El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
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Vamos a montar a caballo
Kagome se levantó temprano esa mañana por culpa de un molesto grito. Frotándose los ojos, salió de la cama y siguió el ruido, todavía en pijama: pantalones blancos de algodón con un estampado de flores y una camiseta negra sin mangas. Fue hacia el salón y le divirtió bastante encontrarse a Ayame y a Sango intentando cuidar de sus hijas.
—¡QUIERO TORTITAS DE ARÁNDANOS! —chilló Hikari. Ayame gruñó.
—Kari, cariño, aquí no tienen tortitas de arándanos.
Las lágrimas bajaban por la cara de Hikari, a Kagome le atravesó una punzada de dolor mientras se dirigía hacia Hikari y la cogía en brazos. Ai, que estaba observando todo el incidente, ladeó la cabeza, preguntándose qué iba a hacer su mamá.
—Hikari, cariño —susurró Kagome en el oído de la pequeña. Ésta miró a Kagome sorbiéndose la nariz.
—Aquí no hay arándanos pero ¿qué te parece si vamos a molestar al tío Inu cuando se despierte para que nos lleve a montar a caballo? Si comes lo que te dé mami, te prometo que haré que el tío Inu nos deje montar en los caballos grandes en vez de en los ponis. ¿Te parece bien?
Contemplando lo que acababa de decir Kagome, Hikari se secó las lágrimas y le sonrió mostrando los dientes.
—¡Vale!
Suspirando agradecida, Ayame cogió a Hikari de los brazos de Kagome y le dio unas palmaditas en la espalda.
—¿Ves? Ésa es la niña de mamá. Qué te parece si os hago a Ai y a ti una torrija. —Ayame sonrió al mirar a Ai—. ¿Os gustaría?
—¡Sí, por favor! —chilló Ai mientras sostenía la mano libre de Ayame y la joven condujo a las dos niñas a la cocina. Al lado de su mejor amiga, Sango sonrió.
—No deberías mentirles a los niños pequeños, Kagome.
Bufando, Kagome le dio un puñetazo en broma a Sango.
—¿Quién dijo que estuviera mintiendo? Pretendo hacer que Inuyasha nos lleve a montar a caballo. ¿Qué tenéis planeado hacer hoy?
—Aparentemente, según el señor Lin y el señor Lang, ¿te has dado cuenta de que sus apellidos son muy parecidos? En fin, los chicos me dijeron que Asakura los había llamado para una próxima reunión con el Dr. Miroku y el técnico de software, Kouga. Asakura también llamó a Inuyasha pero él no quería conducir a propósito durante cuatro horas hasta su casa para una reunión que sólo consumiría dos horas de su día.
—¿Así que Inuyasha no va a ir pero vosotros sí? —Kagome alzó una ceja y Sango asintió.
—Exacto. Miroku y Kouga informarán a Inuyasha cuando volvamos. No tengo ni idea de cuánto nos llevará, pero asumo que lo suficiente para que Inuyasha y tú cuidéis de Ai y Hikari.
Resoplando, Kagome se cruzó de brazos.
—Por alguna razón me siento como hubierais planeado dejarnos a mí y a Inuyasha a solas con dos niñas que todavía no han alcanzado la pubertad.
Sango puso los ojos en blanco.
—Oh cielos no, niña. Sólo necesito este favor, ya conoces a Miroku y a Kouga. Nunca van a ninguna parte sin sus mujeres.
—Amén. —Kagome soltó una risita y Ayame salió en ese momento de la cocina.
—Bueno, Ai y Hikari están comiendo torrijas felizmente, lo que nos da tiempo para prepararnos para la visita a Asakura.
—Oh, honestamente, ¡poneos unos vaqueros! ¡Esto no es un baile, sólo es una reunión! —Kagome puso los ojos en blanco y Sango se rió.
—Sí, pero Asakura está tan acostumbrado a que llevemos vestidos que juraría que le daría un ataque al corazón si apareciéramos con pantalones vaqueros cortos y una camiseta sin mangas. —Ayame sonrió con suficiencia.
