían sido diez años prósperos, llenos de felicidad y de descubrimientos. En esos diez años, multitud de cosas pasaron en sus vidas.
El barco mugiwara se amplió, y se les unieron Kaya y Law (cuya tripulación se dispersó, aunque tenían reuniones de cuando en cuando). Se dedicaron a cuidar a los niños y a buscar curas para toda enfermedad rara que veían por las islas por donde pasaban, acompañados de Chopper. Vieron crecer a los pequeños y, cómo no, vieron a tres de ellos irse. Les entristeció, pero sabían que era algo natural. El cirujano dejó el barco al pasar unos cinco años. Encontró a una mujer en una de las ciudades por las que pasaron, y se enamoró de ella perdidamente. La madre de Jackie, por su parte, decidió volver a Syrup. Usopp no pudo soportar estar sin el mar, así que, tras unos meses de aburrimiento en su casa (y con una hija adolescente quejándose por el aburrimiento de su pueblo), volvió junto a la chica al barco; acordando volver cada tres meses a visitar a su mujer y contarle todas las historias que habían vivido. Poco después, gracias a un sistema de teletransportación que Franky inventó con ayuda de Ray, pudo ir y volver cada vez que quiso.
Sanji volvió con Violet a Dressrossa durante un año y medio, pero se dio cuenta de que no estaba hecho para una relación formal, sino para ir volando de flor en flor; así que regresó con sus nakamas, quienes lo aceptaron con una sonrisa.
Al cumplir los diecisiete, Ray y Kuina se independizaron, marcharon a vivir sus propias aventuras con un pequeño bote, leyendo mucho y experimentando mucho. No eran piratas, sino dos jóvenes con ganas de ver mundo.
Jackie desapareció un año atrás, poco antes de su diecinueve cumpleaños. Sólo sus padres supieron la razón, pero no quisieron revelarla a nadie. Aun así, todos intuían que era porque necesitaba ampliar sus horizontes, y porque... Bueno, porque también sentía algo por Ray y necesitaba aclararse, aunque lo hubiera estado ocultando todo ese tiempo. No le tenía ningún resentimiento a Kuina, y esperaba aclararse durante todo ese viaje.
Kai y Nik (de diecisiete y catorce años, respectivamente) también se escaparon, aunque dejaron una nota en la que explicaban que volverían cuando hubieran encontrado la inspiración. El primero, aun a su corta edad, había conseguido la publicación de cinco de sus libros; y el segundo viajaba en busca de galerías de arte que aceptaran sus maravillosos cuadros.
Los mugiwaras originales siguieron su rutina como reyes de los piratas. Luchaban y vencían a quien se les opusiera. Fue una época plena y tranquila, en la que todo fue inmejorable.
Habían llevado una vida feliz todo ese tiempo, y ese día iba a ser el más feliz de todos. Al fin se iban a reunir todos de nuevo. Bar de Shakky, seis de junio a las dos de la tarde. Se iban a ver las caras de nuevo, iba a ser todo tan divertido...
Pero no lo fue. El destino, algo en lo que irónicamente ninguno creía, quiso que los mugiwara, aquella tripulación alocada y fuerte que no perdía contra ninguna adversidad, fuera tragada por una ola. Una ola gigante que nadie vio venir, que no estaba dentro de los límites de la vida. Una ola de veinte metros de altura y cuarenta de anchura que los azotó la madrugada del cinco de junio, acabando con la vida de todos y cada uno de ellos, seguida de una serie de pequeñas olas que inundaron incluso sus pensamientos; todo ello sumado a una increíble tormenta que soltaba rayos y truenos por donde encontrara oportuno.
Sanji fue el primero: estaba de guardia y vio la ola. Gritó y gritó, haciendo que se despertaran, pero el agua lo tragó antes de que pudiera darse cuenta. Por suerte, Robin consiguió salvar su cuerpo gracias a su akuma no mi y meterlo en la cocina, donde su roto cuerpo descansó en paz.
