El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Belleza atrayente
Sentados dentro de la limusina, un silencio incómodo cubría al grupo de amigos que se encontraban al lado de su persona importante. Kagome estaba sentada rígidamente al lado de Inuyasha, que estaba cruzado de brazos. Al lado de Inuyasha estaban Miroku y Sango y a la derecha de Kagome estaban Ayame y Kouga.
—Bueno… —dijo Sango lentamente y todos la miraron. Después de que Inuyasha hubiera llamado hermosa a Kagome, ella se había sentido un poco incómoda estando a su lado. Miroku suspiró mientras daba unos golpecitos en el separador, ya que era el que estaba más cerca, haciendo que el chófer lo bajara.
—¿Sí?
—Enciende la radio.
El chófer cumplió la petición de Miroku y la radio volvió a la vida, calmando con un poco de suerte el tenso aire entre los amigos. Nadie sabía por qué estaba tan tenso, pero era algo momentáneo donde todo puede ser y es incómodo.
—Soy Gina Mai retransmitiendo en directo desde Japón. Acabamos de recibir la noticia de que la modelo internacionalmente conocida como Miko, ha desaparecido hace un par de días. Su paradero es, obviamente, desconocido, pero su familia está poniendo Japón patas arriba intentando encontrarla. A mi lado están el padre y el hermano de Miko, Akira y Souta.
Los ojos de Kagome se dirigieron inmediatamente hacia Ayame y Sango, que parecían estar escuchando atentamente la conversación que se desarrollaba en la radio. Inuyasha se movió para señalarle al chófer que cambiara de emisora, pero Kagome le dio una patada en la espinilla, haciendo que se callara y la fulminara con la mirada.
—Souta —dijo la entrevistadora y Kagome abrió los ojos como platos al oír que su hermano empezaba a hablar.
—Mi hermana tuvo sus razones para huir —empezó Souta—, y yo la respeto por ello. Dondequiera que esté, sea lo que sea lo que esté haciendo, sé que está bien.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —le preguntó Gina a Souta.
—He crecido con ella, ¿no? ¡Creo que puedo saber perfectamente si mi hermana está bien o no!
Gina pareció obviamente sorprendida y la entrevista se enfocó en Akira Higurashi, el padre de Kagome.
¡Así es Souta! Le dijo Sango a Kagome moviendo los labios mientras se encogía de hombros. Kagome le sonrió. Oyeron aparecer la voz de Akira en la emisora y la atención de Kagome volvió a dirigirse a la radio.
—¡Por favor! —dijo Akira en el micrófono—. Mi hija está desaparecida y estamos todos muy preocupados. Su prometido —Kagome abrió los ojos como platos—, ¡está consternado y queremos que vuelva! Hemos recorrido Japón de lado a lado, hemos seguido el rastro de sus tarjetas de crédito y no hemos obtenido nada…
—Apágala —indicó Kagome y el chófer miró a Inuyasha, que asintió. Miroku silbó por lo bajo.
—Oh mierda, Akira va a dar la vuelta a Asia para buscar a su niñita.
Ayame bufó.
—Oh venga, si tratara a esa chica un poco decentemente, a lo mejor se hubiera quedado.
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿Los conoces?
—¿Si los conozco? —Ayame se rió—. Querido Inuyasha, fui al colegio con su hija, por supuesto que la conozco.
Kagome tuvo ganas de hacer daño físicamente a Ayame, pero se contuvo al ver la mirada que le lanzó Kouga. Volviendo su atención a la conversación, Kagome consiguió entender lo último de lo que tenía que decir Inuyasha…
—…Esperanza de conseguir que Miko fuera la modelo para nuestra nueva colección de otoño.
Todos dirigieron su mirada inmediatamente hacia Inuyasha y a Kagome le entraron ganas de estallar en carcajadas ante la ironía de la situación. Aquí estaba, Takahashi Inuyasha queriendo que Miko modelara para él y allí estaba ella, sentada a su lado, siendo su cita para una fiesta. La ironía a veces era realmente graciosa.
—¿Por qué no consigues a esa estrella del porno? —Kagome arqueó una ceja e Inuyasha le lanzó una mirada peligrosa.
—Mantengo mi vida amorosa y mi vida laboral como cosas estrictamente separadas.