—¿Quién demonios os ha dicho que llevéis una camiseta sin mangas? ¡Oh, qué más da! Preparaos, ancianitas, yo tengo dos niñas que cuidar. —Kagome les guiñó un ojo y se fue. Rápida como el rayo, Ayame le dio a Kagome una palmadita en el culo, quien a cambio chilló, se dio la vuelta y les sacó la lengua a sus dos mejores amigas antes de correr hacia la cocina.
—Tiene tanto espíritu. —Sango soltó una risita y Ayame se cruzó de brazos.
—Definitivamente, cuando se case, su marido debería sentirse afortunado. Es difícil encontrar chicas como ella.
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Después de despedir a sus padres con un movimiento de la mano, Ai y Hikari volvieron dentro mientras Kagome cerraba la puerta detrás de ellas. Inuyasha estaba sentado en el sofá y Ai saltó a su regazo, acurrucándose contra su tío Inu.
—¿Y ahora qué hacemos, mamá? —Ai arqueó una ceja en dirección a su madrina, que se sentó en el sillón con Hikari en el regazo.
—Bueno, le prometí a Hikari… —Kagome dejó su frase en el aire y Hikari le dio un húmedo beso en la mejilla. Riéndose por lo bajo, Kagome abrazó fuertemente a Hikari antes de darle un beso en la frente. Inuyasha arqueó ambas cejas, divertido.
—¿Qué le prometiste a Hikari?
—Que te haría llevarnos hoy a montar a caballo.
Divertido por las tres niñas que estaban sentadas con él, Inuyasha jugó con los dedos de Ai, todavía con la mirada fija en Kagome.
—Si no hubieras hecho ya el plan de obligarme a que os lleve a montar a caballo, os habría enseñado mi castillo secreto.
Al captar el brillo pícaro en los ojos de Inuyasha, Kagome ahogó una exclamación, siguiéndole la corriente.
—¡¿Castillo?
Ai y Hikari abrieron desmesuradamente los ojos.
—¿Ahí vive una princesa, tío Inu?
Inuyasha asintió, dirigiéndoles una amplia sonrisa.
Es la primera vez que le veo sonreír… Anotó Kagome para sus adentros mientras Inuyasha continuaba entreteniendo a las dos niñas.
—Pues sí, hay una que vive en mi castillo. Y también hay un príncipe viviendo con ella, pero los dos se sienten solos. Ayer mismo la princesa me estaba pidiendo que llevara a Ai y a Hikari al castillo.
—¡¿En serio? —dijeron asombradas las dos niñas al unísono. Dirigiéndole a Kagome un pequeño asentimiento, Inuyasha le guiñó un ojo Hikari que estaba sentada en el regazo de Kagome.
—Sí. Apuesto a que a la princesa le encantaría que le hicierais una visita, pero como hoy vamos a ir a montar a caballo…
—¡Iremos mañana a ver a la princesa! —Kagome sonrió—. Le llevaremos un picnic y podremos comer todos juntos, y con el príncipe también. ¿Qué os parece? Además, Kyo, Ichiro y Kasumi van a venir por la noche, así que podremos tener un gran festín con, —Le tocó a Hikari juguetonamente en la mejilla—, tortitas de arándanos.
—¡¿EN SERIO? —volvieron a gritar las dos niñas e Inuyasha se rió a carcajadas.
Es la primera vez que le veo reírse. Añadió Kagome a su nota mental.
—Sí. Ahora, vamos a poneros ropa apropiada para que os pueda enseñar mi playa privada.
Saliendo disparadas de sus agarres, las niñas corrieron hasta la mitad de las escaleras antes de que Ai se diera la vuelta.
—¡Rápido, mamá! Tienes que ayudarnos a elegir la ropa.
—Ya voy, cariño —dijo Kagome, levantándose junto a Inuyasha. Las chicas desaparecieron escaleras arriba y Kagome alzó una ceja en dirección a Inuyasha.
—¿Castillo? ¿Princesa? Explícame cómo vas a hacer esto.
