El sabor del amor
Kagome huyó de su exigente familia y se encontró directamente en los brazos de Takahashi Inuyasha. Viéndose envuelta en su mundo, le resulta difícil irse ya que ha degustado, por primera vez, el sabor del amor.
Disclaimer: Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Rangos de edad: Kagome – 20, Sango – 22, Miroku – 25, Inuyasha – 26
-x-
Descubierta
—¿Qué habéis hecho hoy? —preguntó Sango ese día en la cena. Ai, Hikari, Kyo, Ichiro y Kasumi estaban en la sala de juegos donde tenían la comida y una de las sirvientas los cuidaba mientras los adultos cenaban en el comedor. Inuyasha estaba en la cabecera de la mesa con Kagome a su derecha. Ese era el sitio donde se sentaba la mujer del Señor.
Cualquiera pensaría que sería Kikyo quien se sentase ahí pero, aparentemente, no era el caso.
Kikyo estaba en la misma fila que Kagome, solo que era la última. Entre Kagome y Kikyo estaban Miroku, Sango, Daichi y Ayumi. Al otro lado de la mesa estaban Ayame, Kouga, Yuka, Hayabusa, Eri y Hojo.
—Llevamos a los niños a la casa del árbol de Inuyasha —dijo Kagome antes de meterse una buena porción de espaguetis en la boca.
—¿La que construimos tu hermano y yo el año pasado? —Miroku arqueó una ceja e Inuyasha asintió, sorbiendo su vino tinto.
—¿Cómo conseguiste que los llevara? —Sango arqueó una ceja alegremente—. Él nunca está dispuesto a llevar a los niños a esa casa del árbol. Aparentemente es inútil.
—¿En serio? —Kagome alzó una ceja—. Fue él quien se ofreció llevarnos. Nos pusimos vuestros disfraces de Halloween del año pasado y actuamos para los niños. Parece ser que somos el príncipe y la princesa del país de Shikon. A Ichiro pareció gustarle mucho, Yuka. —Kagome le sonrió a su amiga, que soltó una risita.
—A Ichiro le encanta todo lo que tenga que ver con la época medieval. La Europa medieval, el Japón medieval, ¡todo!
—Al menos él muestra interés por algo —dijo Eri mirando a su amiga—. ¡Kyo tiene dos años más que Ichiro y no le interesa nada! Intenta hacer lo que hacen las chicas, pero Ai y Hikari son chicas a las que no les van a gustar los Matchbox ni nada parecido de esa marca.
—Tú espera —Daichi sonrió—. Van a empezar a robar el maquillaje de Ayame y Sango y empezarán a arreglarse la una a la otra. Sólo se llevan, ¿cuánto? ¿Dos meses?
Hojo asintió.
—Sí. Ai y Hikari se llevan dos meses, pero Eri tiene razón —dijo mirando a su esposa—. Kyo no tiene absolutamente ningún interés por nada.
—Apuntadlo a algún deporte —sugirió Kagome—, fútbol, hockey… cualquier cosa que lo active y, si muestra interés por algo, animadlo a que le guste.
—Le gusta golpear cosas… —murmuró Eri un poco avergonzada, e Inuyasha puso los ojos en blanco.
—Apuntadlo a algo que le haga golpear cosas. El hockey es una opción… o ¿boxeo para niños? —Inuyasha alzó una ceja y Kagome le dio una patada por debajo de la mesa, haciendo que le lanzara una mirada divertida.
—Seré yo quien haga boxeo contigo si vuelves a sugerir algo tan estúpido.
—¡Que Kyo haga boxeo no es estúpido! —se defendió Inuyasha y Kagome puso los ojos en blanco.
—¡Que Kyo haga boxeo es como hacer que Miroku deje su costumbre de ser el médico más pervertido sobre la faz de la tierra!
Miroku ahogó un grito en broma.
—Eso es muy serio, señorita Kagome.
—Exacto.
—¡Oh! —Ayumi chasqueó los dedos—. Mientras jugabais con los niños Ken Asakura volvió a llamar. Quería que fuéramos a otra fiesta mañana. Es en la finca Byakuya y se supone que tenemos que ir.
—Ese tipo da demasiadas fiestas. —Inuyasha puso los ojos en blanco—. ¿Vamos a ir?
—Eso parece. —Sango asintió—. Ken quiere que Kagome también vaya, ya que sabe que tú vas a llevar a Kikyo.
Inuyasha, por un momento, se había olvidado de que Kikyo era su novia. Todo el día le había parecido que… era Kagome… Asintiendo como si no le pasara nada, confirmó lo que acababa de decir Sango.
—Claro… la finca Byakuya no está lejos de aquí.
—Tres horas, tío —gruñó Kouga—. No quiero estar sentado en un maldito coche durante tres horas.
—Son negocios, tío. —Miroku le sonrió a Kouga, que gruñó.
—¿Kanna va a volver a cuidar de los niños? —Hayabusa alzó una ceja e Inuyasha asintió.
—¿Quién va a hacerlo si no? Le diré que esta vez traiga también a Rin —dijo Inuyasha—. Ai y Rin se llevan bastante bien.