—Profundo. —Miroku puso los ojos en blanco e Inuyasha se cruzó de brazos, rebosaba irritación. Miró a Kagome, que se había metido en una conversación muy interesante sobre la última moda en bikinis con Sango, con Miroku riendo nerviosamente a su lado. No mentía cuando decía que Kagome era hermosa.
Demonios, era la primera vez que usaba esa frase y la decía en serio. Normalmente, cuando Inuyasha llamaba a alguien hermosa o a) quería sacar algo de la situación o b) su novia se había puesto gruñona. Aparte de eso, las únicas otras ocasiones en las que halagaba a alguien y lo decía en serio era con los niños: Ai, Hikari, Kyo, Ichiro y Kasumi.
Inuyasha estaba deseando bailar con Kagome cuando llegaran a la fiesta. Estaba deseando sentir su cuerpo presionado contra el suyo, sentir sus curvas, sus movimientos, su cuerpo perteneciéndole a él y a nadie más… Inuyasha abrió los ojos como platos al darse cuenta de lo que estaba pensando y meneó la cabeza. Claro que estaba completamente desarrollada, aunque fuera un poco aniñada, no obstante era una mujer, y claro que era un poco… borra eso, era muy pesada… pero aun así era una mujer maravillosamente preciosa con un cuerpo hecho para hacerle el amor…
Al darse cuenta de sus pensamientos, Inuyasha aclaró inmediatamente la mente. No quería procesar imágenes mentales de una Kagome desnuda y empalmarse en la limusina con sus amigos y Kagome, por no mencionar, antes de una fiesta. Sintió un empujón en su costilla y bajó la mirada para encontrar a la mujer que ocupaba sus pensamientos dándole golpecitos suavemente con el codo.
—¿Qué? —arqueó una ceja.
—En caso de que no lo hayas notado, la limusina se ha detenido.
Inuyasha alzó una ceja al ver que Miroku, Sango, Kouga y Ayame no estaban en el coche.
—¿Qué demonios? ¡No podemos haber llegado ya!
—No hemos llegado, listo. —Kagome puso los ojos en blanco—. El conductor tenía que echar gasolina y los demás decidieron estirar las piernas mientras la limusina reposta.
—Y tú sigues aquí porque… —Inuyasha arqueó una ceja en su dirección mientras presenciaba cómo su pequeño cuerpo se movía ligeramente de forma que estuviera sentada a centímetros de él. Se le subió el vestido, revelando una larga y cremosa pierna e Inuyasha no pudo evitar que el hambre le llegara a los ojos.
—No podía dejar solo al anfitrión, ¿no? —bromeó ligeramente Kagome antes de mirar por la ventanilla. Vio que los cuatro volvían con bollos en las manos y que el conductor también volvía a la limusina.
—¡Oh, parece que trajeron comida! ¡Formidable!
Inuyasha se cruzó de brazos.
—Una frase muy de Ai.
Kagome lo miró airadamente.
—Recuerda, yo soy su madrina.
—Eso no significa que tengas que actuar como ella.
—Para estar con niños —recitó Kagome mientras Miroku abría la puerta—, uno debe actuar como un niño.
Inuyasha estaba divirtiéndose deliberadamente.
—Ah, ¿sí?
—Debería saberlo, ¡Hikari y Ai han sido mis niñas desde siempre!
—No voy a hacer preguntas, ni tampoco quiero saber de lo que estáis hablando —dijo Sango, irritada mientras la limusina empezaba otra vez a circular—. De vainilla para Kagome, de chocolate para Inuyasha, ¡siéntate bien y deja de hablar de Hikari y de Ai!
Girada de forma que su espalda estuviera hacia Inuyasha, Kagome reanudó una ingeniosa conversación con Ayame sobre Kouga contra Miroku en la batalla de la paternidad. Como no le gustaba que su espalda estuviera girada hacia él, Inuyasha decidió que se aseguraría de ver mucho de su cara en el baile…
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—¡Yo no acudo a Sango cada vez que Ai llora! —se defendió Miroku cuando llegaron a la mansión de Ken Asakura. Parecía un poquito más pequeña que la casa de verano de Inuyasha y a Kagome eso le hizo gracia. La idea de que la verdadera casa de Inuyasha fuera veinte veces más grande que su casa de verano era una especulación, principalmente porque era el japonés más rico que hubiera pisado la tierra.
—¡Sí que lo haces! —Ayame sonrió—. Recuerdo muy bien cuando disteis la primera fiesta de cumpleaños de Ai y Ai empezó a llorar diciendo que quería queso. Acudiste a Sango.