Mientras se encogía de hombros, Inuyasha tenía una pequeña sonrisa en los labios y Kagome notó, una vez más, que seguía sonriendo.
—El castillo permanecerá en secreto pero tengo los disfraces de Halloween que llevaron Miroku y Sango el año pasado… princesa y príncipe.
—Oh, no me digas que… —A Kagome le entró la risa e Inuyasha asintió.
—Princesa Kagome y príncipe Inuyasha. Suena bien, ¿no crees?
Estaba tomándole el pelo. Seguía sonriendo. Demonios, incluso estaba riéndose. Evidentemente era otra persona cuando no había otros adultos cerca. Con las niñas, parecía más paternal, más cálido incluso.
—¡KAGI! —gritó Hikari y Kagome le sonrió a modo de disculpa a Inuyasha.
—¡YA VOY, CARIÑO! —le gritó y se excusó. En el segundo escalón, se dio la vuelta y le guiñó un ojo a Inuyasha.
—¿Sabes? No eres ese gran esnob por el que te tomé.
Riéndose entre dientes, se cruzó de brazos.
—Yo sigo pensando que eres una niña. Por lo tanto, de momento yo gano la apuesta.
Sin dejar siquiera que le afectara, se rió antes de subir corriendo las escaleras. Pasándose los dedos por el pelo, admitió para sus adentros que era impresionante volver a reír y bromear con otra gente. Sólo se privaba de todo sentimiento porque los sentimientos demostraban ser una debilidad.
Demonios, él ni siquiera se reía con su novia y aquí estaba, riéndose con una extraña.
Con una extraña no, pensó mientras se dirigía a su habitación para prepararse.
Higurashi Kagome.
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Mientras se dirigían a los establos, Inuyasha se metió el móvil en el bolsillo, caminaba a un ritmo constante al lado de Kagome. Sonriéndole, Kagome miró por encima de su hombro y vio a las dos niñas andando detrás de ellos.
—¡No os rezaguéis! No quiero enviar una partida de búsqueda por la propiedad de Inuyasha —dijo Kagome en un tono bastante maternal, haciendo que las niñas aceleraran el paso. Inuyasha rodeó traviesamente la cintura de Kagome con su brazo, haciendo que se sobresaltara un poco.
—Bueno, mi amog —dijo con acento francés—, cuando las niñas se vayan a dogmig, pourquoi tú y yo no tenemos un poco de le… ¿cómo se dise? ¿La diversión?
Estallando en carcajadas, Kagome echó la cabeza hacia atrás al oír que Inuyasha intentaba hablar japonés y francés al mismo tiempo. Su agarre seguía sobre su cintura y él se rió al oír su melódica risa resonando en los establos.
—¿Dónde aprendiste eso? —Kagome arqueó una ceja, no notando realmente que su brazo seguía alrededor de su cintura.
—Cuando se tienen negocios con clientes de todo el mundo, se aprenden idiomas. ¿Por qué? ¿Quieres oírme hablando en italiano? —Inuyasha sonrió y Kagome admitió para sus adentros que su sonrisa era reconfortante. La sinceridad enlazaba con un deseo sexual, sus labios que parecían esculpidos se sumaban a la perfección de su complexión.
—¡No, gracias! —Kagome sonrió cuando llegaron a los caballos. Dos caballos de aspecto gallardo ya estaban herrados y preparados, uno era marrón y el otro era blanco, ambos tenían la melena brillante y recién peinada.
—¿Sabes montar? —Inuyasha arqueó una ceja y Kagome asintió.
—Sí. Mi abuela tenía un rancho y yo iba todos los veranos cuando era niña —dijo Kagome mientras elegía el caballo blanco.
—Tyna, te presento a Kagome. Kagome, la yegua que has escogido, Tyna.
Kagome susurraba mientras acariciaba la melena de Tyna. El caballo parpadeó con ojos inocentes mientras relinchaba y se inclinaba en su toque. Al saludar al suyo, Inuyasha jugó con el pelaje del gran caballo marrón que tenía delante.