—Kagome —Sango se volvió hacia su mejor amiga—, Kohaku va a ir a Japón la semana que viene y se preguntaba si podría quedarse en casa de Sou… de tu hermano… —Sango se interrumpió antes de decir Souta. Si decía ese nombre, la identidad de Kagome se descubriría.
Kagome asintió.
—Bien. ¿Pero crees que mis padres dejarán que Kohaku se quede? Digo… con nuestros problemas familiares…
—Oh, sí —Ayame puso los ojos en blanco—. Conozco a tus padres. Acogerán a Kohaku y todo eso. —Y con eso, Ayame abrió los ojos como platos—. Mierda, ¿Kohaku lo sabe?
Sango negó con la cabeza.
—Nah, no tiene ni idea.
—Bien —murmuró Kagome mientras volvía a sus fideos. Inuyasha, Kikyo, Ayumi, Eri y Yuka estaban confundidos, pero Kouga y Miroku tenían expresiones solemnes. El hecho de que el estilo de vida de Kagome siguiera persiguiéndola, incluso en Hong Kong, les preocupaba. Era una mujer de 20 años, con mucha fuerza de voluntad y muy apta para muchas cosas. El por qué su familia, en concreto su padre, exigiría algo tan desagradecido como que se casara con Naraku Onigumo era incomprensible para ellos, pero Miroku y Kouga habían hecho un pacto de silencio: si alguien obligaba alguna vez a Kagome a hacer algo, le patearían el culo.
—¿Entonces esta vez vienes, Kikyo? —Miroku se volvió hacia la apenas vestida estrella del porno. Kikyo resopló.
—¡Por supuesto! ¡Como si fuera a abandonar alguna vez a mi pequeñín!
Kouga se inclinó hacia Miroku.
—No hubo nada que se lo impidiera la última vez —susurró y Miroku se rió en voz baja. Poniendo los ojos en blanco, Sango se inclinó hacia Kagome.
—Kikyo es la razón principal por la que Miroku dejó el porno. De algún modo la aprecio.
Intentando evitar que se le atragantaran los espaguetis, Kagome trató de reírse y tragar al mismo tiempo, lo cual sonó bastante raro. Sango estalló en carcajadas y Ayame meneó la cabeza.
—¿Veis lo que tengo que aguantar todos los días? —bromeó Ayame y Kagome le lanzó una mirada de diversión.
—¡Tú me amas!
—Si eso es lo que quieres creer, adelante.
—¡Vuelve a decir eso y te lanzo una albóndiga a la cabeza! —soltó Kagome y Ayame sonrió.
—¡No te atreverías! Te asusta no acertar. Asúmelo Kagome, no tienes buena coordinación mano-ojo.
—Triste, pero cierto. —Kagome soltó una risita. Inuyasha terminó de comer y se levantó, disculpándose. Al ver que su novio se levantaba, Kikyo apartó su plato a un lado y saltó de su silla para ir corriendo detrás de Inuyasha. Kagome tragó saliva, riendo nerviosamente mientras todos continuaban con sus conversaciones.
Asumo que va a ir a hablar con él sobre el beso que nos dimos hoy…
-x-
—¡INUYASHA! —gritó Kikyo al llegar al ala donde estaba la habitación de Inuyasha. Girándose, enarcó una ceja.
—¿Kikyo?
—Tú y yo tenemos que hablar —gruñó mientras llegaba a su altura, agarrándolo por el cuello. Inuyasha le apartó ligeramente las manos antes de estirar su camiseta.
—¿Sobre?
—Muchas cosas… busca un lugar más privado o empezaré aquí mismo. Y créeme —gruñó Kikyo—, no va a ser bonito.
Al ver que iba en serio, Inuyasha la llevó al estudio más cercano y la sentó en un gran sillón rojo, mientras que él se sentaba en un tresillo. Cruzado de brazos, fijó la mirada en ella, que lo miraba con total repugnancia.
—¿Qué demonios te pasa? —empezó finalmente Kikyo—. ¡Primero me ignoras como si no existiera! ¡Soy tu novia, maldición! Tu otra mitad. ¡Se supone que me AMAS, no que vas a ignorarme! ¡Mierda! Y luego besas a esa zorra… ¡la BESASTE! ¡Y ni siquiera fue un beso en privado, sino que lo hiciste delante de mí! ¡¿Qué demonios?! ¿A TI te gustaría que besara a otro delante de ti? Eso pensaba. ¡Y también hace un montón que no tenemos sexo! ¡La última vez que lo hicimos fue antes de nuestro viaje a tu maldita casa de verano que se ha jodido por culpa de tus condenados amigos!
Inuyasha la escuchaba atentamente y asimilaba lo que le decía. Ya tenía una contestación preparada para cada afirmación que le había soltado. En cuanto Kikyo terminó, Inuyasha empezó:
—Estuviste unos días en una sesión de fotos. Te perdiste muchas cosas aquí, así que tuve que encargarme yo de ellas. Cuando volviste, todavía estaba preocupado por la fiesta de Ken Asakura y estaban pasando cosas en esta casa. No podía prestarte mucha atención. En segundo lugar, besé a Kagome, no a una zorra, ¿entendido? ¿Habrías querido a cinco niños llorando con nosotros todo el camino de vuelta hasta mi casa? Sé muy bien que odias a los niños y no iba a dejar que Kagome y yo nos encargáramos de cinco niños llorando. Además, eso ni siquiera puede ser clasificado como un beso. Fue más bien un roce de labios. En tercer lugar, sí que besas a otros delante de mí, y te enrollas con ellos. Yo no digo nada, y alégrate de que no lo haga. En cuanto al sexo, no voy a follarte con niños entrando de repente en cada habitación en cada momento del día, siento decepcionar a tu coño. Ahora tengo que irme.
