El sabor del amor

Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.

Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26

-x-

¿Tortilla?

Inuyasha estaba tumbado a la mañana siguiente, pensando. Kikyo lo había ignorado completamente y él había fruncido el ceño, había querido pedirle matrimonio aquél mismo día. Sin embargo, la llegada de sus amigos le había fastidiado los planes, haciendo que se pusiera furioso.

Malditos sean… gruñó, pero tenía que admitir que la sonrisa que tenían Ai y Hikari había hecho que valiera la pena… ¿verdad? Gruñó mientras se levantaba y salía de su habitación, dirigiéndose hacia la cocina.

Necesitaba algo de comer.

Sin embargo, se sorprendió al encontrar a la chica, Higurashi Kagome, en medio de su cocina, tarareando algo mientras se cernía sobre el hornillo que estaba encendido, cocinando algo. Inuyasha miró el reloj de pie que estaba justo al lado de la puerta de la cocina y vio que eran las siete de la mañana. El resto de la casa estaba dormida y, tristemente, Kikyo lo había abandonado y se había ido a otra habitación, abiertamente enfadada.

Hizo ese pensamiento a un lado mientras se sentaba en la mesa, asegurándose de hacer el suficiente ruido para hacer notar su llegada. Kagome se dio la vuelta, arqueó una ceja y volvió a darse la vuelta, simplemente reconociendo su presencia con el alzamiento de la ceja.

—Estás viviendo en mi casa —dijo lentamente—, es bastante maleducado por tu parte no saludarme.

—Buenos días —dijo ella en alto y sarcásticamente—. No me gusta hablar mientras hago la comida. Perdón por mis hábitos personales.

Estaba siendo sarcástica, lo sabía. Su sarcasmo, sin embargo, no era tan seco y ruin como el resto de los sarcasmos; al contrario, era más similar a un sarcasmo burlón, del tipo que a la gente no le importaba.

Interesante, sus labios se curvaron lentamente hacia arriba, no lo suficiente para mostrar una sonrisa, pero sonriendo igualmente.

—¿Tortilla con queso o sola? —dijo Kagome repentinamente mientras sacaba unos huevos de la nevera. Inuyasha arqueó una ceja.

—¿Perdona?

—¿Con queso o sola? —repitió sin darse la vuelta, rompiendo los huevos de forma experta dentro de un cuenco mientras Inuyasha se recostaba en la silla.

—Tenemos cocineros, ¿sabes?

—Prefiero hacerme mi propia comida —murmuró mientras empezaba a freír el huevo—. Si no quieres tortilla ni nada hecho por mí, dímelo. No me tomo las cosas a pecho. —Sus ojos brillaron mientras se daba la vuelta—. A menos que me gustes.

Inuyasha se sorprendió cuando se ella se rió en bajo.

—Bromeaba. —Sonrió mientras seguía haciéndose la tortilla. Tenía tres platos en una bandeja e Inuyasha frunció el ceño, preguntándose para quién sería la bandeja.

—¿Le vas a llevar el desayuno a la cama a alguien? —Alzó una ceja y Kagome asintió.

—Síp. Ai, Hikari y yo vamos a tomar el desayuno en la cama. Las niñas se están lavando.

A Inuyasha le divirtió escuchar que las pequeñas ya estaban despiertas.

—¿Qué hacen despiertas tan temprano?

Kagome se rió.

—Anoche querían dormir en mi cama después de deshacer las maletas. Me desperté temprano y como Ai tiene el sueño ligero se despertó, tiró a Hikari de la cama por accidente y la despertó. No pudieron volver a dormirse, así que pensé en entretenerlas llevándoles el desayuno a la cama en vez de unirme a los mayores en nuestra discusión diaria de qué hacer.

Inteligente, pensó Inuyasha, examinando su cuerpo sutilmente. Tenía que admitir que era una belleza, curvas seductoras, pelo suave y sedoso, los movimientos de su cuerpo eran fluidos.

