El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Un ardid diabólico
—¿Sabes? —dijo Kagome, por la tarde mientras Kouga, Miroku y ella estaban sentados en la sala de juegos, jugando. Kagome contra Miroku en el Tekken 5—. Pues sí que apestas con Jin. —Y Kagome hizo un golpe con combo perfecto, haciéndole un KO a Miroku. Kouga estalló en carcajadas mientras le sacaba a Miroku su mando.
—Kagome. —Kouga sonrió con suficiencia—. Asuka no tendrá nunca ninguna oportunidad contra Steve.
Kagome sonrió.
—¡Vamos! —le desafió Kagome mientras se ponía en posición con su personaje, Asuka Kazuma. Kouga la provocó con Steve mientras la voz informatizada anunciaba que había empezado la ronda 1. Kagome usó su personaje para utilizar una combinación intrincada, destruyendo la mitad de la barra de vida de Steve.
Miroku soltó una risotada y Kagome dudó por un momento que tuviera 25 años, pero luego miró ligeramente a Kouga y le resbaló una gotita de sudor al ver que su cara se parecía más a la de un chico de 15 años y no a la de un hombre de su edad actual, 26.
—¡Sois unos adolescentes! —soltó finalmente Kagome mientras dejaba KO a Steve, dándole más puntos dorados a Asuka. Kouga gruñó mientras tiraba su mando y se levantaba.
—¡Me rindo! Si fuera un adolescente te habría vencido como hice hace cinco años.
Kagome resopló y puso los ojos en blanco.
—Cariño, ¡en aquel entonces todavía te ganaba a los videojuegos!
No notaron que Inuyasha estaba apoyado contra el marco de la puerta, observándolos con diversión, su ceja alzada hasta lo alto de su frente.
—¡No es cierto! —declaró Kouga, moviéndose para sentarse en el sofá mientras Miroku volvía a coger el control remoto. Kagome puso los ojos en blanco y tosió sarcásticamente.
—Kouga, querido —bromeó—, ¿tu cerebro de mosquito recuerda algo del incidente del Mortal Kombat?
Kouga se detuvo y frunció el ceño.
—¿Ehh? ¿Qué incidente del Mortal Kombat?
Miroku estalló en carcajadas.
—La vez que te pateó el culo con Sub-Zero en modo de desventaja, cuando lo intentaste con TODOS los personajes de la lista y aun así perdiste.
Kouga pensó por un momento antes de que fuera evidente que se acordaba. Se cruzó de brazos y fulminó a Kagome con la mirada.
—¡Te dejé ganar!
—¿Con más de veinte personajes? —Kagome bufó—. Kouga, por alguna razón creo que estás intentando conservar tu virilidad y puede que sea yo la que te estalle la burbuja y te diga que… no funciona…
Miroku estalló en carcajadas, Inuyasha se apartó del marco de la puerta y entró en la sala, atrayendo la atención de Kagome, Miroku y Kouga. Miroku siguió soltando risitas mientras saludaba a Inuyasha.
—¿Cuánto tiempo has estado ahí, tío? —Miroku arqueó una ceja mientras Inuyasha se encogía de hombros, sentándose al lado de Kouga.
—Lo suficiente para saber que Kouga no sabe jugar.
—Tío, tengo mejores cosas que hacer. —Kouga puso los ojos en blanco—. Tengo una hija y una esposa. Creo que Hikari y Ayame se merecen más mi tiempo que… Tekken o MK o lo que sea que haga aparecer Kagome.
—¡Soul Calibre! —Kagome sonrió con suficiencia, lanzándole una mirada a Kouga—. No te olvides de que te gané con Voldo… mi peor personaje.
Miroku se toqueteó la barbilla.
—Lo recuerdo. Kagome venció a Kouga y Kouga también estaba jugando con su mejor personaje.
