El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

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El infierno, durante un mes

—¡Noventa y nueve botellas de zumo en la pared, noventa y nueve botellas de zumo! Quita una y pásala, ¡noventa y ocho botellas de zumo en la pared! —cantó Ai a todo pulmón mientras Kagome ponía una camiseta blanca sobre la cabeza de Ai.

—Cálmate, cariño. —Kagome frunció el ceño mientras intentaba pasar el cuello de la camiseta por la cabeza de Ai.

Habían pasado dos semanas y no había pasado nada emocionante. Yuka y Hayabusa, junto con sus dos hijos, Kasumi e Ichiro, llegarían dos semanas después porque había habido un contratiempo en el trabajo de Hayabusa. Daichi y Ayumi habían decidido ir con Yuka y Hayabusa porque Hojo y él tenían una sociedad en conjunto, Hojo y Eri Asuki junto con su hijo, Kyo, también llegarían dos semanas después.

Así que sólo la familia Lin, la familia Lang y Higurashi Kagome irían a su gran viaje a la reidencia de verano de los Takahashi. Miroku había afirmado que Inuyasha tenía una llave de repuesto en esa casa, así que podrían entrar fácilmente. Miroku dudaba que Inuyasha estuviera allí…

Lo dudaba bastante.

—Kouga y Ayame van más adelantados que nosotros —le dijo Miroku a Kagome mientras entraba en la habitación de su hija para encontrar que Ai y Kagome ya estaban listas—. Hikari va a venir en nuestro coche para hacerle compañía a Ai, así podrás disfrutar de hacer de canguro de dos niñas.

Kagome dio un grito ahogado.

—¡Me ofende que le llames "hacer de canguro"!

Miroku puso los ojos en blanco y abandonó la habitación, mascullando algo sobre una segunda hija y Kagome le dirigió una mirada fulminante a su espalda antes de girarse hacia su preciosa ahijada.

—Tienes unas notas perfectas en tu cartilla de notas de prescolar. —En un aparte murmuró para sus adentros—: ¿Existen esas cosas? —Antes de volver a girarse hacia su ahijada—. Así que nos vamos a divertir muchisimísimo este mes que viene. ¡Papá no tiene que trabajar y Hikari va a estar contigo!

Ai chilló y dio unos cuantos saltitos, lanzándose a la espalda de Kagome quien la bajó a caballito por las escaleras, todas sus maletas estaban en la puerta. Sango puso las manos en las caderas y arqueó una ceja en dirección a las dos niñas que estaban delante de ella.

—Miroku tiene razón, tenemos dos hijas.

Kagome puso los ojos en blanco mientras recogía su maleta y salía por la puerta.

—Sois unos raritos, lo sabéis, ¿verdad?

—Y orgullosos. —Sango simplemente puso los ojos en blanco mientras iban por el camino de entrada, donde Miroku estaba preparado en el coche. Kouga y Ayame ya habían llegado y Hikari estaba esperando en el coche de los Lin. Miroku salió y fue a la entrada para coger unas cuantas maletas y meterlas en su maletero mientras Kagome saludaba a Kouga y a Ayame antes de entrar en el coche, y sentarse detrás del asiento del conductor mientras Hikari y Ai se abrochaban el cinturón de seguridad.

—¿Cuánto dura el viaje? —Kagome arqueó una ceja.

—Cuatro horas —anunció Miroku mientras todos se abrochaban los cinturones—, así que prepara tus oídos para las canciones de Hikari y de Ai.

Ai hizo un puchero y Sango se rió mientras Kouga y Miroku daban marcha atrás, el coche de Miroku iba delante del de Kouga.

—Viaje largo, —suspiró Sango—, allá vamos…

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—Hemos llegado —dijo Inuyasha mientras Kikyo salía de un salto del coche.