Tiene cuerpo de modelo… Notó mientras ella se daba la vuelta con la bandeja en una mano y otro plato en la otra. Inuyasha llevaba unos pantalones de algodón negros y una camiseta interior blanca, su pelo revuelto y ladeado mientras que el de ella estaba recogido en una coleta baja, unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas rosa a juego adornaban su cuerpo, junto con sus zapatillas.

—Tu omelette du fromage. —Sonrió antes de subir las escaleras hacia la habitación donde estaban las otras dos niñas. Inuyasha inclinó la cabeza a un lado, observando el balanceo natural de sus caderas mientras subía las escaleras. Volvió a mirar la tortilla de queso y la pinchó con su tenedor.

¿Omelette du fromage? Gabacha…

-x-

—¡Mamá Kagi está en casa! —Kagome sonrió mientras entraba en la habitación. Ai y Hikari abrieron los ojos como platos al ver a Kagome llevando una bandeja para ellas. Hikari saltó en la cama mientras Kagome se acercaba a ellas, intentando mantener la comida en equilibrio.

—Tortilla de queso para Ai, —Kagome puso la bandeja delante de ellas—, y una torrija para Hikari.

Ai sonrió mientras le daba un beso húmedo a Kagome en la mejilla.

—Mamá, cuando tengas hijos, ¡van a tener mucha suerte!

Hikari asintió, corroborándolo, mientras Kagome se reía con ganas. Ai miró por encima del hombro de Kagome y sonrió cuando Sango y Ayame se lanzaron sobre la cama, Ayame haciéndole cosquillas a Kagome en el proceso. Kagome chilló cuando los dedos de Sango y Ayame hicieron su efecto, haciéndole cosquillas a Kagome sin piedad.

Hikari y Ai se bajaron de un salto de la cama con su comida y bebida mientras sus madres dominaban a Kagome, que estalló en carcajadas, Miroku y Kouga estaban de pie en la puerta, observando a sus esposas mientras se ponían en ridículo con su mejor amiga.

—Son como niñas de tres años. —Kouga meneó la cabeza.

—Sí, pero por eso las queremos. —Miroku sonrió con cariño mientras se daban la vuelta para ir a refrescarse antes de ir a llamar a sus mujeres e hijas.

-x-

Kagome bajó las escaleras con sus dos ángeles a su lado, las tres iban con los colores a juego. Ai y Hikari llevaban faldas blancas y camisetas rojas sin mangas, mientras que Kagome llevaba pantalones de chándal blancos y una camiseta roja sin mangas, su pelo estaba recogido en un desordenado moño. Era bien entrado el mediodía y no había señales de Takahashi y su chica, todavía.

—Bueno, ¿ahora qué hacemos? —preguntó Kagome mientras los amigos se tiraban en los sofás, perdiendo el tiempo.

—Podemos ir a los establos. —Miroku se toqueteó la barbilla, pero Kouga le dio un empujón.

—¡Ni de coña, tío, no en nuestro primer día aquí!

—¿Entonces? —Miroku arqueó una ceja.

—Entonces… —Kouga hizo un sonido de indiferencia y perdió su línea de pensamientos al mirar por la ventana y ver aparecer un coche rojo. Arqueó una ceja al ver a Kikyo saliendo del coche, riéndose como una tonta.

—Oh, tío —gruñó—, Takahashi y Hiromi han vuelto a casa.

Kagome miró ligeramente hacia la puerta cuando Inuyasha giró la llave, dejando que el dueño y la dueña entraran en su castillo del paraíso. Ni siquiera les saludó mientras se volvía hacia su grupo, sonriendo ampliamente.

—¡Oíd! Estamos en julio, ¿por qué no exploramos para ver cómo es de grande la tierra? —Lanzó una mirada hacia Inuyasha—. Claro, si el rey aprueba que sus súbditos entren en sus terrenos reales.

Sango ahogó una risa mientras Kouga y Miroku estallaban en carcajadas. Ai y Hikari se preguntaban qué era tan gracioso mientras veían que su tío Inu se ponía rojo de ira.