Inuyasha tamborileó con sus dedos en el reposabrazos del sofá y miró su equipo. Se le pasó por la cabeza una idea extraña para hacer que Kagome asistiera a la fiesta con él y escondió la sonrisilla que intentaba salir.
—Tengo un trato para la señorita Kagome —dijo, atrayendo la atención de las tres personas de la habitación.
—Continúa… —le indicó Kagome que siguiera y él miró hacia la puerta, viendo entrar a Sango, Ayame, Hikari, Ai y Kikyo, Kikyo parecía molesta por el hecho de que la residencia de verano estuviera dominada por niños.
—Escoged tres juegos que tenga. —Inuyasha asintió en dirección a Hikari y a Ai, que se miraron y soltaron una risita.
—¡Double dash! —chilló Hikari, le encantaba ese juego, sin importar lo mala que fuera en él.
—Dance Dance Revolution… —habló Sango por su hija que estaba sentada al lado de Kagome, abrazándola con fuerza.
—Melee… —dijo Miroku sosteniendo un juego. Inuyasha asintió mientras cogía esos tres juegos y le señalaba a Kouga que sacara sus dos plataformas para el DDR. Kagome frunció el ceño, preguntándose qué pasaba, esperando pacientemente mientras preparaban las plataformas del DDR.
—Mi apuesta para ti es —empezó Inuyasha—, gana dos juegos de tres y te quedas en casa. Si gano yo, tienes que venir a la fiesta, como mi cita…
A Kagome le entró un tic.
—¿QUÉ? ¿Qué ha pasado con los derechos humanos?
—Mi casa… mis derechos —dijo Inuyasha con tono enfadado mientras Kouga metía el disco del DDR en el sistema.
Sango frunció el ceño.
—Inuyasha, eso no es justo. Si Kagome no quiere ir, entonces ¿quién eres tú para forzarla?
Inuyasha le lanzó a Sango una mirada fulminante, diciéndole que él estaba al mando.
—¿Vosotros emboscáis mi casa sin notificármelo y ahora me dices que no estoy siendo justo?
A Ayame le empezó un tic.
—Inuyasha, ahora estás siendo cruel…
Kagome gruñó mientras se levantaba, lanzándole a Inuyasha una mirada peligrosa.
—Bien… acepto. Pero después de esto, no podrás obligarme a hacer nada en contra de mi voluntad, ¿entendido?
Los ojos de Inuyasha brillaron.
—Claro como el agua, señora…
A Kikyo, sin embargo, no le gustaba cómo estaba desafiando su novio a esta chica a esos juegos de niños. Tenía más años que ella, al menos 6 años más, y aquí estaba, jugando al DDR…
—¡Kagome! —dijo Ayame con tono de advertencia—. No tiene por qué…
Kagome miró a Ayame antes de montar su plataforma del DDR.
—Lo sé… pero nunca rechazo apuestas…
Inuyasha entró en el modo multijugador y eligió muy difícil como nivel de dificultad. Se giró hacia Kagome y la miró con gran intensidad.
—DDR, muy simple. El primero que pierda, pierde esta ronda.
Kagome lo fulminó con la mirada.
—Bien…
Inuyasha presionó inicio y sus movimientos empezaron instantáneamente. Debido a su profesión de modelo, Kagome había ido a clases de baile para trabajar con sus poses, mantenerse delgada, y para mantener su cuerpo flexible y magnífico para sus sesiones de fotos. Lo encontró extremadamente fácil. Sin embargo, le sorprendió ver que a Takahashi Inuyasha no le resultaba muy difícil seguir el ritmo de los movimientos.
—Mi Inu-cari sabe break-dance… —Kikyo sonrió con aires de superioridad. Sango simplemente resopló mientras se sentaba, observando el inicio de la competición. Siguieron adelante, tocando las flechas que tenían que tocar. Haciendo trucos extremos para seguir el ritmo del DJ informatizado… a veces salía en cada mitad de la pantalla EXCELENTE, BIEN, VAYA, o IMPRESIONANTE, diciéndole a los jugadores que lo estaban haciendo muy bien.
