El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

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Se presentan los amigos de la familia

Miroku y Sango decidieron abandonar la fiesta aquella noche temprano porque tenían a Kagome en casa quien, en su opinión, los necesitaba más que Inuyasha. Se quedaron para el brindis y la presentación del nuevo hospital y unas horas después, alrededor de las diez, la pareja Lin decidió marcharse.

Inuyasha, sin embargo, los detuvo en la puerta.

—¿Quién era vuestra amiga? —preguntó, de forma suficientemente casual para no insinuar nada. Afortunadamente para él, Sango y Miroku la habían tomado por una pregunta casual.

—Higurashi Kagome —contestó Miroku—, crecimos todos juntos. Sango y Kagome se conocían desde que nacieron, o algo así.

Sango asintió.

—Sí… es una amiga íntima nuestra. Ahora en serio, Inuyasha —rogó Sango—, tenemos que irnos… mañana viene gente a casa.

Era viernes y al día siguiente sería sábado. La semana pasada, Sango y Miroku habían invitado a unos amigos para reunirse y planear su verano. Todos los años, los Lin y los amigos de su familia hacían excursiones cada verano con sus hijos y amigos. Esta vez, Kagome estaría con ellos, haciendo que fuera mucho más divertido.

Miroku, Sango y Ai Lin estaban normalmente acompañados de Kouga, Ayame y su hija Hikari Lang. La familia Lang tenía una hija que tenía exactamente dos meses menos que Ai. Ahora, Ai tenía cinco años, su cumpleaños era el 17 de julio y Hikari tenía cinco años, su cumpleaños era el 14 de septiembre.

Yuka y Hayabusa Falcon iban normalmente con las dos familias a sus excursiones, junto con su hijo Ichiro de tres años y su hija Kasumi, que tenía dos años. También estaban Eri y Hojo Asuki con Kyo, su hijo de cuatro años.

Y además de ellos, solían unirse por pasárselo bien Ayumi Saitou y su prometido, Daichi Fujii.

Bueno, Sango y Miroku había convocado una reunión al día siguiente (sábado) para planear su actividad veraniega para ese año. El año pasado se habían ido a Hawái y habían decidido que era algo que nunca volverían a intentar. Hikari había tomado caña de azúcar y se había puesto enferma. Viendo que Hikari se había puesto enferma, Kyo y Ai no habían querido estar cerca de ella y, como Kyo y Ai no querían acercarse a una enferma Hikari, Kasumi e Ichiro tampoco habían querido estar cerca de ella.

Y después fue un infierno. Kouga y Ayame había tenido que quedarse con su hija y nadie consiguió divertirse.

Así que la única restricción esta vez era que el viaje sólo podría planearse dentro de las fronteras de China.

—¿Mucha gente? —preguntó Inuyasha con curiosidad.

Miroku asintió.

—Sí, mucha, en plan… dos familias con sus hijos.

Inuyasha asintió.

—Ya veo. —Simplemente se apartó de su camino y Sango y Miroku se marcharon.

Justo cuando Inuyasha se giró, una mujer alta y pálida que llevaba una minifalda de color mantequilla y una camiseta blanca de escote palabra de honor se lanzó hacia él. Inuyasha, por instinto, la atrapó y frunció el ceño.

—Éste no es un conjunto que puedas llevar en mi fiesta, Kikyo —dijo con tono áspero—. Sugiero que, si quieres estar con gente de esta sociedad, te olvides de tu profesión mientras estás por aquí. Somos de la clase alta.

Kikyo Hiromi, una mujer bastante alta, pero no tanto como Inuyasha con pelo cortado en capas y reflejos, hizo un puchero, no tan seductor como Inuyasha esperaba que fuera, fue un puchero algo asqueroso y repelente.

—Pero Inu-cari…

—No. —Inuyasha parecía molesto—. De todos modos, ¿quién te invitó?

Kikyo dio un grito ahogado.

—¿No puedo venir a la fiesta de mi nene? Además… —Subió las manos por su pecho—. Tú me deseas esta noche.