—No. —Estaba furioso—. Me parece perfecto, sin embargo, tengo noticias para el médico y el chico del software.

Kouga y Miroku se relajaron y fijaron la mirada en su anfitrión, el hombre que los había acogido en la comodidad de su propia casa así como en el mundo de los negocios.

—Ken Asakura —nombró Inuyasha—, va a dar una fiesta bastante grande dentro de tres días y nos ha invitado a los Lin, a los Lang y a mí. Dijo que era por una gran presentación informática para el hospital de Miroku, así que los Lin y los Lang deben estar presentes y yo, al ser vuestro patrocinador, debo estar presente.

Miroku y Kouga escuchaban atentamente, Kagome, Ayame y Sango sólo estaban medio oyendo.

—Podemos llevar cada uno a una persona. Miroku obviamente va a llevar a su mujer, igual que Kouga.

—¿A quién sino iba a llevar? —Kouga puso los ojos en blanco—. ¿A mi hija? Por mucho que quiera, no creo que sirvan zumo de frutas en la fiesta de Asakura. Ese hombre es todo un borracho.

Miroku se rió, las mujeres oyeron un poco de eso y se rieron ligeramente.

—Y, ¿qué más? —Miroku se había tranquilizado antes de preguntar, miró a su amigo que estaba de brazos cruzados, Kikyo se reía bastante estúpidamente a su lado.

—Asakura espera que vayamos todos. He conseguido una niñera, Kanna, la cuñada de mi hermano, para que venga a cuidar de Ai y de Hikari mientras estamos fuera.

Kagome frunció el ceño.

—Discúlpame, Takahashi —dijo, bastante enérgicamente—, yo estaré presente, así que bien puedo cuidar de Hikari y de Ai.

Inuyasha le lanzó una mirada antes de apartarse un paso de su novia.

—¿Olvidé mencionarlo, Higurashi?

Kagome alzó una ceja.

—Tú también vienes.

-x-

—Lo siento mucho, cari —canturreó Kikyo con voz suave mientras pasaba su uña por el cuello de Inuyasha en la habitación de él, quince minutos después de la esperada explosión del salón. Kagome se había sorprendido y había exigido una explicación de por qué la habían invitado a una reunión tan lujosa y externa.

Sólo los Lang y los Lin entendieron que si esa fiesta la retransmitían en directo en la televisión nacional (que era una posibilidad porque los Takahashi iban a estar presentes) entonces los padres de Kagome la descubrirían y se la llevarían de vuelta a Japón para atarla maritalmente a Onigumo Naraku.

—No lo sientas —murmuró Inuyasha mientras miraba un archivo y su novia se presionaba contra su desnudo torso (él, sin embargo, tenía puestos unos pantalones)—. No es culpa tuya que estés ocupada ese día.

Kikyo hizo un puchero.

—¡Sí que lo es! Me olvidé de que tenía otra sesión de fotos de Playboy antes de tener fijo el mes libre. —Kikyo suspiró mientras pasaba sus labios por su mejilla—. Ahora tienes que ir con esa chica… es tan desagradecida, ¿sabes? Después de que dejaste que se quedara…

Inuyasha simplemente se encogió de hombros.

—Fue la única persona que se me ocurrió cuando Asakura me preguntó con quién iba. —Inclinó la cabeza y miró a su novia—. ¿Estás segura de que no puedes tener ese día libre?

Kikyo suspiró con tristeza.

—No, nene, no puedo…

Inuyasha se encogió de hombros y volvió con su archivo. Al menos a madre le gustará la compañía de una mujer que no es una estrella de Playboy… pensó con sequedad mientras Kikyo continuaba con sus caricias por su cara, besando y lamiendo donde debía.

-x-

Kagome gruñó mientras todos se dirigían hacia los establos Takahashi. En el último momento habían decidido ir a montar a caballo, para alegría de Ai y Hikari.

—¿Qué derecho tiene ese hombre para elegirme a MÍ para que vaya a ese estúpido baile? ¡Me marché de Japón para ALEJARME de esto! —se quejó Kagome mientras Kouga gruñía.