Inuyasha se levantó y se dispuso a marcharse cuando Kikyo lo agarró por el hombro.
—Has cambiado, Inu —susurró Kikyo—, ¡has cambiado desde que esa maldita mocosa vive aquí!
Inuyasha le apartó lentamente la mano de su hombro y la miró.
—Yo siempre he sido así. Es solo que has estado demasiado ciega para notarlo. Y si vuelves a referirte a ella por algo que no sea Kagome, me enfadaré de verdad. Ahora, tengo asuntos que atender para la fiesta de mañana.
Inuyasha abandonó la habitación y Kikyo gritó:
—¡VOY A VENGARME DE A ESA ZORRA! ¡VAYA SI ME VOY A VENGAR!
-x-
Kagome bajó las escaleras con un vestido de color crema pálido de Sango, llevaba una rosa en el pelo, que estaba recogido en una coleta despeinada pero de aspecto elegante. Su vestido era de tipo halter, con un tirante. Abrazaba sus curvas y se arrugaba en la cintura antes de caer hasta sus pies. Llevaba zapatos de tacón blancos a juego y un bolso de mano blanco.
En honor a ella, Kikyo llevaba un minivestido que acababa en sus muslos, zapatos de tacón de aguja negros de diez centímetros, y pendientes que no parecían muy adecuados. Su vestido era negro, sin espalda ni tirantes.
Kanna llegó con Rin y Kagome saludó a Rin con un cálido abrazo.
—Llámame tía Kagome, o Kagi para abreviar.
Rin le había cogido cariño inmediatamente a Kagome y le dio un beso en la mejilla antes de que se marchara.
En la limusina todos permanecieron bastante callados, no decían nada por miedo a romper ese silencio perfecto. Kikyo jugueteó con las puntas de los dedos de Inuyasha, pero él la ignoró olímpicamente mientras le daba pataditas al tacón de Kagome. Ella estaba sentada a su otro lado.
Kagome alzó la vista hacia él y él esbozó una pequeñísima sonrisa. Poniendo los ojos en blanco, Kagome vocalizó:
—Casanova.
Suprimiendo una sonrisilla él le contestó:
—Mademoiselle.
Todo eso no pasó desapercibido por Sango, Ayame y Kikyo.
Ayumi, Daichi, Eri, Hayabusa, Yuka y Hojo habían cogido otra limusina porque una era demasiado pequeña para tanta gente.
—Queda un mes y medio de vacaciones de verano —dijo Miroku finalmente—. Ya he visto mi horario para el nuevo trimestre… ¡es una mierda!
—¿Cómo es? —preguntó Sango, tocando el brazo de su marido.
—Según el e-mail que me ha mandado Nagasaki, trabajo los siete días de la semana. Dos días tengo turno de mañana, de 7 de la mañana a 5 de la tarde en la clínica y cinco días trabajo en el hospital por la tarde de 5 a 7.
—¡Trabajas más de 10 horas al día durante la semana! ¡¿Pero qué demonios?! —Sango abrió los ojos como platos—. ¡No vas a poder vivir con ese horario tan malo!
—Hablaré con Nagasaki. Estas horas sólo son para dos meses y luego cambian. Odio esto, tío —gruñó Miroku. Inuyasha enarcó una ceja en su dirección.
—Tío, ¿te abro un hospital y tú te quejas de mal horario? Imagínate lo que pasará cuando ese hospital se convierta en público.
—Tiene razón. —Kagome sonrió—. Me aseguraré de que Ai se ponga enferma todos los días para poder pasarme con ella y meterme contigo por lo afortunado que eres de tratar con niños indefensos. ¿Te parece justo?
—Debería tirarte a un lago —gruñó Miroku alegremente y eso le recordó algo a Kagome. Le lanzó a Inuyasha una inocente mirada malvada y él tuvo que ocultar un gesto de dolor…
Aquí vamos… pensó mientras Kagome comenzaba con su historia.
—Hace dos días, cuando Inuyasha y yo llevamos a Ai y a Hikari a montar a caballo, el señor Takahashi me tiró a un lago y ni se molestó en salvarme hasta que me medio ahogué y estuve casi muerta. No me habría salvado si Ai no hubiera empezado a llorar.
A Sango y a Ayame se les oscureció la mirada.
—¡¿INTENTABAS MATARLA?! —chilló Sango mientras se disponía a saltar sobre Inuyasha. Miroku agarró a su esposa para que no pudiera asesinar al pobre empresario. Ayame echaba humo mientras tomaba nota mental de apuñalar al hombre con su lima… varias veces.
—¡Oye! —se defendió Inuyasha—. ¡No tenía ni idea de que no supiera nadar!
