Disclaimer: Hetalia no me pertenece es obra de Himayura-sensei.
Advertencias: semi-nyotalia y alguna que otra pareja crack. UK en su versión original y nyotalia. Mención (a lo mejor algo fuerte, dependiendo de como se mire) de relaciones sexuales pero sin lemmon.
Gun in the heart.
Bala III.
—Oh, joder, el Mirage vuelve a estar cerrado.
Comentarios como ese empezaban a volverse habituales y no era para menos, pues el establecimiento empezó a abrir de forma irregular poco después del escándalo de la muerte de la famosa Monroe. Muchos pensaron que la conmoción por el asunto de Marilyn era el motivo, pues otros establecimientos estaban haciendo lo mismo. Sin embargo, todas y cada unas de las suposiciones estaban equivocadas. La razón del cierre del local fue el tercer y más reciente intento de asesinato hacia Emily, cerca de allí.
Ni Toris ni Isabel querían que los clientes corriesen peligro.
Obviamente, la americana se negó a la decisión de sus dos amigos, no quería arruinarles el negocio. Francis, Alice y Arthur estuvieron de acuerdo con Emily, no obstante cambiaron de opinión al escuchar la simple frase: «podríamos usar la cafetería como base de operaciones, no voy a tener pérdidas económicas por cerrar durante un tiempo». El Mirage y su localización eran idóneas para formular estrategias, el establecimiento estaba en pleno centro.
A pesar de todo Emily no podía evitar que la idea le resultase incómoda o la disgustase. Se suponía que ella era toda una heroína que había todo lo posible por proteger a sus seres queridos, odiaba la idea de ponerlos en peligro o ser una molestia. Ahora bien, antes de rendirse en su empeño de que Toris e Isabel no cerrara, probó toda clase de excéntricos y locos planes para salirse con la suya. Arthur siempre terminaba parándole los pies, haciendo gala de su gran repertorio de insultos, ¿quién se hubiese imaginado que un caballero inglés fuera tan malhablado como un pirata?
En esos momentos, en el Mirage estaban únicamente los tres agentes y la dueña dado que Toris había salido a hacer la compra y Emily estaba segura y con su padre en una especie de día familiar. Era el momento perfecto, se dijo Francis, tenía que decirle a los Kirkland de la llamada que recibieron poco más de dos semanas atrás. Le hizo una señal a Isabel, que se encontraba haciendo una jarra de café, para que se acercase al lugar en el que él bebía vino y los ingleses conversaban tomando un té. Isabel se sirvió una taza de café y fue a sentarse con ellos. Francis se aclaró la garganta exageradamente para ganarse la atención de Arthur y Alice.
—Mes chers amis, tengo algo importante que deciros, es sobre la URSS.
Los rubios más jóvenes se tensaron y su cara, a pesar de ya ser seria de por sí, expresó una seriedad aún mayor.
—Si es así, creo que es mejor que Isabel nos deje solos un momento, ¿no creéis? —comentó Arthur mirando a la española.
El francés negó con un gesto de cabeza sutil.
—En realidad, la señorita Fernández os lo puede explicar mejor que yo.
Señorita Fernández, Francis había llamado a su querida amiga Isa, con un respeto y de una manera bastante seria que dejó boquiabiertos a Alice y a Arthur.
—¿Có-cómo la has llamado? —preguntó Alice extrañada, pues el francés no era muy respetuoso que se diga.
—La he llamado así por que vamos a tratar un tema de trabajo muy importante y porque era así como la llamaban nuestros superiores cunado colaboraba con nosotros.
Arthur los miró a ambos confundido, ¿a qué se refería? ¿Cuándo había trabajado Isabel con ellos? Notando la confusión de los hermanos, Isabel decidió hablar:
—Hace unos dos años, cuando tenía más o menos la edad de Alice, empecé a trabajar con la Interpol. Era un programa especial de protección al ciudadano que consistía en ayudar a escapar a las personas dentro de un régimen que no les trataba precisamente bien. Francis y yo fuimos asignados a la zona de la RDA y contábamos con un contacto dentro, nuestra amiga Julchen —Los ojos de Isabel se ensombrecieron—. Los tres fuimos compañeros hasta que Julchen desapareció sin dejar rastro.
Al ver que nadie decía nada, Francis decidió continuar.
—Por ese entonces yo ya trabajaba con vosotros, sin embargo los superiores no querían involucrar a muchos agentes para no levantar sospechas. Cuando Julchen se esfumó obligamos a Isabel a que cortase su colaboración con nosotros y borramos el nombre de ambas del historial por seguridad. Yo me encargué, y me sigo encargando, de investigar la desaparición de Jul.