—Eso es lo que quiero saber yo. Así que su chica estrella del porno no puede ir, qué m… —Miró a las dos niñas antes de elegir cambiar de palabra—. ¿Qué derecho tiene para decirle a Ken que vas a ir?

—¿Quién es Ken? —preguntó Ayame de repente, haciendo que Kagome suspirara con desesperación.

—Tiene un compañía que está planeando unirse a Takahashi —dijo Miroku antes de volver con el tema con el que estaban—. ¿Qué vas a hacer? —Miroku la miró mientras entraban en los establos. Ai y Hikari entraron corriendo, siendo las niñas del demonio que eran (teniendo en cuenta las habían concebido Sango Miroku y Kouga Ayame), corrieron hacia cada caballo bonito y empezaron a exclamar que querían ese caballo en concreto.

—Coged un poni —dijo Kagome con tono maternal—. No voy a dejar que os montéis en caballos de tres metros de altura. Mierda, ¡me asustan hasta a !

Sango asintió en acuerdo antes de girarse hacia su marido.

—Kagome puede decir que no, ¿verdad?

Miroku asintió.

—Sin duda, pero estamos hablando de Takahashi Inuyasha. ¿Deja que alguien diga que no?

—No… —A Sango le resbaló una gota de sudor cuando Kagome sacó la lengua.

—¡Voy a decir que no! No puedo dejar que esto salga en el aire. ¿Y si, por un casual, las noticias llegan a Japón? ¿Y después qué? Correrá la voz de que Higurashi Kagome estaba en una fiesta con Takahashi Inuyasha. Si eso llega a oídos de mis padres estoy muerta… Habrán descubierto a Miko.

Ayame frunció el ceño.

—Entonces quédate en casa. Ese hombre puede pagar a la siguiente mejor estrella del porno para que vaya a la fiesta con él. Apuesto a que sólo le dijo tu nombre a Ken porque estaba pensando en nuestras dos familias y la única persona que está con nosotros eres tú.

Kagome puso los ojos en blanco.

—¿Por qué no puede ir Miss Playboy?

—Sesión porno —masculló Sango secamente mientras Ayame resoplaba.

—Simplemente di que no —dijo Kouga—. ¿Qué demonios puede hacer? ¿Atarte y obligarte a ir con él?

—Es Inuyasha. —Miroku carraspeó—. Es capaz de hacer cualquier cosa.

—Además, estoy confinada en esta casa durante un mes. Si hubiera sabido que este hombre me haría ir a un maldito baile, ¡habría aceptado con ganas quedarme durante un mes en una cuneta! —se quejó Kagome y Sango se rió. Miroku y Kouga ayudaron a sus hijas a montar en dos ponis y decidieron llevar a las niñas por un pequeño sendero que iba desde el establo.

—¿Podemos montar fuera, papá? —le preguntó Hikari inocentemente a su padre, que simplemente sonrió.

—Hoy no, cariño —contestó—, todavía estamos intentando acostumbrarnos a la casa de tío Inu. ¿Mañana? ¡Iremos todos juntos a su playa privada montados a caballo!

Hikari chilló mientras Ayame se desmayaba.

—Ese hombre es un padre sexy. —Les guiñó un ojo a las dos niñas mientras decidían tomar asiento en un poco de heno apilado para los caballos.

Los establos eran bastante grandes y estaban bastante limpios. Los caballos estaban todos en su cuadra y había montones de heno esparcidos por el suelo. Las chicas encontraron un montón grande y se sentaron, observando a los hombres que llevaban a sus hijas a dar una vuelta.

—Volviendo al tema que nos interesa. —Sango se dirigió hacia Kagome—. No puedes ir. Sabes que esto lo pondrán en la televisión nacional. El hombre de negocios más famoso estará presente, me sorprendería que no lo pusieran en la televisión nacional.

—Incluso si no lo echaran por la televisión nacional —resopló Kagome—. ¿Por qué iba a querer ir?