—Buena excusa, Takahashi —gruñó Sango—. ¡Suéltame, Miroku! ¡Tengo que destrozarlo miembro por miembro por ahogar a Kagome! ¡Y si hubiera MUERTO!
—Está viva, ¿no…? Kagome, —Inuyasha la miró amenazadoramente—, ¡me vengaré por hacer que se pongan en mi contra!
—Como si pudieras, Casanova. —Kagome puso los ojos en blanco—. Tengo a Miroku y a Kouga… ellos me respaldan. —Sonriendo, le guiñó un ojo a Ayame—. Y las señoras Lin y Lang no se lo tomarían a la ligera si me dejaras sin cuerpo.
—¡Tiene razón! —gritó Sango. Siguió intentando escapar de Miroku mientras Kouga le lanzaba a Inuyasha una mirada de advertencia.
—Bueno, no sabías que no sabía nadar… es comprensible, lo que quiero saber es ¡¿POR QUÉ demonios la tiraste a un lago?!
—El tema es… —empezó Inuyasha pero Kagome le interrumpió.
—El tema es que estábamos echando una carrera a su playa privada en Stallion y en Tyna. Las chicas eligieron compañero, Ai era mi compañera y Hikari era la suya. Llegamos a un camino estrecho y yo necesitaba ponerme delante de él para ganar, así que le dije a Ai que fingiera que se había caído. Ai hizo un gran trabajo y empezó a llorar, así que la llevé al caballo de Inuyasha, después de que bajara, por supuesto, temiendo que Ai se hubiera hecho daño, y montamos en Stallion y ganamos la carrera. Para vengarse de mí, Hikari e Inuyasha nos siguieron a Ai y a mí hasta lo alto del acantilado del columpio de rueda y me empujaron.
Miroku y Kouga permanecieron en silencio todo un minuto antes de estallar en carcajadas por el plan de Kagome. Ayame también soltó unas risitas y Sango arqueó una ceja, ligeramente divertida.
—Perdiste… ¡¿ante Ai y Kagome?!
Inuyasha alzó las manos en actitud defensiva.
—¡Eh! Su plan era infalible.
—Bastante. Kagome y Ai hacen planes de lo más extraños y siempre parecen funcionar. —Miroku sonrió—. ¿Te he contado alguna vez la historia de las lentejuelas?
Kagome se sonrojó avergonzada y giró la cabeza a la vez que Inuyasha la miraba, le picaba la curiosidad.
—¿La historia de las lentejuelas? Cuenta.
—Por el tercer cumpleaños de Ai, Kagome quería conseguirle un animal de peluche hecho totalmente de lentejuelas. Las partes pequeñas pueden ser peligrosas para los niños, ¿no? Así que, obviamente, Sango mencionó algo mucho más a prueba de niños. Kagome, que obviamente lo había entendido, —la voz de Miroku estaba llena de sarcasmo—, llegó a la fiesta de cumpleaños de Ai con una lentejuela de peluche gigante…
Inuyasha abrió los ojos como platos mientras Kagome hacía un puchero.
—¡Oye! ¡Brillaba!
—Una lentejuela gigante y brillante de peluche en la que Ai duerme todas las noches. No sé cómo ha hecho que esa almohada lentejuela brille pero… tío, sigo preguntándome dónde conseguiste esa cosa.
Kagome sonrió.
—Tengo mis métodos. Veo que no le has contado a Inuyasha el incidente del puercoespín.
—Ahora sí que estoy interesado —comentó Inuyasha y todos rieron. A Kikyo, sin embargo, no le parecía divertido.
—Bueno, cuando Ai cumplió cuatro años quería un puercoespín como mascota —empezó Kagome y Ayame contuvo la risa. Recordaba esta historia, era divertidísima.
—Miroku no iba a dejar que su niñita tuviera un puercoespín como mascota, así que todos los días durante dos meses se disfrazó de puercoespín y engañó a Ai haciéndole creer que tenía un puercoespín gigante de mascota cuando su padre estaba trabajando.
Kouga volvió a estallar en carcajadas, recordando claramente ese episodio vergonzoso de la vida de Miroku. Sango lo había grabado todo en vídeo y lo usaba como chantaje de vez en cuando.
—No me puedo creer que hicieras eso. —Inuyasha negó con la cabeza, no estaba para nada impresionado—. Yo que tú habría hecho que lo hiciera mi mujer.
—¿Ah, sí? —Kagome enarcó una ceja—- ¿Entonces harías que tu pobre e inocente esposa se disfrazara de puercoespín sólo para impresionar a tu hija?
—Hijo —corrigió Inuyasha—, voy a tener primero un hijo.
—Qué atrevido viniendo de un esnob rico —bromeó Kagome y, para completa y total sorpresa de todos, Inuyasha sonrió.
—Quién sabe, mademoiselle —dijo Inuyasha inclinándose hacia ella. Miroku, Kouga, Sango, Ayame y Kikyo también se habían inclinado hacia ellos con la intención de oír lo que iba a decir Inuyasha—, puede que seas tú quien se disfrace de puercoespín para mí y nuestro hijo.