—¡En aquel entonces trabajaba 18 horas! No sabía lo que la niña comía o no comía —se defendió Miroku.
—¿Y qué hay de la vez que Ai quiso un bañador cuando la llevaste contigo a comprar un móvil nuevo? —Kouga arqueó una ceja—. Llamaste a Sango por una cabina para preguntarle si podías comprárselo a Ai.
—¡Mi hija de tres años no iba a tener un bikini de dos piezas! —Miroku se cruzó de brazos, haciendo que Inuyasha bufara.
—Ya, ¿y las hijas de tres años de otra gente si pueden tenerlo para que puedas comértelas descaradamente con los ojos?
Miroku arrugó la nariz.
—¿Inuyasha? Eso es jodidamente asqueroso. Primero, estoy casado; no me como a otras mujeres con los ojos, y menos las que tienen la edad de Kasumi. Segundo, ¡no he mirado a otra mujer desde que me he casado con Sango!
—¿Qué hay de Maria? —reflexionó Inuyasha bastante divertido y vio que Miroku palidecía visiblemente cuando Sango le lanzó una mirada mortífera.
—¿Maria? —siseó—. ¿Qué Maria?
—Maria Anastasia —recitó Inuyasha—. Una trabajadora mitad japonesa, mitad rusa de la compañía, mi secretaria en prácticas. Miroku se pasó hace unas semanas y estuvo hablando con Maria como si fuera una vieja amiga.
—¡Era nueva! Tenía que hacerla sentir como en casa.
—¡ERES MÉDICO! ¿POR QUÉ DEMONIOS TIENES QUE HACER QUE LA SECRETARIA DE UN EMPRESARIO SE SIENTA COMO EN CASA?
Miroku tragó saliva visiblemente mientras Kagome y Ayame se reían descaradamente por lo bajo. Sango decidió calmarse y suministrarle el daño definitivo a Miroku después de que terminara la fiesta. Por ahora, actuaría civilizadamente. Los hombres estiraron las manos como caballeros y las chicas enlazaron la mano derecha con la izquierda de ellos. Inuyasha frunció el ceño ante la extraña distancia entre Kagome y él mientras esperaban a que se abriera la puerta.
—Para que esto parezca remotamente real —ronroneó en su oreja, haciendo que ella abriera los ojos como platos—, tienes que estar más cerca de mí, Kagome.
Lanzando una media mirada en su dirección, Kagome se acercó más a él. Irritado, Inuyasha le soltó el brazo y le rodeó los hombros con el suyo, atrayéndolos tanto que sus hombros estaban pegados. Y en ese momento, Asakura abrió la puerta.
—¡Takahashi! —rió Ken mientras avanzaba y estrechaba la mano libre de Inuyasha. Inuyasha inclinó la cabeza en un ligero asentimiento.
—Asakura.
Ken se giró hacia Miroku y Kouga y también los saludó.
—Lin. —Estrechó la mano de Miroku—. Lang. —E hizo lo mismo con Kouga. Luego Ken saludó a sus esposas.
—Señora Lin, Señora Lang, es un placer volver a verlas. —Ken cogió sus manos y les besó los nudillos antes de soltarlas. Ayame y Sango sonrieron, estaban acostumbradas a Ken y no les molestaban sus besos en los nudillos.
—Asakura —lo saludaron a la vez. Ken, entonces, dirigió su atención a Kagome que estaba bajo el brazo de Inuyasha que se había movido, tan eficientemente, a su cintura, manteniéndola abrazada y cerca de él.
—Vaya, vaya… Ésta no es Hiromi. —Ken le guiñó un ojo a Kagome—. Eres, de lejos, la mujer más hermosa sobre la que he puesto los ojos. —Extendió la mano—. Asakura Ken.
Kagome cogió firmemente su mano.
—Higurashi Kagome.
Los ojos de Ken brillaron.
—¿Kagome? Vaya… un hermoso nombre para una hermosa mujer.
—Déjate de tonterías, Ken —gruñó Kouga—, estás casado.
—Y tú también… Entonces, ¿por qué te quejas si observo la belleza de la joven señorita Higurashi?
—Porque esa chica es como mi hermana, así que atrás —dijo Kouga con severidad—, estamos aquí para hablar de negocios no para mirar a la cita de Inuyasha.