—¿Cuál es el límite de tiempo? —preguntó Miroku mientras Inuyasha hacía un giro complicado, manteniéndose al ritmo de sus puntos. Los dos contrincantes empezaron a sudar, siguiendo el ritmo de todos los movimientos que les ponían.
—Diez minutos —dijo Kouga mientras miraba el temporizador. A Miroku le resbaló una gota de sudor, preguntándose por qué no se le había ocurrido. Pasaron la marca de los cinco minutos y el DJ de la pantalla dijo algo sobre que siguieran manteniendo el buen trabajo, los jugadores lo estaban haciendo bien. Los puntos estaban exactamente iguales, ambos llegaron a los 6000 puntos por utilizar combos para doblar sus puntos. A medida que la música se hacía más rápida, Kagome e Inuyasha aceleraban, impresionando a los que estaban en la habitación.
—¿No se te va a romper la espalda, viejo? —jadeó Kagome mientras pulsaba las flechas izquierda y arriba a la vez.
—No soy viejo. —Inuyasha puso cara de desprecio.
—Más viejo que yo.
—Por unos años, te lo aseguro.
Kagome gruñó al tener que bajar y usar sus manos para hacer el combo. Ai chilló al ver a su madrina haciendo un truco de manos impresionante, aumentándole rápidamente los puntos, haciendo que se pusiera por delante de Inuyasha por 500 puntos. Inuyasha frunció el ceño mientras hacía otro movimiento, subiendo 400 puntos, 100 menos que Kagome.
—No es viejo. —Kikyo puso los ojos en blanco.
—Sí que lo es. —Kagome sonrió, dejando a Ai y a Hikari sorprendidas, preguntándose cómo era posible que Kagome bailara y hablara al mismo tiempo.
—¡Sólo tiene veintiséis años! —le soltó Kikyo.
—No me gusta que andes diciendo mi edad, Kikyo —murmuró Inuyasha secamente mientras su novia le sonreía dulcemente. Kagome se rió a carcajadas.
—Sigue teniendo unos… ¿seis años más que yo? Sí, es un anciano.
—Quedan dos minutos… —habló Miroku al ver que Kagome e Inuyasha estaban casi igualados en puntos, Kagome iba 20 puntos por delante de Inuyasha. Todos se quedaron callados, querían ver cómo terminaba.
Quedaban cinco segundos de la ronda e Inuyasha iba 5 puntos por debajo de Kagome.
Cuatro…
Tres…
Dos…
En el último segundo Kagome hizo un combo y subió 500 puntos.
Uno…
—Y el ganador es —dijo el DJ de la pantalla—. ¡EL JUGADOR DOS!
Kagome chilló, secándose el sudor. Abrazó a Ai quien, a pesar del sudor, le devolvió el abrazo a su madrina, sonriendo ampliamente.
—Te lo dije… el viejo rico esnob no tenía ninguna oportunidad contra una mujer joven y elegante.
Inuyasha le lanzó una mirada peligrosa mientras apartaba de una patada la plataforma de su DDR.
—El siguiente es el Double Dash… —murmuró mientras Kouga preparaba el juego. Nunca nadie se había divertido tanto viendo a dos personas jugando.
Pero es cierto que nunca había habido un Higurashi contra Takahashi.
—Te ganaré —le provocó Kagome mientras elegía a Boo y a baby Browser. Inuyasha escogió sus dos personajes, Mario y Luigi, como los conductores del kart. Seleccionaron el escenario aleatoriamente y descubrieron que tenía tres vueltas.
—¿Listos? —ponía la pantalla.
—Tres…
—Dos…
—Uno…
—¡YA!