—Cierto. —Ayame se toqueteó la barbilla—. Aunque Izayoi, la madre de Inuyasha —aclaró Ayame cualquier confusión para Kagome, ya que no tenía ni idea de quién era Izayoi porque nunca había ido a estas fiestas, a diferencia de Sango y Ayame—, apreciará una cita decente para Inuyasha en vez de a la señorita "mis tetas son tan grandes que todas me tenéis envidia".

Kagome contuvo la risa mientras Sango le daba un golpe a Ayame en la cabeza.

—¿Y si te oyen Ai y Hikari?

—Oh, no lo han hecho. —Ayame puso los ojos en blancos—. Que tenga un bebé no significa que me hayan arrebatado mi libertad de expresión. Simplemente… soy cauta en cuanto a cuándo coloreo mi vocabulario.

—Coloréalo ahora todo lo que quieras —masculló Kagome—, las niñas no están aquí.

—Exactamente.

Sango frunció el ceño.

—Sois imbéciles.

¡Ohhh! Vigile su vocabulario señora Lin —bromeó Kagome mientras Ayame estallaba en carcajadas. A Sango le entró un tic mientras golpeaba a sus amigas antes de que se calmaran un poco. Kagome miró a las niñas que todavía estaban montando con sus padres y sonrió ligeramente.

—Tenéis tanta suerte… —susurró—. Tenéis la vida resuelta, estáis casadas con dos chicos maravillosos, tenéis unas hijas preciosas… os habéis enamorado.

Sango abrazó a su amiga.

—Cariño, todavía tienes veinte años. Ayame y yo somos unos años más mayores que tú.

Kagome suspiró.

—¿Y? Incluso en el instituto, las dos estabais más asentadas que yo. Yo nunca salí con nadie. Bueno… excepto con Ginta, pero eso fue porque Kouga decidió juntarnos. Y sólo duró… tres días —masculló Kagome en tono seco y Sango se rió.

—Tenías demasiado cuidado con tu identidad —le recordó Ayame—. Recuerda que tuvimos que usar la excusa de que Higurashi era un apellido común para parar los rumores de que tú eras la misteriosa Miko.

Kagome se rió.

—Sí…

Sango se levantó y se sacudió el polvo mientras los hombres y las niñas regresaban.

—Piénsalo. Yo digo que le digas que no a Inuyasha… pero eso significa que, si Asakura nos invita ahora a una fiesta, seguramente haya más, ¿y después qué? No podemos dejar que cuides siempre de las niñas.

—No es que me importe —murmuró Kagome con sequedad mientras los chicos volvían a meter los ponis en la cuadra.

—Piénsalo —replicó Ayame—. No tomes una decisión apresurada. Incluso si dices que sí, aunque lo dudo, bien podemos ir a una tienda y elegirte un vestido, o puedes coger prestado uno mío. —Ayame se toqueteó la barbilla—. Tenemos la misma talla.

—¿Puedes no asumir que voy a ir? —gruñó Kagome—. ¡No voy a ir!

—Inuyasha va a volver a hacerte frente —afirmó Sango.

—¡Le diré lo que he estado diciendo! —dijo Kagome con fuerza—. Y es que…

-x-

—Vas a venir —afirmó Inuyasha perezosamente esa tarde mientras los muchos habitantes, al estilo zombi, zumbaban por la casa adelante, queriendo hacer algo. Ai y Hikari estaban en la ducha mientras Kouga y Miroku, aunque ya eran adultos completamente desarrollados, monopolizaban la PlayStation 2 de Inuyasha (no querían tocar su Nintendo Wii… se lo había prohibido Inuyasha), mientras jugaban a Soul Calibre 2.

Ayame y Sango estaban preparando la ropa para sus hijas para cuando salieran de la ducha y Kikyo estaba en su habitación haciendo Dios sabe qué.

Kagome estaba en el salón, viendo la televisión, cuando Inuyasha se sentó a su lado.

—¿Quién lo dice? —Arqueó su perfecta ceja mientras continuaba haciendo zapping por sus canales por satélite.

