El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

-x-

Entrelazando planes

—Soleado con unos pocos nubarrones y llovizna por la tarde-noche, pero nada de lo que preocuparse… —retransmitió el hombre del tiempo en la televisión mientras Kikyo, con el trasero al descubierto, estaba tumbada en la cama de Inuyasha con las sábanas hasta la barbilla cambiando continuamente de canal mientras Inuyasha estaba en el baño.

¡Anoche fue muy divertido! Chilló internamente, adorando cómo funcionaba su hombre en la cama. Suspiró, ese día no quería ir a trabajar, pero sin su cuerpo perfecto, Playboy Japón no sería nada… o eso pensaba ella. Diez minutos después, Inuyasha salió del baño con unos pantalones de color caqui y una camiseta interior negra. Él arqueó una ceja al mirar a Kikyo, quien le saludó desde la cama.

—Buenos días, Inuyasha.

Él asintió en su dirección mientras se sentaba en la cama y Kikyo se arrastraba hacia él, depositando besos sensuales por su cuello, su cuerpo todavía estaba bastante desnudo.

—Buenos días, nena —saludó mientras le dejaba seguir con sus caricias por su cuello y rostro. Tenía que admitirlo, Higurashi Kagome tenía una especie de éxtasis mágico a su alrededor, pero Kikyo de algún modo conocía su cuerpo. Pero siempre faltaba algo…

Algo que no sabía exactamente lo que era…

—Me preguntaba —preguntó Kikyo mientras se sentaba a su lado, tapando su cuerpo con las sábanas—, ¿por qué te pusiste ayer así conmigo?

Inuyasha alzó la mirada al cielo.

—No lo sé —replicó—. No estaba de humor.

Kikyo soltó una risita.

—¿Y ahora estás de humor?

Inuyasha la miró antes de levantarse.

—Es tarde, tengo que ir a la oficina.

Kikyo hizo un puchero mientras se levantaba, arrastrando consigo las sábanas, intentando ocultar su cuerpo, aunque ambos sabían que ella quería soltar las sábanas y volver a tener sexo.

—¡Inuyasha! —protestó Kikyo.

—¿Sabes qué? —dijo Inuyasha mientras se pasaba los dedos por el pelo, que estaba expertamente recogido en una coleta baja. Kikyo ladeó la cabeza en lo que ella consideró lindo, pero Inuyasha lo encontró un poco… ¿repulsivo?

—¿Sí?

—Tengo un mes de vacaciones dentro de dos semanas, podemos ir a mi casa de verano y pasar algún tiempo juntos y eso… si tienes tiempo.

Kikyo chilló.

—¿EN SERIO? ¿No tienes que pasar tiempo con esas mocosas con las que sueles estar todos los años?

Inuyasha sabía que se refería a Ai y Hikari. Normalmente se unía a las actividades de todos los veranos para cuidar de Ai y de Hikari. El año pasado se unieron por primera vez Kyo, Kasumi e Ichiro, e Inuyasha no pudo ir debido a un serio problema de negocios.

Normalmente a Kikyo le molestaba que pasara más tiempo con los niños que con ella…

Inuyasha asintió.

—Sí, no me han hablado de ningún plan y normalmente los hacen un par de semanas antes de que empiecen las vacaciones. Así que asumo que no soy parte de ellos. Iremos a mi casa de verano, sólo nosotros dos. ¿Vale?

Kikyo se lanzó a él y presionó los labios contra los suyos. Él no se molestó en responderle pero ella se apartó, sin ningún frunce en su cara.

—¡Te quiero! —Sonrió e Inuyasha ladeó la cabeza.

—Ponte algo de ropa y sal de casa. No quiero que la gente te vea caminando por ahí sin nada encima.

Kikyo suspiró.

—A veces eres tan dulce… y otras apestas.

Me da igual. Pensó Inuyasha mientras veía que Kikyo se ponía la ropa antes de salir de su cuarto, lanzándole un beso. No sabía por qué, pero su mente simplemente no podía apartarse de Higurashi Kagome…

-x-

—¡MAMÁ! —chilló Ai mientras se acurrucaba en el regazo de Kagome, quien sonrió mientras jugaba con el pelo de su ahijada. Hikari hizo un puchero, ella también quería que Kagome la consintiera. Ai y Hikari habían crecido alrededor de Kagome y, a pesar de que Kagome era la madrina de Ai, la habían nombrado responsable de Hikari en caso de que les pasara algo a los padres y a los padrinos de Hikari (Sango y Miroku eran los padrinos de Hikari).

