El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Asombrosamente inocente
El día anterior al baile había un ritmo frenético en la residencia de verano Takahashi. Kikyo ya se había ido a la ciudad diciendo que volvería cuatro días después y, sin saberlo Inuyasha, los Lin, los Lang y Kagome se sintieron aliviados. Su figura de sucia estrella del porno era innecesaria. Ayame afirmaba que era una mala influencia para las niñas.
Era tarde, las cinco de la tarde, y las chicas estaban preparando sus peinados para el día siguiente. Kagome tenía rulos en el pelo, planeaba llevar rizos y Sango tenía rulos colocados equitativamente por su cabeza, quería unos cuantos rizos entre su pelo naturalmente liso.
Ayame se iba a alisar el pelo una hora antes de la fiesta, ya que no quería trabajar con su pelo en ese momento. Kagome bajó al salón y se encontró a Miroku y a Kouga abriendo dos latas de cerveza. Arqueó una ceja mientras se sentaba en el sofá, mirándolos a los dos.
—Si Sango y Ayame estuvieran aquí abajo… —Kagome dejó la frase en el aire y Kouga le dio un trago a su cerveza.
—Tío, lo necesitaba —dijo alzando su lata—. He estado demasiado tiempo lejos del alcohol.
—¿Dónde están Ai y Hikari? —Kagome arqueó una ceja y Miroku le dio un buen trago a su cerveza antes de lamerse los dientes.
—En la sala de juegos —dijo, asintiendo en dirección a la sala de juegos—. Querían aprender a jugar al DDR, así que Inuyasha se tomó la libertad de enseñarles… era eso u oírnos echarle la bronca por el baile de mañana.
Kagome bufó mientras se levantaba y se dirigía hacia la sala de juegos. Se dio la vuelta y les guiñó un ojo a los chicos.
—Iré a ver si está seduciendo a nuestras pequeñas.
Kouga se rió por lo bajo mientras le decía a Kagome que se fuera. Tan pronto estuvo lo suficientemente lejos para no oírlos, Kouga se giró, serio, hacia Miroku.
—Tú sabes por qué quiere que vaya con él a la maldita fiesta —siseó Kouga y Miroku asintió, indignado.
—Sí —murmuró—. No es sólo porque Izayoi quiera una mujer decente en la fiesta.
Kouga meneó la cabeza.
—Nah hombre, es porque ese hombre tiene los ojos puestos en nuestra Kagome. La chica se escapó de casa para huir de la seducción y de toda esa mierda. —Kouga suspiró mientras le daba otro sorbo a su bebida, sacudiendo violentamente la cabeza—. No me gusta que piense que puede seducir a Kagome para meterla en su maldita cama.
Miroku asintió, sintiéndose igual que Kouga. Kagome era como una hermana pequeña para ellos y la protegían mucho.
—Sí —concordó Miroku—, pero… —Alzó la mirada hacia su mejor amigo—. ¿Y si Inuyasha es exactamente lo que Kagome necesita?
Kouga alzó la ceja.
—Y si con él… ¿prueba por primera vez el sabor del amor?
—Eso es una cursilada —se burló Kouga.
—Estoy casado con Sango. —Miroku puso los ojos en blanco—. En serio, ¿qué esperabas?
Kouga se rió.
—Cierto… pero no sé. —Kouga bajó la mirada a la alfombra, examinando una pelusilla—. Puede que Inuyasha sea algo bueno en su vida… o puede… que no…
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Kagome se apoyó contra el marco de la puerta, observando cómo enseñaba Inuyasha a las dos niñas, Ai y Hikari, en las dos plataformas del DDR, a jugar al DDR.
—¿Veis las flechas, chicas? —Inuyasha arqueó una ceja y las dos niñas asintieron, iban vestidas igual. Petos vaqueros con camisetas blancas por debajo. Tenían el pelo recogido en coletas altas y llevaban calcetines iguales de color rosa bebé. Kagome podría haber chillado de lo monas que estaban.
—Pulsad el botón que tiene la flecha que coincide con la de la pantalla.
Inuyasha le dio al play y Ai y Hikari pulsaron la flecha de arriba. Cuando lo hicieron, apareció otra flecha y las dos pulsaron la tecla izquierda. Inuyasha paró el juego y Ai hizo un puchero.
—¡No es justo! Mamá y tú erais más rápidos.
Inuyasha se rió por lo bajo, las únicas veces que mostraba signos de risa o una sonrisa era alrededor de las hijas de sus amigos y a Kagome le sorprendió. Tenía una sonrisa hermosa y una risa más bonita incluso, se preguntó por qué las suprimía tanto.
—Eso es porque tenemos años de práctica… —les dijo Inuyasha a las niñas, que se miraron e hicieron un puchero.
