06 de Septiembre del 2021.

— ¿Se puede saber qué haces aquí escondido?

Scorpius saltó en su lugar penosamente sin poder evitarlo, al tiempo que se llevaba las manos al pecho y veía consternado a su amiga.

Permanecía agachado detrás de una de las estatuas del primer piso, teniendo una vista excelente del jardín interno que allí había. El pelo rubio estaba algo despeinado y miraba aprehensivamente a la chica parada frente a él.

— ¡Mierda contigo, Hollie! — chillo el Malfoy, cuidándose de controlar el tono de su voz. — Casi me matas del susto.

Tomó a la chica rubia de la manga de su uniforme y la tiró hacia abajo, quedando en cuclillas a su lado. De no ser porque a último momento se había sostenido de la pared, hubiesen terminado ambos en el suelo.

Hollie Northman elevó una perfecta ceja rubia, mirando fijo a su mejor amigo. Azul y gris se enfrentaron en un choque casi eléctrico y Scorpius se vio obligado a bajar su mirada, logrando una pequeña sonrisa en la chica.

Ambos iban con el uniforme del colegio y el escudo plateado y azul destacando en sus pechos, aunque en el de ella también resaltase la placa de Prefecta, brillando orgullosamente. El pelo rubio y ondulado caía por su espalda, mientras que sus ojos azules miraban intuitivos el punto donde una pelirroja parecía estar discutiendo con un chico rubio, a los cuales rápidamente identificó como Rose Weasley y Lorcan Scamander.

Lysander nunca permitiría que sus rasgos faciales se vieran alterados, sin importar cuán enojado pudiese estar, por lo cual ese gemelo estaba totalmente descartado.

— ¿Estás espiándolos? — preguntó con cierta nota de incredibilidad.

— ¡No, por supuesto que no! — respondió el rubio, algo alterado. — Rosie está extraña desde el verano, simplemente quiero descubrir qué le está pasando.

— ¿Y por qué no le preguntas directamente? Dudo que se ponga muy contenta si descubre que la espías.

Scorpius rodó los ojos sin poder evitarlo. Era obvio que Hollie no lograría entender eso ya que ella nunca, ni en la situación más extrema, consideraría esconderse detrás de una estatua para espiar a su amiga. La rubia era demasiado correcta como para hacer tal cosa, ella simplemente iría y hablaría con Rosie, confiando en que su amiga le contaría su problema y todo se solucionaría.

— No puedo ir simplemente y decirle "Ey Rose, últimamente estás actuando más histérica y neurótica de lo normal, además de que nos esquivas todo el tiempo. ¿Quieres hablar?"— ironizó él, ganándose una mala mirada de la chica. — Es obvio que no voy a llegar muy lejos de esa manera.

— Tampoco vas a lograr mucho así. — le informó ella, frunciendo levemente el ceño. — Créeme, si Rose tiene un problema, Lorcan Scamander sería a la última persona que recurriría.

Scorpius se giró para lanzarle una mirada perspicaz y Hollie bajó rápidamente la vista, sabiendo que el rubio podía leerla como un libro abierto.

Tomándola delicadamente del brazo, la arrastró consigo al aula más cercana y aplicó un hechizo para mantener a los chismosos alejados.

— ¿Qué sabes tú que yo no sé?

— Que Albus nos espera para merendar en los jardines. — soltó con rapidez, intentando escabullirse.

Scorpius, adivinando los planes de su amiga, se paró frente a la puerta y se cruzó de brazos, dándole a entender que esperaría el tiempo que hiciese falta hasta que ella hablase.

Casi podía visualizar la mente de Hollie maquinando alguna idea para salir de allí sin tener que decir nada, ya que ambos sabían que la rubia era incapaz de mentir. Menos aún a sus amigos.

Finalmente soltó un suspiro y adoptó la misma pose que Scorpius, cruzándose de brazos y mirándolo fijamente.

— Lorcan y Rose estuvieron juntos en el verano.