Con un tic nervioso en su ceja, Kagome le dio un golpe a Inuyasha en el hombro. Afortunadamente nadie más oyó lo que le había dicho a Kagome.
—¡Sí, claro! He dicho esposa, no visitante de tu casa de verano.
—Sé que has dicho esposa. —Inuyasha agitó las cejas, sorprendiendo a todos una vez más. Kagome puso los ojos en blanco.
—Sí, sigue soñando.
—Quién dice que esté soñando.
—Sabes que tu novia está aquí mismo —dijo Kagome susurrando en su oído, y él enarcó una ceja.
—¿Novia? —le respondió en un susurro, haciendo que los demás tuviera muchísima curiosidad. Ahora sí que querían saber de qué estaban hablando mientras se susurraban al oído—. Creo que estoy hablando con mi novia, cariño.
—Me gustabas más cuando eras un bastardo. Este lado coqueto tuyo no pega con tu rostro. —Kagome sonrió e Inuyasha se cruzó de brazos.
—Puedo ser un bastardo coqueto si eso es lo que te interesa.
—No mucho. —Kagome le guiñó un ojo alegremente y Ayame gruñó.
—¡Dejad de susurraros palabritas dulces al oído, maldición! Sabéis que hay unas mil personas más en esta limusina.
—No puedo alejarme de ella. —Inuyasha le guiñó un ojo a Ayame—. Está tan influenciada por mujeres como Sango y tú… que no puedo evitarlo.
Miroku soltó un silbido.
—Esa, amigo mío, ha sido una respuesta impresionante.
—Vaya, gracias.
Kikyo echaba humo. Inuyasha nunca bromeaba con sus amigos. Había empezado a hacerlo cuando esa… esa… zorra había llegado. Kikyo iba a asegurarse de que Kagome se arrepintiera del día en que la había conocido.
Va a rogarme misericordia.
-x-
Llegaron a la finca Byakuya y Kagome tuvo que admitir que era diez veces más grande que la casa de Ken Asakura y la casa de verano de Inuyasha. Sin embargo, si su casa de verano era así de grande, Kagome no podía ni imaginarse la verdadera casa de Inuyasha. Probablemente sería más grande que la suya.
Inuyasha rodeaba con un brazo la cintura de Kikyo. Kagome estaba a su otro lado, con los brazos cruzados y los ojos abiertos como platos.
—Mi madre y Kagura están aquí —murmuró Inuyasha en dirección a Kagome—, así que puedes quedarte con ellas.
Asintiendo en conformidad, Kagome entró en la casa seguida de Sango y Ayame. La entrada era grande, con una alfombra roja alineada perfectamente en el pasillo de entrada. Los mayordomos estaban esperando para coger las chaquetas y otros objetos de los invitados, y un acomodador estaba situado en la puerta para marcar los nombres.
—Lin Miroku y Lin Sango —dijo Miroku al llegar con su esposa. El acomodador asintió y Miroku entró con Sango.
—Lang Kouga y Lang Ayame —dijo Kouga. El acomodador marcó sus nombres y entraron.
—Higurashi Kagome —le dijo Kagome al acomodador y él le sonrió antes de tachar su nombre.
—Hay muchos solteros con los que puede relacionarse —le dijo a Kagome, con una dulce sonrisa en su rostro—, ¿es posible que no vuelva sola a casa?
—Quién dice que esté sola —gruñó Inuyasha mientras se materializaba al lado de Kagome, rodeándole los hombros con su brazo. Kikyo había desaparecido de algún modo cuando Inuyasha se había encontrado con un cliente y ahora no tenía ni idea de dónde estaba.
—Takahashi Inuyasha con Higurashi Kagome.
Los ojos del acomodador se abrieron como platos mientras tachaba el nombre de Inuyasha antes de asentir.
—Pro-proceda.
Sonriendo, Inuyasha condujo a Kagome al interior. Kagome gruñó.
—Disculpa, ¿sabes? Me gustaba la atención que estaba recibiendo de un chico decente. Al menos él sabía coquetear.
—Prefieres mi estilo de coqueteo, admítelo, mademoiselle.
—Sigue soñando, Casanova.
—¿Por qué no paras de llamarme Casanova?
—¿Por qué no paras de llamarme mademoiselle?
—Bien. —Inuyasha se encogió de hombros mientras entraban en el gran salón. Una lámpara de araña creaba un efecto anaranjado mientras la gente conversaba, llevaban puestos vestidos largos con diamantes adornando sus caras. Inuyasha notó que algunos de sus clientes entraban en el bar y se inclinó hacia delante, su boca se puso a la altura del oído de Kagome.
—Kagura y mi madre están en la zona de los sofás. Voy a ponerme al día con algunos clientes. ¿Te parece bien?
Kagome puso los ojos en blanco.
—Sí, claro, adelante.
—Si me necesitas sólo tienes que seguir al gran grupo de hombres. —Sonrió mientras la escoltaba hasta los sofás. Kagura se levantó inmediatamente, yendo rápido hacia ellos.
—¡Kagome! Oh, me alegro tanto de que pudieras venir… esto es una lata, Izayoi no va a venir a la fiesta de hoy y mi marido y su padre han desaparecido, están allí esperando al hermano pequeño.