Inuyasha frunció el ceño y la apartó de en medio. No tenía ni idea de por qué salía con ella…

Puede que ayer pudiera haber respondido a su propia pregunta, pero después de ver a la amiga de Sango…

Ni idea de por qué salía con Kikyo…

Ni idea de por qué no salía con Kagome…

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Sango y Miroku entraron en su pintoresca aunque gran casa y se encontraron a su hija y a su mejor amiga acurrucadas en el sofá, profundamente dormidas. Sango se rió en voz baja mientras iba hacia ellas y sacaba a Ai de los brazos de Kagome. Kagome se movió un poco antes de estirar el brazo para coger una almohada y abrazarla, ya que había perdido la calidez de Ai.

Sango asintió en dirección a Miroku mientras subía lentamente las escaleras. Miroku, a diferencia de en el instituto, sabía cuándo era apropiado acariciar a una mujer. Ninguno de los Lin tuvo valor para despertar a su amiga así que, en cambio, Miroku cogió a Kagome en brazos al estilo nupcial y subió lentamente las escaleras hasta su habitación.

Pasó por delante de la habitación de su hija y sonrió al ver a su mujer arropando a su hija. Se dirigió hasta la habitación de su amiga y la metió en la cama antes de ir a cerrar las puertas del balcón.

Cuando Miroku se dio la vuelta, vio que su mujer ya había cubierto a Kagome con el edredón, parecía satisfecha. Miroku fue hacia Sango y rodeó su cintura con su brazo.

—Me alegro de que defendiera sus derechos —susurró ella mientras apoyaba la cabeza en el hombro de su marido.

—Lo mismo digo. —Miroku asintió—. Tiene que darse cuenta de qué significa el amor antes de comprometerse. Yo estaría más contento con el hecho de que de verdad experimentara el amor. Al menos entonces, si elige tener un matrimonio arreglado o algo así, no se lo perdería.

Sango sonrió ligeramente.

—Cierto… pero yo preferiría que se casara con el hombre con el que primero probara el amor. Al menos con él, estaría enamorada y feliz.

Miroku se rió entre dientes mientras conducía a su esposa fuera de la habitación de su amiga.

—La ex modelo Higurashi Kagome, también conocida como Miko, está durmiendo en casa de un doctor, una antigua abogada y una niña de cinco años muy entusiasta y parece mucho más feliz de lo que lo ha sido nunca con su verdadera familia… salvo Souta.

Sango sonrió mientras bajaba la cremallera de su vestido. Ya habían llegado a su habitación y Sango había empezado a cambiarse.

—El dinero no da la felicidad —susurró.

—Somos igual de ricos y famosos que su familia y aun así somos felices —señaló Miroku.

—Nosotros no dejamos que se nos suban la fama y la fortuna a la cabeza, ahora vete a la cama —regañó Sango—, vamos a tener mucha compañía por la mañana.

Miroku se había puesto su pijama de algodón y se había quedado sin camiseta mientras se metía en la cama. Sango vestía un camisón blanco de seda, saltó al lado de su marido y depositó besos ligeros en su mejilla.

—Te quiero. —Sonrió y él sonrió con suficiencia, rodeando su cintura con su brazo.

—¿Quieres que te enseñe cuánto te quiero? —Sonrió sugerentemente mientras Sango arqueaba una ceja.

—Qué tal… —Se levantó y se sentó a horcajadas sobre él—, si yo te lo enseño a ti.

Las mejillas de Miroku se volvieron rojas mientras recobraba la compostura dirigiéndole su sonrisa más masculina.

—Eso quiero verlo…

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Kagome se despertó sobresaltada al sentir que alguien saltaba sobre su estómago. Gruñó mientras fijaba la mirada en su ahijada que estaba sentada sobre su estómago, su pelo estaba recogido en unas lindas coletas y tenía puestos pantalones vaqueros cortos y una camiseta azul claro con una flor en las mangas cortas. Ai tenía puestos sus calcetines rosas mientras golpeteaba a su madrina.