La arqueóloga murió abrazada a Zoro. El espadachín salió de su cuarto a toda prisa, sabiendo que la mujer había salido a tomar una tila junto al cocinero (tenía un mal presagio y no podía dormir bien). Se lamentó no haber querido acompañarla, la buscó por todas partes y, al encontrar a su nakama, inerte, creyó haberse dado por vencido. Entonces, escuchó la dulce voz de Robin pidiéndole auxilio (una de esas pequeñas olas la había pillado por sorpresa y la había arrollado contra el suelo). La cargó en su espalda e intentó volver a la planta de abajo, donde sabía que estarían algo más seguros, ya que la estructura del barco era increíblemente buena; pero notó la cabeza de la morena cayendo contra su hombro. Se había debilitado mucho con el agua y se había dado un golpe muy fuerte. La mujer no pudo más con su propia alma, y cayó en un sueño que duraría por siempre. Zoro dio un grito desgarrador, bajando la guardia y siendo golpeado contra un mástil por una ola lo suficientemente grande como para acabar con él. El último instinto del espadachín fue abrazarse a la que había sido la mujer de su vida.
Usopp intentó subir a buscar a sus compañeros. Abrió la trampilla del camarote y consiguió ponerse en pie entre los fuertes vientos, descubriendo a Chopper en su forma monster intentando, en vano, parar la tormenta de olas y rayos que se le venían encima. El agua lo debilitaba, lo hería. Usopp no pudo seguir viendo esa imagen. Cerró los ojos e intentó avanzar a hacer lo mismo, más que nada por inercia. El cuerpo del reno no soportó más el esfuerzo y cayó, aplastando el suelo del barco. El narigudo entró en la cocina y buscó un DenDen-Mushi para pedir ayuda, encontrándose con tres de sus mejores amigos en el suelo, frente a los fogones. Sus ojos estaban cerrados, parecían tres ángeles dormidos. Aun así, parecía que sus almas seguían ahí, discutiendo o riendo. Deprimido e impactado, se desmayó, y poco después el agua lo ahogó por completo.
Franky y Brook jamás despertaron. Tenían el sueño muy pesado, y eso les costó la vida. ¿Podrían haber salvado a sus compañeros? Probablemente no. Quizá lo mejor fue que se quedaran en la cama, para no tener que contemplar el desastre que se había producido.
Nami estaba en el baño cuando todo ocurrió. El servicio estaba al lado del camarón de proa, así que la gran ola la impactó de lleno, rompiendo todas las paredes y, por tanto, a ella. Luffy la encontró casi sin vida en el suelo. La cogió entre sus brazos y combatió todas las olas y todo lo que le vino encima. Recogió los cuerpos de sus nakamas entre lágrimas y los metió en la cocina. El agua y el aire no parecían afectarle, porque consiguió conducir el -destrozadísimo- barco hasta la costa. Le gritó a un transeúnte que llamara a la ambulancia, y los médicos intentaron hacer todo lo que pudieron por ellos. Ni siquiera el capitán sobrevivió: el agua al final pudo vencerle.
Por eso, el seis de junio, lejos de ser el día tan feliz que pretendía ser, fue el funeral de la tripulación del rey de los piratas. Se celebró en Sabaody, el lugar donde Luffy falleció; cerca del bar de Shakky.
- Ray... – susurró Kuina, agarrando su mano - Rayleigh, no puedo entrar ahí.
Había sido la primera vez que lo llamaba por su nombre completo. El joven apretó su mano y se mordió el labio, evitando una lágrima.
La muchacha iba vestida con un vestido negro heredado de su madre, y realmente se parecía a ella. Muchos de los asistentes no pudieron reprimir el llorar al ver el parecido de la chica a su madre, y del chico a su padre.
- Kuina, escúchame – habló con falsa seguridad Ray, intentando que todas esas miradas no le afectaran -, vamos a buscar a Kai, Nik y Jackie. No vamos a ir a verlos hasta que no estemos juntos, ¿está bien?
Ella asintió y miró al frente, tratando mostrar tranquilidad. Se derrumbó al ver a su hermano sentado en un sofá, tan menudo, con esa camisa que Zoro le regaló cuando publicó su primer libro. No había crecido mucho desde entonces, y no iba a hacerlo mucho más. Nik estaba a su lado y, a pesar de tener tres años menos, parecía mucho mayor que él. Miró a los ojos a Ray, y se levantó, corriendo, a darle un fuerte abrazo. Kai se puso en pie, miró al suelo y se metió las manos en los bolsillos. Kuina lo rodeó con los brazos y le dio un beso en la nuca.
- Se han ido – soltó el rubio -. Se han ido, Kuina, se han ido – rompió a llorar -. Y... Y no pude hacer nada para evitarlo... Nunca puedo hacer nada para evitarlo, Kuina. Soy un inútil.