—Yo.

—Tú no mandas en mí —gruñó Kagome mientras aterrizaba en una película de Disney y decidía continuar viéndola. Inuyasha miró perezosamente la televisión y vio que Kagome había decidido ver Aladdin.

—Escucha, niña —dijo con voz peligrosamente suave—, mi novia está ocupada ese día y si no voy con alguien, mis socios van a fastidiarme. Además, no es conveniente que llevemos la limusina desde una casa para que me pase por otra casa a cuatro horas de distancia para recoger a alguien.

Kagome se encogió de hombros.

—Págale a alguien. Después de todo eres el hombre más cotizado de la historia de… bueno… de la historia.

A Inuyasha le entró un tic.

—Simplemente paga a alguna de las compañeras estrellas del porno de Kikyo y haz que vaya contigo. Yo no voy.

—¿Por qué? —Inuyasha se recostó en su asiento y la miró, bebiendo de su exquisito cuerpo. Tenía que admitir que, debajo de su ropa, su cuerpo tenía más atractivo sexual que el cuerpo desnudo de su novia.

Entonces… me pregunto qué atractivo sexual tendrá debajo de esa ropa si es así con la ropa puesta… oh Dios… Inuyasha, a pesar de sus pensamientos, mantuvo la calma.

—Sencillamente no quiero. —Kagome se encogió de hombros—. Nadie me conoce, no conozco a nadie. Es una pérdida de mi tiempo y del de ellos.

—Me conocerías a mí, a Sango, Ayame, Kouga y Miroku —resolvió Inuyasha.

—¿En una fiesta de más de cien personas? —Kagome arqueó una ceja mientras lo mirada—. Conozco las fiestas de la gente rica… mis mejores amigos son ricos. —Ocultaría el hecho de que era de una familia cineasta—. Hay cientos de personas. Te mezclas con el grupo equivocado y te calumnian inmediatamente.

Inuyasha resopló.

—Serías mi cita. Dudo que te calumniaransi eres la cita de Takahashi Inuyasha.

Kagome volvió a encogerse de hombros.

—¿Quién sabe? No soy rica y famosa como vosotros. Déjame quedarme con mi ahijada y con su mejor amiga mientras vosotros los ricos hacéis lo que sabéis hacer mejor —Le lanzó una sonrisa perversa—, ser aburridos.

—Pequeña zorra —jadeó Inuyasha y ella le lanzó un cojín—. Sigo afirmando que eres tan inmadura como tu ahijada.

Kagome bufó.

—Sigo afirmando que eres un idiota y un rico esnob. Mutuo acuerdo, todos ganamos.

Inuyasha gruñó.

—¿Por qué no quieres venir? Por el amor de Dios, ¡no va a pasar nada!

—¡Simplemente no quiero, vale! —le soltó Kagome—. ¿Qué hay de malo en ello? ¡Ve a pagarle a otra perra para que vaya contigo!

—¡No puedo! —dijo Inuyasha, alzando la voz—. ¡O es Kikyo o nadie!

—¡Entonces no vayas con nadie! —bramó Kagome mientras se levantaba y se disponía a marcharse, pero Inuyasha fue más rápido y le agarró la mano. Ella siseó e intentó liberar la mano pero él mantuvo su mano firme.

—Asakura dijo que necesitaba pareja —murmuró.

—Entonces lleva a una de las amigas de Kikyo —le soltó Kagome.

—No puedo llevar a una amiga de Kikyo —afirmó con simpleza y Kagome frunció el ceño.

—¿Y-a-mí-qué-me-importa? ¡Suelta mi mano por las buenas para que mi sangre pueda circular!

Al oír su sarcástica petición, Inuyasha soltó su mano de entre sus dedos y se dio cuenta de lo suave que era. Suave, casi lechosa y, casi instantáneamente perdió la sensación de su suavidad, ansiando más…

Qué demonios me pasa… gruñó internamente mientras Kagome se cruzaba de brazos, fijando la mirada en él, directamente a sus ojos dorados.