—¿Por qué nos contáis esto ahora? —Arthur pareció asimilar rápido la información, al menos más que Alice, que seguía con la boca abierta.
—Porque hace dos semanas escasa recibimos una llamada de Julchen, que decía que necesitaba nuestra ayuda, que tenía que salir de la URSS rápidamente antes de que los de la KGB la volviesen a pillar y que no iba a venir sola. Seguramente lleguen hoy o mañana.
Emily observaba como su padre hablaba todo lo animadamente que podía con su prometida e intentaba que ella participase en la conversación. Pero Emily no quería hablar con esa mujer delante. Su futura madrastra estaba empezando a caerle mal, no le gustaba que intentase ocupar el lugar de su madre o intentase marcar su territorio delante de ella. Simplemente eso era imposible y asqueroso respectivamente.
Cuando Arthur le comunicó que su padre quería pasar el día con ella y que Francis y él irían a recogerla a la hora de la cena se sintió muy feliz, deseaba ver a su querido padre. Toda esa felicidad se fue cuando al despedirse de sus guardaespaldas y girarse para ir corriendo a abrazar a su padre. Se encontró con una cara femenina desconocida. Al principio sólo sintió curiosidad después, al notar que la mujer abrazaba uno de los brazos de su progenitor llegó la decepción y el enfado. En un inicio intentó ser más escandalosa de lo normal para echar a la extraña desconocida que intentaba adueñarse de su padre, tras una regañina disimulada se calmó un poco e intentó ser agradable, finalmente y tras ver que cada vez que la miraba o intentaba dirigirse a ella animadamente la extraña restregaba sus pechos contra su padre y la miraba con cierta burla, Emily decidió que no emitiría palabra delante de esa bruja.
Le estaba costando quedarse callada y no insultar a la bella e "inocente" Samantha. Si se quedaba callada era por su padre, el cual se levantó en esos momentos cuando uno de los mayordomos se le acercó para avisarle de que tenía una llamada.
—No creo que tarde mucho en volver, Sam, Emi, creo que deberíais aprovechar este momento para conoceros más sin que os cohíba mi presencia.
Cuando se quedaron completamente solas en el cuarto Samantha se levantó para sentarse al lado de Emily.
—¿Sabes, querida? Creo que estás un poco molesta conmigo por salir con tu padre.
Emily le dirigió una sonrisa algo prepotente, para luego empezar a reírse con su característica y escandalosa carcajada.
—Lo que me molesta es que mi padre no me avisara de que estaba saliendo con una mujer de tu clase.
La mayor pareció sentirse ofendida, pero la mueca le duró muy poco ya que emitió algo parecido a un gemido de placer y se pegó a Emily como una lapa.
—Entonces el motivo de tu enfado es que tu padre me folle todas las noches, eso te molesta porque eres una niña de papá y no puedes satisfacerlo de la forma en la que yo lo hago.
Emily cerró el puño y frunció levemente el ceño, dispuesta a golpearla. En vez del puñetazo que tenía pensado darle le dio un pequeño y brusco empujón para quitársela de encima.
—En realidad, vuestra vida sexual no me importa para nada —Emily suspiró de forma cansada—. Dios, no entiendo como mi padre puede estar saliendo con una perra como tú cuando no le llegas ni a la altura de los zapatos a mi madre.
—¡Tu estúpida madre está muerta, niñata insolente!
Se replanteó darle el puñetazo que se guardó con anterioridad. Cerro los ojos unos segundos, pensando en uno de los consejos que le había da Alice: "si alguien se mete verbalmente contigo, no recurras a la violencia. La humillación verbal es más efectiva y elegante". Se lo dijo después de que Francis y Arthur discutieran por una tontería, cuando Arthur terminó golpeando al francés. El mayor de los Kirkland le terminó recriminando a su hermana la indirecta y Emily empezó a reírse de la situación como si no hubiera mañana. Con Samantha tenía que aplicar ese consejo.
—Más muerta va a terminar tu relación con mi padre, sobretodo cuando se de cuenta de tu podrida personalidad —Emily disfrutó de la cara que puso la extraña. Caminó hacia la puerta y antes de salir se giró con una sonrisa burlona—. Tengo que irme, pero creo que es lo mejor. No quiero que me pegues nada raro.
Rió al escuchar el grito de frustración de la mujer. No se despediría de su padre e iba a irse dos horas antes de lo previsto. Necesitaba estar sola un rato a pesar de que ir hasta el Mirage sin guardaespaldas era una locura. Se paró y puso sus manos en la cadera, imitando las poses de sus super héroes de comic preferidos.