— ¿Qué? — como acto reflejo, descruzó los brazos y abrió los ojos. Se habría esperado cualquier explicación sobre por qué Rosie estaba actuando tan raro, pero nunca algo así. — Pero, pero… ¡a ella le gusta Lysander!

— Dime algo que no sepa. — dijo mordaz y Scorpius la miró sorprendido por el tono. — Lo siento, Scor. — se apresuró en agregar, al notar su comportamiento, y luego soltó otro suspiro, dejándose caer sobre un banco. — Es que toda esta situación me tiene mal, no tolero que Rosie no acuda a mí si está mal. ¡Es mi mejor amiga, Merlín!

Malfoy sonrió levemente de lado, mientras se acercaba y, con algo de torpeza, la abrazaba.

— ¿Qué posibilidad hay de que se haya confundido de gemelo? — preguntó en broma el chico, obteniendo una sonrisa y un puñetazo a cambio. — ¡Es que son idénticos!

— ¡Scorpius, es Rose! Ella nunca se equivocaría en algo así.

Sonrió ampliamente y volvió a acercarla, abrazándola fraternalmente.

No era un chico especialmente afín a las muestras de cariño extremas, pero Hollie siempre había apelado en él su lado protector y era extraño ver a la rubia tan devastada por algo.

— Te dije que posiblemente solo se estuviesen abrazando.

Ambos rubios se separaron levemente para ubicar el origen de la voz, encontrándose a Albus Potter y Lysander Scamander parados en la puerta del aula.

Ambos chicos iban con el uniforme del colegio, resaltando el águila en sus pechos, y miraban la escena con diversión, aunque se podía percibir cierta decepción en Lysander.

— Los vimos tan pegados en el mapa, que pensamos que tal vez… — el calmado y rubio Scamander dejó inconclusa la frase, encogiéndose de hombros, pero solo se había necesitado eso para que los otros dos rubios se miraran con horror y se separaran totalmente.

— ¡Es Scorpius, Merlín!

— ¡Es Hollie, Merlín! — soltaron ambos a la vez, provocando una carcajada en el azabache.

— Es exacto lo que yo dije pero… creí que sería divertido si los llegábamos a encontrar en alguna situación comprometedora.

Scorpius rodó los ojos ante la evidente burla de su amigo y Hollie frunció levemente el ceño. Había veces que simplemente no entendía el humor sarcástico y algo burlón de Albus.

El oji-verde se apresuró en rodearle la cintura con su brazo e informarles que, si no se apuraban, el sol desaparecería y no podrían tener su merienda en los jardines. Scorpius y él siempre actuaban así alrededor de ella y Rose, casi como hermanos mayores.

Cuando al cruzársela por el camino, Rose Weasley alegó tener demasiados deberes como para salir a merendar, ninguno acotó nada, pese a ser conscientes de que hasta para la pelirroja era imposible tener deberes la primera semana de clases. Es decir, compartían las mismas clases y los profesores simplemente se habían dedicado a darles charlas sobre sus futuros. Pero prefirieron callar y pretender que creían la excusa.

Los jardines estaban repletos de gente, debido a que aún prevalecía algo del clima cálido del verano y las clases todavía no se habían puesto serias. Encontrar lugar donde sentarse hubiera sido mucho más difícil si Hogwarts no tuviera tanto espacio verde a su disposición.

Albus, quien previamente había colocado un hechizo de expansión en su mochila, sacó de ésta un mantel y comida que los elfos le habían proveído. Si bien habían pasado todo el verano juntos y no tenían nada demasiado importante para contarse, era realmente agradable pasar algo de tiempo juntos teniendo como paisaje el lago. Albus nunca se cansaría de afirmar que Hogwarts era el lugar más bello y pacífico que conocía, por más que Scor y Hollie luego lo molestaran por tener pensamientos de chica.

Lysander les estaba contando sobre la carta que su madre, Luna, le había mandado el primer día de clases. Ella y su esposo, Rolf, estaban en una expedición en Suiza por lo cual no habían podido ir a despedir a sus hijos a la estación, pero le habían mandado al rubio una carta contándole todo lo que habían descubierto en esos dos meses de verano.