Inuyasha bufó y asintió en dirección a Kagura antes de marcharse. Divertida, Kagura se giró hacia Kagome.
—Ese hombre se parece tanto a su hermano que es espeluznante. ¡Y ahora ven aquí! Tengo que presentarte a algunas personas.
-x-
—¿Inuyasha? —Kikyo arqueó una ceja buscando a su novio. Se había apartado de su lado un segundo para saludar a un conocido y había desaparecido. Y Higurashi también.
La ira recorrió su cuerpo mientras se dirigía enfadada hacia el acomodador.
—Hiromi Kikyo —gruñó.
Él revisó la lista y frunció el ceño.
—Lo siento, señorita, no está en la lista.
A Kikyo se le enfrió la sangre.
—¡VUELVE A MIRAR! ¡Cuántas personas pueden tener las iniciales H y K!
—Tengo a Higurashi Kagome, pero ella ya ha entrado con Takahashi-san… Lo siento, no hay ninguna Hiromi Kikyo.
Tuvo ganas de asesinar al acomodador. Sacó su móvil y marcó el número de su novio.
—¡Inuyasha! ¿¡Dónde demonios estás!? ¿Por qué no estoy en la maldita lista de invitados? ¿Qué? Vale, bien…
Cerrando su teléfono, suspiró con impaciencia mientras se cruzaba de brazos. Inuyasha había dicho que saldría en un momento. Tardó unos minutos y asintió en dirección al acomodador.
—No estaba en la lista, pero sí que está invitada —le dijo, y el acomodador asintió, escribiendo una pequeña nota al pie de la lista de invitados.
—¿Dónde estabas?
—Dentro. Te perdí de vista —murmuró Inuyasha mientras entraban. Kikyo tomó nota de que no le había rodeado la cintura con el brazo, como hacía siempre…
-x-
—Sango, Ayame. —Kagome hizo una bonita reverencia y Sango sonrió, sentada en el sofá. Kagura había llevado a Kagome al círculo central.
—Veo que el miembro más joven se nos ha unido —dijo Ayame alegremente mientras Kagome se sentaba en medio de sus dos mejores amigas.
—Kagome —empezó Kagura—, estas damas —dijo señalando a unas mujeres sentadas en sillas—, forman parte de la división femenina de la compañía de Inuyasha y Sesshomaru. Sus maridos están en el bar con los chicos Takahashi y ellas están aquí sentadas quejándose de que sus hombres las ignoren.
—¡Amén a eso! —dijo una de las damas. Riendo, Kagura empezó a presentarlas.
—La primera es Sachiko Asakura, la esposa de Ken. Esa es Hinata Tran, su marido es patrocinador del Imperio Takahashi: Jiro Tran. Al lado de Hinata está Kaoru Morioka, su marido es anunciante en la parte de la compañía de Sesshomaru: Nobuyuki Morioka.
Kagome les sonrió y las saludó brevemente.
—Al lado de Kaoru está Rina Tanaka. Su marido es un abogado de alto standing que se ocupa de los asuntos legales de Inuyasha y Sesshomaru: Hideaki Tanaka. Y después está Haruka Tanaka, la hermana pequeña de Rina. A su lado está Aiko Kimura, su prometido, Ryoichi Suzuki es compañero de Nobuyuki Morioka. El exmarido de Aiko es Naraku Onigumo, ese bastardo. —Kagura meneó la cabeza mientras Aiko suspiraba.
Kagome, Sango y Ayame intercambiaron miradas de preocupación.
—Él —empezó Aiko—, en nuestra luna de miel se trajo a sus amigos para que pudieran turnarse conmigo. Me fui a casa esa misma noche. Al día siguiente vino a mi casa, pero yo ya les había dicho a mis padres lo que había hecho. Dijo que no sabía lo que hacía y mi madre me dijo que le diera otra oportunidad. Lo hice y él me drogó y —Aiko tenía lágrimas en los ojos—, me violó junto con sus amigos…
Kagome se quedó sorprendidísima mientras Hinata abrazaba a Aiko.
—Sólo quiero que la gente sepa el bastardo que es para que si alguien se lo cruza sepan lo gilipollas que es.
—No pasa nada, cariño —susurró Hinata mientras Sango apretaba la mano de Kagome.
No puede ser, pensó Kagome mientras su corazón empezaba a latir más rápido. Aiko se recuperó y se sorbió la nariz.
—Ryoichi lo sabe y aun así me ama. Dijo que no era culpa mía y es verdad, no lo es. Naraku es sólo un imbécil enfermo y retorcido, y yo sinceramente espero que se pudra en lo más oscuro y profundo del infierno.
—He oído el caso —susurró Kagome—, estuvo en las noticias.
Aiko asintió.
—El mayor escándalo mediático de la historia. Tuvieron que hacerme pruebas y limpiarme para ver si alguno de los cabrones de Naraku me había contagiado alguna enfermedad.
—Estás limpia, ¿no? —preguntó Kagome esperanzada.
Aiko sonrió.
—Gracias a Dios, sí.
—Dejemos eso a un lado, la historia de Onigumo fue hace ya tiempo, y saboreemos lo que tenemos ahora —aportó Sachiko y todas asintieron.