—¿Tu cita? —la atención de Ken volvió rápidamente hacia Inuyasha—. Hombre, yo pensaba que estabas de broma. —La actitud de empresario de Ken desapareció y se convirtió en el amigo que conocían Miroku, Kouga e Inuyasha—. ¿Qué pasó con Kikyo?
—Ocupada —afirmó Inuyasha mientras conducía a Kagome al interior de la mansión.
—¿Ocupada? ¿Con? —persistió Ken.
—Trabajo.
—¿Más sesiones de desnudos? —les susurró Ken a Miroku y a Kouga, que se rieron ligeramente.
—Sí, hombre —asintió Miroku—. Creo que tenía una cita sexual o algo así. No se puede confiar en las mujeres que venden su cuerpo por dinero.
Ken asintió solemnemente mientras entraban en el gran vestíbulo de la mansión. Una gran alfombra circular, blanca y lisa descansaba en su suelo de madera mientras lámparas de araña que colgaban bajo creaban un efecto naranja que iluminaba la habitación. Los sofás estaban ocupados por muchas mujeres que conversaban diligentemente y una habitación en el extremo derecho estaba ligeramente abierta, de ella salía humo.
—¿Los hombres ya están fumando? —preguntó Kouga, bastante divertido.
—No se puede alejar a los hombres de la política, del brandy, ni de un buen cigarro, ¿no? —Ken rió—. Uníos a mí en mi valioso tiempo de debate.
Sango y Ayame dejaron que Miroku y Kouga se fueran, sin embargo, Inuyasha se quedó un poco más.
—¿No vas? —Kagome arqueó una ceja, pero él asintió.
—Sí, sólo tengo que presentarte a la gente más importante antes de que pueda unirme a ellos.
Kagome asintió mientras Inuyasha volvía a rodear su cintura con su brazo y la conducía hacia tres mujeres que estaban de pie al lado de la mesa de los aperitivos.
—¡Vaya, vaya, vaya! —Una mujer sonrió al mirarlo—. Si es Inuyasha. ¡No me esperaba verte aquí!
Inuyasha puso los ojos en blanco.
—Sato-san —dijo con voz severa—, esta fiesta necesita de mi experiencia en los negocios. No puedo privar a mis empleados de mi persona, ¿verdad?
La mujer se rió.
—Izayoi, querida, Inuyasha es un bromista.
—No era una broma —masculló Inuyasha de forma que sólo Kagome lo oyera. Debido a su comentario, Kagome le dio un codazo en las costillas y él se movió con ligero nerviosismo.
—Bueno, no veo a Kikyo por ninguna parte —comentó con ligereza Takahashi Kagura, la cuñada de Inuyasha.
—¡Oh Dios, sí! —dijo la mujer de antes—. ¿Está ocupada, cielo? —Miró a Inuyasha.
—Sí… He traído a otra persona. —Inuyasha condujo sus miradas hacia Kagome—. Ésta es Higurashi Kagome. Kagome, ellas son Takahashi Kagura, mi cuñada —Kagome hizo una ligera reverencia—, Takahashi Izayoi, mi madre —Kagome sonrió dulcemente e hizo una reverencia más profunda, impresionando a Izayoi—, y Mayu Sato, una buena amiga de mi madre. Su marido, Katashi Sato, es el dueño de Industrias Perla.
Kagome abrió los ojos como platos.
—¿En serio?
Mayu asintió, sonriendo.
—Sí, querida.
—Aprecio sinceramente lo que hace su compañía —dijo Kagome—, es realmente conmovedor y estoy completamente a favor. En realidad, he donado un par de miles a su campaña.
Su afirmación impresionó a Izayoi y a Kagura, y la sonrisa de Mayu se amplió.
—¿De verdad, querida? ¡Eso es maravilloso!
—¿Has oído hablar de Industrias Perla? —preguntó Izayoi. Inuyasha estaba perplejo, Kagome ya había impresionado a su madre con nada más que datos sobre lo que ya había hecho.
—Por supuesto, Takahashi-san. —Kagome sonrió—. Mis mejores amigos y mi familia se encuentran en un alto status social e Industrias Perla es algo de lo que oigo hablar todos los días. Recaudar fondos para construir colegios en países subdesarrollados del tercer mundo tiene mi completo apoyo y espero nada menos que la excelencia.