La que más fascinada estaba con el relato era Hollie, quien pese a ya llevar seis años en el mundo mágico, se seguía sorprendiendo como si tuviera once años otra vez. Albus prestaba atención por cortesía, ya que sabía cuánto le apasionaba el tema a su amigo, mientras que Scorpius simplemente se dedicaba a arrancar el pasto del suelo.

— ¿Qué hacen?

James Potter se dejó caer junto a Albus, interrumpiendo a Scorpius en su monólogo sobre el profesor de Pociones que no había querido aceptarlo en su clase, por haber obtenido unAceptable en los TIMO's. Los chicos lo habían titulado "Mil y una razones por las cuales el Profesor Fenwick debería hacerse culear".

— ¿Tú no deberías estar en clase?— devolvió Albus, poniéndose en el papel de hermano responsable que siempre optaba cuando de James se trataba.

El castaño rodó los ojos y despeinó el azabache cabello de su hermano menor. A veces pensaba que Albus se preocupaba demasiado por todo. O casi todo, al menos.

— Decidí que mi presencia no sería indispensable en la clase de adivinación.

— Si es adivinación, entonces estás totalmente justificado. — admitió el Potter y todos lanzaron una carcajada. — ¿Los chicos no quisieron salir?

— Kevin nunca faltaría a una clase, por más que sea adivinación, y Fred y Carter estaban bastante entretenidos hablando con las gemelas Travers. — explicó el chico con calma. — Alex directamente no asistió. Tenía que ponerse al tanto con un par de chicas. — soltó con una sonrisita divertida, que rápidamente se replicó en el rostro de Albus, quien conocía perfectamente al castaño amigo de su hermano.

— ¿Para qué tomaste esa clase, de todas maneras? — preguntó Hollie, observando con atención a James. —Todo el mundo sabe que es mediocre.

— Por favor, Northman, ¿Tú no viste la delantera de la profesora Dinson? Te creía más inteligente.

Scorpius sonrió, entendiendo perfectamente de que hablaba el chico, y Hollie puso los ojos en blanco. Era tan James hacer comentarios así sobre las mujeres, que ya casi que estaba acostumbrada a eso.

En casos así, tanto Albus como Lysander preferían permanecer callados, aunque todos supieran que estaban totalmente de acuerdo con eso. Simplemente guardaban algo de respeto a las chicas o, en ese caso, a la chica presente.

— Y yo creí que ya habían pasado la etapa de babosease con cualquier chica.

— Tú eres una chica y no nos baboseamos contigo. — se burló él, clavando sus ojos marrones en los azules de ella. — Al menos no cuando estás mirando. — agregó en broma, ganándose un puñetazo por parte de la chica que solo consiguió sacarle una carcajada. — Hablando de chicas no-sexualmente-atractivas, ¿Dónde está Rose? Desde que terminó el verano no volví a verla más que en alguna cena.

— Ella… está algo ocupada últimamente. — contestó Lysander, viendo que ninguno de los otros parecía saber qué decir.

— ¿En la primera semana de clases? — preguntó incrédulo y Albus rodó los ojos. A veces le asustaba lo parecido que él y su hermano pensaban. — Vamos, ni siquiera Rose Weasley puede estar ocupada la primera semana de clases. ¡Es su sexto año, se supone que no hacen nada!

— Está algo rara desde que volvimos a Hogwarts. — admitió Lysander. — Desde antes, a decir verdad.

— ¿Estás segura que está así por Lorcan?

— ¿Mi hermano?

— ¿Ustedes también lo saben?

— ¡Scorpius!

Tanto Lysander, Albus y Hollie habían hablado a la vez, provocando que no se entendiese del todo lo que decían.

La chica miraba furiosa a Scorpius, quien no se suponía debía gritar el secreto de la pelirroja en los jardines, mientras que éste observaba intrigado a Albus, quien al parecer también estaba informado del momento de Rose y Lorcan.

— ¿Qué pasó con mi hermano? — insistió Lysander, confundido.

— Él y Rose se besaron. — explicó con simpleza James. — Pensé que solo Albus y yo nos habíamos enterado.