—¡No es justo! —Hikari dio un pisotón contra el suelo y Kyo se rió de ella, haciendo que le lanzara una mirada peligrosa. Ichiro y Kasumi que eran, de lejos, demasiado pequeños para esos problemas de niños mayores, estaban sentados con sus padre, cansados después de haber jugado en la habitación de Ai.

—Hikari —dijo Ayame con voz seria—, no seas mala. Ai llegó primero a junto de la tía Kagome.

—Pero, —Hikari tenía lagrimillas en los ojos, su precioso pelo castaño cortado a la altura de los hombros brillaba con la luz—, ¡pero yo quiero sentarme en el regazo de Kagi!

Kagome se rió mientras acomodaba a Hikari, poniendo a Hikari en su rodilla izquierda y a Ai en la derecha, mientras ella se sentaba con las piernas cruzadas en el sofá. Hikari chilló y le dio un beso húmedo a Kagome en la mejilla antes de sacarle la lengua a Ai, que apartó la cabeza. Kyo se dirigió tambaleándose hacia ellas y consiguió acurrucarse en el espacio que quedaba entre Ai y Hikari, y Ayame chilló:

—¡KAGOME ERES UN IMÁN PARA LOS NIÑOS!

Kagome sonrió mientras intentaba abrazar a los tres niños que estaban en su regazo.

—¡Sois tan monos!

Yuka y Sango salieron de la cocina con bandejas de bebidas y galletas. Casi instantáneamente, Ai, Hikari y Kyo saltaron de encima de Kagome para ser los primeros en coger lo que fuera que hubiera para comer. Kasumi e Ichiro consiguieron apartar a Kyo para coger las galletas cubiertas de chocolate. En venganza, Kyo se bebió dos vasos de zumo de frutas, el favorito de Kasumi e Ichiro. Kasumi tenía lagrimillas en los ojos y Kagome soltó una risita, levantándose para coger una jarra de zumo de frutas para los niños Falcon.

—Los niños tienen mucha suerte. —Ayumi sonrió mientras Eri ladeaba la cabeza.

—¿Por qué lo dices?

—Ai, Hikari, Kyo, Kasumi e Ichiro están creciendo juntos —afirmó Ayumi—. Ai y Hikari prácticamente nacieron juntas… son como hermanas. Quién sabe, a lo mejor dentro de veinte años estarán reunidos en el salón de Ai planeando sus vacaciones de verano con sus hijos mientras que nosotros estaremos en un asilo de ancianos, maldiciendo a nuestros hijos por ser tan malvados.

A Eri le empezó un tic en la ceja.

—¡No voy a permitir que Kasumi e Ichiro nos dejen tirados en un asilo de ancianos!

Hayabusa se rió por lo bajo.

—Cariño, son nuestros hijos… mis padres están en un asilo de ancianos.

Eri lo fulminó con la mirada.

—Eso fue porque tu padre quería ir a uno, para darnos independencia, a diferencia de ti, ¡yo intenté que se quedaran con nosotros!

Kouga se rió con las bromas de la pareja antes de volverse hacia su hija.

—Hikari, despacio —dijo en tono paternal y Hikari paró de tragar su ginger ale como si fuera una niña deshidratada.

Kagome volvió con una jarra de zumo de frutas y le echó un poco a Kyo, Ichiro y a Kasumi. Hojo le dio una galleta a su hija y ella se sentó delante de él, llevaba puesta una falda blanca, calcetines de color rosa bebé y una blusa blanca con flores rosas decorándola. Tenía la cara pequeña y redonda, brillantes ojos marrones y pelo castaño claro.

Kagome suspiró.

—¡Vaya, vuestros hijos son muy monos!

Ichiro caminó dubitativamente hacia Kagome y le tendió una galleta. Él tenía, a diferencia de sus padres, una mezcla entre pelo rubio y marrón (¿rubio oscuro?) y Kagome se imaginó que era por los genes recesivos de uno de sus padres. Sus ojos eran de un azul brillante, herencia de su padre, que tenía los ojos azules y el pelo castaño oscuro.

Ichiro lleva puestos unos vaqueros cortos y una camiseta azul y blanca de tirantes. Kagome sonrió mientras abría la boca, agachándose para que Ichiro le pudiera meter la galleta en la boca. Ella sonrió y le dio un beso en la mejilla.

—Gracias, cariño.

