Saldrá más adelante el motivo por el cual terminó nuestra querida Tempe metida en la cárcel y lo explicará con detalles dentro del hilo argumental del fic. Lo comento porque en este se da sólo pinceladas.

En este Seeley saldrá poquito por no decir prácticamente nada, pero intentaré compensarlo con el 3 capítulo donde saldrá bastante más y tal vez sea el primer capítulo que enfoque desde su punto de vista.

Dejenme saber que les parece o si ya se me fue la cabeza del todo con esta historia. Una vez más en mi favor sólo puedo decir que conforme vayan avanzando se irá asimilando más a la historia que conocemos, pero el comienzo es AU. Bastante AU


Capítulo 2:

Comienzo a deambular a través de los interminables pasillos llenos de comida de ese supermercado, sin tener en verdad claro qué es lo que quiero. Lo cierto es que no creo que allí encuentre el remedio contra ese sentimiento que me embarga y me hace tener ganas de querer pegarme cabezazos a mí misma una y otra vez.

¿Cómo puedes ser siempre tan gilipollas? No dejo de repetirme una y otra vez. ¿Cómo puedes tropezar una, dos, tres y mil veces contra la misma piedra con lo excesivamente adulta y madura que resultas ser después para otras cosas?

Al cambiar de pasillo, diviso las cajas en el extremo opuesto, así que cogiendo un paquete al azar de una de las estanterías, me dirijo hacía caja sabiendo que seguramente se convierta en otro de los muchos paquetes que ya tengo almacenados en el piso.

Esperando la fila me paro a pensar en todo lo que he pasado, no en lo referente a estas 48 horas, sino más bien en todo lo que quedó atrás cuatro años atrás, cuando mi vida dio ese giro de 180ª y eso me lleva a Jamie.

Jamie, más conocido por todos como James, era uno de mis mejores amigos. De hecho era bastante más que eso, lo cierto es que solíamos enrollarnos muy de vez en cuando. Hubo una época en la que él estuvo realmente pillado, pero sabía bien que yo nunca me comprometeré con nadie además de conmigo misma, supongo que las relaciones no están pensadas para todo tipo de personas…

Ese hecho sin embargo no hizo que se enfriase nuestra amistad, más bien todo lo contrario. De hecho además de compartir amistad, compartíamos grupo de amigos y éramos compañeros en el mismo centro de acogida. Por eso, el shock fue mayor cuando nos enteramos de que sería acogido por una de esas familias de acogida que tan de moda se pusieron 6 años atrás.

Desde entonces las quedadas se redujeron a una décima parte y por supuesto siempre estaban vigiladas, por lo que me sentía controlada a la hora de poder hablar con mi amigo o tener algún gesto afectuoso con él. Poco a poco, consiguieron separar aquello que nunca antes se había logrado separar.

Recuerdo que pese a todo volvimos a vernos tres o cuatro semanas antes de esa noche, esa noche de finales de verano en la que esos tíos me destrozaron lo que me quedaba de adolescencia.

Vuelvo a la realidad a tiempo para pagar mi compra, antes de que todas esas personas que arrastran esos carros repletos de artículos formando fila kilométrica detrás de mí, empiecen a quejarse.

Salgo marcando el número de Jamie y espero mientras el teléfono da un par de toques largos

-¿Hola? – escucho preguntar a una voz muy diferente y mucho más varonil de la que recordaba

-Hey Jamie, ¿me recuerdas? – le pregunto suponiendo que mi tono de voz también habrá cambiado para el – soy…

-¿Tempe?, ¿Eres tú?- lo escucho preguntar incrédulo y realmente sorprendido

Sonrío, él era la única persona a la que le dejaba que me llamase de ese modo, para el resto normalmente era Brennan o en todo caso Temperance.

-¿Cómo estás?- me pregunta cuando deduzco que se ha recuperado de la impresión – quise ir a verte pero ya sabes como son los Sullivan…

Decido que es mejor no meternos en terrenos pantanosos por ahora, ya que si respondo a ese comentario terminaremos discutiendo, y no es eso lo que pretendo

-La verdad es que mucho mejor, ahora que puedo volver a pisar la calle que pisas tú.

Escucho una sonrisa al otro lado de la línea y rápidamente nos enfrascamos en una de nuestras conversaciones como si el tiempo no hubiese pasado.

Cuelgo veinte minutos después tras haber acordado una cita para mañana, ya que al parecer hoy no le pillo en buen momento. Salgo a la acera y el viento me golpea en la cara, hecho que me sorprende ya que el calor me agobiaba antes de entrar al supermercado y me doy cuenta de cómo casi sin darme cuenta han transcurrido un par de horas.

Colocándome la cazadora fina, decido cambiar completamente de rumbo respecto al inicial y dar una vuelta antes de terminar en casa. Cuando llevo unos cuantos metros diviso a una cuadrilla. Por las pintas ya la mayoría debe de llevar 3 copas de más como mínimo, me hace acordarme de esas noches de verano, el último que Jamie paso con nosotros, en el patio de ese último centro de acogida. Recuerdo como durante dos meses el reto era colar cada miembro del grupo una botella sin que los cuidadores nos descubriesen.