—¿Puedo irme? —Arqueó una ceja.

—Vas a ir conmigo.

—¡No!

—Tienes que hacerlo.

—¿Quién lo dice?

—Yo.

—¡Tú no mandas en mí! —gritó Kagome cuando Inuyasha cerró la distancia entre ellos y la agarró por los hombros, mirándola directamente a los ojos.

—Mi… eh, cómo diría esto… —Inuyasha miró al reloj de pie que estaba detrás de Kagome antes de volver a mirarla a los ojos—. Mi madre no aprueba que mi novia alardee de su cuerpo y me… insiste constantemente en que lleve a una chica decente al baile o que me enfrente al castigo definitivo.

—¿Y? —Kagome se estaba impacientando.

—¡No puedo pagarles a las compañeras de trabajo de Kikyo para que vayan conmigo porque las estrellas del porno no están permitidas en el maldito baile cuando está mi madre! —gruñó Inuyasha y Kagome alzó una ceja.

—Y aun así habrías llevado a Kikyo.

—Lo habría arreglado con mi madre; después de todo, es mi novia. —Inuyasha puso los ojos en blanco y Kagome le dio un empujón.

—Tus problemas no me importan en lo más mínimo porque, francamente, me parecen insignificantes. Me estás forzando, en contra de mi voluntad, a asistir a un baile que va a ser televisado a nivel nacional porque no puedes contratar a alguien para que sea tu novia mientras tu novia DE VERDAD está ahí fuera sacándose fotos desnuda.

Inuyasha arqueó una ceja y eligió ignorar la segunda parte de su comentario.

—¿Quién demonios está diciendo nada de que lo televisarán a nivel nacional? Esto es privado.

Kagome parpadeó varias veces.

—Entonces… ¿no es público?

—¿Era eso lo que te preocupaba?

Kagome carraspeó.

—No… sigo sin querer ir.

Inuyasha gruñó.

—Bien, da igual… ya me las arreglaré. Sólo te lo pedí para hacerlo más jodidamente fácil para todos.

—Para de decir palabrotas. —Kagome le lanzó una mirada fulminante—. ¿Y si Ai y Hikari estuvieran detrás de ti?

Inuyasha, que odiaba cómo funcionaba a veces la ironía, miró detrás de él y vio que las niñas no estaban allí antes de volver a mirar a Kagome.

—No están.

—Podrían estar.

Inuyasha se exasperó y pasó al lado de Kagome, dirigiéndose hacia la cocina.

—¿Estás segura de que no quieres venir? —Arqueó una ceja.

—Estoy segura —dijo Kagome con firmeza, no quería arriesgarse.

—¿No puedo hacer nada para que cambies de idea? Digo, es dentro de tres días.

Kagome negó con la cabeza.

—Nop. Nada.

Inuyasha se encogió de hombros mientras se sentaba en una silla.

—Tengo hambre.

—Ve a por comida.

Miró hacia la nevera y volvió a mirar a Kagome.

—¿Quieres hacerme una tortilla de queso?

Kagome se atragantó mientras lo miraba.

—¿En serio?

—No preguntaría si no lo dijera en serio —murmuró Inuyasha con sequedad mientras Kagome le lanzaba una mirada asesina. Se apartó de la pared contra la que estaba apoyada y fue hacia la nevera. ¿Qué clase de hombre quiere una tortilla por la tarde? Se preguntó sorprendida mientras sacaba dos huevos de la nevera.

—Entonces vas a hacerla. —Se estaba divirtiendo y Kagome podía notarlo por el sonido de su voz.

—No me gusta dejar que la gente se muera de hambre. —Sonrió—. Especialmente si se trata de mi anfitrión.

Inuyasha puso los ojos en blanco con molestia mientras, en secreto, estudiaba su cuerpo desde atrás. Haría que fuera al baile.

Llegaría a conocerla mejor.

Conocerla mejor… no sólo en el plano personal…

También llegaría a conocerla físicamente…

Así como íntimamente.