Ichiro le dirigió una amplia sonrisa y corrió hacia su mami, sonrojándose y escondiendo su cara en la pernera del pantalón de Yuka. Yuka y Hayabusa se rieron mientras Kagome se incorporaba, observando a los niños.

—Bien. —Sango dio una palmada mientras los niños seguían comiendo. Era casi mediodía y Sango pronto daría la comida antes de que sus amigos se fueran a eso de las tres de la tarde. Todos tenían planes para aquella tarde, así que habían puesto la reunión durante el día.

—¿Entonces iremos a casa de Inuyasha dentro de dos semanas?

Todos asintieron mientras Kagome se cruzaba de brazos.

—¿Y si nos saca a patadas diciendo que no necesita a la plebe? —bromeó y Ayame fingió un grito ahogado.

—Entonces le mandaremos a los niños. Estoy segura de que una horda de niños corriendo detrás de él con barro en las manos hará que cambie inmediatamente de idea.

El grupo estalló en carcajadas mientras Kagome observaba a los niños.

—Yo diría que Kyo es el más violento de todos —reflexionó—. Hicieron falta Kasumi e Ichiro para apartarlo de las galletas, y aun así el niño devoró todo el zumo de frutas en veinte segundos.

Hojo sonrió y Eri le dio un codaza en el estómago a su marido.

—Sí, Kyo sacó eso de su papi.

—¿EH? —gritó Hojo, horrorizado de que su mujer dijera esas cosas.

—Es cierto —bromeó Ayumi y Ayame atrajo a su hija.

—¿Qué hay de comer, mami? —le preguntó Ai a su madre y los niños asintieron, concordando y preguntándose qué había de comer ese día.

—Nada sano, ¿verdad? —saltó Hikari, con bastante descaro. Kagome se rió mientras Ayumi se apoyaba contra Daichi. Daichi había estado bastante callado todo el rato, pero él era así. Fuerte pero silencioso.

—Si no comes saludablemente, —Daichi le sonrió a la pequeña, que lo miró—, ¿cómo vas a vencer a Kyo?

Hikari negó con la cabeza.

—¡Yo soy más mayor que Kyo, tío Dai!

Daichi miró a Kyo, que tenía una sonrisa socarrona dibujada en su rostro mientras masticaba una galleta.

—Al parecer él va a ser más grande que tú. Sólo tiene un año menos.

Hikari se cruzó de brazos.

—Sigo siendo más fuerte.

—Eres débil —le soltó Ai y Hikari le dio una patada en la pierna. Ai gritó y Kagome puso a Ai en su regazo.

—Nada de peleas, niñas, o no comeréis la Tarta Especial de Kagome… —Kagome movió los dedos mientras los ojos de Hikari y de Ai se abrían como platos. Les encantaban las tartas de Kagome.

—¡Te quiero, Hikari! —chilló Ai descaradamente mientras Hikari la abrazaba con fuerza, mientras la primera seguía en el regazo de Kagome.

—Estos niños son demasiado listos para su propio bien… —Miroku meneó la cabeza, bastante divertido por el comportamiento de sus hijos.

-x-

Inuyasha golpeteó en el escritorio de su oficina con su bolígrafo, su interfono sonaba continuamente, pero no quería contestar. Estaba pensando en el verano. En lo que podría pasar en dos semanas…

Sí, había conocido a una mujer muy sexy y que estaba muy buena, Higurashi Kagome, pero eso no significaba nada. Él amaba a Kikyo. Sacó una caja de terciopelo de su bolsillo trasero y fijó la mirada en ella, concentrándose.

Le pediría matrimonio dentro de dos semanas.

Poco después de eso sería la señora de Inuyasha Takahashi. Suspiró al cerrar la caja de golpe cuando su secretaria abrió la puerta con el ceño fruncido.

—¿Por qué no llamaste? —exigió y ella señaló el teléfono.

—El señor Miroku Lin por la línea cinco, dice que es una emergencia.

Inuyasha la fulminó con la mirada cuando ella salió de la habitación, negando con la cabeza y diciendo algo sobre ricos esnobs del mundo de los negocios…

Nota para mí, despedirla… Pensó mientras descolgaba el teléfono y saludaba a su amigo.

—¿Qué tal? —preguntó Inuyasha mientras fijaba la mirada en un documento que tenía delante.

—¿Algún plan para el verano? —preguntó Miroku, rezando para que Sango no le oyera. Los invitados ya se habían ido y él quería preguntarle a Inuyasha si no le importaba que emboscaran su casa de verano.