—¿Qué pasa, Ai? —gruñó Kagome.

—¡Mami dijo que te despertara porque van a venir invitados y dijo que te pusieras guapa porque viene mucha gente!

Kagome suspiró mientras se daba la vuelta sobre su espalda y bostezaba.

—Dile a mami que le dé cinco minutos más a tu mamá.

—Mami dice —llegó la voz de Sango— que mamá tiene que despertarse ahora. ¡Mis invitados llegarán dentro de una hora y tú te has quedado dormida!

Kagome alzó una mano y la dejó caer.

—¿Qué hora es?

—La una —masculló Sango con sequedad mientras los ojos de Kagome se abrían como platos.

¡¿¡¿¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ? —chilló Kagome mientras se incorporaba, parpadeando para alejar el sueño de sus ojos. Sango simplemente se rió mientras agitaba el pulgar hacia el reloj digital de la mesilla de noche de Kagome.

La joven frunció el ceño antes de lanzarle una almohada a su mejor amiga que se rió y salió corriendo de la habitación, con su hija detrás de ella.

¡Estúpida Sango! ¡Sólo son las diez! Pensó Kagome, planeando vengarse de su amiga por asustarla tanto. Pero no había ninguna duda de que venía gente, Ai iba bien vestida, Sango llevaba puesto una falda blanca larga y una camiseta de color amarillo claro, y Sango nunca se vestía así a menos que esperara compañía.

Así que Kagome se aseó, se dio una ducha y se secó el pelo antes de coger un par de Capris negros y una camiseta de color azul agua con mangas que bajaban por sus hombros hasta su cintura, abrazando sus curvas. Al final, la camiseta estaba fruncida con cuerdas que salían a cada lado para ajustar el fruncido.

Se puso sus calcetines blancos y bajó lentamente las escaleras, sorprendida al encontrar a alguna gente ya allí.

—Buenos días, dormilona —saludó Miroku y Kagome le sonrió antes de llegar a la planta baja y sentarse en el sofá entre Sango y Ai. Sango le tendió un cuenco de cerezas y Kagome se atiborró de ellas mientras Miroku seguía hablando—: Ayumi, Daichi, ésta es nuestra buena amiga, Higurashi Kagome. Kagome, Saitou Ayumi y su prometido Fujii Daichi.

Kagome sonrió y los saludó, ya gustándoles por su naturaleza amable. Ayumi tenía el pelo rizo a la altura de los hombros y unos amables ojos marrones. Su prometido, Daichi, tenía el pelo de punta marrón oscuro y llevaba lentillas de color avellana.

—Dai está en el mundo de los negocios y trabaja en la cadena de empresas de Inuyasha y Ayumi es coordinadora de bodas —presentó Sango y Kagome soltó una risita.

—Coordinadora de bodas —reflexionó Kagome —, buen campo. Siempre quise intentar algo como eso.

Ayumi inclinó la cabeza.

—¿En serio? ¿Qué haces?

Miroku tosió y Kagome tenía una mirada rara en el rostro, provocando que Sango tartamudeara:

—Es eh… —Sango miró a Ai y pensó en algo rápidamente—. Acaba de mudarse aquí desde Japón, pero está intentando hacer algo relacionado con la docencia. Ya sabéis, profesora, tutora, administración… algo así.

Kagome miró a Sango antes de volver a mirar a Ayumi.

—Sí. Estoy intentando trabajar con niños pequeños, con un poco de suerte, preescolares o párvulos, de la edad de Ai.

Ayumi sonrió.

—Es un bonito campo.

Kagome se rió.

—Sí, lo es, pero no es nada comparado con los ricos y famosos como vosotros. Médico, abogada, hombres de negocios y coordinadora de bodas, sois conocidos y estáis en lo más alto.

Daichi se rió entre dientes.