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—¡NO! —gritó Kagome cuando terminaron con el último juego, Super Smash Brothers-Melee. Había perdido con bastante diferencia en Double Dash y en Melee, lo que significaba…
—Inuyasha ha ganado… dos de tres… —Sango tragó saliva mientras Kagome tiraba su mando de la sorpresa. Inuyasha se levantó, se sacudió el polvo de los hombros y le dirigió una mirada aterradora.
—Supongo que eso significa que has perdido la apuesta —se mofó Inuyasha—, lo que significa… que eres mi cita.
—¡Eso ha sido malvado! —contrarrestó Ayame—. ¡Lo tenías todo planeado! Estos juegos son tuyos, ¡es obvio que eres bueno en ellos!
—¿Y? —Inuyasha arqueó una ceja.
—¡Exijo la revancha! —Ayame se cruzó de brazos, pero Kagome la detuvo.
—No… él ganó con todas las de la ley. —A Kagome le empezó un tic en el ojo—. ¡No sé cómo! Juraría que ha hecho trampa o algo, ¡ningún hombre puede ganarme en tres vueltas en el Mario Kart!
—Ningún hombre excepto este hombre —se regodeó Inuyasha, provocando a Kagome maliciosamente. Kagome resopló mientras se levantaba, enfurruñada.
—No van a transmitirlo a nivel nacional, ¿verdad? —preguntó, malhumorada. Kagome, desde que era pequeña, salía por ahí con muchos chicos. Kouga y Miroku eran sus guardaespaldas y sus amigos eran amigos de Kagome. Sólo tenía unas pocas amigas, Sango y Ayame estaban entre ellas, así que Kagome había aprendido a aceptar apuestas y a aceptarlas como un hombre.
A veces, se arrepentía de crecer con chicos. Iba dentro de ella aceptar el castigo de una apuesta o desafío, porque había perdido con todas las de la ley.
Parecía ser difícil librarse de los hábitos de la infancia, y Kagome se había dado cuenta de eso en ese momento. Sin importar lo mucho que quisiera rechazar la apuesta, su orgullo no le dejaba.
Maldito orgullo, se mofó Kagome internamente mientras Inuyasha alzaba una ceja en su dirección.
—¿Por qué te importa tanto? —preguntó. No era famosa ni nada, ¿no? Así que el que lo transmitieran a nivel nacional no importaba mucho…
—Sólo quiero saberlo —dijo Kagome forzadamente—. No quiero que sea público.
Inuyasha la miró durante un buen rato y Sango se estaba poniendo nerviosa. Sango y Ayame, así como sus maridos, estaban nerviosos por el bienestar de Kagome. Sus padres eran verdaderamente estrictos, y si descubrían que Kagome se estaba escondiendo en Hong Kong, todos pasarían por un infierno, especialmente la familia Lin por ser la guardiana de Kagome mientras estaba fuera.
—No lo pondrán a nivel nacional —dijo Inuyasha finalmente—. Es una reunión privada para reconocer el software de alta tecnología del hospital de Miroku, cortesía del grupo de software de Kouga y mi apoyo financiero. Una reunión pequeña.
—Tío, las reuniones pequeñas consisten en unas… ¿setecientas personas? —Kouga sonrió con suficiencia mientras Inuyasha le lanzaba una mirada de desprecio.
—Nadie te ha preguntado, Lang —dijo Inuyasha groseramente, pero Kouga y Miroku estaban acostumbrados. Eran, sorprendentemente, dos de los mejores amigos de Inuyasha.
—Da igual… —Kouga puso los ojos en blanco mientras se giraba hacia su hija y Ai para mantenerlas ocupadas.
—Entonces vienes —le dijo Inuyasha a Kagome, que estaba furiosa.
—Aparentemente, no tengo elección. Incluso si me niego me cogerías como si fuera un saco, me echarías sobre tu hombro y me llevarías contigo, ¿no? —intentó bromear Kagome e Inuyasha sintió que algo bullía en el fondo de su estómago.