—Stallion —le dijo a Kagome, que lo estaba observando. Asintiendo, los dos sacaron los caballos del establo con Ai y Hikari detrás de ellos. Los caballos estaban listos y tanto Kagome como Inuyasha agarraron los arreos mientras se giraban hacia Ai y Hikari.
—No tenéis vuestro propio caballo porque no me puedo permitir que montéis solas —dijo Inuyasha con severidad—. Escoged y podréis montar con uno de nosotros.
—¡Yo escojo al tío Inu! —chilló Hikari corriendo hacia Inuyasha.
—De todos modos, yo quería a mamá. —Ai puso los ojos en blanco. Riendo, Kagome levantó a la niña y la puso en la silla antes de subir ella. Mientras se colocaba, Inuyasha montó en Stallion y agarró los arreos.
—Sígame, milady. —Les guiñó un ojo a Ai y a Kagome antes de poner a Stallion al trote lento. Poniendo los ojos en blanco, Kagome lo siguió a paso lento. Ai se estaba sujetando a la melena de Tyna y chillaba cada vez que Kagome hacía que Tyna fuera un poco más rápido. Inuyasha redujo un poco la velocidad de forma que Kagome y él estuvieran al lado mientras montaban.
—¿Todo esto es de tu propiedad? —Kagome arqueó una ceja mientras lo miraba.
Inuyasha asintió.
—Sí, se extiende por unas cuantas hectáreas… En realidad no estoy seguro de lo grande que es. Mi padre lo amplió hace unos años.
—Oh… pero sabes dónde está tu playa, ¿no?
—Por supuesto. —Puso los ojos en blanco—. Sólo porque no sepa lo grande que es esta mie… este sitio, —Kagome le lanzó una mirada fulminante porque sabía que iba a decir mierda—, no significa no sepa dónde están mi playa y mis cosas.
—Buenos reflejos, Casanova. —Kagome puso los ojos en blanco e Inuyasha e rió por lo bajo. Al mirar a Ai, los ojos de Inuyasha se avivaron.
—¿Quieres ir más rápido, Ai?
Chillando, Ai asintió e Inuyasha miró a Kagome.
—Simplemente sigue hacia el norte hasta que llegues a una pequeña cascada de piedra… gira a la izquierda y ve todo recto hasta que llegues a la playa. Asegúrate de que Ai se agarre bien durante toda la carrera.
—Puedo cuidar de mi propia ahijada, muchas gracias.
—Sólo me aseguraba. —Inuyasha se encogió de hombros y se aseguró de que Hikari se agarrara fuerte. Tyna y Stallion se detuvieron.
—En sus marcas —dijo Inuyasha lentamente.
—Listos. —La mirada de Kagome se clavó en la de Inuyasha…
—¡YA! —chillaron Ai y Hikari, e Inuyasha y Kagome gruñeron al mismo tiempo, empezando una rápida carrera. Tyna iba en cabeza y Ai gritaba de emoción. Agarrándose fuerte a los arreos, Kagome giró ligeramente a Tyna hacia la izquierda, bloqueando el camino de Inuyasha, evitando que le adelantara.
—¡MÁS RÁPIDO, MAMÁ! —dijo Ai en ese momento de emoción.
—¡MÁS RÁPIDO, TÍO INU! ¡MÁS RÁPIDOOOOOOO! —animó Hikari e Inuyasha saltó una valla que estaba en medio del campo.
—¿¡¿VALLA? —bramó Kagome e Inuyasha sonrió.
—¡Hay vallas desperdigadas para mis caballos! —explicó mientras tomaba la delantera, por delante de Tyna. Stallion relinchó, como si se mofara de Tyna y, de algún modo, Kagome supo que la yegua que montaba estaba enfadada.
—¡AI AGÁRRATEEEEEEEEEE! —Kagome fue más rápido, intentando mantener el control de Tyna, su risa resonaba por el bosque. Inuyasha picó a Stallion, asegurándose de que tenía control sobre el caballo, de que Kagome tenía control sobre el suyo y de que Hikari estaba colocada de forma segura en Stallion.