No podíamos ir a discotecas o pubs pero lo cierto es que nuestras "salidas" nocturnas, daban 1000 vueltas a cualquier otra.

Decido continuar mi marcha sin tener un punto fijo o un lugar al que tirar, hasta que al cabo de un rato siento unas pisadas a unos metros. No soy de esas niñas remilgadas y miedicas que necesitan ir cogidas del brazo de su novio cuando caminan entrada la noche por la calle pero cada vez las pisadas se escuchan más cercanas, así que cuando paro para darme la vuelta escucho como éstas cesan y al girarme me encuentro únicamente una acera vacía a mi paso.

"Vale Brennan, ahora es cuando no empiezas a emparanollarte, ¿de acuerdo?" me digo para mí un par de veces mientras continuo andando.

Sin embargo las pisadas no tardan en reaparecer con mucha más fuerza que la vez anterior y al girarme me encuentro con una cara que me sonríe con prepotencia y chulería.

No tardó mucho en reconocer de quién se trata, así que dando la vuelta comienzo a correr a pesar de no conocer demasiado esa zona de la ciudad. Soy bastante buena atleta, pero él me saca ventaja, así que que me dé alcance será sólo cuestión de minutos.

Nunca he sido creyente y nunca me he avergonzado por ello, pero lo cierto es que ahora mismo pido, si es que hay algún Dios en algún sitio, que me ayude a librarme de ser atrapada por ese tío que corre a sólo unos metros por detrás.

Nos conocimos en la cárcel y digamos que no terminamos demasiado bien. Me la tiene jurada desde entonces, y supongo que ésta es su oportunidad para cobrársela.

Estira su mano intentando agarrar mi cazadora, eso me obliga a aumentar la velocidad internándome en una bocacalle de doble salida.

Noto que las pisadas han cesado por detrás, así que cojo una gran bocanada de aire antes de proseguir la carrera, pero antes de darme tiempo a reaccionar, siento como se avalancha hacía mí por delante, haciéndonos caer a ambos.

-Parece que volvemos a vernos las caras – me dice colocándose encima y agarrando mis muñecas con fuerza.

Me retuerzo repitiéndome que de ningún modo podrá conmigo

-Estate quieta – grita estampando uno de sus puños sobre una de mis mejillas mientras empieza a perder su poco autocontrol. Intento pensar rápido cuál es la mejor alternativa desde la posición en la que me encuentro y entonces veo como pasa de utilizar ambas manos para agarrar mis muñecas, a valerse de sólo una mientras utiliza la segunda para buscar algo en uno de sus bolsillos traseros.

Aprovecho el momento para utilizar algunas técnicas de defensa y propinándole un rodillazo con toda la fuerza de la soy capaz y volvemos a forcejear, esta vez sin quedarme atrás. Sin miramientos de ningún tipo. Utilizando mis manos y piernas y respondiendo a sus puñetazos y patadas.

Consigo volver a ganar distancia cuando le propino un puñetazo en el estómago que le hace llevarse el brazo al mismo e incorporándome, intento correr de nuevo a pesar de algunas heridas sin importancia y el escozor que siento en ambos brazos.

Corro dejándome la vida en ello, como si cada paso que diese me asegurase en cierto modo llegar a la meta, cómo si no hubiese un mañana…

Sin embargo vuelvo a notar pasos a mi espalda, así que cubriéndome por una de las esquinas de esa sucesión de bocacalles, me preparo para que esta vez sea yo al menos, la que pueda dar el primer golpe. Veo un contenedor de basura y un par de tablones de madera colocados en paralelo a éste. Y mirando al cielo prometo que no volveré a burlarme de ninguna otra persona que me hable de Dios o crea que éste existe.

Cogiendo uno con rapidez y evitando armar demasiada bulla, vuelvo a colocarme en mi posición a tiempo de escuchar las últimas pisadas a sólo unos centímetros y entonces ataco. Ataco sin piedad propinándole un golpe en la cabeza con uno de esos tablones y otro en la espalda al caer.

-¡Te dije que nunca dejaré que un cerdo asqueroso como tú me ponga un dedo encima!– digo orgullosa al ver el resultado.

Sin embargo cuando voy a marcharme, caigo en la cuenta de que no me suena esa camisa blanca en la cual he podido fijarme un par de segundos ni esos vaqueros tan claros y al girarme me doy cuenta de que es lógico, puesto que ese tío no es el tío de la cárcel, no es ese tal Christopher, sí es que se llama así.

Una parte de mí me pide salir corriendo, ya que puede que yo todavía esté en peligro, pero otra me dice que no puedo irme dejando tirado a un tío al que yo misma he agredido y además con un tablón de madera.

Vuelvo sobre mis pasos y me agacho dispuesta a voltearlo y al hacerlo y ver de quién se trata me replanteo si en verdad no he hecho tan mal después de todo.