—Una mujer de principios y con sentido de la bondad, eso es difícil de encontrar en las chicas de hoy en día. —Kagura sonrió mientras conducía a Kagome hacia ellas—. Únete a nosotras y deja que Inuyasha vaya a fumar, a beber y a hablar de empresarios viejos.
Inuyasha asintió.
—Os la confío. Una queja de ella y no voy la fiesta de tu bebé, Kagura.
Kagura bufó.
—Cuatro meses, hermanito —bromeó—, y ya veremos.
Inuyasha le quitó importancia a su comentario y fue hacia la habitación donde estaban los otros hombres. Izayoi vio que su hijo desaparecía detrás de la puerta y regresó su atención hacia Kagome.
—Tu vestido te queda sensacional. —Izayoi sonrió ligeramente, su largo pelo estaba recogido en un moño. A pesar de que Izayoi había dado a luz a dos hijos, todavía estaba fuerte y saludable y no aparentaba su edad. Kagome habría jurado que Izayoi tendría casi treinta años y no, como Kagome suponía, poco más de cincuenta.
—Gracias. —Kagome sonrió—. Y usted también está maravillosa. En serio, no parece la madre de dos hombres hechos y derechos.
Izayoi sonrió.
—¿Francamente? Es el colorete.
Kagura bufó.
—Ella tiene razón Izayoi. Es verdad que no parece que hayas dado a luz a Inuyasha y a Sesshomaru y que tengas una nieta y otro en camino.
—¿Estás embarazada? —preguntó Kagome mirando a Kagura. Kagura sonrió, asintiendo.
—¡Felicidades! ¿Niño o niña?
Kagura se rió.
—Ni idea todavía. Quiero que sea una sorpresa, igual que con mi primera hija, Rin.
—Es un nombre muy bonito. —Kagome sonrió ligeramente. No estaba siendo nada menos que ella misma y podía ver que había atraído a las Takahashi hacia ella. Perfecto para molestar a Inuyasha—. A mi hija quería ponerle, si alguna vez tengo una, un nombre parecido.
—¿Qué quieres decir con "si", niña? —preguntó Mayu, tocando el brazo de Kagome. Izayoi notó que, a diferencia de Kikyo, Kagome no se apartaba sino que, en cambio, había puesto su mano izquierda sobre el brazo que Mayu había usado para tocar su brazo derecho.
Si hubiera sido Kikyo, pensó Izayoi, habría gritado porque la habían tocado.
—Quiero asentarme y ser buena en mi carrera.
—¿Entonces no planeas casarte? —Kagura arqueó una ceja.
—¡Oh, no! —se defendió Kagome—. ¡Por supuesto que quiero casarme! El sueño de toda chica es tener una gran boda que asombre al mundo. Estoy deseando casarme, cuando llegue el momento, pero quiero tener estabilidad en mi carrera. Me vale un compromiso largo, incluso estoy dispuesta a casarme siempre y cuando mi marido no interfiera demasiado con mi carrera.
—¿Y si a veces quiere que vuelvas pronto a casa? —preguntó Mayu, intrigada por la filosofía de Kagome.
—Es mi marido, debe de tener sus razones, ¿no? Por supuesto, intentaría llegar a casa pronto si me lo pide, pero sólo de vez en cuando. Si me lo pide todos los días, entonces sería un problema.
—Me gusta. —Kagura se rió—. ¿Y los niños?
—No hasta que los dos estemos preparados.
—¡Qué bonito! —Izayoi se rió—. Tú y yo podemos llevarnos bien. ¿Por qué Inuyasha no pudo encontrar a alguien como tú en vez de a esa… esa… Kikyo? —espetó Izayoi. Kagura se rió mientras Mayu soltaba unas risitas.
—Izayoi odia a Kikyo —explicó Mayu—, principalmente porque es una estrella que enseña su cuerpo desnudo por dinero.
—Conoces a Kikyo, ¿verdad? —se aseguró Kagura y Kagome asintió.
—Oh, claro que la conozco.
—No se lo digas —Kagura sonrió con suficiencia—, pero todas la odiamos.
Kagome puso los ojos en blanco.
—¿Quién no? En realidad, en una mala influencia para mi ahijada.
—¿Ahijada? —Mayu sonrió—. ¿Quién es? ¿Alguien que conozcamos?
—¿Conoce a los Lin? —preguntó Kagome y Kagura estalló en carcajadas.
—Así que eres la mamá de Ai.