—¡IZQUIERDA¡ ¡MAMÁ, LA FUENTE! ¡IZQUIERDAAAAA! —chilló Ai y Kagome giró bruscamente a la izquierda, poniéndose detrás de Inuyasha en un camino estrecho.
—¿Y ahora cómo nos ponemos delante de ellos? —susurró Ai y Kagome le dirigió una mirada conocedora.
—Tú mira a los profesionales, cariño —le susurró Kagome en respuesta. Deteniendo a Tyna lo más silenciosamente que pudo, Kagome susurró algo en el oído de Ai y su ahijada asintió.
—¡INUYASHA! —chilló Kagome y saltó rápidamente del caballo, llevándose a Ai con ella. Ai se tiró al suelo y se restregó tierra en las mejillas y compuso una expresión de dolor.
Stallion se detuvo e Inuyasha giró la cabeza.
—¿QUÉ?
—¡AI SE CAYÓ!
Palideciendo, Inuyasha se bajó de un salto de Stallion con Hikari en sus brazos y corrió hacia Kagome y Ai. Ai gimió lo mejor que pudo y, en opinión de Kagome, fue bastante realista. Inclinándose sobre su ahijada, Kagome sostuvo suavemente la mano de Ai.
—¡Cariño! Oh Dios mío, ¿estás bien? —Kagome sollozó con el mayor realismo que pudo.
—Mamá… —gimió Ai, las lágrimas se formaban en sus ojos. Inuyasha llegó, sus ojos estaban llenos de preocupación y Kagome no pudo evitar sentirse culpable por hacer un truco tan sucio.
—Ven aquí, cariño —susurró Kagome mientras levantaba a Ai. Mientras se acomodaba en los brazos de Kagome, ésta empezó a caminar.
—¿Adónde vas? —preguntó Inuyasha mientras caminaba lentamente detrás de Kagome.
—Asumo que estamos más cerca de la playa que de tu casa. Quiero lavar a Ai y luego puede que volver en el caballo —dijo Kagome e Inuyasha asintió, comprendiendo.
—¿Está bien? Deja que la lleve yo… —se ofreció mientras Hikari le agarraba la mano, preocupada por su mejor amiga.
—No, creo que estamos bien… —dijo Kagome. Llegaron a donde Stallion esperaba pacientemente y, a la velocidad del rayo, Kagome montó sobre Stallion con Ai todavía en sus brazos.
Mudo de asombro, Inuyasha permaneció con Hikari mientras Ai miraba por encima del hombro de Kagome y les sacaba la lengua.
—¡HASTA LUEGO, PERDEDORES! —Kagome sonrió mientras empezaba a montar a Stallion, haciendo que el caballo fuera más rápido. Ai se sentó agarrándose a Kagome e Inuyasha parpadeó varias veces.
—¿Acaban de…? Dime que estoy soñando, Hikari.
—No estás soñando tío Inu… acaban de… hacer trampa —dijo Hikari en el mismo tono que había usado Inuyasha.
—¡VOY A COGER A ESA MUCHACHA! —bramó mientras montaba a Hikari encima de Tyna y hacía que el caballo empezara a correr antes de montar siquiera. Subiéndose en Tyna mientras ella corría, Inuyasha vio a Stallion delante y supo que no sería capaz de ganarle.
Aun así, valía la pena intentarlo.
—¡VUELVE AQUÍ, MUCHACHA! —bramó con voz traviesa mientras Kagome levantaba una mano y saludaba.
—¡EN TUS SUEÑOS, TAKAHASHI! —bromeó y el caballo empezó a correr por la arena. Inuyasha hizo que Tyna fuera más rápido, pero gruñó cuando Kagome llegó al agua.
La playa era majestuosamente hermosa. El bosque rodeaba la arena y el agua yacía donde estaba la arena. Extendiéndose en el horizonte, el agua parecía ser infinita. Kagome vio un columpio de rueda cerca de una zona de acantilados, así que guio a Stallion para que fuera hacia allí. Al dirigirse al este, Kagome encontró un pequeño sendero y condujo lentamente al caballo por allí.