Desafío, pensó, algo a lo que no estoy acostumbrado. De algún modo, es bastante refrescante… y sexy. Principalmente sexy…
—Probablemente. —Inuyasha se encogió de hombros. Se levantó, rodeó la cintura de su novia con su brazo y miró a las dos familias y a Kagome que estaban en su sala de juegos.
—La fiesta es dentro de dos días. Empezad a prepararos. Va a haber gente allí… mucha gente que conocen los Lin y los Lang.
Y habiendo dicho esas palabras, se fue con Kikyo, que se aferraba a él como una pulga a un perro…
—¡Arg! ¡A veces ese hombre es TAN imposible que no es para nada divertido! —gritó Ayame—. ¡Siempre es él! Quiere que Kagome vaya al baile y la obliga de una forma u otra. Pero nooo, ¡nunca puedes obligar a ese hombre a hacer NADA! ¡Es TAN desconsiderado!
—Relájate. —Miroku puso los ojos en blanco—. Si no, te subirá la presión sanguínea y esta noche tendrás que decir adiós a hacerle compañeros de juegos a Hikari.
—Deja los comentarios pervertidos, Miroku —le contestó Ayame—. Kagome ahora lo tiene difícil.
—Relájate. —Kagome puso los ojos en blanco—. Si no lo ponen a nivel nacional no pasa nada… ¿no?
—¡Pero te ha OBLIGADO! —se quejó Ayame.
—Bueno… yo acepté la apuesta. —A Kagome le bajó rodando una gotita de sudor—. Ahora me arrepiento, pero técnicamente no me obligó. Yo me metí de lleno…
—Pero…
—Ayame. —Kagome abrazó a su amiga—. No pasa nada. No, no quiero ir, me fui de casa para alejarme de esto, pero ¿recuerdas? Me prometió no obligarme a hacer nada después de este incidente, así que relájate, ¿vale?
Ayame suspiró y asintió.
—Bien… lo que tú digas, pero es dentro de dos días…
Kagome asintió y entrelazó las manos con Sango y Ayame, indicándole a Hikari y a Ai que fueran con ellas.
—Vamos chicas, empecemos a hablar de peinados, maquillaje y vestidos para la fiesta. —A Kagome le brillaron los ojos—. Me va a obligar a ir, ¿eh? Bueno, ésta va a ser una fiesta que no va a olvidar nadie…
Miroku entrecerró los ojos.
—Kagi —dijo con tono de advertencia—, ¿en qué estás pensando?
—¡En nada! —dijo Kagome casi instantáneamente, sonriendo con algo de secretismo. Y con eso abandonó la sala con las otras cuatro chicas. Miroku puso los ojos en blanco.
—Sí, está planeando algo.
Kouga sonrió.
—Sólo espero que sea bueno. Oh tío, me encantaría ver la cara de Inuyasha si Kagome llegara con… un traje de payaso o algo así.
A Miroku le entró un tic en el ojo.
—¡Kagome tiene más sentido común!
—¿Recuerdas cuando quiso molestar a tu mujer hace seis años? —Kouga sonrió y Miroku se rió entre dientes.
—Sí… Kagome se cortó el pelo al estilo chico sólo para molestar a Sango…
Kouga meneó la cabeza.
—Es atrevida a su manera… venga, vamos a ver qué traman nuestras mujeres —dijo Kouga mientras se levantaba, Miroku le siguió.
—Pero tienes que admitir —dijo Miroku mientras salían de la sala de juegos—, que Inuyasha se inventó un buen ardid para hacer que Kagome fuera con él.
Kouga asintió, corroborando.
—Un ardid bastante diabólico, mejor dicho.
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Perdón por la tardanza, pero los exámenes finales se acercan y no tengo tiempo a nada. Probablemente no actualice en un buen tiempo (son dos meses de trabajo intenso), puede que hasta verano, pero una vez termine todo me tendréis de vuelta.
Hasta entonces.