—Sí… ¿y vosotros?

—Algo así.

—¿Adónde vais a ir esta vez?

—Ése es el problema… Quería preguntarte…

Miroku se avergonzó cuando Sango gritó su nombre.

—¡MIROKU! ¡VEN AQUÍ! ¡¿¡¿¡¿¡¿¡POR QUÉ HAY UNA BOTELLA DE CERVEZA EN LA NEVERA AL ALCANCE DE AI!

Inuyasha se rió de los lloriqueos de Miroku.

—Eh… eh… ¡te llamo después!

Miroku colgó antes de ir a ocuparse de su mujer. Inuyasha meneó la cabeza mientras colgaba el teléfono. Normalmente, cuando el grupo hacía planes, los hacían y luego le informaban. Sin embargo, esta vez nadie había dicho nada, así que había asumido que sería algo alternativo, como ir a casa de la abuela de Ai o algo así…

Inuyasha se levantó, fue hacia el gran ventanal y miró hacia fuera, escaneando la ajetreada ciudad.

Dos semanas más…

-x-

—¿Qué significa Ai, mamá? —preguntó Ai a la hora de ir a la cama mientras Kagome la arropaba.

El grupo se había marchado y sólo quedaban Ayame, Kouga y Hikari en la residencia de los Lin. Kagome le había explicado todo a Ayame y ella la había abrazado con fuerza, diciéndole que si necesitaba algo podía pedírselo a ella o a Kouga en cualquier momento. Kagome lo apreciaba.

—Significa "amor", cariño.

Ai sonrió.

—¿Por qué me pusieron Ai mami y papi?

Kagome sonrió.

—No lo hicieron.

—¿No? —Ai inclinó la cabeza a un lado y Kagome le dio un beso en la nariz.

—Porque lo hice yo.

Ai abrió los ojos como platos.

—¿En serio?

—Sí, en serio —Kagome asintió mientras le alzaba a Ai las sábanas hasta la barbilla—, ahora a dormir, amor. Mañana nos divertiremos mucho. Prepárate para el verano.

Ai sonrió mientras besaba la mejilla de Kagome antes de que ésta fuera a apagar las luces. Kagome bajó las escaleras y sonrió, sentándose en el sillón, mirando a sus amigos que estaban en el sofá de dos plazas.

—¿Está en la cama? —preguntó Miroku.

Kagome asintió.

—Síp.

—Pregunta —empezó Sango mientras Kagome se ponía cómoda—, te presentaste a Inuyasha como Higurashi Kagome, ¿no? —preguntó Sango, sabía que Kagome le había dado una carpeta a Inuyasha y, conociéndole, probablemente se había presentado.

Kagome asintió, preguntándose adónde quería llegar.

Sango maldijo.

—Mierda… Ayer te presenté a los chicos como Higurashi Kagome, ¿y si se corre la voz y Akira descubre que estás en Hong Kong?

Kagome frunció el ceño.

—Vaya, tienes razón…

Miroku negó con la cabeza.

—Souta está en esto, ¿verdad?

Kagome asintió lentamente.

—Supongamos que Akira y Korari descubren que estás en Hong Kong, que lo dudo porque Ayame no va a decir nada y los demás no tienen ni idea de esto e Inuyasha tiene mejores cosas que hacer que obtener una recompensa que para él sería como calderilla. Pero supongamos que se corre la voz, Souta nos lo diría y te mandaríamos a Rusia si nos vemos obligados. —Miroku sonrió y Kagome puso los ojos en blanco.

—¿Y si… lo ponen en la televisión nacional? —Sango alzó una ceja.

—No lo harán —Kagome se rió—, saben que si viera el anuncio me iría a Marte, o algo parecido.

Miroku se rió.

—Sin duda.

—Bueno, ¿y ahora qué? —Kagome ladeó la cabeza.

—Películas. —Sango sonrió—. ¡Montones y montones de películas!

Kagome puso los ojos en blanco mientras Miroku ponía una película de la que Kagome nunca había oído hablar pero se imaginó que, si el doctor Miroku Lin y la abogada Sango Lin la tenían, tenía que ser buena.

-x-

Nota: En el siguiente capítulo se produce un salto de dos semanas. Preparaos.

Siento haberme retrasado tanto en actualizar, pero con todo el trabajo que tenía lo único que quería hacer era descansar.

Espero que os haya gustado y muchas gracias por los reviews (aunque hayan sido poquitos), me alegraron el día.

Besos.