— Rose me contó al otro día y Scor se enteró hoy.

— Yo no tenía idea de nada. — admitió el gemelo, frunciendo aún más su ceño en señal de confusión. — ¿Entonces era él del chico que estaba enamorada el año pasado y no nos quiso decir nada?

Ninguno de los presentes dijo nada. Hollie, Albus y Scorpius sabían, de boca de la misma Rose, que no era Lorcan el gemelo que le gustaba, mientras que James tenía una vaga idea de la realidad. Por más que lo intentara, Rose no podía evitar ser obvia en ciertas cosas y sus primos la conocían demasiado bien.

Sin embargo, ninguno creía prudente comentarle en ese momento que el chico del cual la pelirroja estaba enamorada era él, no su hermano, ya que solo ocasionaría confusión e incomodidad dentro de su grupo. Lys era capaz de lidiar con las burlas y bravuconerías de su hermano sin perder los estribos, pero la cosa sería muy diferente si descubría que a la que consideraba una de sus mejores amigas, tenía un crush con él.

Luego de unos segundos, Albus se encogió de hombros.

— De todas maneras, dudo que el comportamiento de Rose tenga que ver con su beso con Lorcan. Es decir, ella se besó con otros chicos antes. — razonó el oji-verde. — Y en todo caso, no explicaría por qué está tan distante con nosotros.

— Tal vez le da vergüenza. — sugirió Scorpius como sin darle verdadera importancia. — Rose siempre criticó el libertinaje del cual Lorcan abusaba, tal vez siente que estar con él fue una hipocresía.

Las teorías eran pocas, en realidad. Pese a tener un carácter bastante volátil, Rose nunca se había distanciado de ellos, ni siquiera cuando estaba enloquecida intentando aprobar todos sus TIMO's, el año anterior. Ella era del tipo de chica que prefería gritarte durante un rato las cosas y luego olvidar todo, no de las que se calla y aleja. Ese claramente no era el estilo de Rosebud Weasley.

James necesitaba matar tiempo hasta que la clase de sus amigos terminase y pudiese reunirse con ellos, así que aún cuando las suposiciones sobre su prima habían acabado, seguía fuera con ellos. El Sol poco a poco se iba poniendo y los alumnos regresaban al castillo, a prepararse para la cena.

Entre el grupo de chicos que caminaban de regreso al colegio, los chicos distinguieron a Dominique Weasley y Valerie Rossbelt. Sus cabelleras, pelirroja y rubia respectivamente, destacaban entre los demás. Iban hablando animadamente cuando los ojos de la Weasley se cruzaron con los de su primo mayor, consiguiendo sacarle la sonrisa que hasta entonces portaba. Tomando a su amiga del brazo, apuró el paso y desapareció rápidamente detrás de las grandes puertas de roble.

— ¿Tú y Nique están peleados? — cuestionó Albus.

James tenía esa extraña cualidad de llevarse excelente con todos sus primos, incluso con Lucy, que era la que menos querían en la familia, por muy feo que sonase. En realidad, el hijo mayor de Harry Potter se llevaba bien con todo el mundo, pero con sus primas y primos aún más, por lo que era raro que Dominique no se acercase a saludar y, por el contrario, se apresurara en irse.

— Eso creo. ¿Quién las entiende, no? — bromeó el castaño, ganándose un empujón por parte de Hollie y un asentimiento general de los hombres.

— El verano parece haber revolucionado a todos. — meditó Lysander.

Por unos segundos, ninguno dijo nada, analizando lo dicho por el rubio. Tenía completa razón, el verano parecía haberlos cambiado a todos, superficial o profundamente.

— Volviendo al verano, ¿Dónde estuviste la última noche? — preguntó Scorpius, mirando a James.

Después de que ambos rubios pasaran tanto tiempo en casa de los Potter en el verano, James había llegado a trabar una relación con ellos de casi amistad. Con Hollie era diferente, ya que siempre había disfrutado de molestarla, sabiendo que la rubia nunca se enojaría.