Kagome se rió ligeramente
—Sí, esa soy yo.
—¿Por qué estamos aquí de pie? —Izayoi puso las manos en las caderas—. Queridas, tenemos hombres con los que coquetear. ¿Venís?
—¡Oh cielos, sí! —Kagura se rió mientras Izayoi guiaba a Kagome hacia un grupo de hombres agrupados en el centro de la sala.
—Ejem, caballeros. —Izayoi rompió su conversación y todos la miraron. Un hombre en particular, que era asombrosamente parecido a Inuyasha, se separó del grupo y fue hacia Izayoi, depositando un suave beso en sus labios. Kagome asumió que aquel era el padre de Inuyasha.
—Inutaisho —dijo Izayoi mientras ponía a Kagome delante—, esta es Higurashi Kagome, la acompañante de nuestro hijo.
Inutaisho arqueó una ceja.
—¿Sesshomaru trajo a dos chicas? ¡Le he enseñado bien!
Izayoi le dio un manotazo en el brazo.
—¡No, estúpido, el otro hijo!
—¿Inuyasha no trajo a Kikyo? —Inutaisho abrió los ojos como platos.
—¡Yo también me sorprendí, Inutaisho! —rió Mayu—. De verdad ha ido a un sitio sin ella.
—Yo también me alegro —Izayoi asintió—, Kagome es mucho más dulce.
Kagome se sonrojó de la vergüenza.
—Gracias —murmuró. Mientras Kagome seguía hablando, no se había dado cuenta de que había muchos miembros del sexo opuesto mirándola ociosamente. Sus dos amigas, Sango y Ayame, que estaban sentadas en los sofás, hablando con gente conocida del mundo de los negocios que había asistido a la fiesta de Inuyasha, notaron que la mayoría de la población masculina la estaba mirando.
—Parece que nuestra pequeña ha obtenido la atención de todos los chicos, ¿eh? —Ayame le dio un golpecito con el codo a Sango, que sonrió.
—Has dado en el clavo. Es nuestra pequeña, ¿a que sí?
Ayame hizo callar a Sango cuando dos hombres se sentaron al lado del sofá, hablando en tono bajo. Sango y Ayame tuvieron que inclinarse un poco hacia delante para escuchar lo que estaban diciendo…
—Esa chica, la que está al lado de la mujer de Sesshomaru.
—¡Sí, sí, ya la veo!
—Está buenísima.
—¿Quién es su escolta? Nunca la había visto en ninguna de las fiestas de Asakura o de Takahashi.
—Eso pensaba yo… Tío, voy a ir a hablar con ella.
—¡Está al lado de los Takahashi! ¿Piensas que va a hablar contigo?
—Vale la pena intentarlo…
Ayame y Sango intercambiaron miradas conocedoras mientras fijaban la mirada en el chico moreno que caminaba hacia Kagome. Le dio un toque en el hombro y todos los Takahashi, Kagome y Mayu se giraron.
—Esto va a ser divertido…
—¿Me concedes este baile? —preguntó, extendiendo la mano. Izayoi y Kagura se miraron antes de que Kagura tomara la palabra:
—Oh, Kagome, todavía no has bailado con Inuyasha, sería bastante inadecuado que bailaras con otra persona sin haber bailado primero con tu escolta.
La expresión de la cara del hombre no tuvo precio al presenciar que la mujer de la que había estado hablando era la cita de Inuyasha Takahashi.
¿Qué pasa con Kikyo? Pensó el hombre mientras se disculpaba y se alejaba. Justo cuando se fue, Inuyasha se materializó al lado de Kagome, su brazo rodeó lentamente su cintura, cosa que no pasó desapercibida ni por su madre ni por su padre, por supuesto. Sesshomaru, su hermano mayor, estaba al lado de Kagura; finalmente se había reunido toda la familia Takahashi.
—¿Es esta la mujer, Inuyasha? —preguntó Sesshomaru e Inuyasha asintió.
Sesshomaru estrechó la mano de Kagome.
—Me alegro de que hayas podido ser la acompañante de Inuyasha para la fiesta. Le habría dado una patada en el culo personalmente si hubiera venido solo.
Kagome arqueó una ceja.
—Oh, ¿en serio? Yo asumía que podía conseguir cualquier mujer hermosa con su encantadora y fabulosa personalidad.
Kagura bufó.