—¡Genial! Me estaba cansando. —Bostezó y se estiró, intentando enseñar su cuerpo a propósito. Inuyasha simplemente la ignoró mientras se dirigía hacia su casa de verano. Era una casa bastante grande en medio de una gran propiedad. La propiedad tenía varios estanques, un bosque, una piscina en el patio de atrás, juegos de jardín (para cada vez que iban los niños) y un establo con caballos.

—Bueno, —Kikyo le guiñó un ojo seductoramente a Inuyasha—, me quedo con tu habitación… ¿contigo dentro?

Inuyasha se encogió de hombros y la pasó rozando, haciendo que hiciera un puchero.

—Haz lo que quieras, yo prepararé la comida…

—¿La comida? —Kikyo parecía horrorizada mientras caminaba por detrás de Inuyasha con el ceño fruncido.

—Estamos aquí, en tu casa de verano… prácticamente solos… con tus empleados para que nos preparen la comida… ¿por qué dejar pasar oportunidades de oro?

Inuyasha arqueó una ceja.

—¿Y qué propones que hagamos?

Kikyo presionó los labios contra los suyos y sus manos, aunque a regañadientes, rodearon su cintura, ella los estaba guiando hacia el sofá. Su espalada dio contra el sofá y rodaron, quedando Kikyo encima e Inuyasha debajo.

—Así está mejor… —gimió y continuaron…

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—Bueno, ¿quince minutos más? —Kagome bostezó mientras se apoyaba en el respaldo y Sango asentía.

—Sí… en fin, ¿cómo vas a conseguir quedarte en casa de Takahashi sin descubrirte?

—Ya. —Kagome puso los ojos en blanco—. Sango, nadie sabe que Miko es Higurashi Kagome.

—¿Y si Akira decide anunciar tu estado de desaparición? —Miroku arqueó una ceja y Kagome soltó una risotada.

—Soy legalmente adulta.

—La chica tiene razón. —Sango asintió y Kagome se rió mientras Miroku entraba en una zona bastante rural, similar a una granja.

—¿Ya llegamos? —Kagome arqueó una ceja.

—Casi. —Miroku asintió cuando Ai chilló—. Faltan cinco minutos para que invadamos su propiedad.

—Imaginaos que Inuyasha está en su casa de verano, —Kagome se toqueteó la barbilla—, teniendo sexo alocado con su novia o algo parecido… espera, tiene novia, ¿no? —Kagome arqueó una ceja.

Miroku se rió entre dientes.

—Sí, Kikyo… ¿te suena?

Kagome tosió.

—¿La escandalosa estrella del porno? ¿Quién no?

—¿Porno? ¿Qué es eso? —Hikari arqueó una ceja y Kagome tragó saliva.

—Una palabra fea, no la digas —dijo Sango con severidad mientras Miroku paraba delante de una preciosa casa de color crema con contras de color amarillo pálido y tejado negro.

—Una casa bastante bonita —reflexionó Kagome—, debo admitir que es una de las casas más sofisticadas que he visto.

—¿En serio? —Sango alzó una ceja mientras se dirigían hacia el coche de Kouga, ya que habían aparcado delante de la casa. El coche de Inuyasha estaba en la parte de atrás, así que no lo vieron… o sino se habrían ahorrado una escena inoportuna.

—Sí… tengo una residencia de verano, es bastante pequeña y no es nada comparada con ésta.

—Takahashi Inuyasha, —Kouga puso los ojos en blanco mientras caminaba hacia ellos—, ¿hace falta decir algo más?

—Bien dicho. —Miroku se rió por lo bajo mientras Ayame y Sango empezaban a ocuparse de sus hijas. Kouga empezó a sacar las maletas de los dos coches mientras Miroku y Kagome iban hacia la puerta abierta, Kagome tenía bastante curiosidad por ver cómo era la residencia de verano del hombre más rico.

—¿Tienes alguna idea de dónde está la llave de repuesto? —preguntó Kagome y Miroku sonrió mientras se agachaba y levantaba la alfombrilla de BIENVENIDO, a Kagome se le cayó una gotita de sudor.