— Faltaron tus comentarios fuera de lugar durante la velada. — admitió Northman. — Ni siquiera tus amigos sabían dónde estabas.

— Necesitaba despedir el verano a mi manera. — contestó con socarronería. — Fui a un bar que había visto hacía unas semanas y… créanme, fue la mejor noche de mi vida.

El tonito de superioridad y deleite, les hizo imaginar que nada apto para todo público había pasado en ese lugar.

Albus rodó los ojos, divertido. Podía tener miles de peleas al día con su hermano, pero siempre habían tenido esa facilidad para contarse las cosas entre ellos, más una vez que ambos habían crecido. Su padre le echaba la culpa a que ahora ambos estaban viviendo las mismas cosas y, posiblemente, tuviese razón.

— ¿Dormiste en casa?

— No dormí. — especificó él, con tono obvio. — Me ofende que tengas que preguntar. Aún no estoy seguro de cómo no rompí ese horrendo jarrón que tía Aubrey le regaló a mamá cuando llegue.

Toda la historia era tan James que ninguno necesitó preguntar mucho sobre que había pasado esa noche.

No era la primera vez que el chico simplemente desaparecía en algún bar muggle, lejos de magos que lo pudiesen reconocer por ser el Hijo del Elegido. En esas noches, él parecía olvidarse de todo y simplemente disfrutar tener diecisiete años.

Una vez que el Sol dio paso a la Luna y Hollie comenzó a temblar del frío, los cinco se dispusieron a entrar al castillo. Se separaron en una de las escaleras, ya que James debía ir hacia la izquierda, donde la sala común de los Gryffindor estaba, y los demás hacia la derecha, a la sala común de los Ravenclaw.

La sala común de los leones estaba repleta de alumnos esperando que se hiciera la hora de la cena, pero sus amigos no se encontraban entre ellos. Su cuarto, pese a la intensiva limpieza de los elfos esa mañana, volvía a estar desordenado como siempre: ropa tirada, libros por todos lados y algunos restos de comida. Ni siquiera Kevin, que era el más responsable del grupo, lograba mantener el orden entre sus cosas.

— Natalie estuvo hace un rato preguntando por ti. — informó el susodicho ni bien lo vio entrar.

Estaba tirado en su cama, formando firuletes con la varita distraídamente. Sabía que, de ellos cinco, era el azabache quien más detestaba no poder tener tecnología muggle en Hogwarts. En momentos como ese, donde no había absolutamente nada que pudiese hacer, él también extrañaba los teléfonos celulares o el internet inalámbrico del cual contaba en su casa.

— ¿Dijo que necesitaba?

— Es Tally, James. — Carter, con una toalla alrededor de la cintura y otra en la mano secándose el moreno cabello, lo miró como si pensara que era un estúpido por hacer esa pregunta. — Posiblemente estaba aburrida y decidió echarse un polvo contigo.

Un almohadón rojo pasó volando por la habitación, siendo atrapado velozmente por Carter mientras lanzaba una carcajada.

— Sabes perfectamente que ella no me busca solo para acostarse conmigo. — le recriminó James, pese a estar sonriendo. — Para eso tiene a Kevin. — agregó, ampliando aún más su sonrisa.

— ¡Eh, a mi no me metan! — se defendió el chico de inmediato, levantando levemente el torso. — Tally es nuestra amiga, dejen de hablar así de ella.

Los almohadones no tardaron en volver a volar, esta vez en más cantidad y teniendo como objetivo al moreno de ojos cafés. Las palabras "maricón" y "gobernado" acompañaron los almohadonazos cual gritos de guerra y Kevin solo atinó a cubrirse la cabeza con los brazos.

Sabía que sus amigos conocían a la morena y no pensaban que ella era una chica fácil, pero también sabía que ellos utilizarían cualquier excusa con tal de empezar una pelea, más cuando el aburrimiento abundaba.

Fred entró cuando los tres estaban atrincherados detrás de las camas, con los libros y almohadones como granadas, pero lejos de dar un alto al fuego, corrió hasta su cama y con un accioconvocó su libro de encantamientos. En momentos como esos, agradecía que sus amigos se hubieran olvidado que era hora de madurar y dejar de jugar a la guerra en su cuarto.