—Bueno, soy una heroína, estaré bien.
Volvió a reir a carcajada limpia.
Bajaron del coche y Julchen le agradeció a su contacto que los llevara hasta allí. La albina miró el papel arrugado que tenía en las manos, por el mapa de la ciudad que consiguió en el aeropuerto sabía que estaban cerca de la cafetería de Isabel. Gruñó, no le gustaba nada la idea de involucrarla en el tema, sobretodo teniendo la mala suerte de saber que Francis estaba allí. Si descubrían a Iván y a Vladimir muchos niños inocentes podrían morir. Sus acompañantes lo observaban todo sin cambiar de expresión; Iván una infantil y Vladimir una fría y calculadora. Los miró con por última vez con todo el odio que pudo, para no podría volver a hacerlo si estaba delante de sus amigos.
—El sitio en el que está mi contacto es por allí —señaló una calle bastante transitada—. No olvidéis de que hay agentes de la Interpol. Quien avisa no es traidor.
—Puede que hayas avisado, pero no podemos descartar la opción de que nos traiciones, escoria.
—Vlad, cállate. La conejita sabe lo que pasaría si nos traiciona, no creo que lo haga —Iván sonrió y Vladimir se calló no sin antes refunfuñar—. Beilschmidt, antes de ir a ese lugar quiero ver un poco la ciudad.
Julchen emitió una propuesta, pero fue ignorada e Iván y Vladimir empezaron a andar en dirección contraria. Fue un golpe para su orgullo, pero se vio obligada a seguirlos.
Estados Unidos era muy diferente a la parte de Europa en que se encontraban Iván nunca lo admitiría, pero lo fascinaban las calles llenas de gente y lo colorido que era todo. Debía destruirlo. Imaginó que toda esa gente —estúpidos capitalistas— comprendía que la URSS era mejor y que su gobierno sólo los llevaría a la destrucción. Rió para sus adentros sin dejar de observar todo a su alrededor. Andar le haría bien, tenía que estirar las piernas.
Todavía recordaba lo duro que fue el viaje. Primero tuvieron que ir hasta la RDA y allí salir de incógnito hasta la RFA, una vez allí se dirigieron al aeropuerto más cercano y cogieron el avión hasta Estados Unidos. En el aeropuerto al que llegaron una vez terminó el viaje hasta América les esperaba un coche que los llevó hasta su destino.
Lo peor de todo había sido aguantar las indirectas llenas de odio de Julchen hacia él y su hermano y las directas llenas de rencor de Vladimir hacia la chica. Esos dos habían sido un dolor de cabeza. Y él, como buen agente de la KGB los había amenazado para que se callasen y así no poner en peligro la misión.
Él era un buen agente y su hermano lo sería si no se dejara provocar por una estúpida rebelde. Por lo menos Vladimir era mejor que Daniel Héderváry, el no era un digno de la KGB, fue un sucio mentiroso que ayudaba a los estúpidos rebeldes. Por eso Iván disfrutó tanto torturándolo y matándolo, porque no era digno.
Volvió a la realidad cuando la vio. Era ella, su objetivo. La observó detenidamente y se dio cuenta de que un hombre se le acercaba con un dispositivo en la mano que se le hizo conocido. Mierda, era el detonante de una bomba. Empezó a correr hacia ella, era él quien debía matarla, no un inepto que estaba dispuesto a explotarse a el mismo también. Julchen y Vladimir se quedaron parados, algo extrañados por la acción de Iván.
El resto pasó muy rápido. Cuando el hombre pulsó el botón Iván acababa de llegar hasta ella y con toda la destreza de sus años de entrenamiento y experiencia la cubrió con su cuerpo y rápidamente se alejó hacia un sitio seguro. En el momento en el que la bomba explotó se oyó el grito de varias personas, pero solo unos cuantos llamaron la atención de Julchen, esas voces decían:
—¡Emily!
La albina había reconocido la voz de Francis e Isabel. Entonces supo que la chica a la que había intentado salvar Iván era el objetivo de la misión de los hermanos soviéticos, y que sus dos mejores amigos estaban involucrados con la chica.
Esperaba que tanto Iván como Emily estuviesen bien con todo el humo y el pánico que empezó a reinar no se podía saber si el ruso había conseguido salvar a la estadounidense. Quería que el chico estuviera bien para no quedarse sola con Vladimir y que a la chica no le hubiera pasado nada porque si era amiga de Francis e Isabel, entonces no era tan mala.
—¡Esperaba que fuese un encuentro explosivo! —comentó con cierta emoción Rose, una de los jóvenes reporteros—, ¡pero no que hubiera literalmente una explosión!