—¿Entonces tenemos que ser viejas antes de poder ser tan buenas? —Hikari sonrió bastante inocentemente y Kagome estalló en carcajadas, haciendo que Inuyasha perdiera la sonrisa y haciendo que las niñas chillaran.
—¡Mamá! —Ai sonrió.
—¡Kagi! —Hikari la abrazó mientras Kagome les sonreía.
—¡No soy vieja!
—Eres… —Ai se miró los dedos—. ¡Muchos años más mayor que nosotras, mamá!
Kagome se rió.
—¿Y?
Inuyasha soltó una risotada mientras miraba a Kagome, horrorizado.
—¿Qué demonios tienes en la cabeza. Parece… caca alienígena. —Les guiñó un ojo a Ai y a Hikari y las dos se rieron en voz baja mientras Kagome ponía las manos en las caderas, con una expresión de falso enfado en la cara.
—Oh, por favor. —Puso los ojos en blanco—. ¿Por qué no te miras en el espejo antes de insinuar quién tiene… caca alienígena en la cabeza?
Inuyasha frunció el ceño mientras se levantaba, caminando hacia ella y cerniéndose peligrosamente sobre ella, pero Kagome aun así no perdió su postura desafiante. Ai y Hikari se miraron y luego volvieron a mirar a Kagome y a Inuyasha.
—Sigo pensando que tienes la edad de Ai —susurró.
—Y yo sigo pensando que eres un rico esnob. —Kagome le sonrió. Inuyasha se le quedó mirando a los labios, preguntándose cómo sería besarlos. No se dio cuenta de que Ai y Hikari estaban detrás de él y empezó a inclinarse hacia delante, quería asaltar esos suaves… rosados… y seductores labios…
—¡KAGOME! —chilló Sango, su voz sonaba distante. Kagome, que estaba en trance, se echó hacia atrás mirando, casi asustada a Inuyasha.
—Sí… ¿SÍ?
—¡VUELVE ARRIBA! ¡TENGO QUE SECARTE EL PELO!
Kagome tragó saliva y se dio la vuelta, corriendo hacia donde estaba Sango, en la segunda planta. Inuyasha se pasó los dedos por el pelo, tomando nota mentalmente de que era hora de que se lo cortara. Se giró con una mirada inexpresiva, sin ver a las dos niñas de cinco años delante de él.
—Eh… ¿Tío Inu? —Hikari le tocó la pierna a Inuyasha y él la apartó. Hikari hizo un puchero y le dio un codazo a Ai. Ai respiró hondo.
—¡TÍO INU! —gritó y eso hizo que Inuyasha volviera a la realidad.
—¿Qué? —gruñó.
—DDR —dijo Hikari señalando la pantalla e Inuyasha recordó lo que estaba haciendo. Pero los pensamientos sobre Kagome no abandonaban su cabeza…
Es que ella era tan…
Diferente.
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—Ven aquí —dijo Sango, señalando a Kagome, que se sentó delante de ella. Ayame había extendido dos vestidos encima de la cama de Sango, preguntándose cuál llevar (más bien pensaba en cuál le quedaría bien a Kagome para poder coger el otro).
—¿Y qué vas a hacer en la fiesta de mañana? —Sango arqueó una ceja mientras empezaba a liberar los rizos de Kagome. Kagome cerró los ojos, pensando en varias imágenes que serían graciosas en una fiesta de gente rica.
¿Actuar como una vagabunda? Mala idea, era de clase alta y eso también degradaría a sus amigos.
¿Ignorarle? Inútil. Él tenía formas de hacer hablar a la gente. Además, si ella era su cita tendría que decirle cuándo se aburría para poder irse.
¿Ponerlo en ridículo hablando demasiado? Podría funcionar, pero él sabía mentir.
¿No decir nada y fingir ser sorda? Sonaba estúpido.
—No tengo ni idea —admitió finalmente Kagome—. Tenía un plan impresionante pero luego… se me olvidó.
Ayame se rió y le brillaron los ojos mientras miraba a su amiga.
—Sé la mejor forma de convertirla en una fiesta miserable para Inuyasha.
Kagome abrió los ojos como platos.
—¿Oh?
—Todos odian a su novia —empezó Ayame—, simplemente haz que su madre, su hermano, su hermana y su padre se enamoren de ti… entonces lo molestarán todo el tiempo con Kikyo y ¡tachán! ¡Inuyasha amargado!
Kagome se toqueteó la barbilla.
—Es tan simple… tan fácil… ¡tan perfecto!
Ayame esbozó una sonrisa perversa antes de alzar un vestido azul medianoche y otro amarillo claro.
—Escoge —dijo Ayame—, estos son los únicos vestidos que traje, ¡así que escoge!
Sango y Kagome miraron los vestidos y, al mismo tiempo, dijeron:
—Amarillo.