—¿De qué mundo eres? ¿Él? ¿Encantador? ¡Sí, claro!
—Tengo más de encantador que Sesshomaru y tú juntos —se defendió Inuyasha y Sesshomaru puso los ojos en blanco.
—Que tú seas encantador es como que Mayu se acueste con cualquiera… imposible.
Mayu arqueó una ceja.
—¿Disculpa, hijo? ¡Soy mayor que tu madre! ¿En qué MENTE cabe que yo me acueste con cualquiera?
—A eso me refiero. Tú no te acuestas con cualquiera, Inuyasha no es encantador.
Mayu puso los ojos en blanco.
—De una forma enferma y retorcida, eso tiene sentido. Izayoi, tus chicos con idiotas.
—Intenta vivir con ellos toda tu vida —rió Izayoi e Inuyasha se aclaró la garganta.
—Disculpad, Kagome y yo vamos a compartir un baile.
Izayoi asintió mientras Inuyasha sacaba a Kagome fuera del círculo, ella tenía una expresión de molestia en el rostro.
—¿Qué demonios? ¡Yo no quería bailar!
—Bueno, ahora sí. Ahora, baila —dijo rodeándole la cintura con su brazo.
—¡No!
—Kagome —dijo con tono grave.
—¡No quiero bailar!
—Esta noche tienes que compartir al menos un baile conmigo. Por aquí es una regla no escrita.
—Eso no era parte del maldito trato cuando ganaste la apuesta.
—Bueno, ahora lo estoy haciendo parte del trato.
Kagome iba a discutir, pero sus ojos se abrieron como platos y hundió la cara en el pecho de Inuyasha. Sintió que su pecho retumbaba y supo que él quería reír, lo que aumentó mucho más su ira…
—No te estoy abrazando porque me gustes, gilipollas.
—¿Oh? ¿Entonces hay otra razón?
—Prensa, detrás de ti. Me dijiste que esta fiesta no iba a ser pública.
A Inuyasha se le heló la sangre mientras giraba rápidamente.
—No iba a ser pública —gruñó—. Espera aquí.
Kagome ahogó una exclamación cuando la apartó de su pecho y fue hacia el cámara. En un abrir y cerrar de ojos, Inuyasha le había dado un puñetazo al hombre, haciendo que saliera corriendo antes de que pudiera formarse un corrillo de gente. Luego volvió con Kagome y fulminó con la mirada a los que se acercaban para pedir una explicación.
Qué mal que no pudiera fulminar con la mirada a su madre.
—¿Qué ha sido eso?
—La prensa dijo que había recibido una llamada anónima diciendo que había una fiesta esta noche. Esta era una fiesta estrictamente privada sin medios de comunicación alrededor.
Inutaisho frunció el ceño.
—Me pregunto quién es ese anónimo.
—Lo mismo digo. Mierda…
Kagome no sabía qué decir mientras Inuyasha cogía el vaso de brandy de la mano de su hermano y se lo bebía de un golpe. Odiaba que las personas no lo escucharan. Se suponía que la fiesta no iba a tener prensa, pero allí mismo, un cámara había conseguido entrar de algún modo.
—¿Estás bien? —preguntó Kagome mientras le tocaba ligeramente el brazo. Inuyasha asintió.
—Sí, estoy bien. ¿Continuamos con nuestro baile?
Kagome no sabía qué decir que no fuera sí en presencia de su familia. La condujo a una zona vacía de la pista de baile y empezaron a deslizarse elegantemente, sus cuerpos estaban en perfecta sincronía.
Izayoi ladeó la cabeza.
—Es impresionante… no tiene nada que ver con Kikyo.
—Y tiene algo que atrae. —Mayu se toqueteó la barbilla—. Debo decir que, de todos mis años de sabiduría, Kagome tiene un sentido de belleza interior que no tienen muchas mujeres.
Inutaisho asintió.
—Yo también puedo verlo. Hay algo en ella que es irresistible. Es mejor que Kikyo, eso está claro.
—Si mi hermanito la escogiera —Kagura puso los ojos en blanco—, pero conociéndolo, no lo hará.
Izayoi sonrió con suficiencia.
—Yo no estaría tan segura, Kagura —dijo mientras los observaba bailar—, nunca se sabe con Inuyasha…
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Y aquí está el nuevo capítulo, como prometí. Espero que lo disfrutéis y me dejéis reviews.
Hasta pronto.