—¿Adónde vas? —preguntó Inuyasha cuando se puso detrás de ella.
—A un sitio donde no están invitados los perdedores —bromeó Kagome.
—Te voy a dar por haber hecho trampa —gruñó y Kagome simplemente puso los ojos en blanco. Al llegar a lo alto del acantilado, Kagome bajó de Stallion y ayudó a bajar a Ai. Lo que ellas no sabían era que Inuyasha y Hikari las seguían de cerca.
—Hay un gran trecho hasta abajo, mamá —murmuró Ai mientras Kagome alzaba la mirada hacia el columpio de rueda que estaba a su lado.
—Bueno, parece que al tío Inu le gusta saltar de acantilados.
Ai soltó una risita y las dos permanecieron mirando hacia abajo, sin saber lo que pasaba detrás de ellas.
Inuyasha alzó tres dedos mientras se ponía en cuclillas detrás de Kagome.
Hikari alzó un dedo.
Inuyasha, dos dedos.
—¡TRES! —gritaron mientras empujaban a Kagome. Con los ojos abiertos como platos, Kagome perdió el equilibrio y cayó por el borde, dirigiéndose directamente hacia el agua. Riendo, Hikari chocó los cinco con Inuyasha.
—¡MAMÁ NO SABE NADAR! —gritó Ai, lágrimas de verdad bajaban ahora por sus mejillas al ver a Kagome caer al agua.
—Sí, claro. —Inuyasha puso los ojos en blanco—. Probablemente sea otra bro… —Sintió que Ai lo empujaba y después bajó corriendo por el sendero por el que habían venido.
—¡AI! —bramó Inuyasha. Inuyasha y Hikari corrieron detrás de Ai cuando llegó a la playa. El sitio donde Kagome había caído (ya que el acantilado se elevaba sobre el agua) estaba en calma.
—¡MAMÁ! —Se le saltaban las lágrimas al querer correr hacia el agua, pero no era muy buena nadadora.
—¡MAMÁÁÁÁÁ! —chilló, le dolía al hablar. Cuando Inuyasha llegó a la playa, sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver que Kagome emergía, sus manos se sacudían antes de volver a hundirse.
—¡OH, MIERDA! —gruñó mientras corría hacia el agua y empezaba a nadar hacia donde estaba. Al llegar justo donde Kagome había caído, Inuyasha respiró hondo y se zambulló bajo el agua. Miró a su alrededor y vio débilmente a Kagome cerca de las aguas subterráneas. Al bucear más profundamente, consiguió agarrar a Kagome por la cintura antes subirla a la superficie.
No reaccionaba.
Gruñendo para sus adentros ante su estupidez, volvió nadando rápidamente a la orilla donde Ai estaba llorando, abrazando a Hikari.
—¡Moveos! —ordenó y las niñas retrocedieron un par de pasos. Colocó a Kagome en la arena, le abrió la boca y le dio aire, boca a boca. Ignorando la sacudida que recorrió su cuerpo cuando sus labios tocaron los de ella, se apartó y le hizo quince compresiones en el pecho.
Volvió a bajar la cabeza y esperó a ver si estaba respirando. No respiraba. Una vez más, le dio aire tres veces en la boca antes de hacer quince compresiones en el pecho.
Todavía nada.
Inuyasha repitió el proceso hasta que finalmente Kagome tosió agua. Gritando de alegría, Ai abrazó todavía más fuerte a Hikari.
—¿Estás bien? —susurró Inuyasha, apartándole unos mechones de los ojos. Kagome se obligó a incorporarse, fulminándolo con la mirada.
—Gracias por casi matarme —siseó antes de volver a empezar a toser.
—No sabía que no supieras nadar —susurró suavemente, su voz estaba llena de emociones. Kagome fijó la mirada en él por un momento y se estiró para abrazarlo con fuerza.
—Pero gracias por salvarme —murmuró dolorida. Inuyasha intentó calmarla frotándole la espalda de arriba abajo con su mano. Durante todo el día había estado bromeando con las niñas con esta mujer, había estado jugando con esta mujer, había estado riendo y sonriendo con esta mujer y ahora, había echado una carrera con esta mujer.