Ayame se rió mientras bajaba el vestido amarillo y lo examinaba.
—Sí. —Asintió—. Es un color muy de Kagome.
—¿Qué se supone que significa eso? —Kagome arqueó una ceja y Sango le dio un golpecito a Kagome en la espalda mientras le sacaba los rulos.
—Significa que te queda bien el amarillo.
Kagome no dijo nada mientras sus amigas seguían hablando de la fiesta que iba a tener lugar al día siguiente. Kagome sólo tenía una cosa en mente y no podía dejar de pensar en ella. Antes, cuando estaba en la sala de juegos con Inuyasha cerca de ella, delante, mirándola con esa mirada en los ojos…
En aquel momento en que había pensado que iba a besarla.
Un beso amoroso, apasionado, impresionante e impactante (o eso había imaginado Kagome), en aquel momento en el que había pensado que le robaría un beso…
Supo que no se habría apartado.
Y eso era lo que la asustaba.
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Era el día de la fiesta e Inuyasha había ordenado que una de sus limusinas fuera hasta su residencia de verano. Kanna, la cuñada de su hermano mayor, había venido en la limusina, ya que se había ofrecido voluntaria para cuidar de las dos niñas mientras los adultos se iban de fiesta. El hermano de Inuyasha, Sesshomaru y su mujer, Kagura iban a ir e iban a dejar a su hija Rin con su niñera mientras Kanna iba a la casa de verano de Inuyasha.
Ayame y Kagome estaban en la ducha, excepto que Kagome llevaba puesto un gorro de ducha para salvar sus rizos mientras se frotaba su cuerpo para que quedara limpísimo. Sango se había duchado esa mañana temprano y estaba vigilando a Ai y a Hikari mientras comían. Eran las dos de la tarde y la fiesta empezaba a las cinco, eso les daba tres horas para prepararse. Kouga había ido a escoger los tres esmóquines, así que Miroku e Inuyasha estaban hablando de asuntos de negocios que saldrían en la fiesta.
—Mami. —Ai alzó la vista hacia su madre, que estaba jugando con su pelo.
—¿Mmm?
—¿Cuándo vas a volver?
—Tarde —murmuró Sango—. Kari-chan y tú estaréis ya en cama.
Hikari hizo un puchero.
—¡Pero yo quería jugar un poco más con Kagi!
Sango soltó una risita mientras miraba a Hikari y negaba con la cabeza.
—No cariño, Kagome va a estar cansada después de la fiesta, igual que todos. Jugaremos mañana, ¿vale? Vamos a estar un mes aquí, así que no pasa nada y la semana que viene van a venir Kyo, Ichiro y Kasumi.
Hikari sonrió.
—¿En serio?
Sango se rió y asintió.
—Síp… —Se vio interrumpida cuando Ayame gritó:
—¡SANGO! VEN AQUÍ… ¡POR FAVOOOOOOOOR!
Sango se encogió avergonzada mientras se giraba hacia la cocinera que salía de la cocina con dos vasos de zumo de naranja.
—Enju. —Sango la miró como disculpándose—. ¿Puedes vigilar un momento a las niñas? Ayame me necesita.
Enju, la cocinera, sonrió y asintió mientras Sango subía trotando las escaleras, tenía mechones rizos bajando por su pelo. Hikari y Ai se miraron y soltaron una risita antes de seguir con sus sándwiches de queso fundido.
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—¿Qué te pasa? —gruñó Sango—. ¡¿Me haces subir hasta aquí porque necesitabas una lima de uñas?
Ayame tenía lagrimillas en los ojos mientras miraba la uña rota.
—¡Mis uñas perfectas!
Sango soltó una risotada mientras buscaba una lima de uñas en su bolso y se la pasaba a Ayame que empezó, ferozmente, a limarse la uña. A Sango le resbaló una gotita de sudor, haciendo una apuesta consigo misma a que la uña de Ayame desaparecería en los próximos veinte segundos. Sango suspiró al girarse y vio su vestido, extendido paralelamente al de Ayame en la cama de ésta.
—Tenemos que empezar ya a ponernos la ropa —murmuró Sango—, el viaje a la casa de Asakura dura dos horas, así que tenemos que irnos dentro de una hora.
Ayame asintió y estaba a punto de coger su vestido cuando se abrió la puerta. Sango se estaba preparando para apuñalar a la persona que iba a entrar (asumían que era Miroku… las costumbres pervertidas nunca mueren), pero ambas contuvieron el aliento al ver entrar a su joven mejor amiga, pareciendo dócil y tímida, casi temiendo que el mundo se derrumbara sobre ella.