—Sí, admito que hay gente en Francia que conoce nuestros nombres, pero no es nada comparado con la industria del cine. —Kagome hizo una mueca y eso les no pasó desapercibido a sus dos amigos, Miroku y Sango—. Ellos son famosos, pero difícilmente lo que quieres llamar ricos sofisticados.

—¿A qué te refieres? —Kagome inclinó la cabeza a un lado, intentando mantener un perfil bajo, el hecho de que era la hija de Akira Higurashi al mínimo.

—Nosotros —Daichi los señaló a todos—, tenemos dinero, posición, clase y sobre todo, poder. Podemos controlar los medios de comunicación y doblarlos a nuestros deseos. Ésa es la ventaja de los negocios y de conocer a los que manejan la industria de los negocios. Los del cine, sin embargo, tienen que adaptarse a cómo los retratan los medios.

—Profundo —rió Kagome mientras sonaba el timbre. Miroku se levantó y fue a abrir la puerta, revelando a la familia Lang.

—¡Miroku! —Ayame abrazó a Miroku, su pelo rojo estaba recogido en una coleta. Miró por encima del hombro de Miroku y mostró una expresión de sorpresa.

—¡KAGOME! —chilló mientras pasaba corriendo a Miroku e iba a abrazar a Kagome.

Ayumi tenía 23 años y Daichi 24. Ayame tenía 25 años, la edad de Miroku, pero también había crecido con Sango, Kagome y Miroku, al igual que su marido, Kouga. Kouga tenía 26.

Ayame no sabía por qué estaba Kagome allí, pero ella, al igual que Sango, sabía todo de la vida de Kagome y sus deseos, contrarios a los de su familia.

—¡Ayame! —Los ojos de Kagome se abrieron como platos mientras abrazaba con fuerza a su amiga. Ayame jadeó mientras apretaba fuertemente a Kagome.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Kagome suspiró.

—Es una larga historia, te la cuento después. ¿Dónde están Kouga y Hikari?

—Aquí mismo. —Kouga sonrió mientras entraba con Hikari en brazos.

—¡KARI! —chilló Ai mientras corría hacia su amiga quien se soltó del agarre de su padre. Sin decir una palabra, las dos subieron las escaleras, obviamente iban a la habitación de Ai.

—¿Cómo has estado? —le preguntó Kouga a su amiga mientras la abrazaba.

Kagome sonrió.

—Podría haber estado mejor…

Justo cuando Kouga y Miroku se sentaron, volvió a sonar el timbre y Sango sonrió.

—¡Los últimos invitados están aquí!

Esta vez, Sango se levantó para abrir la puerta y entraron Yuka (24 años), Hayabusa (25 años), sus dos hijos, Ichiro y Kasumi, así como Hojo Asuki (26) y su esposa, Eri Asuki (25) y su hijo, Kyo.

Kagome abrió los ojos como platos.

—Vaya… aquí hay mucha gente.

Sango sacudió la mano.

—Nuestra casa es suficientemente grande. —Le sonrió a los tres niños—. Vosotros tres podéis ir a la habitación de Ai. —Y casi instantáneamente los niños subieron corriendo las escaleras. Sango y Kagome le hicieron sitio a Ayame para que pudiera sentarse a su lado. Kouga y Miroku estaban sentados en dos sillas separadas y Hayabusa y Hojo estaban sentados en el suelo delante de sus mujeres, que habían cogidos dos pufs que habían sacado por diversión. Tantas sillas hacían la habitación fea, en opinión de Sango.

—Kagome —presentó Sango—, éste es Falcon Hayabusa y su esposa, Yuka, y Asuki Hojo con su esposa Eri. Chicos, ésta es mi mejor amiga, Higurashi Kagome.

Después de que todos se conocieran, empezó el verdadero debate.

—Bien —dijo Sango—, el colegio termina dentro de dos semanas y, como todos los años, necesitamos actividades veraniegas. Nada de Hawái, no queremos que Hikari se ponga enferma. Nada de parques de atracciones porque quiero relajarme mucho tiempo y… sí, ya está.

Todos se rieron y Kagome se chupó el meñique, observando al grupo de amigos.