—Qué sitio tan típico para esconderla… nunca me lo hubiera imaginado. —Sonrió mientras Miroku se reía. Ai y Hikari corrieron hacia Kagome mientras Miroku abría la puerta…

—¡HOSTIAS! —bramó Miroku y las manos de Kagome volaron a cubrir los ojos de Ai y de Hikari, sus propios ojos reflejaban sorpresa.

—Ai, Hikari, volvamos al coche… —dijo Kagome mientras se disponía a mover a las niñas pero Miroku se agachó y cogió a Hikari en brazos, apartándose de la puerta y bajándola al lado de Ayame mientras Kagome corría con Ai.

—¿Qué pasa? —Sango arqueó una ceja.

—¿Recuerdas que dije que qué pasaba si Inuyasha estaba haciéndolo con su novia? —preguntó Kagome avergonzada mientras los ojos de Sango se salían de sus órbitas.

—¿QUÉ? —gritó y Ayame y ella corrieron hacia la puerta, encontrándose con Kikyo encima de Inuyasha, ambos completamente sorprendidos.

—¡Oh Dios mío! —La mano de Ayame voló para cubrir su boca mientras se daba la vuelta y miraba a Kagome que se movía con nerviosismo, con dos niñas muy curiosas a su lado.

—¿Ai y Hikari no lo vieron? —preguntó Ayame y Miroku asintió mientras golpeaba su coche. Kouga sonrió de oreja a oreja mientras caminaba hacia la puerta y se ponía entre las dos mujeres, con sus brazos rodeando a Sango y a Ayame.

—¿Divirtiéndote, tío? —Kouga arqueó una ceja e Inuyasha gruñó mientras apartaba a Kikyo de encima de él.

—¿Qué demonios estáis haciendo aquí? —gruñó mientras Kouga se encogía de hombros.

—Nuestra actividad veraniega era emboscarte en tu residencia de verano. Los demás no están aquí, están ocupados, pero los Lang y los Lin estamos aquí.

Inuyasha se levantó y fue hacia la puerta, con una mirada seria en la cara. Su ropa estaba desarreglada, su pelo revuelto con mechones saliéndose de su coleta. Su rostro estaba sonrojado por haber estado succionando los labios de Kikyo durante tanto tiempo y su ira destellaba por el hecho de que hubieran venido a su residencia de verano sin permiso.

—¿Quién coño os dio permiso para venir aquí? —gruñó.

—¡Iba a pedirte permiso! —dijo Miroku dando un paso adelante—. Pero Sango empezó a gritarme por dejar cerveza al alcance de Ai.

—No podéis quedaros —dijo Inuyasha con firmeza—. He planeado el próximo mes con mi novia y no voy a renunciar a él porque unos idiotas como vosotros no pensaran que deberían llamarme. Jodidos retrasados…

—Para de decir groserías —empezó Kagome, caminando con Ai y Hikari a su lado. Inuyasha amplió un poco los ojos al ver a la joven yendo hacia él, su cuerpo desprendía un aura de desafío.

—¿Disculpa? —Arqueó una ceja, su voz como la seda.

—He dicho —repitió Kagome con calma—, que dejes de decir groserías. Ai y Hikari están aquí y yo, personalmente, no creo que debas usar ese lenguaje vulgar delante de dos niñas que todavía están creciendo. Si, de verdad, tienes algún problema con que nos quedemos, entonces di algo, y no lo digas añadiendo palabras sucias. Bien puedes decir que no deseas que nos quedemos sin añadir la palabra con J.

Inuyasha apretó la boca, no le gustaba cómo le estaba acallando.

—Bien —dijo Kagome—, yo también tengo una residencia de verano, tengo que admitir que es pequeña pero tengo una aquí, mi padre pensaba que sería bueno que mi hermano y yo la tuviésemos. —Kagome intentó no mencionar los nombres de los miembros de su familia—. Sólo tiene tres habitaciones pero puede que nos sirva. Ai y Hikari pueden dormir conmigo y los cuatro podéis tener vuestras propias habitaciones.