El vestido era amarillo y abrazaba todas sus curvas, trazando su cuerpo hasta los tobillos. El vestido terminaba justo en sus tobillos y tenía puestos tacones blancos que se ataban su pierna. El vestido era de un amarillo pálido que bajaba por su cuerpo, una fina línea de diamantes circulaba por debajo de su pecho y justo encima de sus caderas. El vestido no tenía mangas, era de corte bajo en v y casi sin espalda, salvo unas tiras que se ataban por detrás.
De algún modo, el vestido era bastante inocente.
Ayame silbó, admirando a su amiga.
—Kagome… estás… ¡impresionante!
Kagome sonrió.
—¿Tú crees?
—¿Creer? —Sango estaba sorprendida—. ¡Cariño, podemos ver tu atractivo irradiando de tu cuerpo! Ohhh, ¡Inuyasha va a desear que fueras tú su chica y no esa bicha del porno!
Kagome soltó una risita mientras giraba para sus amigas, su pelo se balanceaba sobre sus hombros desnudos. Sango silbó, cogió su vestido y se metió en el baño.
—¡Vas a estar tan buena! —Sango sonrió mientras Ayame ponía los ojos en blanco.
—Actúa conforme a tu edad, Sango.
—Cállate.
Kagome soltó una risita mientras se sentaba y Ayame se ocupaba del maquillaje de Kagome, que era muy ligero, sólo lápiz de ojos con sombra de color rosa claro y brillo de labios. Kagome también tenía puestos una delgada cadena dorada, pendientes de aro junto con unos anillos en sus dedos y una pulsera con incrustaciones de diamantes.
—A Inuyasha le va a sangrar la nariz. —Ayame soltó una risita mientras ponía una horquilla en el pelo de Kagome.
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Por supuesto, cuando las chicas bajaron las escaleras, Inuyasha se quedó boquiabierto y se olvidó de cómo se cerraba la boca. Ayame llevaba un vestido azul medianoche sin adornos, a excepción del chal que rodeaba su cuerpo. El vestido tenía un brillo natural, suficientemente sofisticado. El pelo de Ayame estaba recogido en un hermoso moño con algunos mechones sueltos, enmarcando su cara. Sango llevaba puesto un vestido rosa claro que abrazaba fuertemente su cuerpo, dejando más a la imaginación sobre lo que podría haber debajo de su vestido. Era de cuello bajo, mostraba suficiente escote. El vestido también era de un color único, sin bordados.
Kouga sintió que se le caía la baba y se la limpió inmediatamente. Miroku no podía esperar a sacarle él el vestido a su esposa.
Inuyasha sin embargo, era una historia completamente diferente.
No parece para nada una niña, pensó, y… ni de broma parece que tenga la edad de Ai… tampoco parece que actúe así, Inuyasha tragó saliva, está… preciosa.
Las tres mujeres bajaron el último peldaño y las dos hijas corrieron hacia ellas, chillando lo guapas que estaban las mujeres.
—¡Estás tan guapa, mamá! —Ai abrazó a Kagome antes de girarse hacia su madre—. ¡Mami, tú también! ¡Y la tía Ayame también!
—Es triste que nuestras hijas estén alabando a nuestras mujeres antes de que podamos decir algo. —Miroku le dio un golpe con el codo a Kouga, quien asintió antes de toser ruidosamente.
—Ai, Hikari, no le causéis muchos problemas a Kanna —dijo Kouga—. Haced caso a lo que os diga. —Luego Kouga se giró hacia Kanna—. Hemos dejado todos nuestros números de teléfono en la encimera de la cocina. El de Miroku, el mío, el de Inuyasha, el de Sango, el de Ayame e incluso el de Kagome —dijo Kouga—. Si pasa algo, coge un teléfono y marca un número, si no contesta, sigue intentándolo con los demás.
Kanna asintió mientras les daba la mano a las niñas y acompañaba fuera a las tres parejas. Miroku y Kouga cogieron a sus mujeres de la mano mientras que Inuyasha y Kagome caminaban uno al lado del otro.
—¡Divertíos! —se despidió Kanna. Ai y Hikari se despidieron enérgicamente con un gesto de la mano mientras los seis se subían en la limusina. Mientras Inuyasha le abría la puerta a Kagome, y ella pasaba a su lado él, en un tono muy bajo, le susurró al oído…
—Eres hermosa.
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Lo siento, siento mucho el retraso que llevo con los fics, pero tengo una buena razón: estoy con exámenes. Pero la buena noticia es que termino con ellos relativamente pronto, así que sé perfectamente cuándo será la próxima actualización: el 18 de julio (puede que antes, pero no puedo prometer nada).
Espero que me tengáis paciencia, mis estudios tienen preferencia frente a esto.
Muchas gracias por vuestros reviews, me ha encantado leerlos, espero que me los sigáis dejando. ¡Hasta el día 18!