Finalmente, había sido Brianne la que había subido a detener todo, sospechando que la razón por la cual aún no habían bajado era algún juego infantil, típico de ellos. La rubia había pedido una retirada inmediata, al tiempo que se cubría por miedo a terminar en medio de algún enfrentamiento.

Abajo, Natalie Beckett, de quien habían estado hablando hacia minutos, esperaba sentada en uno de los sillones. El cabello castaño le caía elegantemente sobre uno de sus hombros, mientras se limaba cuidadosamente las uñas pintadas de rojo. Levantó la vista al escucharlos bajar y clavó su azul mirada en los cuatro chicos. Sus ojos eran varias tonalidades más oscuros que los de su amiga Brianne, aunque tenía un color bastante parecido al azul-grisáceo de Carter.

— ¿Y Alex? — preguntó, dedicándoles una sonrisa radiante a todos.

— Suponemos que ya debe estar abajo. Ya sea de este piso o de alguna chica. — soltó con sorna Carter, logrando que ambas chicas rodaran los ojos y ellos rieran, seguros de que era cierto. — ¿Chloe y Grace?

— Ya bajaron.

— Chloe estaba desesperada por comer algo. — admitió la rubia, sin poder evitar la extrañeza en su voz: Chloe no era una chica exactamente golosa.

Fueron por los pasillos saludando a los alumnos que, como ellos, llegaban tarde a la cena. Chloe Foley y Grace Monroe ya estaban allí, sentadas en una esquina cuando entraron al Gran Comedor.

La chica, una rubia de pelo ondulado por sobre los hombros y unos ojos verdes casi marrones, comía de la fuente de patatas como si la vida se le fuera en ello. Había dejado a un lado el tenedor y las tomaba con la mano, una tras otra, controlando que nadie se atraviese a meter las garras en su fuente. Llevaba una remera roja que se ajustaba perfecto a su cuerpo y hacía notar lo que ella misma consideraba su mejor atributo: sus senos. A diferencia de los demás, ni Chloe ni Tally habían soportado el uniforme y se lo habían sacado a la primera oportunidad.

— ¡Al fin llegaron! — comentó la morena, haciéndose a un lado para que James cupiera allí. — Por un momento temí que Chloe los dejara sin comida.

La aludida le lanzó una mirada ofendida a Grace, pero desaceleró el proceso de tomar-comer-volver a tomar, sabiendo que debía verse muy poco agradable a la vista su repentina ansiedad.

— Juro que moría por algo de comida.

— Lo notamos. — soltó con sorna Fred, recibiendo una patada por debajo de la mesa de parte de la misma rubia.

— ¿Por qué tardaron tanto? — inquirió con ese tonito mandón que a veces podía resultartan irritante.

— Estuvieron jugando a los soldados nuevamente. — se burló Tally, cruzándose de piernas y tomando algo de pollo.

De las cuatro chicas, era Tally la que desplegaba más elegancia y femineidad. No porque las otras tres fueran poco femeninas, sino porque la castaña lo era al extremo. Nunca se la vería desarreglada, sin la capa exacta de maquillaje o con el mismo conjunto dos veces, ya que la imagen era lo más importarte para ella. En ese sentido, compartía mucho con Brianne, aunque la rubia fuera mucho más liberal en ciertos aspectos de su imagen.

Por su parte, Grace y Chloe eran menos perfeccionistas a la hora de vestirse y presentarse. Eran miles las veces que habían visto a la castaña embarrada de pies a cabeza luego de un entrenamiento de Quidditch o usando una sudadera vieja y unos jeans, pese a adorar la ropa de diseñador. Chloe, por su parte, se encargaba de resaltar cada uno de sus atributos, poco importándole si lo que usaba era el último grito de la moda o lo más vanguardista del lugar. Ella buscaba lucir deseable, no fashion.