Haruka rió.
—¿Qué tal si me buscáis a alguien? Rina está desesperada por verme casada.
—Cariño —Kaoru sonrió—, todas estamos desesperadas por verte casada.
—Cállate —Haruka soltó una risita y Rina puso los ojos en blanco.
Kagome se levantó e hizo una respetuosa reverencia.
—Tengo que usar el aseo. Sango, Ayame, ¡venid conmigo, tengo miedo!
Las mujeres rieron al mismo tiempo que lo hacían Sango y Ayame, que se pusieron de pie.
—No nos esperen, señoritas, tenemos que proteger a la pobrecita de Higurashi Kagome.
—¡Callaos y venid! ¡Voy a estallar! —se quejó Kagome, haciendo que las mujeres se rieran con más fuerza. Kagura meneó la cabeza alegremente.
—Son geniales. —Sachiko sonrió.
Aiko sonrió.
—A mí ya me gusta Higurashi.
—Oh, venga, si a Kagura le gusta —Kaoru puso los ojos en blanco—, ¡entonces estaba claro que a nosotras también nos iba a gustar!
—Mirad, el equipo de televisión está aquí. —Haruka sonrió—. A lo mejor encuentro a un reportero que esté bueno.
—¿Qué hizo que Ken quisiera llamar esta vez a la prensa? —preguntó Kagura mientras se levantaban todas. Sachiko se encogió de hombros.
—Parece ser que ese hombre adora las cámaras.
-x-
Souta y Korari estaban viendo la televisión mientras Akira se ocupaba de algunos asuntos. Al pasar los canales, Souta acabó encontrando un programa en directo sobre una fiesta de negocios que se estaba celebrando en la finca Byakuya.
—Sus fiestas son tan aburridas —murmuró Souta—, nada comparado con los premios cinematográficos.
—Así funciona su mundo, Souta. —Korari puso los ojos en blanco. Siguieron viéndolo hasta que los ojos de Korari se abrieron como platos.
—Espera… esa mujer de blanco —susurró Korari al ver a una joven aparecer en pantalla, riendo con la esposa de Takahashi Sesshomaru.
—¿No es…?
Souta abrió los ojos como platos. ¡OH, MIERDA!
—¡AKIRA!
-x-
—Kagome, querida, me alegro mucho de que hayas podido unirte a nosotras —bromeó Kaoru y Kagome se rió.
—Bueno, no puedo alejar mi presencia de mis amados fans —bromeó Kagome y les lanzó un beso a las damas, que estallaron en carcajadas. Al ver a Kikyo, Haruka gruñó.
—¿Sabéis? Debería casarse con Naraku y dejar a Inuyasha para que pudiera estar con una mujer decente.
—¿Te refieres a ti? —Kagura enarcó una ceja y Haruka se sonrojó.
—A ella le gusta —le susurró Aiko a Kagome, que soltó una risita.
—Déjame que te diga que a él no le gusta nadie —dijo Kagome rotundamente. Todas ahogaron una exclamación y Kagome se dio la vuelta lentamente, revelando a Inuyasha detrás de ella y de brazos cruzados.
—A mí me gustas tú, ¿o no, mademoiselle?
—Nah, tú te ves obligado a que te guste —le contestó y él puso la mano sobre su corazón.
—Cuánto daño me haces, Kagome.
—Acostúmbrate.
—¿Qué tal si discutimos esto en la pista de baile?
—¿Me estás pidiendo que baile contigo?
—Puede, ¿funciona?
—Te lo haré saber en la pista de baile —replicó Kagome mientras empezaba a caminar. Inuyasha sonrió con suficiencia mientras miraba a Sango y a Ayame.
—No mentía cuando dije que le habíais enseñado bien.
—Me alegro de que lo apruebe, su señoría. —Sango puso los ojos en blanco mientras Inuyasha seguía a Kagome, que lo esperaba en la pista de baile.
—Y yo creo que le gusta ella —murmuró Sachiko y las mujeres asintieron mostrando su acuerdo.
-x-
—¿Te divertiste haciéndome daño? —bromeó Inuyasha mientras acercaba a Kagome para bailar lento.
—Oye, si asumes que nos vamos a casar y que me voy a disfrazar de puercoespín para nuestro hijo, acostúmbrate al dolor y a la decepción, Casanova.
—Contigo, mademoiselle, el dolor y la decepción son parte del viaje.
—¿De qué viaje estás hablando, Casanova?
—Ese en el que tengo que soportar tu actitud infantil a diario.
—Eso no es un viaje —Kagome puso los ojos en blanco—, es una oportunidad.
—Llámalo como quieras —Inuyasha sonrió con suficiencia—, sigue incluyéndonos a ti y a mí, e incontables días juntos, ¿no?
—Vuelve a ser un bastardo, tu lado coqueto me asusta —bromeó Kagome. Inuyasha la inclinó hacia abajo y puso su cara extremadamente cerca de sus labios.
—Mi lado coqueto te asusta, sí… pero no puedes negar que quieres más.
—No es verdad —susurró Kagome lentamente mientras él volvía a levantarla. Deslizó la mano por su espalda, su pulgar trazó lentos círculos en la base de su cuello.