La anciana rió jovialmente y el otro estudiante, Kyle, asentía de acuerdo con su compañera mientras masticaba uno de los pasteles de la merienda.
—¿Verdad? Recuerdo que a Arthur le dio un ataque de nervios cuando volvimos al Mirage y que Toris le hizo una infusión que lo tranquilizó bastante. Francis parecía muy tranquilo, pero no lo estaba en absoluto, tenía miedo de que Iván fuese un espía de la KGB y aunque no se equivocaba, decidió darle medio boto de confianza.
—¿Y usted que pensaba? —preguntó Kyle con un brillo de curiosidad en la mirada.
Le dio un sorbo a su té, pensando bien la respuesta, o más bien, como expresar sus pasados pensamientos.
—Opinaba igual que Francis, sin embargo, yo fui más crédula y confiada. Deseaba que no fuera un agente infiltrado.
La taza de Rose resonó contra el platillo cuando la posó sobre él. Sus ojos denotaban una gran emoción, como los de un niño en Navidad. Antes de poder realizar su siguiente pregunta, la alarma de su teléfono sonó, resopló indignada y se levantó con pesar.
—Gracias por su atención, la apreciamos muchísimo. Ya es hora de que Kyle y yo nos vayamos, tenemos clase de Opinión Pública en media hora.
—Siempre es un placer, queridos.
Y así ambos estudiantes se marcharon, dejando sola a la anciana con sus pensamientos y recuerdos. Tal vez debería buscar fotos de la época para enseñárselas. Sería algo que seguro les gustaría.
Omake II: "Todo es mejor en presencia de una buena mujer"
Francis miró expectante al joven que tenía delante, bueno, en realidad el moreno era algo mayor que él. El francés llevaba únicamente un año en la sección secreta de protección a los exiliados, pero había generado tantas expectativas que rápidamente lo asignaron a misiones grandes, importantes. Y sin duda, se encontraba sumergido en una de ellas.
—Se lo pido por favor, señor Fernández. A pesar de su juventud, usted consiguió ayudarnos a sacar del país a más de diez personas y familias... ayúdenos con la situación alemana también —Francis le miró suplicante. Antonio Fernández Carriedo era experto en desalojar personas de dictaduras en caso de riesgo.
—Me encantaría ayudarlos también con la RDA, señor Bonnefoy, pero me necesitan aquí, en España. Las cosas se han relajado un poco con la apertura de las fronteras y nadie en la organización sabe si continuará así. Hasta que la dictadura no termine, no puedo irme del país. Tendrán que conformarse únicamente con la ayuda que les ofrezco desde aquí.
Francis pensó muy bien sus palabras. Quería conseguir la ayuda de ese hombre a toda costa. Lo necesitaba. Iba a volver a hablar cuando alguien irrumpió en la sala.
—¡Yo lo haré! —exclamó una joven que, a lo sumo, era dos años menor que Francis.
—Isabel, ¿has escuchado nuestra conversación? —el tono de Antonio era suave, aun así había algo escalofriante en su mirada.
La joven no retrocedió y Francis miró la escena curioso.
—Ya te he ayudado antes, hermano, sé como va esto. No quiero quedarme atrapada en este país, en el que ni se me escucha ni se permite expresar mis opiniones.
La mirada de Antonio cambió al fijar su vista en los ojos de su hermana, sus iris esmeraldas se aclararon. En ese instante el francés supo que había venido a por un compañero y que, sin embargo, se iría con una compañera.
Mucho mejor, se dijo. Las mujeres le agradaban más.
¡Siento la tardanza! Pero ya llegó Holly con el siguiente capítulo -alza un puño al cielo y hace una pose de victoria-. No os voy a mentir, las clases no han sido el único motivo esta vez, también están mi vagancia y mi falta de inspiración (véase que tuve un montón de vacaciones de por medio).
Me he dado cuenta de que las edades pueden ser algo liosas, por lo que haré una aclaración:
-Francis: 27; -Arthur: 26; -Isabel: a punto de cumplir 26; -Julchen: 26; -Alice: 23; -Vlad: 24; -Iván: 24; -Emily: 22; -Toris: 22; Yekaterina: 27
Y síp, se supone que Vlad es más pequeño que Iván, pero sólo lo es por meses.
Para las que me preguntaron por las parejas, voy a dejar una pista: la edad no importa cuando uno está enamorado. Las únicas claras son el FrNyo!Uk y obviamente el RusAme. ¿Os atrevéis a adivinar el resto? Creo que es todo y que por ahora es lo único que tengo que decir, ¡hasta la próxima!