- No eres un inútil. Ninguno lo somos – dijo, firme.
Las dos parejas de hermanos se separaron al mismo tiempo. Los mayores rieron tristemente al unísono:
- Estás guapísimo.
Y era cierto. Kai, aunque pequeño, tenía unos preciosos y grandes ojos verdes, y un envidiable cabello rubio ceniza. Había perforado su oreja izquierda y se había colocado tres pendientes, al igual que su padre. Se había deshecho de su gorro, ya que la cicatriz casi no se notaba. Nik, por su parte, tenía el cabello castaño claro, tirando a naranja; y unos ojos color miel que ya quisieran muchos. Era fornido, y alto, casi como su hermano; y eso que se llevaban ocho años.
- H-hola – escucharon una voz suave.
- ¡Jackie! - sonrió Nik, dándole un abrazo a ella también.
- Madre mía – rió, correspondiendo al abrazo-. ¿Cuántos años tienes? ¡Estás enorme!
- Cumplí catorce en abril – miró despreocupadamente a los lados -. Oye, ¿y Kaya?
- No sé, le están dando condolencias por cada sitio que pasa. No podía soportar tantos pésames, y os he visto aquí.
- H-Has madurado mucho – se atrevió a decir Kai tímidamente, fijándose en su muy perfilada figura.
Ella sonrió, aunque en los ojos de los cinco se expresaba amargura.
- He visto a Violet – dijo la rubia -. Tiene un chiquillo guapísimo, con una ceja rizada.
- … ¿Creéis que habrá visto alguna vez a su padre? - suspiró Kai.
- No. Debe ser muy duro – suspiró Kuina.
;iró a Ray, y éste asintió.
- Vamos a ir a verlos – habló con tono serio.
Los demás vacilaron un poco, pero siguieron a la pareja. Se cogieron todos de las manos, y avanzaron al frente. Los ataúdes estaban en un estrado. Subieron los pocos escalones que había y observaron los cuerpos inertes de las personas más importantes de su vida. Respetaron la posición de Zoro y Robin, y los dejaron abrazados en un mismo ataúd. Luffy descansaba con la mano en el pecho y, a su lado, Nami, con una sonrisa. Nunca sabrían a qué se debía ésta. A Usopp se le doblaba la nariz contra el cristal, y tenía una expresión de lo más cómica. Ciertamente, parecía que seguían ahí.
- Nik – susurró Ray, quitándose el sombrero -. Toma. Papá querría que lo tuvieras.
El chico lo tomó sin objetar, y se lo puso con respeto. Sus ojos llorosos se ensombrecieron.
Jackie se abrazó al ataúd de su padre. Kuina cerró los ojos y se dirigió al de Franky, quien tenía un tupé similar al que llevaba cuando conoció a los mugiwara. Se sentó encima de la caja y respiró hondo, intentando no derrumbarse al ver a Kai llorando, tumbado sobre el ataúd de sus padres.
Ray se limitaba a observarlos a todos en silencio, con el mentón en alto.
- Rayleigh.
Se volvió. Era la segunda vez que lo llamaban por su nombre en todo el día. Ahí estaba su tocayo, el Rey Oscuro, sonriendo con los ojos húmedos.
- ¿Sabes? - le palpó el hombro – Shakky ha tenido la sangre fría de vestirlos a todos. No sé cómo ha hecho para vestir a esos dos sin separarlos – rió, refiriéndose a Zoro y Robin -. Tu bisabuelo va a enterrarlos a todos. Shanks va a decir unas palabras y qué sé yo. Creo que Sabo también tiene algo preparado.
Ray asintió, con los hombros encogidos. El anciano lo miró, elevando una ceja ante el parecido con su padre; y continuó hablando:
- No vas a decir nada, ¿verdad?
- Lo veo una tontería. Ya no están, no hay por qué decir nada.
- Eres igualito a tus padres.
- Me lo dicen mucho – sonrió.
- Por cierto, hay un tipo pelirrojo ahí fuera. Me ha preguntado por ti.
Ray no necesitó más explicaciones. Se lo esperaba, desde luego. Llamó a sus nakamas y se fue a la puerta. Estaba lloviendo, así que sus trajes de chaqueta se empaparon. Ray pisó la lluvia con sus zapatos de charol, y observó a Lied. Tenía el pelo mucho más largo, ya le llegaba casi por los hombros. Estaba sentado al borde de un escalón, fumando un cigarrillo.