—¿Y qué haremos cuando lleguen Hayabusa, Daichi y Hojo con su familia? —preguntó Kouga y Kagome frunció el ceño.

—Los niños pueden dormir en mi habitación… —intentó solucionarlo Kagome.

—Qué gran verano ha resultado ser. —Ayame lanzó las manos al aire y Kagome suspiró.

—No… no va a salir mal. En el peor de los casos, os alquilaré habitaciones de hotel para que parezca que hemos ido a algún lado. —Kagome sonrió cómicamente mientras Hikari fruncía el ceño.

—¿El tío Inu no va a dejar que nos quedemos? —Ladeó la cabeza—. ¡Yo quería intentar montar a caballo!

Kagome se puso a la altura de Hikari y Ai.

—No… vuestro tío Inuyasha está ocupado, así que iremos a la casa de verano de Kagi —dijo refiriéndose a sí misma ya que Hikari la llamaba Kagi.

Inuyasha se apoyó contra la puerta mientras Kikyo llegaba por detrás de él y rodeaba su torso con sus brazos.

—Ya habéis oído lo que ha dicho, —Su sonrisa era amarga—, ¿os vais?

Kagome resopló mientras cogía a Ai y a Hikari de las manos y empezaba a marcharse, pero Kikyo frunció el ceño.

—¿Perdona? ¿Qué demonios fue ese sonido?

Kagome fingió parecer sorprendida.

—¿Qué sonido? Creo que chuparte la cara con el señor rico esnob te está haciendo oír cosas.

Miroku contuvo la risa cuando Inuyasha pareció abiertamente sorprendido.

—¿Disculpa? —dijo, apartándose del marco de la puerta—. ¿Qué derecho tienes de llamarme rico esnob? Tú, querida, ni siquiera sabes quién soy.

—Un rico hombre de negocios con una novia que es estrella del porno. —Kagome puso los ojos en blanco—. ¿Hace falta decir algo más?

Kouga se rió a carcajadas mientras se acercaba a Kagome.

—Ésta, —Rodeó sus hombros con su brazo—, es mi chica. ¡Te he enseñado bien!

Kagome se rió.

—Crecer contigo, hombre lobo, puede enseñarle a una chica un par de cosas.

Ayame sonrió mientras Kagome les hacía una señal a todos.

—Como quieren hacer cosas, —Kagome le puso énfasis a cosas—, a solas en su casa de verano, propongo que o vayamos a la mía, que es pequeña y no tengo ni idea de dónde está así que tendremos que conducir al azar por Hong Kong, o podemos quedarnos en la casa de los Lin, ¿qué decís?

—Oh, tío —suspiró Sango—, yo quería salir de nuestra casa durante un mes. Si nos quedamos allí, tendré que ver los libros de medicina de Miroku y los míos de Derecho todos los días sobre esa fea estantería. —Se volvió hacia su marido—. Hablando de eso, tenemos que cambiarla.

—Hablad después de estanterías. —Ayame estaba enfadada—. Con cuatro horas en coche para llegar aquí, Ai y Hikari están bastante decepcionadas.

Kagome suspiró con tristeza.

—Sí, lo sé. ¿Qué podemos hacer? Ai, —Se giró hacia su ahijada—, Hikari… ¿qué queréis hacer?

—Quedarnos —dijo Ai casi instantáneamente y Hikari asintió, haciendo que los adultos fruncieran el ceño. A Kikyo no le gustaba dónde estaba yendo esto, ella quería tiempo a solas con Inuyasha, pero por la forma que estaba adoptando su expresión facial, sabía que iba a dejar que se quedaran.

—No podemos. —Miroku negó con la cabeza—. Por eso digo que hay que pedir primero permiso. Ahora estamos metidos en un berenjenal.

Sango parecía sorprendida.