Todas las cosas que Kikyo nunca quería hacer con él. Se sentía realmente culpable por haber empujado a Kagome y seguía frotándole la espalda.
—Lo siento —susurró—, si lo hubiera sabido no lo habría hecho.
Kagome deshizo el abrazo sonriendo levemente.
—No pasa nada. No lo sabías… los accidentes pasan.
—Eso casi te mata, muchacha. —Inuyasha puso los ojos en blanco y Kagome lo fulminó con la mirada. Ai y Hikari corrieron hacia ellos y abrazaron a Kagome.
—Perdón por empujarte, Kagi —sollozó Hikari y Kagome sonrió, abrazando a las niñas. Mientras Kagome las abrazaba, Inuyasha se levantó, sacó su móvil de su bolsillo y frunció el ceño mientras lo agitaba. Lo abrió y se alegró de que el teléfono tuviera seguro. Al ver que tenía rayas de cobertura, intentó llamar a casa.
La recepción, a pesar de tener todas las rayas, era bastante mala.
—¿Ho-Hola? —crepitó una voz.
—Seas quien seas, manda a dos jinetes a la playa en un caballo. —Inuyasha esperaba que estuviera claro lo que había dicho porque colgó inmediatamente después. Se giró hacia Kagome, y al sentarse en el suelo Ai se subió a su regazo.
—¿Estás bien, Kagome?
—Estoy bien, deja de preocuparte. —Le sonrió y él no pudo evitarlo.
Quería besarla…
—He llamado a un jinete para que venga a llevarse a las niñas, tú vuelves conmigo.
—¿Eh?
—Sin discusiones —terminó con la conversación y a Kagome le entraron ganas de golpearlo. Diez minutos después, llegaron dos jinetes sobre un caballo e Inuyasha les ordenó que uno llevara a Ai en el caballo que había venido con ellos y que el otro se llevara a Hikari con Tyna. Inuyasha llevaría a Kagome en Stallion.
Obedeciendo sus órdenes, las niñas y los jinetes fueron a sus respectivos caballos y se dirigieron de vuelta a casa.
—Necesito un móvil nuevo —susurró Inuyasha mientras se levantaba con Kagome. Se inclinó sin previo aviso y cogió a Kagome en brazos al estilo nupcial, haciendo que chillara.
—¡Inuyasha!
—Shhh —dijo con voz tranquilizadora. Kagome sintió que su corazón latía lentamente detrás de su camisa y sintió que se sonrojaba ligeramente. Al volver con Stallion, Inuyasha ayudó a Kagome a montar de lado. Inuyasha subió en Stallion detrás de ella.
—No voy a dejar que una chica que ha vivido una experiencia cercana a la muerte vuelva cabalgando sola. Especialmente si esa experiencia cercana a la muerte fue por mi culpa.
—¡Deja de sentirte culpable! —le ordenó pero él se encogió de hombros.
—No puedo evitarlo.
Al rodearla con los brazos, cogió lo arreos y empezó un lento trote. Fatigada por los sucesos del día, Kagome no tuvo ni idea de cuándo cayó su cabeza contra el pecho de Inuyasha, no tuvo ni idea de cuándo se quedó dormida.
Tampoco tuvo idea de cuándo la llevó Inuyasha hasta su habitación. No tuvo ni idea de cuándo le sacaron la ropa mojada los sirvientes y definitivamente no tuvo ni idea de cuándo la arropó Inuyasha…
Y sobre todo, ella no tuvo ni idea de que le había dado un beso en la frente antes de salir silenciosamente de la habitación.
Inuyasha acababa de probar por primera vez el sabor del amor verdadero…
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No me matéis, sólo estuve un poco vaga y por lo tanto no pude actualizar antes. Aquí os dejo este capítulo. Como siempre, espero vuestros comentarios y agradezco mucho a los que los dejaron en el anterior capítulo.
Hasta pronto.