- Deja eso – ordenó Kai -. Me recuerdas a Sanji. Y me recuerdas a Chopper, que le decía que fumar es cancerígeno, y entonces me recuerdas a toda la tripulación.
- Joder – suspiró Lied -, de un día para otro. Ayer estaban aquí, y hoy no.
- Sí – Ray se sentó a su lado -. Oye... Gracias.
- ¿Por?
- Porque... Bueno... Si no hubiera sido por ti, nunca nos hubiéramos conocido. Probablemente Kai nunca hubiera vuelto con su familia...
- Quizá hoy estuvieran vivos - Lied se levantó y dio otra calada, dando fin a ese tema -. Hey, sólo he venido a recordar eso que nos dijimos cuando éramos unos enanos, eso de que peleáramos... Pensé venir hoy, sabía que os íbais a reunir... Pero me he encontrado con todo esto.
Estuvieron en silencio unos momentos que parecieron horas, únicamente escuchando el chapoteo de las gotas contra el suelo.
- Sabes por qué se separaron, ¿no? - suspiró Kuina – Una tormenta así casi los mata. Tenían miedo de que ocurriera de nuevo, se podría decir que cogieron miedo al mar.
- Esta manera de morir ha sido muy noble – completó Jackie -. Han muerto superando el único miedo que han tenido en la vida.
- ¿Te unes a nosotros, Lied? - preguntó Kai, tendiéndole una mano.
El joven no la tomó. Simplemente, tiró el cigarro, lo pisó y sonrió burlonamente. Quizá estemos presenciando el nacimiento de unos nuevos mugiwara. O quizá sólo sean unos niños ambiciosos, quién sabe.
He llorado escribiendo esto, en serio. No he querido volver a leer la escena de sus muertes, así que probablemente tenga un montón de fallos por los que me tiraré de los pelos después.
LO SIENTO. MUCHO. SIENTO HABER TARDADO COMO MEDIO AÑO EN TERMINAR ESTE FIC. LO SIENTO. MI INSPIRACIÓN ES UNA HIJA DE P*TA Y TARDA MUCHO TIEMPO. LO SIENTO MUCHÍSIMO. PERDONADME *huye de los tomates*
En fin, me entristece terminar este fic. Fue lo primero que publiqué en FF, hace ya más de un año. Si os sirve como curiosidad, hace justo un año se me ocurrió el epílogo. Pensé en escribir uno más feliz (pero no sabía como hacerlo, y hoy recordé eso que se me ocurrió hace justo justo un año y me he puesto a escribir como una loca), pero... meh, no pegaba. LO SIENTO SI OS HE ARRUINADO EL DÍA MATANDO A TODOS, VALE? YO ESTOY LLORANDO AHORA MISMO! NO SÉ POR QUÉ ESTOY ESCRIBIENDO EN MAYÚSCULAS! AGH!
Ya en serio. Gracias a todos por ser así y... Gracias a este fic, a estos personajes; porque me han hecho madurar como persona y como escritora.
MyAndBiebs-Friki: ay muchas gracias n n Me has matado con lo de Metallica xD Gracias de nuevo, en serio :'D (nunca es tarde para los reviews (? )
mandaranja: espero que te guste este cap también, siento la demora xDUu
Kokutouyoru: la semana que viene... Ay, cielos... "Pero bueno te leo la semana qe viene espero"... Lo siento xD Tu teoría tiene sentido, pero... Lo de Lied como actor me hace mucha gracia xD Borraron los recuerdos porque, si recuerdas, el infectado debe seguir su rutina y no intentar tomar remedio; y quitarle los padres a un niño de cinco años perjudicaría gravemente su salud. Supongo que ha sido mi culpa por no explicarlo bien ._. Espero que te haya gustado el cap, es el último ;-;
nico robin piscis 16: "Por lo menos va pareciendo que va acabar todo bien. Espero leerte pronto"... Ay. Me siento como Oda, toda una troll. Lo siento mucho, pero es que tenía que poner este final, lo llevaba pensando casi inconscientemente desde hace mucho tiempo. Espero que te haya gustado el cap y... Bueno, el fic en general xD
Gracias a todos los lectores por poner su granito de arena y hacer todo esto posible. Significa muchísimo para mí.