—No mientas.
Kagome se sintió en el séptimo cielo.
—No miento, Casanova —murmuró mientras lo miraba a los ojos, los suyos bailaban con la luz—. Sólo retuerzo la verdad.
-x-
—Está bailando con… ¡¿Inuyasha?! —chilló Korari. Souta tragó saliva mientras salía corriendo hacia su habitación. Puede que Kagome tuviera el móvil con ella…
—¡VUELVE AQUÍ! —bramó Akira y Souta se detuvo en seco y se dio la vuelta lentamente.
—¡Sabías que tu hermana estaba en Hong Kong, verdad!
Souta tragó saliva y asintió lentamente.
—¡¿Y POR QUÉ NO NOS LO DIJISTE?!
—Porque ella no quería que lo hiciera —dijo Souta con atrevimiento. Gruñendo, Akira cogió el jarrón más cercano y lo lanzó a la pantalla de la televisión. El jarrón se rompió en pedazos y rajó la pantalla de plasma.
—¡Llama a la policía de Hong Kong y diles que localicen el paradero de Kagome AHORA MISMO!
Korari chilló mientras se levantaba y corría escaleras arriba, llevando a su hijo con ella. Iba a tener una pequeña charla con él.
Te he encontrado, Kagome. Pensó Akira amenazadoramente, ya planeaba el castigo para su hija.
-x-
La fiesta terminó bastante bien y Asakura dijo que el plano del hospital estaba terminado y que convocaría una junta al final del verano para terminar todo. Kikyo había presenciado el baile entre Inuyasha y Kagome y tenía ganas de lanzarles un tenedor. Inuyasha le había concedido el primer baile a Kagome.
¡Él siempre solía bailar primero conmigo!
Kikyo había cogido la segunda limusina que les llevaría a casa, dejando a Kagome, Inuyasha, Miroku, Sango, Kouga y Ayame en la limusina en la que habían venido.
Llegaron a casa y vieron que Ai, Hikari, Rin, Kyo, Ichiro y Kasumi estaban profundamente dormidos y que Kanna estaba viendo la televisión. Sesshomaru había mandado una limusina para que recogiera a Kanna y a su hija. Kagome le dio las gracias a la joven y Kanna le sonrió mientras llevaba a Rin a la limusina.
Cada uno se retiró a su habitación y los padres llevaron a sus hijos a sus respectivos dormitorios. Inuyasha acompañó a Kagome hasta su habitación.
—Lo de hoy fue divertido. —Kagome sonrió cuando se pusieron delante de su cuarto.
—Por desgracia —Inuyasha sonrió con suficiencia—, tengo que admitirlo.
—Ahora sonríes mucho —murmuró Kagome—, es buena señal. Estás más guapo cuando sonríes.
Inuyasha soltó una pequeña risa y dio un paso adelante para acercarse más a Kagome.
—¿Puedo decirte algo?
Kagome podía oler su colonia y eso le nublaba los sentidos. Olía y estaba igual de sexy.
—Adelante —susurró mientras alzaba la mirada hacia él con los ojos entrecerrados.
—Si te dijera, ahora mismo —dio otro paso hacia ella y la atrapó entre él y la puerta de su habitación con sus manos—, que quiero terminar nuestro beso de ayer…
—Te diría que te callaras —lo interrumpió Kagome—, y que lo hicieras antes de que me quede dormida.
Aceptando la invitación, Inuyasha se inclinó hacia delante y atrapó sus labios con los suyos. Apartó una mano de la pared y rodeó con ella la cintura de Kagome, sus labios rozaban cariñosamente los suyos. Ella le dio entrada a su boca y él introdujo la lengua, amando su sabor.
Kagome notó mariposas en el estómago cuando él apretó su agarre sobre ella. El calor ascendió a sus mejillas mientras se presionaba contra él. Él se sentía bien. Increíble. Extraordinario…
Pero aparte de eso, se sentía seguro.
Inuyasha se apartó debido a la falta de aire, los dos jadeaban. La miró a sus preciosos ojos y no pudo evitar inclinarse y darle unos cuantos suaves besos. Las manos de ella subieron por su espalda y pasó los dedos por su pelo mientras su lengua luchaba contra la suya.
Se apartaron una vez más, ambos sonrojados, mientras que Kagome jadeaba ligeramente.
—Es tarde —susurró. Él simplemente asintió mientras la soltaba. Ella se dio la vuelta y abrió la puerta de su habitación. Justo cuando estaba a punto de entrar, Inuyasha la detuvo, le dio la vuelta y volvió a plantar un beso en sus labios. Sorprendida, Kagome no respondió por unos momentos antes de darle un último beso.
—Buenas noches —susurró él y ella le sonrió.
—Buenas noches… —Y así, Kagome cerró la puerta. Inuyasha se dio la vuelta y se sorprendió de su actitud.
La había besado…
Él la había besado…
Inuyasha nunca hubiera creído que se sentiría como se estaba sintiendo en ese instante. Ni siquiera Kikyo le había hecho sentir así…
Se sentía como si… estuviera enamorado…
-x-
Y aquí está la actualización. Espero que os guste.
¡Hasta pronto!