—¡¿¡¿Qué se supone que significa eso? ¿Metidos en un berenjenal?

Miroku se inclinó y le susurró en el oído: metidos en un lío.

Sango bufó mientras le daba un empujón a su marido.

—Eres un idiota.

—¡Gracias! —Sonrió descaradamente y estaban a punto de meterse en los coches cuando Inuyasha empezó a caminar en su dirección. Kagome estaba ayudando a Ai y a Hikari a abrocharse el cinturón en el coche de Kouga, porque ahora querían ir en ese coche. Kagome iría con Sango y con Miroku en el de ellos. Ya estaban todos con el cinturón puesto y Kagome se dirigía hacia el coche de Miroku cuando Inuyasha la detuvo.

—Exijo una disculpa —dijo y ella alzó la mirada, ambos estaban detrás del coche de Miroku. Kikyo palideció, se preguntaba por qué había tanta cercanía entre su hombre y aquella adolescente (no tenía ni idea de que Kagome tenía 20 años…). Miroku y Sango no lo notaron pero Ayame y Kouga sí.

—¿Crees que nos dejará? —le susurró a mientras miraban por la ventana de atrás del coche.

—Probablemente… Kagome tiene un don para hacer que la gente haga lo que ella quiere.

—¿Por qué? —Kagome arqueó una ceja mientras Inuyasha se cruzaba de brazos.

—Por insinuar que soy un rico esnob. Tú, querida, eres una niñata malcriada y no tienes ningún derecho a insultar a la gente. Te estás convirtiendo en otra Ai.

Kagome se rió sarcásticamente.

—¿Disculpa? Soy su madrina, ¡eso significa técnicamente que soy otra Ai!

Luchadora, pensó Inuyasha, me gusta eso en una mujer…

—Bien. —Inuyasha retrocedió un paso—. ¿Hacemos una apuesta?

—¿Qué nos jugamos? —Kagome nunca rechazaba una apuesta.

—Si para el final del mes compruebo que eres más madura y tú compruebas que no soy un esnob, te daré lo que quieras.

—¿Y si pierdo? —Kagome arqueó una ceja y Kikyo quiso gritar.

—Tendrás que —Inuyasha sonrió con suficiencia— humillarte públicamente.

—Públicamente… —Kagome frunció el ceño—. Define públicamente.

—Televisión nacional.

Kagome podría haberle dado una bofetada, si no estuviera tan serio.

—¿Y por qué quieres hacer esta apuesta? —Arqueó una ceja.

—Nadie se mete conmigo —dijo en un mortífero susurro—, y se sale con la suya.

—Lo único que hice fue llamarte esnob —lo puso a prueba Kagome.

Definitivamente luchadora… definitivamente me gusta. Pensó, bastante divertido.

—Y no lo soy. Tú te apartas de mi camino, nosotros nos apartamos del tuyo. La casa es lo suficientemente grande.

—No tengo ni idea de por qué vas a dejar que nos quedemos pero oye, si eso significa que no tenemos que conducir durante cuatro horas para volver a casa, ¡que así sea!

Kagome golpeó el maletero del coche de Miroku; Ai, Hikari, Kouga y Ayame ya habían salido de su coche.

—¡Nos quedamos! —chilló y Ai saltó de alegría, Hikari ya se estaba riendo. Inuyasha gruñó mientras se daba la vuelta, ignorando la mirada fulminante que le estaba dirigiendo Kikyo.

Por qué demonios hice eso… se preguntó, ¿por qué dejé que se quedara? Mierda… qué demonios me pasó. Quería pasar tiempo con Kikyo, no hacer de niñera.

Aunque, desconocido para él, se… alegraba bastante de que Kagome se quedara…

¿Pero por qué? Siguió preguntándose… descubriría la respuesta de por qué dejaba que se quedara antes de que se acabara el mes.

Esto va a ser un infierno, durante un mes…

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Y aquí estamos de nuevo. Muchas gracias por todos vuestros comentarios.