—¿Qué tal si vamos a la playa? —Hojo arqueó una ceja, su pelo marrón claro ensombrecía sus ojos.

Ayumi meneó la cabeza.

—No, no quiero a Kasumi y a Ichiro cerca del agua.

Todos asintieron en acuerdo. En este grupo de amigos, todos los adultos cuidaban de los niños de sus amigos y viceversa.

—¿Un acampada? —sugirió Kagome y Hayabusa sonrió.

—Oye, no es mala idea. —Le guiñó un ojo a Kagome, que soltó una risita mientras le devolvía el guiño. Eran gente genial, pensó Kagome, fácil de llevarse bien con ellos. Ricos, sí, esnobs, para nada.

Kouga era diseñador de software, construía software de ordenador y su compañía estaba patrocinada por Takahashi Inuyasha, haciéndoles buenos conocidos. Hojo y Hayabusa eran dueños de una asociación. Tenían una cadena de restaurantes de comida rápida que había crecido hasta ser conocida a nivel mundial. Sus restaurantes también estaban patrocinados por Takahashi Inuyasha.

—Nada de sitios con bosques —suspiró Ayame—, a Hikari le dan miedo los bichos y los insectos que se arrastran.

Los adultos se rieron cuando Eri se toqueteó la barbilla.

—¿Y si vamos a una casa de verano? A un sitio grande donde podamos quedarnos durante un mes. Digo, ninguno de nosotros trabaja en julio, ¿verdad?

Se disparó un murmullo colectivo de afirmación por el grupo al gustarles la idea de Eri. Kagome ladeó la cabeza y estudió el grupo.

—Un sitio grande… ¿quién tiene una gran casa de verano?

Todos lo pensaron un momento antes de que Yuka chasqueara los dedos.

—¡Inuyasha! —dijo.

—¿Inuyasha? —repitió el grupo.

—Sí. —Asintió—. Escuchad, él nos conoce a la mayoría y trabaja con la mayoría de nuestros maridos. Si nos pasamos por su casa de verano como quien no quiere la cosa el primer día de verano, le tenderemos una emboscada y tomaremos el control de su casa de verano. Además, es buen amigo de Hayabusa, Hojo, Miroku, Daichi y Kouga… y eso cuenta para todos los hombres que están en este momento en esta habitación.

Todos se rieron y Kagome se recostó en su asiento.

—¿Un mes en casa de Takahashi Inuyasha? —Arqueó una ceja.

—No pudiste haber tenido una mejor idea —chilló Sango—, ¡bien! Decidido. El plan de verano es en la casa de verano de Takahashi.

—¿No deberíamos preguntarle? —le preguntó Miroku a su esposa.

—Entonces diría que no —murmuró Ayumi—. Bien podemos darle una sorpresa para que no pueda decir que no. Oh, ¿qué es lo peor que puede hacer?

—¿Despedirme? —masculló Hayabusa con sequedad y soltaron unas pequeñas risas antes de que Sango se levantara.

—Está decidido, dentro de dos semanas a partir de hoy, —Yuka sonrió—, emboscaremos la casa de Inuyasha.

—En cuanto a ahora, —Ayame sacó una bolsa de detrás de ella—, vamos a comeeeer.

Kagome sonrió, admirando a toda esta gente, ellos sabían cómo divertirse sin que eso involucrara escándalos mediáticos. Puede que con todos estos nuevos amigos, pensó, pueda, de algún modo… experimentar lo que ellos tienen y yo no tengo…

Los miró con anhelo, pero apartó la idea cuando Yuka la arrastró a la sala de cine.

—¡Vamos Kagome!

Kagome se rió mientras enredaba su brazo con los de Yuka y Ayumi y entraba en la sala de cine de Miroku y Sango.

¿Puede que experimente el amor?

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Y hasta aquí por hoy. Gracias por continuar leyendo y, como siempre, muchas gracias por vuestros reviews, favoritos y alertas. Me alegran el día.

Besos.