En cierto modo, las cuatro se complementaban. Tally era la actualidad, Grace era la frescura, Brianne era la sensibilidad y Chloe era el núcleo que las mantenía unida a las cuatro. Si bien ninguna tenía más importancia que la otra, era siempre Chloe la que tomaba la decisión final, con colaboración de las otras tres, o la que ponía fin a las discusiones.

También era la razón por la cual ellas cuatro eran amigas de ellos cinco. Después de todo, si la rubia no se hubiera involucrado carnalmente con Carter en cuarto, Fred nunca hubiera encontrado en Bri a su mejor amiga, James nunca habría entrenado con Grace, descubriendo una excelente compañía en ella, y Kevin nunca hubiera conocido a Tally como la conocía, derribando todos los prejuicios existentes sobre la chica.

Con el tiempo, todos habían ido forjando una amistad increíble, la cual los demás no lograban entender. Para muchos, era imposible entender como ellos podían dormir juntos por la noche y charlar sobre Quidditch por la mañana, sin que haya ningún tipo de sentimiento amoroso de por medio.

— ¿Creen que debería mandarle una carta o esperar a que él me contacte? — preguntó Brianne, mirando especialmente a los chicos. Ya había pasado esos cinco días charlando del tema con sus amigas, pero necesitaba la opinión masculina. — Es decir, tal vez el correo no es igual en Francia.

— Primero y principal, ¿Este Patrick era mago? — cuestionó James, dejando de lado el pastel de chocolate que estaba comiendo. — Porque se te va a complicar comunicarte con él si planea mandarte un mensaje al celular.

— ¡Claro que es mago!— exclamó la chica, poniendo los ojos en blanco. — Seré rubia, pero no hueca. Al menos no taan hueca.

— No sería la primera vez que te quedas esperando las cartas de algún idiota.

Brianne miró sorprendida a su amiga. No era típico de Grace hacer ese tipo de comentarios, menos de esa manera agresiva. Se lo esperaría de Chloe o de Tally, que solían tener un carácter más dominante, pero no de la afable Grace. En ese aspecto, ellas dos estaban cortadas por la misma tijera, como decía el dicho.

Sin embargo, nadie más pareció notar lo raro del comentario de Grace y siguieron formulando teorías de por qué el francés aún no habría contactado a la rubia.

James pensaba que en realidad Patrick estaba casado y tenía dos hijos, pero no había querido decírselo. Carter opinaba que, posiblemente, hubiera encontrado otra rubia inglesa que lo satisfaga. Kevin, intentando ocultar el tono bromista de su voz, afirmaba que tal vez las cartas se habían perdido o alguien las había robado, consiguiendo que Carter exclame "¡Como en Diario de una pasión" y los chicos lo miraran raro. Fred, por su parte, optó por el engaño piadoso que siempre lo caracterizaba cuando de su Brianne y otros chicos se trataba, y aseguró que posiblemente Patrick estuviera nervioso y no supiera qué escribirle.

— Es que les juro que él es mi alma gemela… — aseguraba la rubia, mientras subían las escaleras hacía el séptimo piso.

— Bri, lo digo en serio. — Chloe se paró frente a su amiga y la tomó de los hombros, frenando su marcha y la de todos los que venían detrás. — Si no dejas de repetir que tan perfectos eran juntos, me veré obligada a robar tu varita y hechizarte para que no puedas hablar por todo el año. ¿Entendido?

Con algo de temor, porque la chica era conocida por cumplir todas y cada una de sus promesas, Jareau asintió, moviendo simplemente la cabeza. Solo una vez que ambas rubias se habían entendido, Chloe permitió que todos siguieran caminando.

De haber sido otra la que frenara la marcha de esa manera, posiblemente hubiera obtenido varias quejas de los alumnos. Pero todos en Gryffindor sabían que no era prudente discutir o contradecir de alguna manera a Foley.

Alex llegó a la habitación de los chicos de séptimo a eso de las cinco de la mañana, golpeándose con uno de los baúles y maldiciendo por lo bajo. De no estar tan concentrado en llegar a la cama, hubiese notado que no era el único despierto: esos últimos días, sus amigos parecían estar teniendo algunos problemas a la hora de conciliar el sueño.